La ‘nueva’ cámara de Android

Por si queda alguien que aún no se haya enterado, la nueva aplicación de cámara de Google para Android es una noticia interesante. Primero, porque la aplicación (enlace a Google Play) funciona ahora sobre cualquier móvil o tableta Android 4.4. Que no es para nada una versión de Android muy extendida, pero sí es bastante más cobertura que la que tenía la aplicación hasta ahora… De golpe las panorámicas ‘a la Streetview’ pasan a estar al alcance de bastantes más móviles, algo que no deja de estar bien (la aplicación ha perdido algunas opciones de configuración, como el balance de blancos, por el camino, por cierto :-().

Pero la novedad realmente noticiosa está explicada con detalle en Lens Blur in the new Google Camera app, en el blog de investigación de Google. Como probablemente sepáis, una de las ventajas más relevantes de cargar con una cámara grande es que estas suelen tener sensores más grandes y estos suelen tener la capacidad de reducir la profundidad de campo: el primer plano queda enfocado mientras que el fondo se desenfoca, algo que hace que ese objeto en primer plano destaque mucho más y no se pierda entre el fondo. Los sensores de las cámaras de los móviles son (con muy contadas excepciones) minúsculos, con lo que cuando haces una foto, el primer plano queda enfocado, lo que hay inmediatamente detrás queda enfocado, y el árbol que hay a quinientos metros de distancia también queda perfectamente enfocado. Eso, a veces, está bien, pero muchas otras veces, no.

Lo que hace Google es (después de activar el modo lens blur), primero, pedirte un poco de trabajo extra (después de tomar la foto la aplicación te pide que muevas la cámara un poco de una determinada forma) y, después, aplica un poco de magia (llámale magia, llámale algoritmos de visión por ordenador) para construir un mapa de profundidad que permite, a posteriori, centrar el foco allí donde queramos, con la intensidad que deseemos. Mola.

Claro que las fotos de demostración de cualquier cosa suelen estar tomadas en condiciones ideales. ¿Qué pasa si tomas fotos ‘de verdad’, con iluminación nada optima, con el sensor más bien mediocre del Nexus 4, y mi pulso? Veamos una primera foto sin el efecto aplicado:

Foto de un salero sobre una foto. Toda la imagen está enfocada, restando importancia al salero, que es el objeto que se quería fotografiar

Es una foto del salero. O lo quería ser. Porque con todo esa profundidad de foco, es difícil saber qué se quería fotografiar

(Las fotos que genera la aplicación cuando se activa el desenfoque son 1024×768 y las tenéis a resolución completa: clic para verlas a tamaño completo.)

Démosle un 50% (más o menos) de efecto:

Foto de un salero sobre una foto. El fondo se ha difuminado mucho, con lo que queda claro que el protagonista de la foto es el salero

Esto ya es otra cosa…

Y si le damos a tope…

Foto de un salero sobre una foto. Se ha difuminado de forma extrema, de forma que hasta partes del salero están desenfocadas

El efecto aplicado al máximo. Obsérvese cómo la cabeza del salero está enfocada… pero la sal del salero, no o.O

Claro que ese salero no deja de ser un objeto sencillo, y a lo mejor no presenta un gran reto. Vayámonos a un ejemplo realmente difícil. De nuevo, primero sin el efecto aplicado:

Foto de una planta. Toda la imagen está enfocada, con lo que se resta importancia a la planta, que se pierde en un fondo complejo

Un caso bastante más complejo. Estaría bien poder perder ese horrible fondo, pero… ¿sobrevivirá el algoritmo?

Y ahora con aproximadamente el 50%:

Foto de una planta. Desenfoque aplicado aproximadamente al 50%. El efecto no es perfecto, pero muy tolerable. El fondo se ha difuminado casi completamente

Bastante bien, ¿no?

Eso sí, en condiciones así abusar del efecto va a provocar efectos secundarios no deseados:

Foto de una planta. El efecto se ha aplicado al máximo. El algoritmo falla, y aplica efectos a partes de la planta que no debería y resulta extraño. La foto es perfectamente reconocible, pero hay cosas extrañas

Al límite. El algoritmo no hace milagros. Pero casi…

Y, hablando de efectos secundarios, no podían tardar en llegar unos cuantos hacks explotando el trabajo de Google (como debe ser :-)):

Nada mal, ¿no?

GMail 10

Captura de pantalla del mensaje de bienvenida al darse de alta en GMail

It was 10 years ago today…

Pues sí, GMail tiene ya diez años y 20 días (se lanzó el 1 de abril de 2004), pero yo tardé casi tres semanas en obtener mi cuenta, o sea que esta no ha cumplido los diez años hasta hoy. Noventa y pico mil conversaciones más tarde (más, de hecho, que yo soy de los que borra correos) cuánto me costaría sobrevivir sin ese buzón.

Cómo pasa el tiempo…

Mobile is dead

Y lo dice nada más y nada menos que Matias Duarte, el máximo responsable del look and feel de Android… La cosa, claro, no puede limitarse al sound bite:

Creo que ‘móvil’, como concepto, de hecho está muerto. Se ha acabado ‘móvil’.

‘Móvil’ era una distinción significativa para lo que hacía la gente, primero, cuando era extremadamente limitado, cuando el ancho de banda estaba limitado, cuando la capacidad de proceso estaba limitada… Quiero decir, la pantalla era minúscula. Ahora mismo, básicamente casi cualquier tipo de experiencia que puedas imaginar, incluso juegos 3D inmersivos, películas a framerate completo, a toda resolución… Sí, distinguimos las diferencias cualitativas entre la pantalla grande y la pequeña, pero para la mayoría de gente prácticamente cualquier experiencia que puedas imaginar puede expresarse de manera significativa a cualquier tamaño de pantalla. Así que esa distinción, esa idea de que ‘móvil’ es una categoría especial por sus limitaciones…

Y lo dice en este vídeo, que aunque algo largo, merece bastante la pena si te interesa lo más mínimo el tema de user experience (la cita está hacia hacia el minuto 11):

Vía The Verge

Sampling is stealing…

…excepto cuando no lo es.

Independientemente de si os gusta la música electrónica o no, darle al ‘play’ de este vídeo es un ejercicio interesante…. sobre todo si después volvéis a ver el vídeo desde el principio para ver cómo se ha construido la pieza (y a qué velocidad, claro).

Si bien las condiciones no son las óptimas (que te den diez minutos justos para hacer algo que suene a música (o no, todo son gustos, pero emmo es que sí) está más bien en los (sic) antípodas de las condiciones óptimas), no pasa a diario que uno tenga la oportunidad de ver por dentro y segundo a segundo el “cómo se hizo” cuando músico decide partir de una serie de ‘samples’ para construir una canción.


(El músico de turno es Kieran Hebden, más conocido como Four Tet, uno de los favoritos de esta casa.)

(Y sí, claro, samplear puede ser robar y lo es con una cierta frecuencia. Pero todas las generalizaciones (comenzando por esta ;-)) son erróneas.)

(Y sí, los más viejos del lugar recordaréis una entrada de tema similar por aquí, hace como dos años y medio.)

2013 en música

Suele ser por estas fechas que Antonio “Error 500″ Ortiz me recuerda que haga la entrada habitual sobre la música del año (o al menos lo hizo el año pasado). No vaya a ser que se le olvide, me adelanto. No es la música del clip que tenéis aquí arriba la que uno ha escuchado más durante 2013, precisamente (muchas no las había ni oído, os lo puedo asegurar), pero el mashup anual de DJ Earworm es, en sí mismo, una pequeña obra de arte del copiaypega audiovisual que está bien recordar…

Si vamos a ser convencionales y hacer una lista de hits, la mía podría parecerse a algo como

(De ahora en adelante, si no se indica lo contrario, las bandas están enlazadas a su página de last.fm y los discos a Spotify, por cierto.)

…aunque me lo tendría que currar más, confieso (el lector extremadamente atento podría notar que todas las canciones están en la lista del año de Pitchfork, y en el mismo orden, pero quiero reivindicar el esfuerzo de podar dicha lista de las más de 80 pistas que tenía a menos de 30 y menos de dos horas y media, que es una cantidad casi digerible…).

Lo más destacable de 2013 es que ha sido el año de la electrónica que más me gusta: Tomorrow’s Harvest, de Boards of Canada, II, de Moderat, el Psychic de Darkside y el Slow Focus de los Fuck Buttons son como para enmarcarlos, de verdad. En el player tenéis pistas de tres de ellos, y hay que sumarles, en esa línea, la de Jon Hopkins (si no incluyo su Immunity entre los discos del año es porque he llegado tarde y aún no lo he escuchado comme il faut, pero me dicen que está ahí) y la de Prurient (disco pendiente también, aunque de este me faltan referencias)…

En cualquier caso, la lista de música de la casa ha vivido, desde siempre, en last.fm (otra manera de verla, por álbum, es http://acousti.co/lastfm/albums/2013/chechar), y hace unas horas tenía esta pinta:

Número 1, Boards of Canada, con 267 reproducciones. 2, Four Tet con 180. 3, Avishai Cohen con 175. 4 Moderat con 172. 5 Michael Giacchino con 154. 6, Sølyst con 151. 7, Mogwai con 134. 8 Smashing Pumpkins con 130. 9 Nicolas Repac con 124. 10 Stacey Kent con 122. 11 Kid Koala con 116. 12 Apparat con 115. 13 Chromatics con 113. 14 Aesop Rock con 111. 15 Sleigh Bells con 110. 16 Daughter con 106. 17 The National con 105. 18 Mazzy Star y Nudozurdo, con 103 cada uno. 20 Ingram Marshall con 101. 21 65daysofstatic, Portugal The Man, Caravan Palace y Guadalupe Plata, con 100 cada uno. 25, Colin Stetson y DIIV, con 93 cada uno, 29 Portico Quartet con 89. 30 Morphine con 85. 31 Purity Ring con 83. 32 Pink Floyd con 82

Del 32 al 1. Porque me gustan las potencias de 2

La primera conclusión, comparando con el año pasado, es que o he escuchado mucha más música que en 2012 o que me he vuelto mucho más “fat head” (alguna día me pediré una key para la API de last.fm y seré capaz de dar mejor respuesta a estas preguntas…).

En segundo lugar, que los sospechosos habituales no son pocos: ahí siguen Colin Stetson, Sølyst, Four Tet, Kid Koala, Portugal. The Man, Sleigh Bells, Morphine (que sigue siendo lmbdlnemmo) y Purity Ring, mientras que Nick Drake sólo cae hasta el 44 , Ólafur Arnalds hasta el 51 y Portishead hasta el 55…

Así pues, tenemos…

Lo nuevo de este año

No tiene demasiados números de repetir el año que viene el hip hop alternativo de Aesop Rock, pero en algún momento me dio fuerte… También me tocó el “retroswing” de Caravan Palace y Nicolas Repac (y Parov Stelar, que no sale en la lista pero casi), y seguramente el año que viene tampoco tengan tanta presencia. MS MR y el shoegaze de DIIV… pues no sé: el tiempo dirá si se quedan en one hit wonders o cuajan.

Descubrimientos tardíos míos (uno que llega tarde a todo) han sido los jienenses-con-sabor-a-América-profunda Guadalupe Plata y los londinenses indie Daughter. Me pongo de cara a la pared un rato tanto por unos como por los otros. Y es harto probable que el año que viene sigan por aquí. Lo mismo me ha pasado con Apparat y Moderat: bastante lamentable llegar tarde a la electrónica elegante pero contundente de Sascha Ring, pero como mínimo he disfrutado a tiempo de Krieg und Frieden y II, los dos discazos que se ha despachado el buen hombre este año.

Los que ya conocíamos

Llevaba yo tiempo sin escuchar a Boards of Canada y los he recuperado gracias a su disco de este año, Tomorrow’s Harvest. No es el maravilloso The Campfire Headphase del que me enamoré allá por 2005, pero merece ser escuchado y disfrutado con cariño y atención. Que para algo son mi número uno del año :-).

Siguen sonando en sucesión los discos de Nudozurdo (que parece ser mi banda nacional de referencia), Chromatics (supongo que les hago un feo, pero para mí son la banda que hizo el año pasado la mejor versión posible del Into The Black de Neil Young), The National y Mogwai (estos dos últimos con discos nuevos bajo el brazo, aunque en el caso de los primeros sigo enganchado al anterior y en el de los segundos espero impaciente al próximo, que está a punto de salir del horno).

Este año me ha dado más fuerte que el anterior por la música contemporánea, y es por ello que al ya mencionado Ólafur Arnalds se le suma este año el compositor estadounidense Ingram Marshall, y también han sonado en esta casa Deru, Joby Talbot, Sylvain Chauveau o el japonés Tōru Takemitsu. Y seguirán haciéndolo. Supongo que es lo que tiene hacerse mayor viejo :-P.

Las recuperaciones noventeras han sido Mazzy Star y los Smashing Pumpkins (quién te ha visto y quién te ve, Billy). En el capítulo jazz le ha tocado a la preciosa voz de Stacey Kent y siguen sonando con profusión las bandas sonoras de Michael Giaccino (las que ha hecho para Pixar, sobre todo, con mención de excelencia, como siempre, para la de Los Increíbles).

Párrafo aparte merecen Pink Floyd, quizá la banda que más haya escuchado en mi vida, pero que llevaba tiempo sin salir en mis ‘top’… básicamente por no estar en Spotify, donde finalmente se han animado a publicar su catálogo este año. El tema de Spotify, y de los canales de acceso al público, es algo que tengo que recuperar en algún momento, porque da para mucho.

Los que vimos en directo

Y cerramos con los tres que tuvimos el gusto de ver cara a cara. En orden inverso a como aparecen en la lista. Así pues, primero los presuntos posroqueros 65daysofstatic. Y digo presuntos porque si en los discos se ajustan al canon posrock casi a la perfección, en directo se nota que cuando eran jóvenes escucharon mucho a Mogwai, sí, pero que también echaron horas con los Chemical Brothers. Y la cosa sorprende, ciertamente, pero no suena nada mal. Darán que hablar. Espero.

El concierto jazz del año fue el de Avishai Cohen. Tremendamente recomendable en disco, grandísima presencia en directo.

Y cerramos la lista con mi adorado Four Tet. Su paso por Barcelona no fue muy allá, la verdad (aunque me permitió descubrir a Rocketnumbernine, que valen bastante la pena). A mí me habría gustado más que hiciera algo como lo que os dejo aquí abajo, que no tiene desperdicio (y que supongo que es lo que hará dentro de unos meses en el Sonar, que este año tiene un cartel verdaderamente brutal).

El año que viene, más :-).

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