Privacidad: lo que pienso y lo que hago no siempre coinciden…

…o me encanta tener razón. Hace casi un mes tuiteaba

en respuesta a

Y es que me “encantan” las encuestas en que se pregunta a la gente por estas cosas (y las opiniones de la sociedad son tremendamente importantes, naturalmente)… pero ignoran lo que hace la gente en la práctica.

Y hoy me encuentro con este episodio del podcast Note to Self:

El podcast habla de la “paradoja de la privacidad”. Se queda un poco corto, para mi gusto (hacer clic en el reproductor os llevará a la fuente, y servidor no es muy fan de Note to Self), pero me descubre el término. Llego a él tarde, tardísimo: se acuñó, si no me equivocó, en 2006, en un artículo homónimo en First Monday, cuando nos preocupaba mucho más MySpace (¿os acordáis?) que Facebook. La paradoja de la privacidad explica (o intenta explicar, mejor) cómo es perfectamente compatible pensar que proteger nuestra privacidad es importante con el irla cediendo poco a poco a cambio de pequeñas recompensas inmediatas a través de actualizaciones de estado en Facebook o similares.

(Lo más curioso, de salida, de leerse el artículo, es lo actual que sigue sonando. Nos encanta pensar que vivimos en un mundo absolutamente diferente al que habitábamos hace diez años. Y lo es. Pero parece que nosotros seguimos siendo los mismos… (De hecho, ya en 2000 teníamos libros anunciando la muerte de la privacidad en el siglo XXI))

En cualquier caso, una buena lectura académica sobre el tema es el artículo Privacy attitudes and privacy behaviour: A review of current research on the privacy paradox phenomenon. Si no estáis en una universidad, <irony>estos chicos tan majos de Elsevier</irony> os pedirán que os dejéis 36 dólares de nada para leerlo; afortunadamente yo sí estoy en una universidad y aún no nos han arrebatado el derecho de cita, o sea que os destaco algún fragmento…

Acquisti (2004) claims that “[p]eople may not be able to act as economically rational agents when it comes to personal privacy.” He argues that privacy-related decisions are affected by incomplete information, bounded rationality and psychological biases, such as confirmation bias, hyperbolic discounting and others.

Sí, Acquisti es el mismo Acquisti del podcast y la investigación sobre el tema es anterior al término “paradoja de la privacidad”. La cita del artículo en cuestión es Acquisti, Alessandro. “Privacy in electronic commerce and the economics of immediate gratification.” Proceedings of the 5th ACM conference on Electronic commerce. ACM, 2004. En Google Scholar.

Si queréis algo más reciente…

Beresford et al. (2012) conducted a field experiment, in which subjects were asked to buy a DVD from one of two competing stores. The two stores were almost identical. The first store asked for income and date of birth, whilst the second store asked for favourite colour and year of birth. Obviously, the information requested by the first store is significantly more sensitive. Nevertheless, when the price was the same subjects bought from both stores equally often. When the price was set to be 1 Euro less in the first store, almost all participants chose the cheaper store, although it was asking more sensitive information. A post-experimental questionnaire tested if subjects were unconcerned about privacy issues. 75% of participants indicated that they had a strong interest in data protection and 95% said that they were interested in the protection of their personal information.

Beresford, Alastair R., Dorothea Kübler, and Sören Preibusch. “Unwillingness to pay for privacy: A field experiment.” Economics Letters 117.1 (2012): 25-27. En Google Scholar.

Los artículos que dan evidencias a favor de la existencia de la paradoja son numerosos, pero alguno hay que dice que en determinadas circunstancias los usuarios están dispuestos a rascarse un poco el bolsillo para proteger su privacidad:

Egelman et al. (2012) performed two experiments with smartphone users and found that when choosing among applications with similar functionality, privacy-conscious participants were willing to pay a premium of $1.50 over an initial price of $0.49. However, this occurred only when users were presented the requested permissions of each application side-by-side.

Egelman, Serge, Adrienne Porter Felt, and David Wagner. “Choice architecture and smartphone privacy: There’sa price for that.” The economics of information security and privacy. Springer Berlin Heidelberg, 2013. 211-236. En Google Scholar.

En fin. Que la próxima vez que alguien defienda su propio interés por proteger su privacidad, o que afirme que la gente, en general, está interesada en ello… tomáoslo con un cierto escepticismo.

¿Por qué se publican artículos científicos?

En una excelente entrevista que le hacen en Computerphile a Tony DeRose, jefe de investigación en Pixar y doctor en informática por la Universidad de California en Berkeley, le plantean esa pregunta. Me encantaría pensar que todos los académicos darían, honestamente, la misma respuesta…

…Hemos tomado la filosofía de publicar todo aquello de lo que estamos orgullosos y es publicable en el campo. Hay unas cuantas razones para ello. Una es que exponernos a la disciplina de la publicación y la revisión entre pares mejora nuestro trabajo porque hay otras personas que lo leen y lo critican cuidadosamente

Cómo hemos cambiado (V)

Un par de discos duros externos
Seis teras (dos más cuatro)…

Comprar un disco duro externo nuevo es el momento para echar la vista atrás y sentir un ataque de vértigo…

  • Primero, porque si tienes una cierta ‘edad tecnológica’ es muy difícil de creer que en un disco de 2,5″ puedan caber 4 teras (aunque son teras “decimales”, que quiere decir que mejor descuentas un 10% y asumes que son un poco más de 3,6). ¡Cuatro terabytes!
  • Después recuerdas la capacidad de tu primer disco duro. Veinte megas. Y su precio. Unas setenta y cinco mil pesetas de la época. Vamos a suponer que fuera 1994. Si actualizamos el precio según el IPC (aquí, por ejemplo), eso son unos 740€. El disco duro nuevo (este Seagate) ha costado ha costado algo menos de 172€. Menos de la cuarta parte. 190.000 veces más capacidad. 760.000 más barato por mega. Vértigo.
  • Y, finalmente, inviertes una eternidad en volcar casi dos teras que tenías en el otro disco. Y te parece lento. Lentísimo. Y maldices que el ordenador sólo tenga USB 2.0. Y entonces miras la velocidad a la que está copiando. Y da la casualidad que está copiando archivos muy grandes. Y eso hace que estés maximizando la velocidad real de USB 2.0. 25 megabytes por segundo. Lento. De narices… Hasta que piensas en tu primer disco duro… y te das cuenta que estás escribiendo a más de “un disco duro por segundo” (en unidades del sistema obm). Más vértigo.

Un año de smartwatch…

LG G Watch R

Pues sí, el tiempo pasa volando y ya hace más de un año que llevo en la muñeca un LG G Watch R… Algunos apuntes:

¿Contento?
¿Lo recomendarías?
Sólo a “friquis” de la tecnología. Contento con el tema, insisto, pero no te va a solventar ningún problema. Si quieres apuntarte a la moda del quantified self, cómprate una pulsera, conéctala al móvil y listos. Si quieres un smart watch, adelante, que molan :-), pero no te engañes justificando que es un gran avance
¿Muy grande?
Sorprendentemente, a mí no me lo parece (y mira que uno tiene la muñeca pequeña)
¿Utilidad?
Sí, las tiene, desde luego. No sé tú, pero yo soy de los que lleva el móvil en el bolsillo del pantalón y lo sacaba 99 de cada 100 veces que vibraba. Ahora miro el reloj. No es que sea mucho más discreto, pero algo se gana…
De hecho, en este último año me han preguntado ¿tienes prisa? más que en toda mi vida. Culturalmente, mirar el reloj significa “tengo prisa”, qué le vamos a hacer…
Cabe notar, eso sí, que cuesta más no mirar el mensaje cuando está más cerca. Confieso que a veces el esfuerzo de autocontrol ha costado un poco
¿Más cosas?
Sí, desde luego. Además del “yo cuantificado”, mando a distancia de los reproductores de música y podcasts y todas las notoficaciones de Google Now bastante más a mano :-). Y también hay unas cuantas aplicaciones que tienen su qué. Tres ejemplos:

  • Uno usa autenticación de doble factor con Google Authenticator. Tenerlo en el reloj es mucho más cómodo que tener que sacar el móvil
  • Localizar el móvil cuando no sabes dónde lo has dejado. Que es algo que tienes disponible desde cualquier navegador, ciertamente, pero es mucho más cómodo ahora
  • Google Keep (o la aplicación de listas y notas que uno prefiera, creo que todas las grandes soportan Android Wear). Mola ir tachando las cosas de la lista de la compra en el reloj, por ejemplo :-)
¿Alguna recomendación?
Pujie Black. La app que te deberías comprar dos días después de estrenar el móvil, cuando te das cuenta de que no te acaba de gustar ninguna de las caras de reloj que venían con el cacharro ni las que hay en Google Play. €1.79, sí, pero vale la pena. El programa es complicado (lo que corresponde a la cantidad de cosas que quieres modificar en el reloj, diría), pero al cabo de un rato tienes tu reloj, con la posibilidad, además, de usar las características interactivas que le salieron a Android Wear en algún momento del año pasado: ‘taps’ en diferentes zonas del reloj y accedes a un resumen de lass próximas citas del calendario, a la información de Google Fit o al pronóstico del tiempo para las próximas horas y días. Fuertemente recomendada
¿Cosas a tener en cuenta?
No es sólo el reloj, el móvil también importa. Con mucha frecuencia el reloj no es más que el muñeco de ventrílocuo del móvil. Si tu móvil va justito y se “engancha”, el móvil también parecerá hacerlo
¿La batería?
Con la pantalla encendida continuamente, toda una jornada con tranquilidad. Supongo que si desactivas dicha funcionalidad, podemos llegar a dos. Pero yo, cuando me voy de fin de semana, ahora me llevo un cargador más :-S
¿Decepciones?
Sí. ¿Dónde están las aplicaciones? Naturalmente, la capacidad de interacción de una cosa tan pequeña es muy limitada, pero aún así, hay margen para ir más allá.
En el caso del Watch R, en particular, la corona da algo de juego para saltarse la ley de Fitt, usando controles circulares. Me extraña que LG no lo haya aprovechado para lanzar alguna explicación exclusiva…
Por otro lado, el ecosistema de dispositivos queda absolutamente desaprovechado. No puedo ser el único que va por la calle continuamente conectado a unos auriculares bluetooth con micrófono. Que nadie haya previsto interacciones al estilo “Her – Samantha” pero usando el reloj como botonera (sí a la derecha, no a la izquierda, por ejemplo) me vuelve a parecer alucinante
¿Algún inconveniente?
La privacidad puede serlo, en una ilustración perfecta de que los metadatos pueden ser un problema para la protección de tu intimidad. Imagínate sentado en un café, charlando con amigos. Muy probablemente tu postura haga que la persona que tienes delante, o a un lado, vea las notificaciones de tu reloj antes que tú. Imagina ahora que entran, de golpe, media docena de mensajes de WhatsApp de una persona que resulta incómoda… ¿Aprecias el potencial problema? Y claro, es muy difícil que el reloj sepa si quien está mirando eres tú, alguien a quien le quieres enseñar algo en el momento en que salte la notificación… o una potencial fuente de conflicto. El reloj cuenta con un “modo cine” que le apaga la pantalla hasta que tú la vuelvas a encender, pero quizás un modo “no me notifiques nada pero deja la pantalla encendida” también estaría bien…
¿Más preguntas?
Para eso están los comentarios :-)

Otro ereader más..

Arriba un Energy Sistem eReader Pro. Abajo el Kindle, que hace tiempo que no pongo a cargar…

Pues sí. No creo que hay ninguna característica en la que el Energy Sistem Pro+ sea mejor que el Kindle Paperwhite que, además, ahora mismo es algo más barato (aún sin las ofertas especiales de Amazon; ambos son enlaces patrocinados, por cierto: si os compraseis uno de los cacharros siguiendo el enlace me llevaría una pequeña comisión). Y, sin embargo, el Kindle hace tiempo que está absolutamente descargado y en desuso. ¿Por qué?

El Kindle es un cacharro espectacular para hacer lo que hace, pero…

  • En primer lugar, te ata al ecosistema de Amazon. Lo que no es terrible porque, al fin y al cabo, la tienda de Amazon es la que más uso para comprar libros en formato electrónico, por un lado y, por el otro, saltarse ese límite no es tan complicado, si sabes cómo.
  • En segundo lugar, y esto es bastante más importante, al menos para mí, el eReader Pro es Android.

¿Y qué significa que sea Android?

  • En primer lugar, es una desventaja: Energy Sistem (y Boyue, que es quien realmente fabrica el Boyue T62 que la compañía española personaliza ligeramente y distribuye como eReader Pro) no tiene la capacidad de convertir un sistema operativo que no se hizo pensando en la tinta electrónica en un rival a la altura de Amazon, que naturalmente tiene muchos más recursos y, además, tiene una tarea mucho más fácil: una única función. Y se nota. Bastante.
  • Pero después, tiene la ventaja de poder correr aplicaciones. Como Pocket. O Instapaper. ¿He dicho ya que me permite usar Pocket? (Si no conocéis Pocket o Instapaper, ya tardáis en explorar el tema.) Que sí, que hay alternativas para “usar” (me faltan las comillas) Pocket en el Kindle (véase) pero son todas un parche. Y nada más que un parche. Algún día alguien me va a explicar porque los Kindles no vienen con soporte nativo para Pocket e Instapaper (es Amazon: no es que no se les haya ocurrido). Porque si bien entiendo perfectamente que un dispositivo para leer sirva exclusivamente para leer, que sólo sirva para leer libros, y no la ingente cantidad de contenido de calidad que se publica a diario en la web, me parece un error de gran calibre.

Y una vez defendido el eReader Pro por encima del Kindle… ¿cuáles son los grandes problemas del cacharrito que pondrían de los nervios a quien sea (o como mínimo a mí)?

  • El primer problema es que la interfaz que le pone Boyue/Energy Sistema al cacharro es, por decirlo finamente, extremadamente espartana…
  • …y, además, le pone al dispositivo una barra de menús permanente que le quita toda la gracia a los botones físicos de avance de página que tiene el cacharro, porque cada vez que saltamos una página en cualquier aplicación, esta no se da cuenta de esa barra, salta demasiado y se come una línea de texto. Y esto nos obliga a retroceder una línea de texto. Cada. Puñetero. Salto. De página. O a hacer scroll “a mano”, cosa que no es lo más recomendable en un dispositivo de tinta electrónica.

Y la cosa… ¿tiene arreglo? Pues, perfecto no, pero… bastante. El “secreto” está contenido en esta página de “tricks & hacks”. El proceso es relativamente sencillo:

  1. Nos vamos a la configuración del dispositivo y en la configuración de usuario le decimos que use (o no) los controles de volumen para pasar páginas (esto hará que los botones físicos para avanzar y retroceder página funcionen, dependiendo de aplicaciones).
  2. “Rooteamos” el dispositivo (ver guía). Esto nos permitirá instalarle un lanzador de aplicaciones decente al cacharro (yo soy muy fan de Nova, pero va a gustos) pero, sobre todo…
  3. Instalar full!screen, el programa que nos permitirá “comernos” la barra fija del cacharro y, por tanto, pasar páginas con los botones sin sufrir un ataque de nervios.
  4. La combinación de lanzador de aplicaciones y full!screen tiene un efecto secundario: perdemos un acceso claro a la configuración de la iluminación de la pantalla o a activar o desactivar la WiFi del dispositivo, por ejemplo. Para solucionarlo, arrastraremos a la primera pantalla del lanzador el programa “screenlight” y el “widget” con la configuración de la WiFi. Mientras estemos en ello, también el widget de full!screen, por si necesitáramos por algún motivo recuperar la barra fija.

Y… voila. Un lector electrónico sin las limitaciones del Kindle y con bastantes menos problemas que la configuración inicial del eReader Pro. ¡Que aproveche!