(Título robado a uno de los ¿3? ¿4? ¿podría ser que 5? lectores habituales de este blog, por cierto. ¡Hola, Isma!)
Medir visitantes a un sitio web nunca ha sido cuestión baladí. Pero, de verdad, estamos llegando a niveles «cuánto mide la costa de Gran Bretaña» (si no os suena la frase, seguid el enlace, seguidlo).
En obm hace unos meses nos fuimos de Google Analytics. De salida, instalamos Koko Analytics y, desde hace algo menos, pusimos Jetpack y, como Jetpack viene con su pack de analítica, pues lo dejamos activado. En el panel de WordPress, las dos gráficas de visitantes quedan, curiosamente, una al lado de la otra… y cada vez que entro al panel es un despiporre:
Captura hecho por la mañana, de ahí que el último día salga tan bajo
No, no hay por dónde pillarlo, efectivamente. De hecho, lo sorprendente es que, en el momento que hice la captura, el marcador del último día coincidía en 13 visitantes y 13 páginas vistas. Al cabo de un rato seguía habiendo coincidencia en páginas vistas (17) pero uno opinaba que de 17 visitantes diferentes, y el otro que de 14.
Y claro, uno se puede ir a buscar las estadísticas del hosting, y…
Abro paréntesis: ¿no os llama la atención la pestañita de «bots»? A mí sí. ¿Veis aquí arriba como el hosting cuenta algo menos de veinticinco mil peticiones de visitantes?
Apenas 6 peticiones de bots (casi 7, de hecho), por cada petición «humana». Todo bien.
En fin. En cualquier caso, que habría que recuperar la tira de xkcd de los estándares (siempre hay que recuperar una tira de xkcd),
¿Alguien se anima a hacer un nuevo motor de analítica web?
PS Sí, la entrada es porque los números de vistas estos días (increíbles como son) son mucho más altos de lo que era habitual por estos pagos en los últimos meses. Que no sé qué miden (no sé si miden algo, de hecho), pero ya se sabe que, ande o no ande, caballo grande.
…o César se mete en un charco al que no le habían llamado.
Si algo tuvo más eco el día en que Pedro Sánchez anunció que se apuntaba a lo de prohibir las redes sociales a los menores de dieciséis, fue la respuesta de Pavel Durov y la contrarréplica de Sánchez. Es por eso que, lo primero es dejar claro que nada más lejos de mi intención que defender a Durov —véase Arrest and indictment of Pavel Durov en la Wikipedia (y, en particular, la sección Background) sobre lo de agosto del 24, por ejemplo, para entender que no es una figura que valga la pena defender— ni a ningún otro tecnobró con red social y patrimonio de 8 cifras en adelante. (Y de las opiniones de meloncete mejor ni hablar, claro.)
Y también debo decir que tampoco estoy en contra de regular el acceso a determinados servicios y contenidos en función de la edad y, en particular, el acceso a redes sociales (y en especial a las grandes redes sociales) para las personas menores de dieciséis. He leído en algún sitio que igual lo que habría que prohibir es el acceso a esas redes a hombres blancos mayores de una cierta edad (incluyéndome a mí), y el argumento tiene bastantes atractivos, pero sigue siendo una restricción por edad.
(Podría ponerme puñetero y buscar casos en que esa regulación tiene efectos negativos, pero no es el objetivo del ejercicio. Lo único que tengo claro de todo esto es que por nada del mundo querría tener nada que ver con la decisión de regular algo así. Ni a punta de pistola.)
Queda, desde luego, definir qué es una red social. Está claro que la medida se dirige a Instagram y TikTok, especialmente. Pero… si un videojuego tiene algún tipo de mecanismo de comunicación entre jugadores (y cuál no lo tiene)… ¿es una red social? Porque me da a mí que (i) lo son, en la práctica, y (ii) si Instagram y TikTok son nocivos para mucha de la gente que los usa, los canales de comunicación de muchos de esos videojuegos lo son al menos igual. ¿Es el correo electrónico una red social? ¿Los SMS del teléfono smart-o-no de niños y niñas a partir de los doce?
Si este blog tiene comentarios (que funcionan como funcionan, lo sé 🙏) y en alguna ocasión (con muy muy poca frecuencia, pero alguna vez ha pasado) se establece comunicación entre quienes dejan comentarios… Entre el primer paréntesis y el segundo, tenéis razón: no pasaría nada por quitar los comentarios de obm, cierto. Pero… ¿vamos a tener que establecer limitaciones de edad en los comentarios de todos los blogs del mundo? Vaya, que, si opero un blog (fuera de WordPress.com y similares) ¿voy a tener que comprobar la edad de cualquiera que publique un comentario? (En obm, me repito, no es problema: se cierran los comentarios y aquí paz y después gloria, pero…) ¿Y las secciones de comentarios de los diarios en línea? (De estas, ciertamente, se puede afirmar que sería una victoria para la sociedad que desaparecieran, tenéis razón.)
También tiene que decirse que, sin haber visto la propuesta de norma y, sobre todo, cómo se pretende hacer la implementación en la práctica, pero después de haber visto algunos ejemplos de cómo se están implantando las normas de restricción de acceso por edad (sobre todo a contenidos para adultos, o, lo que es básicamente lo mismo, pornografía) que van apareciendo por todo el planeta, esas implementaciones me provocan, cuando menos, dudas. La capacidad del estado español de hacer leyes muy bonitas en la teoría, pero cuya aplicación práctica deja bastante que desear, diría yo, ha sido ampliamente demostrada. Y eso que en España tenemos un DNI obligatorio, y eso, al menos en principio, debería facilitar las cosas.
Así que, más allá de definiciones, la principal duda (o mi principal duda, al menos), es sobre esos mecanismos que voy a tener que utilizar para demostrar mi mayoría de edad en aplicaciones como WhatsApp, Telegram y Signal, o en redes sociales como Instagram (sí, querida lectora, me temo que debo confesar que tengo cuenta en Instagram (y Bluesky, y en Mastodon y, si me apuras, en last.fm, que también es una red social)), y cómo me van a garantizar la privacidad de esos datos. En Europa se supone que eso va a hacerse a través de eIDAS 2… pero aún no lo tenemos implementado, no se tendrá hasta finales de este año (y, por todos los dioses, que no corran con el desarrollo, que nos va la privacidad de todas en ello)… y yo, antes de probar un arma de potencial destrucción masiva de la privacidad, preferiría que hicieran unos cuantos meses de pruebas con fuego real antes de verme obligado a usarla.
Adiós a los servidores de Mastodon operados por particulares… Lo que podemos asegurar es que comprobar la edad de las personas que usan un servicio va a ser otro servicio… y va a requerir unos recursos. Seguro que habrá empresas (grandes consultoras, por ejemplo) que se están frotando las manos por ofrecernos esos servicios… a un módico precio. Si hay que pagar por proteger a un colectivo amenazado, se paga, desde luego. Pero me da a mí que esas comunidades virtuales que se sostienen gracias a la buena voluntad de sus operadores y operadoras… van a ver cómo se tensiona aún más esa buena voluntad. Y los que se lo puedan permitir, lo harán pasando por la caja de empresas que no nos caen nada bien.
¿No debería regularse el acceso a redes sociales, pues? Me repito: no estoy en contra de regular el acceso a determinados servicios y contenidos en función de la edad y, en particular, el acceso a redes sociales para las personas menores de dieciséis. Pero, si vamos a hacerlo, o incluso si vamos a aplaudir la medida, como mínimo podríamos intentar informarnos antes de cómo se va a hacer, inventariar los potenciales efectos secundarios que va a tener hacerlo (como los tienen todas las normativas, y la ausencia de normativas) e incluirlo todo en la discusión. Si hay que comprar, se compra. Pero sabiendo el precio.
(Hoy toca batallita especialmente intrascendente, quedáis avisados.)
Dichoso primer ingeniero el que decidió que no tenía sentido poderle cambiar el disco a un portátil. Desde entonces, todos acabamos haciendo, tarde o temprano, encaje de bolillos. Porque, por enorme que te parezca un disco, dentro de dos años ya no va a ser enorme, y dentro de tres será demasiado pequeño. En Sandisk, que tienen vista, anuncian sus USB Extreme Fit (aquí la página) con esta imagen:
Vamos, el USB ideal para dejarlo conectado al portátil, y se acabó (durante una temporada) tener que, o bien preocuparse por el espacio en el portátil, o bien conectar y desconectar continuamente un «pen». Y para allá que me fui, a por mi USB de 512 gigas (ir por ir…). Y todo bien, hasta que lo he enchufado…
Mono, ¿eh? Ahora… ¿veis que deja un espacio tirando a justo para el puerto USB-C que queda justo al lado? Pues bien: para enchufar el portátil a los hubs que tenemos en la oficina, cuyos cables no son lo más ajustados del mundo, me he pasado un rato hasta que he encontrado uno que había perdido su carcasa, porque si no, no entraba de ninguna de las maneras:
Ni un milímetro de margen, oiga.
Hay cables USB-C que no dan ningún problema (el de mi «ladrón» USB, sin ir más lejos, afortunadamente). Pero. Antes de comprar un Sandisk Extreme Fit, si vuestro portátil tiene los puertos USB-C uno al lado del otro, echadle un vistazo al resto de cosas que queráis conectar antes de comprar.
Lo de siempre: seguimos con nuestro proyecto de leernos la revista Byte… con cuarenta años de retraso, y esta vez con un añadido final extra. El tema del mes… ¡la robótica! (Tema que vamos a ignorar bastante completamente, porque no me pone nada. Pero las portadas de Byte son un clásico, o sea que aquí va la del mes:
Comencemos, pues, por la editorial:
¿Creíais que Apple se quejaba solo de que Microsoft la copia? (Todo sea dicho: a lo largo de la historia Microsoft ha copiado cosas de Apple… y hasta hay casos en los que Apple ha copiado de Microsoft. Y donde dice Microsoft, puede decirse Google/Android.) Pues antes de quejarse de Microsoft y Windows, se quejaron de GEM, la capa gráfica de Digital Research para sistemas PC/MS-DOS (y no solo estos: volvemos sobre el tema más abajo). Respetando la propiedad intelectual de Apple (más que el editor de Byte, después de leerle), comparto con él que con estas cosas, entonces y ahora, el consumidor sale perdiendo bastante.
Seguimos con los «microbytes» la sección de noticias breves. En esta ocasión, por un lado, evolucionamos con algo que ya habíamos visto por aquí… a las pantallas planas LCD les llega el color:
Y por el otro (literalmente, hay que girar la página para llegar a ello), desmontamos un poco el mito de que Kodak murió por no innovar en fotografía digital:
…y es que pocas compañías investigaron e invirtieron en el campo de la fotografía digital como Kodak, que acumuló una inmensa bolsa de patentes sobre el tema. Lo que mató a Kodak (bastantes años después de 1986) fue, sobre todo, el miedo a canibalizar su mercado «químico».
Nos vamos, ahora, a la publicidad:
Sí, amigas, 1986 es el año de volar a 2400 baudios, no a los «viejos» 1200. Casi dos kilobits y medio, sí. ¿Recordáis la tortura que es tener cobertura «solo» 4G y descargar cosas a pocos megabits? (Pero no os emocionéis: no todas las líneas telefónicas de la época soportaban esa barbaridad de velocidad.)
Y seguimos mirando anuncios, con un momento histórico: ¡el primer anuncio que vemos de Windows!
No os pongo el publirreportaje entero (8 páginas tenía en total, que Microsoft ya tenía unos dineros en la época), pero sí os dejo aquí esta maravilla de gráficos:
¿Reconocéis vuestro Windows «de toda la vida»? Yo tampoco.
Hablábamos antes de GEM… y lo recuperamos aquí, porque en este número se analizaba el Atari ST, la tercera de las máquinas con procesador Motorola 68000, después del Macintosh y el Amiga (recordemos siempre: Amiga mejor que ST mejor que Mac). Y el sistema operativo del ST era, efectivamente, el GEM de Digital Research (bueno, GEM era, como con los PCs, la capa gráfica sobre TOS, el verdadero sistema operativo).
Y… ¿vamos a comparar GEM con Windows, tal y como lo presentaba la mismísima Microsoft en su campaña publicitaria?
(Eso sí: reconoceremos que el parecido con el sistema operativo de los Macintosh es más que notable. Es innegable.)
Seguimos con nuestra sección «esto no lo ponemos en una revista hoy, que nos lapidan» con un programa en BASIC para dibujar superficies 3D:
Ojo, que el programa tenía una cierta complejidad y hasta ocultaba las superficies ocultas:
(Si esto no os fuera suficiente, os podéis ir a la página 397 para ver cómo implementar el algoritmo de Euclides para calcular el máximo común divisor.)
He dicho que me iba a saltar la robótica, pero sí me quedo con uno de los artículos de la sección:
Y después de la visión venía una pieza dedicada a los sensores táctiles, otra sobre navegación autónoma y una sobre IA en visión por ordenador. De nuevo, uno no sabe si estamos en el 86 o en el 26 (y no se siente con ánimos de explicar a los autores que a la cosa aún le quedaban unas pocas décadas).
Y echamos una última mirada a la publi, y es que creo que no habíamos reflejado por aquí la maravillosa campaña «Charlot» de IBM:
Que no fue un único anuncio, os lo aseguro: años, duró la campaña, siempre visualmente maravillosa. Os dejo aquí un recopilatorio de anuncios televisivos.
Y nos vamos a ir con otro momento histórico:
Acorn RISC Machine… A, R, M. La arquitectura del chip de tu móvil. O de tu Mac, si tienes uno. Y ahí estáis, viendo, en riguroso directo, su nacimiento. Casi nada.
Y esto habría sido todo… pero el otro día me enteré de la muerte de Stewart Cheifet (hasta el New York Timesle dedicó un obituario). ¿Que quién es Stewart Cheifet? No me digáis que no habéis visto nunca su Computer Chronicles. Si Byte es, al menos para mí, uno de los recursos imprescindibles en formato prensa escrita para revisar la historia de la informática, Computer Chronicles es lo mismo, pero en formato vídeo. Los archivos del programa de la PBS, la tele pública de Estados Unidos (lamentablemente en peligro de muerte, gracias a la administración Trump y su alergia a la información de calidad), son un documento esencial si te interesa el periodo de 1983 a 2000. Y como homenaje, y como estas entradas sobre Byte <ironía>no son lo suficientemente largas</ironía>, he pensado que completarlas con el visionado de los programas correspondientes sería, cuando menos, un ejercicio curioso1. Y os dejo aquí los programas de enero del 86…
El 7 de enero el programa arrancaba con… ¡inteligencia artificial!
(¿No os ha encantado el anuncio del patrocinio de Byte? 😅)
No podemos dejar de comentar el copresentador del programa con Cheifet: nada más y nada menos que el malogrado Gary Kildall, creador de CP/M… y de GEM. Hay múltiples universos paralelos al nuestro en que amamos y odiamos a Kildall, CP/M y GEM y no recordamos quién era Bill Gates ni sabemos nada de un sistema operativo llamado Windows.
El Jerrold Kaplan que sale en la primera entrevista, por cierto, trabajaba por aquel entonces con Mitch Kapor, fundó en 1987 Go, dedicada a lo que luego se llamarían PDAs y luego fundaría el primer sitio web de subastas (cinco meses antes de eBay). Not bad. Y también podemos destacar la presencia del filósofo Hubert Dreyfus dudando fuertemente de la expertez de los sistemas expertos de la época :-).
Maravilloso también que los expertos apuntaban que 1986 podría ser el año del reconocimiento del habla 😅.
Después, el día 14, otro tema del que no se habla nada en la actualidad: seguridad informática.
…aunque en aquel momento esto se refería al uso de ordenadores para perseguir delitos, peleándose con catálogos de huellas digitales o usando sistemas de información geográficos, por ejemplo, pero también digitalizando procesos como en cualquier otra organización.
Os recomendaría, eso sí, saltar al minuto 27:30 del vídeo, en el que Cheifet habla de los gráficos de la peli El Secreto de la Pirámide… creados por un «nuevo ordenador gráfico, creado por Industrial Light & Magic, una división de LucasFilm. El ordenador se llama… «Pixar».
Apa, el mes que viene más (ya decidiremos si solo con Byte o con el añadido de Computer Chronicles).
Un ejercicio curioso que, inevitablemente, no se me ha ocurrido solo a mí: veo que alguien ha montado un computerchronicles.blog y que ya lleva nada menos que los primeros 133 programas revisitados. ↩︎
En esta casa es tradición abrir el año bloguero repasando la música que escuchamos en los doce meses anteriores (aquí la entrada del año pasado). Y las tradiciones están para cumplirse.
No es tradicional recuperar los conciertos que vimos, pero a ver si cuaja a partir de ahora… El 17 de enero vimos a los suecos Gidge en La Nau. No nos volvimos a ir de concierto hasta el 17 de marzo, cuando cayó Music for Airports en el Auditori (a cargo del francés Ensemble Dedalus, aquí el programa de mano del concierto en PDF). El 25 vimos al estadounidense Panda Bear en la Paral·lel 62. El 28, a los londinenses Moin en el DNIT del Caixafòrum. El 29, Ben Sims pinchaba en la Laut. A partir de ahí saltamos a junio, con el atracón del Primavera Sound, cuando cayeron, que yo recuerde, Idles, Waxahatchee, Stereolab, TV on the Radio, Fontaines D.C. y Squid (cayeron más, seguro, pero es lo que hay). El 15 de julio nos fuimos a ver a Max Richter al Grec. El 1 de agosto, las argentinas Fin del Mundo en la Upload. El 30, la pinchada del angloturco Erol Alkan en el Apolo. El 15 de noviembre, las estadounidenses hermanas Lovell, a.k.a. Larkin Poe, en el Razz. El 20, la badalonesa Maria Arnal en el Palau Güell dentro del ciclo Orgànic. Y cerramos el año musical (salvo error u omisión) el 30 del mismo mes, con el luxemburgués Francesco Tristanorevisitando a Bach (y amigos y conocidos), otra vez en el Caixafòrum. 9 conciertos, 2 sesiones de DJ y un festival. Podría (y debería) mejorar, pero me voy a poner un aprobado sin ningún tipo de remordimiento.
¿Que cuál os recomendaría? ¡Todos! Que no suelo ser yo de que me gusten todos los conciertos a los que voy, pero 2025 estuvo muy bien en ese aspecto :-).
(Nota: alucino con que haya gente sin web propia, que dependen de una cuenta de Bandcamp —o mucho peor: Instagram— para su presencia en la web.)
Este agosto nos fuimos de Spotify, o sea que el wrapped se quedó a medias, pero aún así, me gustó que…
😎
En cualquier caso, en esta casa el verdadero wrapped es el de last.fm, y el mío está, como simepre, en https://www.last.fm/user/chechar/listening-report/year. Y dice last que han sido 25,040 reproducciones (el año pasado 27,609) de 14,554 canciones diferentes (por las 16,182 de 2025) de 3,648 artistas (3,811), para un total de 69 días y 23 horas (un poco menos de una quinta parte del año, vaya). Curiosamente, casi he clavado mis números… de 2024.
Mi top 25 de artistas es…
Voy a presumir, sobre todo, de que esos 25 artistas y bandas representan poco más de la sexta parte de la música que escuché el año pasado. La punta del iceberg, vamos. Viva la dieta variada.
Repasando los datos de last, los principales descubrimientos son las «indie roqueras» Mortimer Nyx (muy poco escuchada, al menos entre la clientela de last, por lo que veo, y Spotify tampoco dice que triunfe mucho, pero mola un montón), y Merce Lemon y el shoegaze valenciano de Gazella (los tres comenzaron a darme fuerte en 2024, por lo que veo, y a Gazella se les verá por Barcelona en febrero), la cantautora argentina Juana Molina (que lleve dando vueltas desde finales de los 80 no significa nada (veo, por cierto, que también pasa por Barcelona este año, en abril)), las también «indie roqueras» Friedberg, londinenses de origen austríaco, las poppies gijonesas Pauline en la Playa (un cuarto de siglo llevan por ahí, sí) y la autoproclamada primera dama del soul de Londres (no seré yo quien se lo discuta, ni aún sabiendo que nació en Estados Unidos) PP Arnold (80 años cumplirá en octubre). Y luego tenemos la recuperación del postrock escocés de Mogwai (llevaba un par de años sin hacerles caso, pobres, pero son una de mis bandas más escuchadas), Sleigh Bells (dice last que lo suyo es el noise pop, y que les tenía bastante abandonados desde 2022) y la psicodelia made in Australia de Tame Impala (no le escuchaba así desde 2020 (viene en abril al Sant Jordi, y no me da la economía para los precios de la reventa, que dan un vértigo considerable: ¿desde cuándo lo peta tanto?)).
¿Géneros del año? Los de costumbre, más o menos:
Geográficamente, sigo siendo un surtido Cuétara, aunque la concentración anglosajona se mantiene dominante:
No repito la gráfica de música por década, porque es la misma del año pasado: si Spotify «opina» que tengo 19 años, es porque escucho mucha más música de los 20 que de los 10, más de los 10 que de los 00, y así hasta el infinito…
En fin, una vez cumplida la tradición… ¡que tengáis un 2026 bien musical!
PS 2026.1.7 Edito para añadir la gráfica de escuchas a lo largo del día, que ayer no la había visto. Diría que no aporta nada de información, pero los homenajes a los clásicos del diseño gráfico siempre están bien :-).