¿Matará la IA la colaboración abierta?

Tres noticias…

La primera, la declaración de Leiden sobre matemáticas e IA, con el soporte de la International Mathematical Union, que dice que cuidado con la IA. No dice que la IA no pueda suponer grandes avances (que los ha habido) en el campo, pero sí que está rompiendo cosas (más detalles en el New York Times y en Ars Technica). Mencionan, por ejemplo, que los colosos de la IA no son nada transparentes en el proceso (actualmente las matemáticas de primerísimo nivel son una cosa sorprendentemente abierta), y eso es realmente problemático. Pero me quedo, sobre todo, con otra de las cosas que destacan: los modelos de lenguaje están haciendo que alguien sin conocimientos pueda producir un intento de resolver un problema clásico extremadamente verosímil, sea correcto o no… y que esto está haciendo que los departamentos de matemáticas del mundo se vean inundados de demostraciones que, lamentablemente, se demuestran erróneas casi siempre… pero no sin consumir una cantidad de horas más que notable. Uno recuerda la época en que era extraño que pasara un año en ningún departamento de matemáticas sin que se recibiese una demostración del (mal llamado) teorema de Fermat, y no quiero ni imaginarme cómo debe ser la situación actual, en que no se puede descartar lo que te llegue, porque quién sabe… pero de momento estamos restando muchísimas más horas que las que sumamos.

Segunda noticia, que Ladybird, un navegador web alternativo en fase de desarrollo, anuncia que deja de aceptar pull requests, y que solo los mantenedores del proyecto podrán introducir cambios en el código fuente. Y que no se habilitará ninguna vía alternativa. Van de camino a su primera alfa y necesitan un proceso más estricto, con un modelo de seguridad más claro y un grupo más reducido de responsables. La aparición de las herramientas de IAg, dicen, rompe la antigua premisa de que un gran parche implicaba un gran esfuerzo y buena fe por parte del autor.

Y tercera, que Matt Mullenweg anuncia que WordPress.org pone en marcha una iniciativa de seguridad, de nuevo motivada por el avance constante de la IAg y el aumento de ataques en la cadena de suministro. Buscan encontrar el equilibrio entre lanzar las actualizaciones de seguridad lo más rápido posible, pero reteniéndolas el tiempo suficiente para garantizar que no han sido comprometidas. A partir de ahora, cualquier versión nueva de un plug-in deberá esperarse “hasta 24 horas” antes de distribuirse mediante las actualizaciones automáticas, de modo que tanto el equipo humano de revisión como “Gandalf”, un nuevo bot basado en IA, puedan analizar a fondo los cambios, y dicen que esperan reducir el plazo a pocos minutos.

Y la cuestión, claro, es que ya no hay que «hacer los deberes» para lanzar unas cuantas páginas de texto, una (presunta) demostración matemática o un parche para un software, con buena o mala fe, y los editores del mundo se ven inundados. En un primer momento puedes suponer que es falta de un buen proceso para recoger y estudiar el alud, pero estamos llegando (hemos llegado, estoy casi seguro) al momento en que ni los mejores embalses pueden luchar contra la riada, y eso está teniendo efectos secundarios que pueden llegar a ser devastadores, tanto en los momentos en que una buena actualización se quede atrapada en el proceso como en aquellos en que una mala se cuele por el filtro.

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