Cómo declarar una “miniquiebra” en GMail

No todo el mundo es tan desastre como yo gestionando su buzón de correo electrónico como yo, pero tampoco voy a ser el único… ¿Os ha pasado alguna vez que el ‘inbox’ de GMail se os dispara? Páginas y páginas de correo que es imposible que limpiéis nunca. Y, de regalo, un poco de ansiedad cada vez que veis el número de mensajes por leer o la cantidad de mensajes acumulados…

Una solución (parcial y bestia, pero solución) es aceptar que los correos que llevan ahí más de cuatro meses (pongamos por ejemplo) no los vais a llegar a limpiar nunca, y que es mejor archivarlos como buenamente podamos. Y, por tanto, se plantea la pregunta: ¿es posible hacerlo simple y rápidamente? Afortunadamente, la respuesta es que sí, gracias a esos grandes desconocidos que son los operadores de búsqueda de GMail. Y, en especial, el older_than, al que podemos especificar parámetros como 100d si queremos los mensajes de más de 100 días o 4m si lo que queremos son cuatro meses. Si lo combinamos con in:inbox podremos seleccionar, de una sola tacada, todos esos mensajes que hemos aceptado que no limpiaremos de manera sistemática y que nos estresan en el “inbox”:

Mi buzón, después de aplicar la búsqueda older_than:4m in:inbox
La palabra clave es, desde luego, muchas

Una gracia adicional es que si le damos a el “checkbox” de seleccionar todas las entradas GMail selecciona todas las que aparecen en la primera pantalla… pero nos ofrece también la posibilidad de seleccionar todas las que cumplen el criterio de búsqueda:

Después de dar al cuadro para seleccionar todas las conversaciones, GMail nos pregunta si queremos seleccionar no solo las que salen en pantalla, sino todas las que siguen el criterio de búsqueda
Sí. Todas.

Una vez hecho esto, diversas opciones:

  1. Archivar directamente, marcando o no como leídos los mensajes (se puede ser más bestia aún y borrar, claro, pero ante la duda, yo soy un poco más conservador).
  2. Mi opción: etiquetar con un “archivados”, marcar como leídos (o no, de nuevo, a gusto del lector) y archivar.
  3. Añadir niveles de sofisticación: siempre podemos añadir, por ejemplo, un older_than:4m in:inbox label:unread, por ejemplo, para seleccionar los mensajes no leídos y aplicarles a estos una determinada etiqueta (y otra a los label:read, si se quiere) antes de archivarlos. Las posibilidades son casi ilimitadas…

Y, ahora, a intentar mantener el buzón en mejores condiciones.

Porque se ha hecho así toda la vida

Jueves. Madrugón para llegar al aeropuerto. Cruce de neuronas mientras esperas para embarcar. Idea y, como vivimos en los tiempos en que vivimos, en vez de consultar a expertos o buscar en internet, tuiteas…

Tres retuits, siete corazoncitos, seis réplicas. Puedo prometer y prometo que esos no son mis números habituales en Twitter. La cosa, claramente, suscita un cierto interés.

También puedodebo prometer que conozco a algún que otro experto en el tema de la logística a quien preguntar en caso de duda pero, cabezón que es uno, me pongo a buscar por internet y encuentro, sin mucha dificultad, un artículo (de hace nada más y nada menos que diez años), Loading an Airliner Is Rocket Science que exclica que, efectivamente, no voy mal encaminado: a pesar de que la inmensa mayoría de líneas aéreas con que he volado embarca con alguna variedad del método “clase business primero, después el resto del avión de atrás hacia adelante”, hace años que se hace investigación sobre el tema (quién se lo habría imaginado, cualquiera diría que es un asunto en el que potencialmente se pueden ganar millones de euros optimizando recursos) y una de las propuestas más eficientes es el método Wilma que consiste, oh sorpresa, en embarcar ventanas, después asientos del medio y finalmente pasillos. Como me apuntan en las respuestas, hasta hay un episodio de Mythbusters sobre el tema:

Por si nos os apetece seguir el enlace: algo más de 24 minutos con el método de toda la vida, quince con un par de variantes del Wilma y (como confirma la investigación que cita el artículo del Times) casi un minuto menos si embarca primero business y luego el resto sin asiento asignado (el caos aparente, aunque nos parezca terrible, es muy eficiente en muchas ocasiones). Nueve minutos no parecerán tantos, pero si multiplicamos por, pongamos, ciento cincuenta personas por avión, son más de veinte horas persona perdidas cada vez que embarcamos. Y, especialmente en trayectos cortos (estilo Barcelona Baleares), para ciertas líneas aéreas sería la posibilidad de sacarle un vuelo más al día a algún avión. Y eso es una pasta.

¿Por qué seguimos empeñados en hacerlo de una manera claramente no óptima? Los humanos somos cabezones como nadie, incluso ante la evidencia de que estamos malgastando, no sólo recursos de las líneas aéreas, sino, lo que es mucho más importante, nuestro propio tiempo. Y las cosas se hacen, naturalmente, como se han hecho toda la vida. Así nos luce.

Privacidad: lo que pienso y lo que hago no siempre coinciden…

…o me encanta tener razón. Hace casi un mes tuiteaba

en respuesta a

Y es que me “encantan” las encuestas en que se pregunta a la gente por estas cosas (y las opiniones de la sociedad son tremendamente importantes, naturalmente)… pero ignoran lo que hace la gente en la práctica.

Y hoy me encuentro con este episodio del podcast Note to Self:

El podcast habla de la “paradoja de la privacidad”. Se queda un poco corto, para mi gusto (hacer clic en el reproductor os llevará a la fuente, y servidor no es muy fan de Note to Self), pero me descubre el término. Llego a él tarde, tardísimo: se acuñó, si no me equivocó, en 2006, en un artículo homónimo en First Monday, cuando nos preocupaba mucho más MySpace (¿os acordáis?) que Facebook. La paradoja de la privacidad explica (o intenta explicar, mejor) cómo es perfectamente compatible pensar que proteger nuestra privacidad es importante con el irla cediendo poco a poco a cambio de pequeñas recompensas inmediatas a través de actualizaciones de estado en Facebook o similares.

(Lo más curioso, de salida, de leerse el artículo, es lo actual que sigue sonando. Nos encanta pensar que vivimos en un mundo absolutamente diferente al que habitábamos hace diez años. Y lo es. Pero parece que nosotros seguimos siendo los mismos… (De hecho, ya en 2000 teníamos libros anunciando la muerte de la privacidad en el siglo XXI))

En cualquier caso, una buena lectura académica sobre el tema es el artículo Privacy attitudes and privacy behaviour: A review of current research on the privacy paradox phenomenon. Si no estáis en una universidad, <irony>estos chicos tan majos de Elsevier</irony> os pedirán que os dejéis 36 dólares de nada para leerlo; afortunadamente yo sí estoy en una universidad y aún no nos han arrebatado el derecho de cita, o sea que os destaco algún fragmento…

Acquisti (2004) claims that “[p]eople may not be able to act as economically rational agents when it comes to personal privacy.” He argues that privacy-related decisions are affected by incomplete information, bounded rationality and psychological biases, such as confirmation bias, hyperbolic discounting and others.

Sí, Acquisti es el mismo Acquisti del podcast y la investigación sobre el tema es anterior al término “paradoja de la privacidad”. La cita del artículo en cuestión es Acquisti, Alessandro. “Privacy in electronic commerce and the economics of immediate gratification.” Proceedings of the 5th ACM conference on Electronic commerce. ACM, 2004. En Google Scholar.

Si queréis algo más reciente…

Beresford et al. (2012) conducted a field experiment, in which subjects were asked to buy a DVD from one of two competing stores. The two stores were almost identical. The first store asked for income and date of birth, whilst the second store asked for favourite colour and year of birth. Obviously, the information requested by the first store is significantly more sensitive. Nevertheless, when the price was the same subjects bought from both stores equally often. When the price was set to be 1 Euro less in the first store, almost all participants chose the cheaper store, although it was asking more sensitive information. A post-experimental questionnaire tested if subjects were unconcerned about privacy issues. 75% of participants indicated that they had a strong interest in data protection and 95% said that they were interested in the protection of their personal information.

Beresford, Alastair R., Dorothea Kübler, and Sören Preibusch. “Unwillingness to pay for privacy: A field experiment.” Economics Letters 117.1 (2012): 25-27. En Google Scholar.

Los artículos que dan evidencias a favor de la existencia de la paradoja son numerosos, pero alguno hay que dice que en determinadas circunstancias los usuarios están dispuestos a rascarse un poco el bolsillo para proteger su privacidad:

Egelman et al. (2012) performed two experiments with smartphone users and found that when choosing among applications with similar functionality, privacy-conscious participants were willing to pay a premium of $1.50 over an initial price of $0.49. However, this occurred only when users were presented the requested permissions of each application side-by-side.

Egelman, Serge, Adrienne Porter Felt, and David Wagner. “Choice architecture and smartphone privacy: There’sa price for that.” The economics of information security and privacy. Springer Berlin Heidelberg, 2013. 211-236. En Google Scholar.

En fin. Que la próxima vez que alguien defienda su propio interés por proteger su privacidad, o que afirme que la gente, en general, está interesada en ello… tomáoslo con un cierto escepticismo.

¿Por qué se publican artículos científicos?

En una excelente entrevista que le hacen en Computerphile a Tony DeRose, jefe de investigación en Pixar y doctor en informática por la Universidad de California en Berkeley, le plantean esa pregunta. Me encantaría pensar que todos los académicos darían, honestamente, la misma respuesta…

…Hemos tomado la filosofía de publicar todo aquello de lo que estamos orgullosos y es publicable en el campo. Hay unas cuantas razones para ello. Una es que exponernos a la disciplina de la publicación y la revisión entre pares mejora nuestro trabajo porque hay otras personas que lo leen y lo critican cuidadosamente

Cómo hemos cambiado (V)

Un par de discos duros externos
Seis teras (dos más cuatro)…

Comprar un disco duro externo nuevo es el momento para echar la vista atrás y sentir un ataque de vértigo…

  • Primero, porque si tienes una cierta ‘edad tecnológica’ es muy difícil de creer que en un disco de 2,5″ puedan caber 4 teras (aunque son teras “decimales”, que quiere decir que mejor descuentas un 10% y asumes que son un poco más de 3,6). ¡Cuatro terabytes!
  • Después recuerdas la capacidad de tu primer disco duro. Veinte megas. Y su precio. Unas setenta y cinco mil pesetas de la época. Vamos a suponer que fuera 1994. Si actualizamos el precio según el IPC (aquí, por ejemplo), eso son unos 740€. El disco duro nuevo (este Seagate) ha costado ha costado algo menos de 172€. Menos de la cuarta parte. 190.000 veces más capacidad. 760.000 más barato por mega. Vértigo.
  • Y, finalmente, inviertes una eternidad en volcar casi dos teras que tenías en el otro disco. Y te parece lento. Lentísimo. Y maldices que el ordenador sólo tenga USB 2.0. Y entonces miras la velocidad a la que está copiando. Y da la casualidad que está copiando archivos muy grandes. Y eso hace que estés maximizando la velocidad real de USB 2.0. 25 megabytes por segundo. Lento. De narices… Hasta que piensas en tu primer disco duro… y te das cuenta que estás escribiendo a más de “un disco duro por segundo” (en unidades del sistema obm). Más vértigo.