2025 se quedó en apenas dos entradas de lecturas. A ver si este 2026 nos da más juego (aunque no pinta especialmente bien la cosa). De momento, comenzamos con dos obras leídas íntegramente en 2025 y con una que cerré a uno de enero…
Uno diría que este libro es una novelación de la historia de Ramanujan, probablemente el más famoso matemático del siglo XX, contada por Hardy, uno de los matemáticos más famosos de, al menos, la primera mitad del siglo XX, pero la cosa se va algo más allá. La Wikipedia, de hecho, sitúa al autor, David Leavitt, dentro de la literatura gay. Aunque algo de eso tiene, creo que enmarcar la novela ahí dentro sería limitarla. Sin ser una gran novela, creo que retrata bien a los matemáticos, y de regalo tiene un punto de costumbrismo de la Inglaterra de la época de la Primera Guerra Mundial. Leavitt, por cierto, también es autor de la biografía (esta vez no novelada) Alan Turing. El hombre que sabía demasiado: Alan Turing y la invención de la computadora.
Se agradece mucho, por cierto, que el autor haya tenido la delicadeza de incluir un capítulo de fuentes al final del libro en el que aclara qué es ficción y qué es fruto de sus investigaciones y lecturas.
Javier Rodríguez dibuja (dibujar limita un poco lo que hace este hombre, que es la leche), yo tiendo a comprar, incluso desde que se pasó a DC (uno ha sido siempre muy Marvel, qué le vamos a hacer). Tengo la reedición de Miedo en la pila de pendientes y, una vez metidos en «pijameo»1 puedo recomendar, sobre todo, su maravillosa Spider-Woman (también pasó por la serie Natacha Bustos, otra crac del dibujo; no os perdáis su Moon Girl (y cuando digo «su» quiero decir que es una de las dos creadoras del personaje)) y su History of the Marvel Universe. Pocos creadores hay que tengan su talento para componer visualmente.
Ursula K. Le Guin ganó el Hugo, el Nebula y el Focus con esta novela de 1974, que es una absoluta maravilla. La historia se centra en un físico heredero de Einstein en un futuro muy lejano, y es un ensayo político muy pero que muy interesante. Estremecedora en grado sumo.
Y segundo tebeo de la tanda. De Zerocalcare ya hablamos el año pasado y sigue en su línea con esta obra que, según RTVE, se publicó en Italia en 2017, cuando Zero ya lo petaba por allí, pero en España apenas se había publicado una de sus obras. Zero sigue calcándose (perdón, sé que arderé en el infierno) a sí mismo en su línea pseudoautobiográfica de (para entonces) treintañero de éxito y sus conflictos para compatibilizar ese éxito con sus ideas políticas y con un entorno que no ha tenido tanta suerte en la vida, tirando de puntos de ¿realismo mágico?. Y por aquí no tenemos absolutamente ningún problema con que siga en ello :-).
Y cerramos este primer «lecturas» con Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja, de Marga Padilla. El libro, por cierto, está disponible para descarga gratuita (recomiendan donar 3€) siguiendo el enlace. El libro es una muy buena explicación de lo que es la IA, cómo funciona y cuáles son sus potenciales beneficios y riesgos. En este mundo en que nos movemos, una parte del público lo acusará de tecnooptimista, y la otra de tecnopesimista. Servidor piensa que alcanza un equilibrio difícil de encontrar, y que es una muy buena introducción al tema para poder hablar con un mínimo de criterio.
Apa. Dentro de unas semanas (a saber cuántas), más.
Pijameo: dícese de los tebeos de superhéroes, por lo de que los trajes de superhéroes son, de hecho, pijamas. ↩︎
Me pone de los nervios cada vez que veo el texto de marras. Aquí, la última versión que me he encontrado:
Apreciado medio: mi navegador no bloquea la publicidad. Es más, entiendo que el uso de publicidad es un modelo como otro cualquiera para financiar un medio de comunicación. No quiero ni pensar la cantidad de publicidad que veo cada día en webs como la tuya. Pero lo que sí bloquea mi navegador son las intrusiones en mi privacidad. Porque no es de ley que no tengas ni el más mínimo interés en buscar alternativas mínimamente respetuosas con mi privacidad para servirme publicidad. Que las hay: insisto en que veo publicidad en la web día sí, día también. A veces, en medios en los que, además, pago una suscripción (este es un tema para otro día).
Añado: sí, me rindo en ocasiones ante este tipo de tácticas, y abro un navegador diferente, en modo privado, y acepto las cookies. Luego las cookies son exterminadas, igual que lo han sido anteriormente, y la publicidad que me sirves es aún menos efectiva que la que estoy dispuesto a ver sin amenazas estériles. Lose-lose, se le llama. Cambia de proveedor de publicidad a algo un pelín más ético. Eso sí sería apoyar el periodismo.
¿Qué uso para proteger mi privacidad? Lo primero es no usar Chrome: no usar el navegador de una empresa que obtiene algo así como el 90% de sus ingresos de la publicidad, quién lo iba a decir, hace maravillas por tu privacidad. Yo uso Firefox, pero con huir de Chrome, aunque sigas usando un navegador basado en Chromium, ya has dado un gran paso (y de entre los Chromiums, mi favorito es Vivaldi). Y, para completar, alguna extensión para controlar los intentos de seguirme más allá de lo razonable. Uno es de Ghostery, pero me dicen que Privacy Badger también funciona muy bien.
Me entero por este artículo de The Register de que hace ya un tiempo que se puede activar la vista partida en Firefox, que te permite ver dos páginas en una sola ventana del navegador:
Que me diréis: ¿y no es lo mismo que abrir dos ventanas del navegador? Pues se parece, sí, pero te ahorras unos cuantos píxeles de la interfaz del navegador. Si, como yo, usas pestañas verticales (en mi caso, usando Sidebery), entonces la cosa pasa de ocupar toneladas de interfaz a algo viable:
¿Que cómo se activa?
Parece que con Firefox 149 (que debería llegar dentro de tres semanas, el 24 de marzo) la funcionalidad estará disponible por defecto, pero mientras tanto, en Firefox 148 hay que, primero, ir a about:config, aceptar el botoncito que te avisa de que tocar cosas dentro de about:config tiene sus riesgos, buscar browser.tabs.splitView.enabled y activarlo (haciendo doble clic).
Y después de activarlo, es tan fácil como «control + clicar» una pestaña y la otra, y después, botón derecho y «Open in split view» (o como se diga en el idioma en que tengas configurado en Firefox)
A partir de ahí, podéis cambiar la cantidad de espacio asignada a cada pestaña arrastrando en la barra que las separa, y desconectarlas haciendo botón derecho en la barra de pestañas y «Separate split view«.
Seguimos con el proyecto mensual de ojear la revista Byte… con cuarenta años de retraso (tenéis todas las entradas sobre el tema, que ya son unas cuantas, en la etiqueta Byte de este blog). Y febrero del 86 se dedicaba… al procesado de textos (que, spoiler, no es lo mismo que los procesadores de texto).
Y comenzamos mirando publicidad. El primer anuncio, diría yo, de un programita que seguimos usando cuarenta años más tarde: ¡Excel! Dice la Wikipedia que fue lanzado en septiembre del 85, y si vais a nuestra entrada del número de mayo del 85 (sí, llevamos ya un tiempín con esta historia de la revista Byte) encontraréis el anuncio de que lo iban a lanzar, y corregidme si me equivoco (ya podría ser, ya), pero no lo habíamos vuelto a ver por aquí.
Y si os ha llamado la atención el ratón monobotón, o el disquete de 3,5″… sí, Microsoft lanzó originalmente Excel solo para Mac.
No pongo captura, pero también merece la pena pararse en la sección de cartas (página 24 y siguientes), en que los lectores revisan el programa para calcular π (¡del número de mayo!) y explican lo lentísimo que es convergiendo (pero destacan que es muy legible y un buen ejemplo para aprender) y algunas correcciones al programa sobre la distribución normal (esta vez solo tenemos que retroceder hasta octubre). Bravo por los lectores atentos.
Seguimos, esta vez con nuestra manía de pararnos en cualquier cosa que tenga que ver con el Amiga. En este caso, se trata de una introducción al Kernel, el software de sistema contenido en su ROM, escrita nada más y nada menos que por su creador, el mítico (en círculos reducidos, cierto) RJ Mical. Si alguien quiere leer más sobre el tema, en el mismo Archive podéis encontrar su manual. #YaNoSeEscribeSoftwareAsí
Y unas páginas más adelante nos encontramos un anuncio del Amiga que es un homenaje (merecidísimo) a Denise, Paula y Agnus, los tres chips especializados en vídeo, audio y gestión de memoria, revolucionarios para la época, que eran una de las partes vitales para hacer del Amiga la maravilla multimedia que era.
Y dejamos el Amiga (hasta que nos den la más mínima oportunidad de recuperar el tema 😅) y entramos en el tema del número, el procesado de textos. Hablando con la leyenda de la informática que es Donald Knuth (se lee Kanuz, por cierto), hoy profesor emérito de Stanford, creador de TeX y autor de la magna opus The Art of Computer Programming (in progress). Por aquella época ya hacía más de una década que le habían dado el premio Turing y en la entrevista, como no podría ser de otra forma dado el tema, hablan de tipografía digital y de la creación de Metafont, un software que se sigue usando hoy y que continúa siendo una [no tan] pequeña maravilla.
Y, para hacer más énfasis en lo que decía de que procesado de texto no se refiere a los procesadores de texto (al menos, no a los que nos vienen más rápidamente a la cabeza), nos podemos dar un chapuzón en cómo estaba por aquel entonces el estado del arte de la interpretación del lenguaje natural:
(Como es costumbre de la casa, tanto Pollack como Waltz son no solo expertos, sino pioneros en la materia.)
Seguimos con el tema. Nos quejamos (con razón) de que artes y humanidades están excesivamente separadas en las cabezas de muchos, y de que esto es fuente de unos cuantos de nuestros problemas. En los ochenta ya era en gran parte así, no nos engañemos, pero de vez en cuando podíamos ver cosas como un artículo en una revista tecnológica dedicada al tema del procesado de… poesía.
No os perdáis, por favor, la discusión sobre cómo sacar la métrica de un poema automáticamente (en inglés, además, donde la cosa depende más de sílabas átonas y tónicas que en español):
Pero el colmo del friquismo, en serio, es un artículo entero dedicado a la sesudísima (solo hago un poco de broma, aquí) cuestión de si vale la pena aprender a teclear en un teclado Dvorak (#TLDR, los autores opinan que sí, si te puedes permitir el lujo de escribir siempre en un teclado Dvorak). Que el primer firmante de la pieza sea profesor emérito… de física, dedicado a la astronomía forense, es solo la guinda del pastel.
¿Había dicho yo que volveríamos al tema Amiga a la que nos dieran una oportunidad? Sí, ¿verdad? Aquí, los orígenes británicos de AmigaDOS:
Y aún una página más con contenido Amiga, aunque aquí no sea el contenido lo que quiero destacar, sino el continente. Estamos en 1986, y el mundo comienza a conectarse digitalmente. Byte, de hecho, tiene su propio servicio online, BIX (el Byte Information Exchange), que se había puesto en marcha en junio (a seis dólares de la época la hora de conexión)… pero la audiencia era tan corta (dice la Wikipedia que en el 87 llegaron a 17,000 usuarios) que la revista le daba bombo al servicio destacando un «Best of BIX» en sus páginas. Igual sí hemos cambiado un poco, en estos cuarenta años…
Antes de cerrar la sección, quiero aprovechar para recoger el obituario de Robert Tinney en Ars Technica. ¿Quién es Robert Tinney? El ilustrador de muchas de las portadas de los números de Byte que hemos recogido por aquí, que falleció este primero de febrero. Que su obituario aparezca en Ars da una idea tanto de la relevancia de la revista como del impacto visual del trabajo de Tinney en muchísima gente. Curiosamente, estamos muy cerca de llegar a los números en que la revista dejó de emplear a Tinney para pasar a usar fotos en sus portadas, como podéis comprobar en los archivos de la revista Byte en archive.org, que también podéis usar, si queréis, para avanzaros y comprobar de qué va el número «del mes que viene». Añado que Tinney tenía una tienda, todavía activa (y espero que lo siga estando mucho tiempo), y que ahora mismo estoy peleando muy fuerte conmigo mismo para no comprarme pósters del número de artes digitales de 1982, la de abril del 85, o la de «claves de la educación» de, nada más y nada menos que julio de 1980.
Y seguimos también con el repaso a los episodios de marzo del 86 de Computer Chronicles…
El primero de los episodios se dedica a operar en bolsa por ordenador, algo novedoso en la época. No me ha resultado especialmente interesante, más allá de los cacharritos para recibir información financiera vía radio FM, tanto en forma de cacharrito independiente como de accesorio para tu PC.
El segundo programa del mes va de «software psicológico», desde software para ayudar con determinadas terapias (con la sofisticación de la época, más cercana al programita con el que se juega para renovar el carnet de conducir) a tests de tipos diversos, con sus, inevitablemente, «módulos de inteligencia artificial»… y las mismas preocupaciones y las mismas salidas por la tangente que nos suenan tanto hoy.
(Y en los breves, noticias de la crisis de Commodore, que le debía doscientos millones de dólares a los bancos. La compañía no acabaría muriendo hasta el 94, pero ya comenzaba a oler a chamusquina la cosa.)
El tercer programa del mes se dedicaba al software para astronomía, tanto profesional como amateur (en este último caso, bastante reconocible para cualquiera que haya usado una app de astronomía únicamente… pero cuatro órdenes de magnitud menos potente e interfaces jurásicas). La discusión sobre astronomía «profesional»… lo de siempre: gente alucinando con lo que había avanzado la tecnología en el campo… que ahora nos parece casi de juguete.
(Y en los breves, la muerte de la mítica Osborne… cincuenta y tres millones de dólares de pérdidas de Commodore, por si los doscientos millones de deuda fuesen poca cosa… y la compra de Pixar por Steve Jobs por «varios millones de dólares».)
El 3×22, dedicado al color, lamentablemente, parece que está desaparecido. Como de costumbre, podéis chafardear lo que se viene en marzo tanto en la lista de episodios de la Wikipedia como en la playlist a la que pertenecen los vídeos de YouTube que tenéis aquí arriba.
Y con esto cerramos el mes. Dentro de unas semanas, más.
(Título robado a uno de los ¿3? ¿4? ¿podría ser que 5? lectores habituales de este blog, por cierto. ¡Hola, Isma!)
Medir visitantes a un sitio web nunca ha sido cuestión baladí. Pero, de verdad, estamos llegando a niveles «cuánto mide la costa de Gran Bretaña» (si no os suena la frase, seguid el enlace, seguidlo).
En obm hace unos meses nos fuimos de Google Analytics. De salida, instalamos Koko Analytics y, desde hace algo menos, pusimos Jetpack y, como Jetpack viene con su pack de analítica, pues lo dejamos activado. En el panel de WordPress, las dos gráficas de visitantes quedan, curiosamente, una al lado de la otra… y cada vez que entro al panel es un despiporre:
Captura hecho por la mañana, de ahí que el último día salga tan bajo
No, no hay por dónde pillarlo, efectivamente. De hecho, lo sorprendente es que, en el momento que hice la captura, el marcador del último día coincidía en 13 visitantes y 13 páginas vistas. Al cabo de un rato seguía habiendo coincidencia en páginas vistas (17) pero uno opinaba que de 17 visitantes diferentes, y el otro que de 14.
Y claro, uno se puede ir a buscar las estadísticas del hosting, y…
Abro paréntesis: ¿no os llama la atención la pestañita de «bots»? A mí sí. ¿Veis aquí arriba como el hosting cuenta algo menos de veinticinco mil peticiones de visitantes?
Apenas 6 peticiones de bots (casi 7, de hecho), por cada petición «humana». Todo bien.
En fin. En cualquier caso, que habría que recuperar la tira de xkcd de los estándares (siempre hay que recuperar una tira de xkcd),
¿Alguien se anima a hacer un nuevo motor de analítica web?
PS Sí, la entrada es porque los números de vistas estos días (increíbles como son) son mucho más altos de lo que era habitual por estos pagos en los últimos meses. Que no sé qué miden (no sé si miden algo, de hecho), pero ya se sabe que, ande o no ande, caballo grande.