Diría que hacía un buen tiempo que no hablábamos de cacharritos por aquí fuera de los repasos a la revista Byte [consulta sus notas: no tanto, pero no somos lo que fuimos… la anterior entrada en enero, y antes de eso, en agosto del año pasado].
Uno es, mal que le pese [nota del editor: no le pesa], un adicto a los cacharritos que suponen maneras diferentes de interactuar con la tecnología. Y últimamente han caído en el escritorio de obm un par de ellos…
Comencemos por la Tourbox Lite, que llegó antes (y no fui yo, señoría: ¡soy inocente!). La excusa (como si nos hiciese falta) es que muchos programitas de edición audiovisual ganan si les aparecen rueditas y otros botones para que podamos usar la «memoria muscular» y trabajar algo más deprisa. (En mi caso, el software es Adobe Audition, que para algo tengo un podcast.)
Y, sin alargarnos mucho, la cosa funciona. Tener unos pocos botones a los que les puedes asignar las funcionalidades más habituales, y poder usar las rueditas para cosas como zooms o los «sliders» del programa de turno, hace las cosas un poco más eficientes. Supongo que solo se justifica el gasto si haces un uso intenso de ese tipo de software, pero como a mí me salió gratis… 😅
En la foto podéis ver que el cacharro está conectado por cable, pero hay versión Bluetooth para los alérgicos a los cables. Y si echáis en falta más botones, tenéis la Turbox Elite, e incluso la Elite Plus (a mí me vienen grandes, claramente).
Y por el otro lado, el touchpad. Uno ha sido siempre de ratón, pero tenía una cierta envidia del touchpad que vende Apple para sus ordenadores… pero no la suficiente como para dejarse los 139 eurazos que cuesta. En algún momento busqué alternativas, pero lo que había en el mercado era bastante cutre (o me lo parecía a mí, como mínimo). Para mi sorpresa, hace unas semanas vi que Amazon tenía uno en su línea Basics y los menos de treinta euros del precio acabaron con mi ya de por sí no muy rígida resistencia. Y, oiga, pues será de la línea Basics, pero a mí me parece que el producto es más que decente. Como podéis ver en la foto, es enorme (6,4″ de diagonal). No podéis ver que el clic es físico, y no háptico, que es lo que se lleva ahora, pero a mí me sirve perfectamente. El soporte para los gestos «multidedo» es bueno y, a ese precio, no sé encontrarle problemas, la verdad. Podría usarlo más, ciertamente, pero, insisto, por apenas 30 euros…
Apa, eso es todo.
Bueno, no, falta una cosa: si seguís los enlaces a Amazon, sabed que son de su programa de «referrals»y que, en caso de compra, me llevaría una pequeña comisión.
Proseguimos con nuestro proyecto de leer la revista Byte, cuarenta años más tarde. El resto de entradas de la serie, como siempre, las encontrarás en la etiqueta Byte de obm. En enero habíamos hablado del Atari 520ST y este mes toca el hermano mayor, el 1040ST.
Destaco, en primer lugar, un megaanuncio de Microsoft publicitando sus lenguajes de programación.
Solo pongo la portada, porque se alarga hasta siete páginas más, que el catálogo de Redmond era extenso y su presupuesto para publicidad profundo. Sirve el anuncio, además, para ver cuáles eran los lenguajes que Microsoft consideraba importantes en la época. Arrancan con C («First with the pros«), Macro Assembler («The Quickest. Bar none«), FORTRAN («The overwhelming favorite«), COBOL («The interactive edge«), Pascal («When you’ve outgrown the others«) compartiendo página con QuickBASIC («BASIC just got faster«), que ilustraban, si no me equivoco, con una HP12, y cerraban con LISP («The language of artificial intelligence«), muMATH («Mainframe math on your PC«) y Sort («Versatility without compromise«), compartiendo página también.
¿Quién esperaba ver a FORTRAN y COBOL ahí arriba en 1986? Yo, no. Ni siquiera recordaba que Microsoft hubiese tenido un sistema de álgebra simbólica…
Y de la publicidad de lenguajes saltamos al programa que, en una realidad paralela a la nuestra, ocupa el lugar de Photoshop: el mítico Deluxe Paint (aquí, una carta de amor al Deluxe Paint III), que en aquella época no le sacaba los colores (see what I did there?) a los de Adobe… porque Photoshop 1.0 no llegaría al mercado hasta el muy lejano año de 1990.
Me paro un momento en la sección de libros para recordar al muy mítico (en aquella época) Peter Norton. Si tuviste un PC con MS-DOS, muy probablemente recuerdes sus míticas Norton Utilities (que ¡siguen existiendo!), pero a lo mejor no sabías que era un autor de «best sellers» sobre la programación del PC.
(Si tuviese más tiempo y dinero de los que tengo, seguramente haría por obtener una copia del Computer Law Annual 1985, porque por la crítica parece digno de leer con curiosidad histórica, con artículos sobre los problemas de propiedad intelectual de la ingeniería inversa, o la normativa antitrust, aunque también dicen que está escrito para juristas.)
No me alargaré mucho con el ordenador protagonista del número: a estas horas ya deberíais tener claro que el ST era mejor que el Mac (y del Windows de la época ya ni hablemos)… pero que estaba por debajo del Amiga (con la excepción de las aplicaciones musicales: ¿sabíais que Fatboy Slim sigue usando un ST?).
Los de mirada afilada habréis notado que en la portada, además del ST, había un segundo tema, el «homebound computing». ¿Que qué es eso? Nos lo cuenta el primer artículo del tema, que comienza recordándonos que el teletrabajo no lo inventó el COVID, y que ya se hablaba de ello hace cuarenta años, pero que anuncia que el tema se va a centrar en la informática como ayuda para las personas que, por el motivo que sea (una discapacidad, por ejemplo), no pueden desplazarse.
Me salto el artículo sobre síntesis de habla a partir de imágenes para pasar directamente al e-learning, que me toca la fibra especialmente.
Y es que en 1986, el año en que los módems de 2400 baudios nos parecían lo más, la educación a distancia ya no era necesariamente por correspondencia, gracias a la Electronic University Network de Telelearning. Hay más sobre el tema en Tedium.co y en eLearning Inside, pero el artículo nos explica que la cosa no era ni siquiera «lo último de lo último», porque se había fundado en el lejano 1983 y tenía programas de grado oficiales desde 1985, con 17 000 estudiantes matriculados hasta entonces. Eso sí, los materiales de aprendizaje no eran en línea: te enviaban el libro a casa. Tecnología necesaria: un IBM PC o PCjr, un Apple II o un (cómo no) Commodore 64 (el 35% de los matriculados no tenía ordenador al apuntarse). ¡Y había hasta mensajería instantánea!
Pasar a otro tema del que también, oh sorpresa, seguimos hablando hoy: envejecimiento y tecnología.
Que sí, que hace cuarenta años ya nos interesaba si las tecnologías digitales podrían ser una ayuda para una sociedad que envejecía cada vez más. Y a continuación viene el tema en que nos paramos cada vez en obm: ordenadores y discapacidad visual.
El primer párrafo se podría haber escrito hoy… Cuarenta años más tarde, las tecnologías son 10 000 veces mejores, pero los problemas, o son los mismos o hemos introducido barreras nuevas para compensar las que (afortunadamente) hemos tirado abajo.
Y una vez cerrada la sección, nos pasamos a la guerra que se mantenía entre los ordenadores con CPUs Motorola 68000: el Mac, el ST y el Amiga (en orden rigurosamente creciente). Bruce Webster, uno de los autores estrella de la revista, hacía una comparativa que se alargó tanto que en este número solo cabía la primera parte, cuya conclusión es que el Mac está más maduro (llevaba mucho más en el mercado9, el 520ST es una ganga y el Amiga se veía lastrado por los problemas de Commodore, pero era el que apuntaba más maneras…
En nuestra sección habitual, temas que ni por casualidad encontraríamos hoy en una revista de informática… ¡las ecuaciones diofánticas!
Me paro en la sección de BIX (ya recordaréis: el extracto en papel que hacía Byte de las conversaciones en su servicio en línea) para contemplar el nacimiento de IFF, el metaformato de archivos presentado por Electronic Arts que debería ser la base de cómo trabajamos hoy, y que permitía encapsular múltiples tipos de información (texto, gráficos y audio, para empezar) en un único archivo.
Y cierro con una curiosidad. A estas alturas deberíais estar tan enamorados y enamoradas de las ilustraciones de Byte como yo… y esto es tan claro que ya en aquella época la revista vendía ediciones limitadas de sus portadas:
Pero, como venimos haciendo últimamente, no nos iremos sin darle un repaso a los episodios del mes de Computer Chronicles…
El primero no es especialmente apasionante, y se dedicaba a las carreras profesionales en informática, incluyendo la emprendeduría… Una cosa a destacar es que no era totalmente necesario tener un grado en informática para encontrar trabajo en el campo: bastaba con unas cuantas asignaturas desde otros grados. Por cierto, que ya hablaban de la importancia de las competencias comunicativas… y ya se comentaba que las mujeres se iban a computer science y no a computer engineering. Tremendo, eso sí, en los breves del final del episodio, cómo AT&T presentaba un sistema de correo electrónico «de bajo coste»: ¡40 céntimos por enviar una página de texto! (Un sello costaba 22). Y con servicio de entrega en mano para personas sin correo electrónico por… ¡siete dólares y medio! ¡De la época! Todo ello mientras IBM presentaba un procesador experimental con 93 000 transistores (el procesador del iPhone 16 tiene… quince mil millones)
En el segundo episodio se hablaba de la computación en paralelo. Solo por ver un superordenador Cray de la época ya vale la pena darle al play. El H. T. Kung al que se entrevista a medio programa, por cierto, está a un grado de separación de Deep Blue, de unos de los primeros «gusanos» de internet, de la fundación de Y Combinator (una de las empresas de capital de riesgo más importantes del Silicon Valley)… y de las TPUs de Google. Se dice pronto. Y el Craig Mundie que sale justo después lideró la investigación y estrategia de Microsoft de 2006 a 2012.
Y para cerrar, dos episodios dedicados a los ordenadores y sus usos militares, otro tema del que seguimos hablando hoy. En esta primera parte se repasa la larga historia de esos usos militares, ya desde el ENIAC, y el enorme papel de DARPA en la investigación en el campo. No os perdáis las demostraciones de simuladores de vuelo de altísima tecnología que palidecen al compararlas con lo que podemos correr hoy en básicamente cualquier PC. Y la investigación en armas autónomas ya había comenzado, con el eventual premio Turing Raj Reddy.
Y en la segunda parte, sistemas informatizados en los barcos de la Armada de los Estados Unidos, capaces de disparar autónomamente (y el rechazo que provocaba la idea entre al menos parte de los militares de la época), o las «star wars» de Reagan… y menciones a coches autónomos.
Os diría que avanzaseis los deberes para anticipar el mes que viene… pero marzo fue el último mes de la temporada 85-86 del programa, y la siguiente temporada no llegaría hasta septiembre.
Y eso es todo por marzo… de 1986. El mes que viene, más.
2025 se quedó en apenas dos entradas de lecturas. A ver si este 2026 nos da más juego (aunque no pinta especialmente bien la cosa). De momento, comenzamos con dos obras leídas íntegramente en 2025 y con una que cerré a uno de enero…
Uno diría que este libro es una novelación de la historia de Ramanujan, probablemente el más famoso matemático del siglo XX, contada por Hardy, uno de los matemáticos más famosos de, al menos, la primera mitad del siglo XX, pero la cosa se va algo más allá. La Wikipedia, de hecho, sitúa al autor, David Leavitt, dentro de la literatura gay. Aunque algo de eso tiene, creo que enmarcar la novela ahí dentro sería limitarla. Sin ser una gran novela, creo que retrata bien a los matemáticos, y de regalo tiene un punto de costumbrismo de la Inglaterra de la época de la Primera Guerra Mundial. Leavitt, por cierto, también es autor de la biografía (esta vez no novelada) Alan Turing. El hombre que sabía demasiado: Alan Turing y la invención de la computadora.
Se agradece mucho, por cierto, que el autor haya tenido la delicadeza de incluir un capítulo de fuentes al final del libro en el que aclara qué es ficción y qué es fruto de sus investigaciones y lecturas.
Javier Rodríguez dibuja (dibujar limita un poco lo que hace este hombre, que es la leche), yo tiendo a comprar, incluso desde que se pasó a DC (uno ha sido siempre muy Marvel, qué le vamos a hacer). Tengo la reedición de Miedo en la pila de pendientes y, una vez metidos en «pijameo»1 puedo recomendar, sobre todo, su maravillosa Spider-Woman (también pasó por la serie Natacha Bustos, otra crac del dibujo; no os perdáis su Moon Girl (y cuando digo «su» quiero decir que es una de las dos creadoras del personaje)) y su History of the Marvel Universe. Pocos creadores hay que tengan su talento para componer visualmente.
Ursula K. Le Guin ganó el Hugo, el Nebula y el Focus con esta novela de 1974, que es una absoluta maravilla. La historia se centra en un físico heredero de Einstein en un futuro muy lejano, y es un ensayo político muy pero que muy interesante. Estremecedora en grado sumo.
Y segundo tebeo de la tanda. De Zerocalcare ya hablamos el año pasado y sigue en su línea con esta obra que, según RTVE, se publicó en Italia en 2017, cuando Zero ya lo petaba por allí, pero en España apenas se había publicado una de sus obras. Zero sigue calcándose (perdón, sé que arderé en el infierno) a sí mismo en su línea pseudoautobiográfica de (para entonces) treintañero de éxito y sus conflictos para compatibilizar ese éxito con sus ideas políticas y con un entorno que no ha tenido tanta suerte en la vida, tirando de puntos de ¿realismo mágico?. Y por aquí no tenemos absolutamente ningún problema con que siga en ello :-).
Y cerramos este primer «lecturas» con Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja, de Marga Padilla. El libro, por cierto, está disponible para descarga gratuita (recomiendan donar 3€) siguiendo el enlace. El libro es una muy buena explicación de lo que es la IA, cómo funciona y cuáles son sus potenciales beneficios y riesgos. En este mundo en que nos movemos, una parte del público lo acusará de tecnooptimista, y la otra de tecnopesimista. Servidor piensa que alcanza un equilibrio difícil de encontrar, y que es una muy buena introducción al tema para poder hablar con un mínimo de criterio.
Apa. Dentro de unas semanas (a saber cuántas), más.
Pijameo: dícese de los tebeos de superhéroes, por lo de que los trajes de superhéroes son, de hecho, pijamas. ↩︎
Me pone de los nervios cada vez que veo el texto de marras. Aquí, la última versión que me he encontrado:
Apreciado medio: mi navegador no bloquea la publicidad. Es más, entiendo que el uso de publicidad es un modelo como otro cualquiera para financiar un medio de comunicación. No quiero ni pensar la cantidad de publicidad que veo cada día en webs como la tuya. Pero lo que sí bloquea mi navegador son las intrusiones en mi privacidad. Porque no es de ley que no tengas ni el más mínimo interés en buscar alternativas mínimamente respetuosas con mi privacidad para servirme publicidad. Que las hay: insisto en que veo publicidad en la web día sí, día también. A veces, en medios en los que, además, pago una suscripción (este es un tema para otro día).
Añado: sí, me rindo en ocasiones ante este tipo de tácticas, y abro un navegador diferente, en modo privado, y acepto las cookies. Luego las cookies son exterminadas, igual que lo han sido anteriormente, y la publicidad que me sirves es aún menos efectiva que la que estoy dispuesto a ver sin amenazas estériles. Lose-lose, se le llama. Cambia de proveedor de publicidad a algo un pelín más ético. Eso sí sería apoyar el periodismo.
¿Qué uso para proteger mi privacidad? Lo primero es no usar Chrome: no usar el navegador de una empresa que obtiene algo así como el 90% de sus ingresos de la publicidad, quién lo iba a decir, hace maravillas por tu privacidad. Yo uso Firefox, pero con huir de Chrome, aunque sigas usando un navegador basado en Chromium, ya has dado un gran paso (y de entre los Chromiums, mi favorito es Vivaldi). Y, para completar, alguna extensión para controlar los intentos de seguirme más allá de lo razonable. Uno es de Ghostery, pero me dicen que Privacy Badger también funciona muy bien.
Me entero por este artículo de The Register de que hace ya un tiempo que se puede activar la vista partida en Firefox, que te permite ver dos páginas en una sola ventana del navegador:
Que me diréis: ¿y no es lo mismo que abrir dos ventanas del navegador? Pues se parece, sí, pero te ahorras unos cuantos píxeles de la interfaz del navegador. Si, como yo, usas pestañas verticales (en mi caso, usando Sidebery), entonces la cosa pasa de ocupar toneladas de interfaz a algo viable:
¿Que cómo se activa?
Parece que con Firefox 149 (que debería llegar dentro de tres semanas, el 24 de marzo) la funcionalidad estará disponible por defecto, pero mientras tanto, en Firefox 148 hay que, primero, ir a about:config, aceptar el botoncito que te avisa de que tocar cosas dentro de about:config tiene sus riesgos, buscar browser.tabs.splitView.enabled y activarlo (haciendo doble clic).
Y después de activarlo, es tan fácil como «control + clicar» una pestaña y la otra, y después, botón derecho y «Open in split view» (o como se diga en el idioma en que tengas configurado en Firefox)
A partir de ahí, podéis cambiar la cantidad de espacio asignada a cada pestaña arrastrando en la barra que las separa, y desconectarlas haciendo botón derecho en la barra de pestañas y «Separate split view«.