¿Tienes O2? Tienes diez teras de disco en la red

Diez teras. Sí. No es una errata. Cuando me lo dijeron, yo también lo pensé. Y mi suscripción de O2 no es la más cara.

Captura de pantalla. EL título es Mi perfil. Está seleccionada la pestaña Mi plan de O2 Cloud. Muestra que el almacenamiento disponible es de diez teras

Ahora mismo…

  • Con Google One, el plan de 100 gigas que confieso avergonzado que pago sale por 20€ al año, y dan 200 por 30 (los planes más grandes incluyen Gemini Pro, o sea que no son comparables, pero por completismo, el de 400 sale a 50 y el de 2 teras se va a 100).
  • Dropbox cobra 120€ al año por 2 teras.
  • Proton, por los mismos 120€ anuales, se queda en 500 gigas, pero con sus garantías de privacidad.
  • Probablemente el mejor pack ahora mismo, si vas a usar diferentes cuentas, es el de Microsoft 365Familia, que por 130 te da seis cuentas OneDrive con un tera por cuenta y además incluye Office para todos.

Vamos, que si eres usuario de O2, los diez teras incluidos son como para tenerlos en cuenta.

¿Que cómo se instala? Os vais a la tienda de aplicaciones del móvil y buscáis «O2 Cloud». Unos cuantos SMS de confirmación más tarde tendréis la aplicación del móvil instalada.

Advertencia: como mínimo en Android, los permisos para acceder a fotos y vídeos son imprescindibles, aunque no hace falta activar la sincronización. No nos olvidemos de que O2 es Telefónica, y alguna ñapa tenía que haber…

Desde la web de la aplicación, entonces, os podréis descargar la aplicación de escritorio, al más puro estilo Dropbox. Por algún motivo (recordemos: O2 es de Telefónica…) no permite tener la carpeta a sincronizar en un disco de red, pero qué se le va a hacer. Y tampoco sé deciros qué pasará cuando la carpeta crezca, inevitablemente, más allá de la capacidad de disco que tengáis. Siempre queda la opción de no instalarla, eso sí.

Y eso es todo. De nada…

¿Es WordPress la web viejuna?

Tenía yo cosas pendientes de leer desde hace una temporada (buena parte de los motivos, en la entrada anterior). Entre ellas, Who’s Left to Build WordPress? Si el tema WordPress os interesa y no os la habéis leído, por favor, haceos el favor de dedicarle el ratito que merece. Destaco aquí algunas notas…

  1. El conflicto WordPress.com/.org v WPEngine ha hecho daño1. Más del que debería. Sobre todo, ha demostrado que el proyecto WordPress no tiene una gobernanza como tal, y eso es nefasto en el mundo del código abierto (y fuera de él también, sí).
  2. WordPress tiene una edad (con ese nombre, un poco menos de los 23 años y poco que tiene este blog 😅, pero en la práctica alguno más) y envejecer es una consecuencia inevitable de ese largo recorrido. Hay que saber envejecer, eso sí (por difícil que sea). No se trata de ser el cincuentón que se apunta a todas las modas para conservarse joven, pero tampoco de ser el meme del abuelo de los Simpsons, o cualquier otro meme de señoro blanco de una cierta edad gritándole al sol porque el universo no ha evolucionado como debería haberlo hecho.
  3. Con esa edad también han llegado una base de código cada vez más difícil de mantener (ni me imagino yo la magnitud del dolor de cabeza que eso debe significar), por un lado, y por el otro, un ingobernable ecosistema de plug-ins. Ese ecosistema le da a WordPress buena parte de la potencia que tiene, pero también más del 90% de los problemas de seguridad que acaban dándose, y es culpable de que muchísimos sitios web (comenzando por este) basados en WordPress tengan un rendimiento glacial, además. ¿Cómo se ataca el problema «sin tirar al bebé con el agua del baño»? No tengo ni la más remota idea. Tengo mis dudas de que sea un problema resoluble, de hecho.
  4. Lo que me parece más peligroso de la entrada de Galea (y que solo en una pequeña parte es una crítica a WordPress) es esa constatación de que quien llega a la web hoy se inclina cada vez más por no poseer la pila tecnológica en la que se apoya, y le resulta más interesante acudir a Shopify, Squarespace, Wix, Substack, Linktree o lo que sea, que contratar un hosting, instalarse un WordPress (o cualquier otra solución bajo su control) y aprender a usarlo. Que me parece innegable que todas esas plataformas tienen todo el sentido de existir, pero esa renuncia a la soberanía tecnológica en aras de la eficiencia implica toda una serie de riesgos que, me temo, le van a explotar en las manos a mucha gente que ha tomado esa vía en los últimos años y a todos los que lo van a seguir haciendo en el futuro, especialmente si esas plataformas comerciales llegan (cuando lleguen) a una posición dominante que les permita ignorar las alternativas autoalojadas y de código abierto. Se me señalará que WordPress.com está en un lugar dudoso (y WPEngine en uno directamente «plataformil») y estaré muy de acuerdo con ello. También se señalará que WordPress, el proyecto de código abierto, seguramente podría hacer más por competir en eficiencia y facilidad, y también estaré de acuerdo, pero desde la convicción de que ese esfuerzo es más complicado de lo que uno podría anticipar (y me negaré a entrar en cualquier debate que contenga la palabra Gutenberg). De la dependencia de las mal llamadas «redes sociales» para tener presencia mejor no hablamos, que me enciendo.
  5. Y la IA, claro, porque todo se ve afectado por la IA, y la potencia de la IA, y los descomunales problemas éticos y morales que implica la IA para un proyecto de código abierto, y las enormes oportunidades y retos que plantea, claro, tanto para los proyectos de código abierto como para quien quiere montarse una presencia en la web pasando de plataformas, abiertas o cerradas. Disculpe, lectora, que no me meta en ese charco. Reconozco, sobre todo, que no sé ni qué pensar.

Que sí, que esto ha sido básicamente un ejercicio de digestión (¿canibalización?) de lo que dice Barea en su excelente entrada. Siempre he sido yo de pensar en voz alta, qué le vamos a hacer. Igual consigo que una o dos personas acudan al original y se lo lean con el cariño que la cosa merece.


  1. Para el que no lo sepa, WPEngine ha demostrado a lo largo del tiempo un comportamiento ciertamente abusivo del modelo de código abierto del proyecto, violando su espíritu claramente, pero menos la letra. El problema es que la reacción que hubo dejó bien claro que WordPress es el proyecto de muchísima gente, pero que quien «tiene la sartén por el mango» es su dictador benevolente, Matt Mullenweg, con todo lo que eso tiene de bueno y de malo. Y, a la larga, nunca es bueno que el proyecto de muchísima gente dependa de una persona, por mucho que la comunidad le daba todo el reconocimiento del mundo. ↩︎

obm 23

Pues eso. Que aprovechamos la resaca de San Juan para celebrar que este modesto blog le ha dado su vigesimotercera vuelta al sol. Comenzamos antes de que WordPress se llamara WordPress, en el alojamiento de miarroba.com (siguen vivos, y dice su web que se pusieron en marcha en el 2000).

Con los bots de IA volviendo locos a los motores de analítica, imposible saber si se nos lee mucho (bueno: sabemos con seguridad que no se nos lee mucho 😅, y lo que es imposible saber es lo poco que se nos lee), pero seguimos escribiendo: hasta 44 entradas separan esta entrada de la celebración cumpleañera anterior (no esperen los lectores tanta productividad para la temporada 26/27), incluyendo la del RSS, la de cuando nos pasamos de Spotify a Tidal, la de los auriculares para dormir, la de la charla de Jeff Minter, la enésima (para n=6) versión del qué software gastas o la de la aplicación de mixtapes que no llegará a existir nunca.

En cualquier caso, que happy birthday to us, que esperamos seguir aquí el año que viene y que muchas gracias a los cuatro lectores regulares del blog :-).


PS Inspirándome en el blog de Dani Latorre (que «solo» cumple veinte años) me he ido a archive.org a buscar la captura más vieja que tienen de obm, y ahí tenéis, en todo su «esplendor», la primera entrada de obm, tal y como se veía en 2009 (ha llovido), con esa plantilla emulando las pestañas del Chrome de la época.

La primera entrada de este blog, tal como se veía en 2009. El aspecto está claramente inspirado en la interfaz de Chrome en aquella época, con pestañas azuladas para las páginas de lo más buscado, las fuentes de obm y el acerca de. Un widget señala que feedburner nos daba 701 lectores, y otro lista las entradas más populares del blog: convertir videos a formato 3gp, tu nombre en japonés, tu nombre en élfico, el poltergeist de la batería del Aspire One, módem USB vodafone con 3G, acer aspire one, batería jumbo, tu nombre en star wars

Qué nostalgia los 700 lectores en Feedburner (Feedly que estamos al borde de los 200, pero no es lo más creíble del mundo, opino) y la lista de entradas más populares (que, mucho me temo que, si tuviésemos estadísticas fiables, seguirían estando ahí)…

¿Mastodon y Bluesky en el móvil? Openvibe

Pues eso, solo una nota breve para quienes uséis Mastodon y Bluesky y estéis desquiciados porque no encontráis un buen cliente para usar ambos en el móvil…

Hasta ahora Openvibe era mi cliente favorito, pero no podía recomendarlo porque no tenía soporte para bookmarks. Afortunadamente, lo acaban de añadir, o sea que ahora es, claramente, el cliente.

Captura de pantalla de un cliente para Android de Mastodon y Bluesky
La interfaz de Openvibe no es ninguna revolución… ni falta que le hace.

También soporta Threads y Nostr, pero en mi caso he tenido algún problemilla con el soporte de Threads, que no ha sido especialmente traumático porque apenas uso la red, y no gasto Nostr.

Con el soporte para bookmarks han aprovechado para sacar una versión Pro, que es necesaria si quieres usar más de dos cuentas. No es mi caso, pero como (i) está bien ser agradecido y (ii) hacían un descuento a los que ya éramos usuarios, con el que queda en 20 eurillos al año, me he animado a suscribirme, de momento por ese año.

Openvibe está disponible tanto para Android como para iOS, y tenéis toda la información y los enlaces a la descarga de la aplicación en la plataforma correspondiente en openvibe.social.

No bloqueo la publicidad: bloqueo tu manera intrusiva de servirme publicidad

Me pone de los nervios cada vez que veo el texto de marras. Aquí, la última versión que me he encontrado:

Permite los anuncios para apoyar el periodismo

Parece que tienes un navegador, extensión, conexión o antivirus que bloquea la publicidad en nuestro sitio. La publicidad es la única forma de que nuestro trabajo sea posible. Desactiva el bloqueo de anuncios en [nombre del medio censurado]

Apreciado medio: mi navegador no bloquea la publicidad. Es más, entiendo que el uso de publicidad es un modelo como otro cualquiera para financiar un medio de comunicación. No quiero ni pensar la cantidad de publicidad que veo cada día en webs como la tuya. Pero lo que sí bloquea mi navegador son las intrusiones en mi privacidad. Porque no es de ley que no tengas ni el más mínimo interés en buscar alternativas mínimamente respetuosas con mi privacidad para servirme publicidad. Que las hay: insisto en que veo publicidad en la web día sí, día también. A veces, en medios en los que, además, pago una suscripción (este es un tema para otro día).

Añado: sí, me rindo en ocasiones ante este tipo de tácticas, y abro un navegador diferente, en modo privado, y acepto las cookies. Luego las cookies son exterminadas, igual que lo han sido anteriormente, y la publicidad que me sirves es aún menos efectiva que la que estoy dispuesto a ver sin amenazas estériles. Lose-lose, se le llama. Cambia de proveedor de publicidad a algo un pelín más ético. Eso sí sería apoyar el periodismo.

¿Qué uso para proteger mi privacidad? Lo primero es no usar Chrome: no usar el navegador de una empresa que obtiene algo así como el 90% de sus ingresos de la publicidad, quién lo iba a decir, hace maravillas por tu privacidad. Yo uso Firefox, pero con huir de Chrome, aunque sigas usando un navegador basado en Chromium, ya has dado un gran paso (y de entre los Chromiums, mi favorito es Vivaldi). Y, para completar, alguna extensión para controlar los intentos de seguirme más allá de lo razonable. Uno es de Ghostery, pero me dicen que Privacy Badger también funciona muy bien.


Otro texto sobre el tema: No uso nada cuyo propósito es bloquear la publicidad.