Con el portátil de viaje

Ya llevo unos cuantos días con el Travelmate, y creo que soy capaz de dar una opinión meditada sobre el tema. Ante todo, de dónde vengo: yo ya tengo un ordenador de sobremesa en casa, y otro en el trabajo. Son un par de Pentiums IV, con 768 megas de memoria y disco más que suficiente. Luego no tenía ninguna necesidad de uno de esos ordenadores ‘desknote’, monstruos de tres kilos y medio que tienen todas las características de un sobremesa (bueno, nunca las van a tener todas: un portátil tiene un teclado horrible y una pantalla mediocre, como mucho). Lo que yo quería es un ordenador pequeñito para llevar encima (llevar, no arrastrar) las veces que me toca desplazarme por ahí. Por lo tanto, el límite de peso estaba en los dos kilos.

Esas eran las necesidades, y el mercado no las solventaba. Esto es, sí ofrecía cosas similares pero o era un Mac (y ahora mismo necesito un PC, mal que me pese y me duela, que me duele) o tenía un precio prohibitivo (alternativas había de Dell, de IBM y de Sony, principalmente; la gama de precios, de los 1,800 euros por algo con 256 megas de RAM, que no me sirve, a 2,000 o 2,500 por configuraciones razonables, o los 3,000 que hacen falta para comprar un Thinkpad o un Vaio con especificaciones de película). Y ahí llego la visita periódica al escaparate de portátiles de la fnac, a babear un rato. Y ahí estaba él. Acer. Travelmate 371 TCi. Un Pentium M a 1.4. 512 megas de RAM. 802.11b, pero también g. Y el combo de DVD y grabadora de CDs, externo Firewire. 12 pulgaditas de pantalla. El peso anunciado, 1.7 kilos (ni idea si es con o sin el lector óptico externo o el alimentador). Y lo mejor: ‘sólo’ 1,600 euros. Y me lo compré. Le falta el Bluetooth, pero eso se solventa comiéndose uno de los puertos USB. Pero, de regalo (estaba en las especificaciones, pero con las prisas y la emoción, ni lo vi) lee Memory Sticks (fantástico para mi cámara digital, Sony) y tarjetas SD (ideal para hablar con mi Palm).

¿Las conclusiones? Comencemos por lo malo. De las pocas cosas en que me peleo cuando me compro un ordenador es en que tenga un buen teclado mecánico. Imaginad lo que es el teclado que cabe en un ordenador de 12 pulgadas. El recorrido de las teclas no está mal (para ser un portátil, claro), pero aglomeración de las teclas es (necesaria, inevitablemente) más que considerable. Y la verdad es que no me voy a quejar de nada más… Es mi primer portátil, y tampoco sé qué más debería pedirle, pero lo que yo le pedía y lo que esperaba de él es, precisamente, lo que me está dando.

Y es que lo que yo le pedía era la capacidad de meterlo en una bolsa, echarme la bolsa a la espalda, largarme todo el día y olvidarme de que llevo un ordenador encima. Le pedía el aguante de aguantar una mañana de funcionamiento. Donde ‘una mañana de funcionamiento’ implica funcionar en una presentación alimentando el monitor del portátil y saliendo por la segunda salida VGA, más otra horita de acceso intenso a Internet vía red sin cables. Y de regalo, bajar alguna foto de la cámara digital y editarla un poco con Photoshop. Y ha sobrevivido a la prueba. Porque, no nos engañemos, a un portátil así, sin enchufarlo a la pared, no le voy a pedir más. ¿Cómo funciona conectado a la red eléctrica? Pues son 1.4 gigas de Pentium M y 512 megas de RAM. ¿Quién tenía esa potencia hace dos años en su ordenador de sobremesa? No muchos, ¿no? Pues eso. Más potencia en un ordenador ‘de juguete’ que la que había hace dos, tres años en los ‘de verdad’. Pero con las limitaciones de un portátil. Pantalla y teclado de juguete.

Voy concluyendo, que ya toca… Dice Bruce Sterling que el futuro ya ha llegado, y que lo único que pasa es que está mal distribuido. Y razón no le falta. Este es un planeta de desequilibrios, y no si has nacido en el sitio correcto, lo llevas muy mal. Pero si has nacido en uno de los sitios que no están mal, las cosas que asumes y no te hacen abrir la boca son cada día más impresionantes. Uno puede montarse su propia unidad móvil de televisión con casi nada. Una cámara DV, un portátil como este, filmar lo que haga falta, editar al corte con cualquier herramienta de vídeo, buscar una conexión a Internet decente, enviar. O grabar el clip en un CD, y enviar. Si lo que se está haciendo es radio, o prensa, y se lleva un móvil GPRS, podemos obviar hasta lo de la conexión decente (voy a suponer que paga el jefe, eso sí). Impresionante, ¿no?

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