Me entero por este artículo de The Register de que hace ya un tiempo que se puede activar la vista partida en Firefox, que te permite ver dos páginas en una sola ventana del navegador:
Que me diréis: ¿y no es lo mismo que abrir dos ventanas del navegador? Pues se parece, sí, pero te ahorras unos cuantos píxeles de la interfaz del navegador. Si, como yo, usas pestañas verticales (en mi caso, usando Sidebery), entonces la cosa pasa de ocupar toneladas de interfaz a algo viable:
¿Que cómo se activa?
Parece que con Firefox 149 (que debería llegar dentro de tres semanas, el 24 de marzo) la funcionalidad estará disponible por defecto, pero mientras tanto, en Firefox 148 hay que, primero, ir a about:config, aceptar el botoncito que te avisa de que tocar cosas dentro de about:config tiene sus riesgos, buscar browser.tabs.splitView.enabled y activarlo (haciendo doble clic).
Y después de activarlo, es tan fácil como «control + clicar» una pestaña y la otra, y después, botón derecho y «Open in split view» (o como se diga en el idioma en que tengas configurado en Firefox)
A partir de ahí, podéis cambiar la cantidad de espacio asignada a cada pestaña arrastrando en la barra que las separa, y desconectarlas haciendo botón derecho en la barra de pestañas y «Separate split view«.
Seguimos con el proyecto mensual de ojear la revista Byte… con cuarenta años de retraso (tenéis todas las entradas sobre el tema, que ya son unas cuantas, en la etiqueta Byte de este blog). Y febrero del 86 se dedicaba… al procesado de textos (que, spoiler, no es lo mismo que los procesadores de texto).
Y comenzamos mirando publicidad. El primer anuncio, diría yo, de un programita que seguimos usando cuarenta años más tarde: ¡Excel! Dice la Wikipedia que fue lanzado en septiembre del 85, y si vais a nuestra entrada del número de mayo del 85 (sí, llevamos ya un tiempín con esta historia de la revista Byte) encontraréis el anuncio de que lo iban a lanzar, y corregidme si me equivoco (ya podría ser, ya), pero no lo habíamos vuelto a ver por aquí.
Y si os ha llamado la atención el ratón monobotón, o el disquete de 3,5″… sí, Microsoft lanzó originalmente Excel solo para Mac.
No pongo captura, pero también merece la pena pararse en la sección de cartas (página 24 y siguientes), en que los lectores revisan el programa para calcular π (¡del número de mayo!) y explican lo lentísimo que es convergiendo (pero destacan que es muy legible y un buen ejemplo para aprender) y algunas correcciones al programa sobre la distribución normal (esta vez solo tenemos que retroceder hasta octubre). Bravo por los lectores atentos.
Seguimos, esta vez con nuestra manía de pararnos en cualquier cosa que tenga que ver con el Amiga. En este caso, se trata de una introducción al Kernel, el software de sistema contenido en su ROM, escrita nada más y nada menos que por su creador, el mítico (en círculos reducidos, cierto) RJ Mical. Si alguien quiere leer más sobre el tema, en el mismo Archive podéis encontrar su manual. #YaNoSeEscribeSoftwareAsí
Y unas páginas más adelante nos encontramos un anuncio del Amiga que es un homenaje (merecidísimo) a Denise, Paula y Agnus, los tres chips especializados en vídeo, audio y gestión de memoria, revolucionarios para la época, que eran una de las partes vitales para hacer del Amiga la maravilla multimedia que era.
Y dejamos el Amiga (hasta que nos den la más mínima oportunidad de recuperar el tema 😅) y entramos en el tema del número, el procesado de textos. Hablando con la leyenda de la informática que es Donald Knuth (se lee Kanuz, por cierto), hoy profesor emérito de Stanford, creador de TeX y autor de la magna opus The Art of Computer Programming (in progress). Por aquella época ya hacía más de una década que le habían dado el premio Turing y en la entrevista, como no podría ser de otra forma dado el tema, hablan de tipografía digital y de la creación de Metafont, un software que se sigue usando hoy y que continúa siendo una [no tan] pequeña maravilla.
Y, para hacer más énfasis en lo que decía de que procesado de texto no se refiere a los procesadores de texto (al menos, no a los que nos vienen más rápidamente a la cabeza), nos podemos dar un chapuzón en cómo estaba por aquel entonces el estado del arte de la interpretación del lenguaje natural:
(Como es costumbre de la casa, tanto Pollack como Waltz son no solo expertos, sino pioneros en la materia.)
Seguimos con el tema. Nos quejamos (con razón) de que artes y humanidades están excesivamente separadas en las cabezas de muchos, y de que esto es fuente de unos cuantos de nuestros problemas. En los ochenta ya era en gran parte así, no nos engañemos, pero de vez en cuando podíamos ver cosas como un artículo en una revista tecnológica dedicada al tema del procesado de… poesía.
No os perdáis, por favor, la discusión sobre cómo sacar la métrica de un poema automáticamente (en inglés, además, donde la cosa depende más de sílabas átonas y tónicas que en español):
Pero el colmo del friquismo, en serio, es un artículo entero dedicado a la sesudísima (solo hago un poco de broma, aquí) cuestión de si vale la pena aprender a teclear en un teclado Dvorak (#TLDR, los autores opinan que sí, si te puedes permitir el lujo de escribir siempre en un teclado Dvorak). Que el primer firmante de la pieza sea profesor emérito… de física, dedicado a la astronomía forense, es solo la guinda del pastel.
¿Había dicho yo que volveríamos al tema Amiga a la que nos dieran una oportunidad? Sí, ¿verdad? Aquí, los orígenes británicos de AmigaDOS:
Y aún una página más con contenido Amiga, aunque aquí no sea el contenido lo que quiero destacar, sino el continente. Estamos en 1986, y el mundo comienza a conectarse digitalmente. Byte, de hecho, tiene su propio servicio online, BIX (el Byte Information Exchange), que se había puesto en marcha en junio (a seis dólares de la época la hora de conexión)… pero la audiencia era tan corta (dice la Wikipedia que en el 87 llegaron a 17,000 usuarios) que la revista le daba bombo al servicio destacando un «Best of BIX» en sus páginas. Igual sí hemos cambiado un poco, en estos cuarenta años…
Antes de cerrar la sección, quiero aprovechar para recoger el obituario de Robert Tinney en Ars Technica. ¿Quién es Robert Tinney? El ilustrador de muchas de las portadas de los números de Byte que hemos recogido por aquí, que falleció este primero de febrero. Que su obituario aparezca en Ars da una idea tanto de la relevancia de la revista como del impacto visual del trabajo de Tinney en muchísima gente. Curiosamente, estamos muy cerca de llegar a los números en que la revista dejó de emplear a Tinney para pasar a usar fotos en sus portadas, como podéis comprobar en los archivos de la revista Byte en archive.org, que también podéis usar, si queréis, para avanzaros y comprobar de qué va el número «del mes que viene». Añado que Tinney tenía una tienda, todavía activa (y espero que lo siga estando mucho tiempo), y que ahora mismo estoy peleando muy fuerte conmigo mismo para no comprarme pósters del número de artes digitales de 1982, la de abril del 85, o la de «claves de la educación» de, nada más y nada menos que julio de 1980.
Y seguimos también con el repaso a los episodios de marzo del 86 de Computer Chronicles…
El primero de los episodios se dedica a operar en bolsa por ordenador, algo novedoso en la época. No me ha resultado especialmente interesante, más allá de los cacharritos para recibir información financiera vía radio FM, tanto en forma de cacharrito independiente como de accesorio para tu PC.
El segundo programa del mes va de «software psicológico», desde software para ayudar con determinadas terapias (con la sofisticación de la época, más cercana al programita con el que se juega para renovar el carnet de conducir) a tests de tipos diversos, con sus, inevitablemente, «módulos de inteligencia artificial»… y las mismas preocupaciones y las mismas salidas por la tangente que nos suenan tanto hoy.
(Y en los breves, noticias de la crisis de Commodore, que le debía doscientos millones de dólares a los bancos. La compañía no acabaría muriendo hasta el 94, pero ya comenzaba a oler a chamusquina la cosa.)
El tercer programa del mes se dedicaba al software para astronomía, tanto profesional como amateur (en este último caso, bastante reconocible para cualquiera que haya usado una app de astronomía únicamente… pero cuatro órdenes de magnitud menos potente e interfaces jurásicas). La discusión sobre astronomía «profesional»… lo de siempre: gente alucinando con lo que había avanzado la tecnología en el campo… que ahora nos parece casi de juguete.
(Y en los breves, la muerte de la mítica Osborne… cincuenta y tres millones de dólares de pérdidas de Commodore, por si los doscientos millones de deuda fuesen poca cosa… y la compra de Pixar por Steve Jobs por «varios millones de dólares».)
El 3×22, dedicado al color, lamentablemente, parece que está desaparecido. Como de costumbre, podéis chafardear lo que se viene en marzo tanto en la lista de episodios de la Wikipedia como en la playlist a la que pertenecen los vídeos de YouTube que tenéis aquí arriba.
Y con esto cerramos el mes. Dentro de unas semanas, más.
(Título robado a uno de los ¿3? ¿4? ¿podría ser que 5? lectores habituales de este blog, por cierto. ¡Hola, Isma!)
Medir visitantes a un sitio web nunca ha sido cuestión baladí. Pero, de verdad, estamos llegando a niveles «cuánto mide la costa de Gran Bretaña» (si no os suena la frase, seguid el enlace, seguidlo).
En obm hace unos meses nos fuimos de Google Analytics. De salida, instalamos Koko Analytics y, desde hace algo menos, pusimos Jetpack y, como Jetpack viene con su pack de analítica, pues lo dejamos activado. En el panel de WordPress, las dos gráficas de visitantes quedan, curiosamente, una al lado de la otra… y cada vez que entro al panel es un despiporre:
Captura hecho por la mañana, de ahí que el último día salga tan bajo
No, no hay por dónde pillarlo, efectivamente. De hecho, lo sorprendente es que, en el momento que hice la captura, el marcador del último día coincidía en 13 visitantes y 13 páginas vistas. Al cabo de un rato seguía habiendo coincidencia en páginas vistas (17) pero uno opinaba que de 17 visitantes diferentes, y el otro que de 14.
Y claro, uno se puede ir a buscar las estadísticas del hosting, y…
Abro paréntesis: ¿no os llama la atención la pestañita de «bots»? A mí sí. ¿Veis aquí arriba como el hosting cuenta algo menos de veinticinco mil peticiones de visitantes?
Apenas 6 peticiones de bots (casi 7, de hecho), por cada petición «humana». Todo bien.
En fin. En cualquier caso, que habría que recuperar la tira de xkcd de los estándares (siempre hay que recuperar una tira de xkcd),
¿Alguien se anima a hacer un nuevo motor de analítica web?
PS Sí, la entrada es porque los números de vistas estos días (increíbles como son) son mucho más altos de lo que era habitual por estos pagos en los últimos meses. Que no sé qué miden (no sé si miden algo, de hecho), pero ya se sabe que, ande o no ande, caballo grande.
…o César se mete en un charco al que no le habían llamado.
Si algo tuvo más eco el día en que Pedro Sánchez anunció que se apuntaba a lo de prohibir las redes sociales a los menores de dieciséis, fue la respuesta de Pavel Durov y la contrarréplica de Sánchez. Es por eso que, lo primero es dejar claro que nada más lejos de mi intención que defender a Durov —véase Arrest and indictment of Pavel Durov en la Wikipedia (y, en particular, la sección Background) sobre lo de agosto del 24, por ejemplo, para entender que no es una figura que valga la pena defender— ni a ningún otro tecnobró con red social y patrimonio de 8 cifras en adelante. (Y de las opiniones de meloncete mejor ni hablar, claro.)
Y también debo decir que tampoco estoy en contra de regular el acceso a determinados servicios y contenidos en función de la edad y, en particular, el acceso a redes sociales (y en especial a las grandes redes sociales) para las personas menores de dieciséis. He leído en algún sitio que igual lo que habría que prohibir es el acceso a esas redes a hombres blancos mayores de una cierta edad (incluyéndome a mí), y el argumento tiene bastantes atractivos, pero sigue siendo una restricción por edad.
(Podría ponerme puñetero y buscar casos en que esa regulación tiene efectos negativos, pero no es el objetivo del ejercicio. Lo único que tengo claro de todo esto es que por nada del mundo querría tener nada que ver con la decisión de regular algo así. Ni a punta de pistola.)
Queda, desde luego, definir qué es una red social. Está claro que la medida se dirige a Instagram y TikTok, especialmente. Pero… si un videojuego tiene algún tipo de mecanismo de comunicación entre jugadores (y cuál no lo tiene)… ¿es una red social? Porque me da a mí que (i) lo son, en la práctica, y (ii) si Instagram y TikTok son nocivos para mucha de la gente que los usa, los canales de comunicación de muchos de esos videojuegos lo son al menos igual. ¿Es el correo electrónico una red social? ¿Los SMS del teléfono smart-o-no de niños y niñas a partir de los doce?
Si este blog tiene comentarios (que funcionan como funcionan, lo sé 🙏) y en alguna ocasión (con muy muy poca frecuencia, pero alguna vez ha pasado) se establece comunicación entre quienes dejan comentarios… Entre el primer paréntesis y el segundo, tenéis razón: no pasaría nada por quitar los comentarios de obm, cierto. Pero… ¿vamos a tener que establecer limitaciones de edad en los comentarios de todos los blogs del mundo? Vaya, que, si opero un blog (fuera de WordPress.com y similares) ¿voy a tener que comprobar la edad de cualquiera que publique un comentario? (En obm, me repito, no es problema: se cierran los comentarios y aquí paz y después gloria, pero…) ¿Y las secciones de comentarios de los diarios en línea? (De estas, ciertamente, se puede afirmar que sería una victoria para la sociedad que desaparecieran, tenéis razón.)
También tiene que decirse que, sin haber visto la propuesta de norma y, sobre todo, cómo se pretende hacer la implementación en la práctica, pero después de haber visto algunos ejemplos de cómo se están implantando las normas de restricción de acceso por edad (sobre todo a contenidos para adultos, o, lo que es básicamente lo mismo, pornografía) que van apareciendo por todo el planeta, esas implementaciones me provocan, cuando menos, dudas. La capacidad del estado español de hacer leyes muy bonitas en la teoría, pero cuya aplicación práctica deja bastante que desear, diría yo, ha sido ampliamente demostrada. Y eso que en España tenemos un DNI obligatorio, y eso, al menos en principio, debería facilitar las cosas.
Así que, más allá de definiciones, la principal duda (o mi principal duda, al menos), es sobre esos mecanismos que voy a tener que utilizar para demostrar mi mayoría de edad en aplicaciones como WhatsApp, Telegram y Signal, o en redes sociales como Instagram (sí, querida lectora, me temo que debo confesar que tengo cuenta en Instagram (y Bluesky, y en Mastodon y, si me apuras, en last.fm, que también es una red social)), y cómo me van a garantizar la privacidad de esos datos. En Europa se supone que eso va a hacerse a través de eIDAS 2… pero aún no lo tenemos implementado, no se tendrá hasta finales de este año (y, por todos los dioses, que no corran con el desarrollo, que nos va la privacidad de todas en ello)… y yo, antes de probar un arma de potencial destrucción masiva de la privacidad, preferiría que hicieran unos cuantos meses de pruebas con fuego real antes de verme obligado a usarla.
Adiós a los servidores de Mastodon operados por particulares… Lo que podemos asegurar es que comprobar la edad de las personas que usan un servicio va a ser otro servicio… y va a requerir unos recursos. Seguro que habrá empresas (grandes consultoras, por ejemplo) que se están frotando las manos por ofrecernos esos servicios… a un módico precio. Si hay que pagar por proteger a un colectivo amenazado, se paga, desde luego. Pero me da a mí que esas comunidades virtuales que se sostienen gracias a la buena voluntad de sus operadores y operadoras… van a ver cómo se tensiona aún más esa buena voluntad. Y los que se lo puedan permitir, lo harán pasando por la caja de empresas que no nos caen nada bien.
¿No debería regularse el acceso a redes sociales, pues? Me repito: no estoy en contra de regular el acceso a determinados servicios y contenidos en función de la edad y, en particular, el acceso a redes sociales para las personas menores de dieciséis. Pero, si vamos a hacerlo, o incluso si vamos a aplaudir la medida, como mínimo podríamos intentar informarnos antes de cómo se va a hacer, inventariar los potenciales efectos secundarios que va a tener hacerlo (como los tienen todas las normativas, y la ausencia de normativas) e incluirlo todo en la discusión. Si hay que comprar, se compra. Pero sabiendo el precio.
(Hoy toca batallita especialmente intrascendente, quedáis avisados.)
Dichoso primer ingeniero el que decidió que no tenía sentido poderle cambiar el disco a un portátil. Desde entonces, todos acabamos haciendo, tarde o temprano, encaje de bolillos. Porque, por enorme que te parezca un disco, dentro de dos años ya no va a ser enorme, y dentro de tres será demasiado pequeño. En Sandisk, que tienen vista, anuncian sus USB Extreme Fit (aquí la página) con esta imagen:
Vamos, el USB ideal para dejarlo conectado al portátil, y se acabó (durante una temporada) tener que, o bien preocuparse por el espacio en el portátil, o bien conectar y desconectar continuamente un «pen». Y para allá que me fui, a por mi USB de 512 gigas (ir por ir…). Y todo bien, hasta que lo he enchufado…
Mono, ¿eh? Ahora… ¿veis que deja un espacio tirando a justo para el puerto USB-C que queda justo al lado? Pues bien: para enchufar el portátil a los hubs que tenemos en la oficina, cuyos cables no son lo más ajustados del mundo, me he pasado un rato hasta que he encontrado uno que había perdido su carcasa, porque si no, no entraba de ninguna de las maneras:
Ni un milímetro de margen, oiga.
Hay cables USB-C que no dan ningún problema (el de mi «ladrón» USB, sin ir más lejos, afortunadamente). Pero. Antes de comprar un Sandisk Extreme Fit, si vuestro portátil tiene los puertos USB-C uno al lado del otro, echadle un vistazo al resto de cosas que queráis conectar antes de comprar.