Proseguimos con nuestro proyecto de leer la revista Byte, cuarenta años más tarde. El resto de entradas de la serie, como siempre, las encontrarás en la etiqueta Byte de obm.
Comenzamos con un anuncio del mítico Clipper, un lenguaje de programación pensado para reemplazar el del no menos legendario dBASE. A los programadores de una cierta edad (la última versión salió en 1997) igual se les cae una lagrimita.
No os perdáis, por cierto, la sección «Ask Byte» que comienza justo antes del anuncio. Y recordad que se trata del número de abril.
Y un anuncio más. De Xerox y el PARC, su centro de investigación en el que se inventó la mitad de la informática (es probable que me quede corto), hablamos por aquí hace nada más y nada menos que catorce años. En el 86 vendían sus impresoras láser (las inventaron ellos, al fin y al cabo) y su Documenter System (haced zoom en la pantalla del ordenador de la izquierda y descubriréis un sistema que parece de una década más tarde, el Xerox 6085, heredero mítico del Xerox Star).
Siguiendo con el tema de la autoedición, un poco más adelante nos encontramos el primer anuncio (que yo recuerde) de una implementación de TeX, que ya venía con LaTeX el sistema de autoedición que se había lanzado en el 84 y sigue adorando el mundo científico cuarenta años más tarde (yo lo descubrí a mediados de los 90, en su versión para Amiga, y no sigo porque si no, se me acabará cayendo la lagrimita).
Unas páginas más adelante, la revista le dedicaba unas páginas a una revisión tanto a PC TeX como a su competidor MicroTeX.
No hablaremos del tema de portada, porque podría provocar mareos y vómitos entre el público, pero sí mencionaremos que habla de aproximar funciones, de invertir matrices o de resolver ecuaciones diferenciales con el método de Runge-Kutta 🤯 (a mí su variante RKF-4, citada en el artículo, me la explicaron en Cálculo Numérico de, creo recordar, segundo de mates) o con series de Taylor.
Sí hablaremos, eso sí, de cuando Pournelle (estoy por comenzar a llamarle Jerry, que ya es casi de la familia) se para de nuevo en el Amiga (y el ST) y sigue viendo que cualquiera de los dos sistemas podría haberse comido el pastel del Mac (esnif).
Lo de que el ST iba a ser Windows sobre Motorola 68000 es el WTF más importante que haya leído yo en lo que llevamos de repaso de la revista. ¿Os imagináis?
Y sigo con «Jerry» viéndose venir la revolución que iba a suponer el CD-ROM. Desde 1986. Puntos para él, que la cosa no era tan obvia.
Ante un pequeño alud de software para el ST y el Amiga, Bruce Webster dejaba la segunda parte de su comparativa de ordenadores basados en el 68000 de Motorola para el mes siguiente…
Nótese la admiración por Deluxe Paint, absolutamente merecida.
Y nos vamos (este mes os lo he hecho breve) con un anuncio para no dejar desierta la categoría de «cosas que creemos que se han inventado ahora, pero no»:
Sí: hace 40 años la IA ya se iba a comer el mundo de los negocios. (Micro Data Base Systems, la empresa del anuncio, había lanzado un gestor de bases de datos un par de años antes, que vendían como un dbASE más potente y ¡con SQL! (SQL es del 73, pero no se estandarizaría hasta el 86) y lo complementaban ahora con un «entorno de soporte a decisiones», KnowledgeMan, y Guru, un «sistema experto»revolucionario sistema de IA».)
Comenzamos con una lectura ligera… pero no tanto, porque el surrealismo es considerable en esta historia de Raquel Gu y Javier Pérez Andújar, que en ocasiones se preocupa más de su humor absurdo que de tener muy claro dónde tiene los pies y dónde la cabeza. Aun así, divertido, fácil y recomendable para desconectarse un rato del mundo.
Uno se ha leído en su vida unos cuantos libros de Bill Bryson. No todo lo que ha escrito, porque eso es casi un trabajo a tiempo completo, pero en cualquier caso, unos cuantos de los libros. El tipo tiene una cultura inconmensurable y un estilo en general divertidísimo de contar las cosas. No sé por qué, en esta ocasión el libro no me ha divertido tanto como otros que me había leído con anterioridad. Por algún motivo, el tono de viejo gruñón que se ríe de sí mismo más que de lo que se queja no me ha funcionado demasiado, y con una cierta frecuencia se me ha quedado en viejo gruñón a secas. (¿Podría ser que el viejo gruñón fuese yo y no Bryson? No podemos descartarlo.)
Mención aparte para las notas al pie de la edición Kindle: la traductora (Mireia Rué) se lo curra hasta el infinito para trufar el libro de notas para hacer comprensibles todas las referencias extremadamente british a los que no lo somos… (¡gracias!) pero, al menos en la app de Kindle para Android en mi Boox Nova Air, las notas son básicamente ilegibles :-S.
Ya nos hemos declarado fans en alguna otra ocasión de Octavia Butler. En esta ocasión tocaba una novela corta (cortísima: 35 páginas) que se hizo con el Hugo, el Locus y el Nebula. Se hace, efectivamente, corta, pero es sobrecogedora en grado extremo. Puede echar un poco para atrás por lo escabroso, pero me ha parecido genial.
Otro autor que nos entusiasma, y otra historia breve, en esta ocasión un pelo más de 150 páginas. Si Millás escribiese la previsión del tiempo, lo más probable es que por aquí la leyéramos con devoción. Deja, eso sí, la duda que debe generar un señor escribiendo un personaje femenino, especialmente si es como el de la novela: ¿perspectiva de género razonable, o exceso de mirada masculina?
Y cerramos con otra autora que ya habíamos visitado. Esta vez Mary Beard, en un ejercicio bastante meta, se fija en los clásicos doce césares, pero con el objetivo de ver cómo sus representaciones a lo largo del tiempo (llegando prácticamente hasta el presente) retratan cómo hemos visto y vemos el poder. Imagino que habrá otros libros mejores para repasar las historias de esos doce césares, pero si te interesa más lo que dice la historia como disciplina que la historia que cuenta (es mi caso), te lo vas a pasar pipa.
(Por cierto: millones de notas al pie que, a diferencia del libro de Bill Bryson, se pueden leer perfectamente.)
A ver cuándo (o si) llega la tercera edición de 2026 del lecturas…
Proseguimos con nuestro proyecto de leer la revista Byte, cuarenta años más tarde. El resto de entradas de la serie, como siempre, las encontrarás en la etiqueta Byte de obm. En enero habíamos hablado del Atari 520ST y este mes toca el hermano mayor, el 1040ST.
Destaco, en primer lugar, un megaanuncio de Microsoft publicitando sus lenguajes de programación.
Solo pongo la portada, porque se alarga hasta siete páginas más, que el catálogo de Redmond era extenso y su presupuesto para publicidad profundo. Sirve el anuncio, además, para ver cuáles eran los lenguajes que Microsoft consideraba importantes en la época. Arrancan con C («First with the pros«), Macro Assembler («The Quickest. Bar none«), FORTRAN («The overwhelming favorite«), COBOL («The interactive edge«), Pascal («When you’ve outgrown the others«) compartiendo página con QuickBASIC («BASIC just got faster«), que ilustraban, si no me equivoco, con una HP12, y cerraban con LISP («The language of artificial intelligence«), muMATH («Mainframe math on your PC«) y Sort («Versatility without compromise«), compartiendo página también.
¿Quién esperaba ver a FORTRAN y COBOL ahí arriba en 1986? Yo, no. Ni siquiera recordaba que Microsoft hubiese tenido un sistema de álgebra simbólica…
Y de la publicidad de lenguajes saltamos al programa que, en una realidad paralela a la nuestra, ocupa el lugar de Photoshop: el mítico Deluxe Paint (aquí, una carta de amor al Deluxe Paint III), que en aquella época no le sacaba los colores (see what I did there?) a los de Adobe… porque Photoshop 1.0 no llegaría al mercado hasta el muy lejano año de 1990.
Me paro un momento en la sección de libros para recordar al muy mítico (en aquella época) Peter Norton. Si tuviste un PC con MS-DOS, muy probablemente recuerdes sus míticas Norton Utilities (que ¡siguen existiendo!), pero a lo mejor no sabías que era un autor de «best sellers» sobre la programación del PC.
(Si tuviese más tiempo y dinero de los que tengo, seguramente haría por obtener una copia del Computer Law Annual 1985, porque por la crítica parece digno de leer con curiosidad histórica, con artículos sobre los problemas de propiedad intelectual de la ingeniería inversa, o la normativa antitrust, aunque también dicen que está escrito para juristas.)
No me alargaré mucho con el ordenador protagonista del número: a estas horas ya deberíais tener claro que el ST era mejor que el Mac (y del Windows de la época ya ni hablemos)… pero que estaba por debajo del Amiga (con la excepción de las aplicaciones musicales: ¿sabíais que Fatboy Slim sigue usando un ST?).
Los de mirada afilada habréis notado que en la portada, además del ST, había un segundo tema, el «homebound computing». ¿Que qué es eso? Nos lo cuenta el primer artículo del tema, que comienza recordándonos que el teletrabajo no lo inventó el COVID, y que ya se hablaba de ello hace cuarenta años, pero que anuncia que el tema se va a centrar en la informática como ayuda para las personas que, por el motivo que sea (una discapacidad, por ejemplo), no pueden desplazarse.
Me salto el artículo sobre síntesis de habla a partir de imágenes para pasar directamente al e-learning, que me toca la fibra especialmente.
Y es que en 1986, el año en que los módems de 2400 baudios nos parecían lo más, la educación a distancia ya no era necesariamente por correspondencia, gracias a la Electronic University Network de Telelearning. Hay más sobre el tema en Tedium.co y en eLearning Inside, pero el artículo nos explica que la cosa no era ni siquiera «lo último de lo último», porque se había fundado en el lejano 1983 y tenía programas de grado oficiales desde 1985, con 17 000 estudiantes matriculados hasta entonces. Eso sí, los materiales de aprendizaje no eran en línea: te enviaban el libro a casa. Tecnología necesaria: un IBM PC o PCjr, un Apple II o un (cómo no) Commodore 64 (el 35% de los matriculados no tenía ordenador al apuntarse). ¡Y había hasta mensajería instantánea!
Pasar a otro tema del que también, oh sorpresa, seguimos hablando hoy: envejecimiento y tecnología.
Que sí, que hace cuarenta años ya nos interesaba si las tecnologías digitales podrían ser una ayuda para una sociedad que envejecía cada vez más. Y a continuación viene el tema en que nos paramos cada vez en obm: ordenadores y discapacidad visual.
El primer párrafo se podría haber escrito hoy… Cuarenta años más tarde, las tecnologías son 10 000 veces mejores, pero los problemas, o son los mismos o hemos introducido barreras nuevas para compensar las que (afortunadamente) hemos tirado abajo.
Y una vez cerrada la sección, nos pasamos a la guerra que se mantenía entre los ordenadores con CPUs Motorola 68000: el Mac, el ST y el Amiga (en orden rigurosamente creciente). Bruce Webster, uno de los autores estrella de la revista, hacía una comparativa que se alargó tanto que en este número solo cabía la primera parte, cuya conclusión es que el Mac está más maduro (llevaba mucho más en el mercado9, el 520ST es una ganga y el Amiga se veía lastrado por los problemas de Commodore, pero era el que apuntaba más maneras…
En nuestra sección habitual, temas que ni por casualidad encontraríamos hoy en una revista de informática… ¡las ecuaciones diofánticas!
Me paro en la sección de BIX (ya recordaréis: el extracto en papel que hacía Byte de las conversaciones en su servicio en línea) para contemplar el nacimiento de IFF, el metaformato de archivos presentado por Electronic Arts que debería ser la base de cómo trabajamos hoy, y que permitía encapsular múltiples tipos de información (texto, gráficos y audio, para empezar) en un único archivo.
Y cierro con una curiosidad. A estas alturas deberíais estar tan enamorados y enamoradas de las ilustraciones de Byte como yo… y esto es tan claro que ya en aquella época la revista vendía ediciones limitadas de sus portadas:
Pero, como venimos haciendo últimamente, no nos iremos sin darle un repaso a los episodios del mes de Computer Chronicles…
El primero no es especialmente apasionante, y se dedicaba a las carreras profesionales en informática, incluyendo la emprendeduría… Una cosa a destacar es que no era totalmente necesario tener un grado en informática para encontrar trabajo en el campo: bastaba con unas cuantas asignaturas desde otros grados. Por cierto, que ya hablaban de la importancia de las competencias comunicativas… y ya se comentaba que las mujeres se iban a computer science y no a computer engineering. Tremendo, eso sí, en los breves del final del episodio, cómo AT&T presentaba un sistema de correo electrónico «de bajo coste»: ¡40 céntimos por enviar una página de texto! (Un sello costaba 22). Y con servicio de entrega en mano para personas sin correo electrónico por… ¡siete dólares y medio! ¡De la época! Todo ello mientras IBM presentaba un procesador experimental con 93 000 transistores (el procesador del iPhone 16 tiene… quince mil millones)
En el segundo episodio se hablaba de la computación en paralelo. Solo por ver un superordenador Cray de la época ya vale la pena darle al play. El H. T. Kung al que se entrevista a medio programa, por cierto, está a un grado de separación de Deep Blue, de unos de los primeros «gusanos» de internet, de la fundación de Y Combinator (una de las empresas de capital de riesgo más importantes del Silicon Valley)… y de las TPUs de Google. Se dice pronto. Y el Craig Mundie que sale justo después lideró la investigación y estrategia de Microsoft de 2006 a 2012.
Y para cerrar, dos episodios dedicados a los ordenadores y sus usos militares, otro tema del que seguimos hablando hoy. En esta primera parte se repasa la larga historia de esos usos militares, ya desde el ENIAC, y el enorme papel de DARPA en la investigación en el campo. No os perdáis las demostraciones de simuladores de vuelo de altísima tecnología que palidecen al compararlas con lo que podemos correr hoy en básicamente cualquier PC. Y la investigación en armas autónomas ya había comenzado, con el eventual premio Turing Raj Reddy.
Y en la segunda parte, sistemas informatizados en los barcos de la Armada de los Estados Unidos, capaces de disparar autónomamente (y el rechazo que provocaba la idea entre al menos parte de los militares de la época), o las «star wars» de Reagan… y menciones a coches autónomos.
Os diría que avanzaseis los deberes para anticipar el mes que viene… pero marzo fue el último mes de la temporada 85-86 del programa, y la siguiente temporada no llegaría hasta septiembre.
Y eso es todo por marzo… de 1986. El mes que viene, más.
2025 se quedó en apenas dos entradas de lecturas. A ver si este 2026 nos da más juego (aunque no pinta especialmente bien la cosa). De momento, comenzamos con dos obras leídas íntegramente en 2025 y con una que cerré a uno de enero…
Uno diría que este libro es una novelación de la historia de Ramanujan, probablemente el más famoso matemático del siglo XX, contada por Hardy, uno de los matemáticos más famosos de, al menos, la primera mitad del siglo XX, pero la cosa se va algo más allá. La Wikipedia, de hecho, sitúa al autor, David Leavitt, dentro de la literatura gay. Aunque algo de eso tiene, creo que enmarcar la novela ahí dentro sería limitarla. Sin ser una gran novela, creo que retrata bien a los matemáticos, y de regalo tiene un punto de costumbrismo de la Inglaterra de la época de la Primera Guerra Mundial. Leavitt, por cierto, también es autor de la biografía (esta vez no novelada) Alan Turing. El hombre que sabía demasiado: Alan Turing y la invención de la computadora.
Se agradece mucho, por cierto, que el autor haya tenido la delicadeza de incluir un capítulo de fuentes al final del libro en el que aclara qué es ficción y qué es fruto de sus investigaciones y lecturas.
Javier Rodríguez dibuja (dibujar limita un poco lo que hace este hombre, que es la leche), yo tiendo a comprar, incluso desde que se pasó a DC (uno ha sido siempre muy Marvel, qué le vamos a hacer). Tengo la reedición de Miedo en la pila de pendientes y, una vez metidos en «pijameo»1 puedo recomendar, sobre todo, su maravillosa Spider-Woman (también pasó por la serie Natacha Bustos, otra crac del dibujo; no os perdáis su Moon Girl (y cuando digo «su» quiero decir que es una de las dos creadoras del personaje)) y su History of the Marvel Universe. Pocos creadores hay que tengan su talento para componer visualmente.
Ursula K. Le Guin ganó el Hugo, el Nebula y el Focus con esta novela de 1974, que es una absoluta maravilla. La historia se centra en un físico heredero de Einstein en un futuro muy lejano, y es un ensayo político muy pero que muy interesante. Estremecedora en grado sumo.
Y segundo tebeo de la tanda. De Zerocalcare ya hablamos el año pasado y sigue en su línea con esta obra que, según RTVE, se publicó en Italia en 2017, cuando Zero ya lo petaba por allí, pero en España apenas se había publicado una de sus obras. Zero sigue calcándose (perdón, sé que arderé en el infierno) a sí mismo en su línea pseudoautobiográfica de (para entonces) treintañero de éxito y sus conflictos para compatibilizar ese éxito con sus ideas políticas y con un entorno que no ha tenido tanta suerte en la vida, tirando de puntos de ¿realismo mágico?. Y por aquí no tenemos absolutamente ningún problema con que siga en ello :-).
Y cerramos este primer «lecturas» con Inteligencia artificial: jugar o romper la baraja, de Marga Padilla. El libro, por cierto, está disponible para descarga gratuita (recomiendan donar 3€) siguiendo el enlace. El libro es una muy buena explicación de lo que es la IA, cómo funciona y cuáles son sus potenciales beneficios y riesgos. En este mundo en que nos movemos, una parte del público lo acusará de tecnooptimista, y la otra de tecnopesimista. Servidor piensa que alcanza un equilibrio difícil de encontrar, y que es una muy buena introducción al tema para poder hablar con un mínimo de criterio.
Apa. Dentro de unas semanas (a saber cuántas), más.
Pijameo: dícese de los tebeos de superhéroes, por lo de que los trajes de superhéroes son, de hecho, pijamas. ↩︎
Seguimos con el proyecto mensual de ojear la revista Byte… con cuarenta años de retraso (tenéis todas las entradas sobre el tema, que ya son unas cuantas, en la etiqueta Byte de este blog). Y febrero del 86 se dedicaba… al procesado de textos (que, spoiler, no es lo mismo que los procesadores de texto).
Y comenzamos mirando publicidad. El primer anuncio, diría yo, de un programita que seguimos usando cuarenta años más tarde: ¡Excel! Dice la Wikipedia que fue lanzado en septiembre del 85, y si vais a nuestra entrada del número de mayo del 85 (sí, llevamos ya un tiempín con esta historia de la revista Byte) encontraréis el anuncio de que lo iban a lanzar, y corregidme si me equivoco (ya podría ser, ya), pero no lo habíamos vuelto a ver por aquí.
Y si os ha llamado la atención el ratón monobotón, o el disquete de 3,5″… sí, Microsoft lanzó originalmente Excel solo para Mac.
No pongo captura, pero también merece la pena pararse en la sección de cartas (página 24 y siguientes), en que los lectores revisan el programa para calcular π (¡del número de mayo!) y explican lo lentísimo que es convergiendo (pero destacan que es muy legible y un buen ejemplo para aprender) y algunas correcciones al programa sobre la distribución normal (esta vez solo tenemos que retroceder hasta octubre). Bravo por los lectores atentos.
Seguimos, esta vez con nuestra manía de pararnos en cualquier cosa que tenga que ver con el Amiga. En este caso, se trata de una introducción al Kernel, el software de sistema contenido en su ROM, escrita nada más y nada menos que por su creador, el mítico (en círculos reducidos, cierto) RJ Mical. Si alguien quiere leer más sobre el tema, en el mismo Archive podéis encontrar su manual. #YaNoSeEscribeSoftwareAsí
Y unas páginas más adelante nos encontramos un anuncio del Amiga que es un homenaje (merecidísimo) a Denise, Paula y Agnus, los tres chips especializados en vídeo, audio y gestión de memoria, revolucionarios para la época, que eran una de las partes vitales para hacer del Amiga la maravilla multimedia que era.
Y dejamos el Amiga (hasta que nos den la más mínima oportunidad de recuperar el tema 😅) y entramos en el tema del número, el procesado de textos. Hablando con la leyenda de la informática que es Donald Knuth (se lee Kanuz, por cierto), hoy profesor emérito de Stanford, creador de TeX y autor de la magna opus The Art of Computer Programming (in progress). Por aquella época ya hacía más de una década que le habían dado el premio Turing y en la entrevista, como no podría ser de otra forma dado el tema, hablan de tipografía digital y de la creación de Metafont, un software que se sigue usando hoy y que continúa siendo una [no tan] pequeña maravilla.
Y, para hacer más énfasis en lo que decía de que procesado de texto no se refiere a los procesadores de texto (al menos, no a los que nos vienen más rápidamente a la cabeza), nos podemos dar un chapuzón en cómo estaba por aquel entonces el estado del arte de la interpretación del lenguaje natural:
(Como es costumbre de la casa, tanto Pollack como Waltz son no solo expertos, sino pioneros en la materia.)
Seguimos con el tema. Nos quejamos (con razón) de que artes y humanidades están excesivamente separadas en las cabezas de muchos, y de que esto es fuente de unos cuantos de nuestros problemas. En los ochenta ya era en gran parte así, no nos engañemos, pero de vez en cuando podíamos ver cosas como un artículo en una revista tecnológica dedicada al tema del procesado de… poesía.
No os perdáis, por favor, la discusión sobre cómo sacar la métrica de un poema automáticamente (en inglés, además, donde la cosa depende más de sílabas átonas y tónicas que en español):
Pero el colmo del friquismo, en serio, es un artículo entero dedicado a la sesudísima (solo hago un poco de broma, aquí) cuestión de si vale la pena aprender a teclear en un teclado Dvorak (#TLDR, los autores opinan que sí, si te puedes permitir el lujo de escribir siempre en un teclado Dvorak). Que el primer firmante de la pieza sea profesor emérito… de física, dedicado a la astronomía forense, es solo la guinda del pastel.
¿Había dicho yo que volveríamos al tema Amiga a la que nos dieran una oportunidad? Sí, ¿verdad? Aquí, los orígenes británicos de AmigaDOS:
Y aún una página más con contenido Amiga, aunque aquí no sea el contenido lo que quiero destacar, sino el continente. Estamos en 1986, y el mundo comienza a conectarse digitalmente. Byte, de hecho, tiene su propio servicio online, BIX (el Byte Information Exchange), que se había puesto en marcha en junio (a seis dólares de la época la hora de conexión)… pero la audiencia era tan corta (dice la Wikipedia que en el 87 llegaron a 17,000 usuarios) que la revista le daba bombo al servicio destacando un «Best of BIX» en sus páginas. Igual sí hemos cambiado un poco, en estos cuarenta años…
Antes de cerrar la sección, quiero aprovechar para recoger el obituario de Robert Tinney en Ars Technica. ¿Quién es Robert Tinney? El ilustrador de muchas de las portadas de los números de Byte que hemos recogido por aquí, que falleció este primero de febrero. Que su obituario aparezca en Ars da una idea tanto de la relevancia de la revista como del impacto visual del trabajo de Tinney en muchísima gente. Curiosamente, estamos muy cerca de llegar a los números en que la revista dejó de emplear a Tinney para pasar a usar fotos en sus portadas, como podéis comprobar en los archivos de la revista Byte en archive.org, que también podéis usar, si queréis, para avanzaros y comprobar de qué va el número «del mes que viene». Añado que Tinney tenía una tienda, todavía activa (y espero que lo siga estando mucho tiempo), y que ahora mismo estoy peleando muy fuerte conmigo mismo para no comprarme pósters del número de artes digitales de 1982, la de abril del 85, o la de «claves de la educación» de, nada más y nada menos que julio de 1980.
Y seguimos también con el repaso a los episodios de febrero del 86 de Computer Chronicles…
El primero de los episodios se dedica a operar en bolsa por ordenador, algo novedoso en la época. No me ha resultado especialmente interesante, más allá de los cacharritos para recibir información financiera vía radio FM, tanto en forma de cacharrito independiente como de accesorio para tu PC.
El segundo programa del mes va de «software psicológico», desde software para ayudar con determinadas terapias (con la sofisticación de la época, más cercana al programita con el que se juega para renovar el carnet de conducir) a tests de tipos diversos, con sus, inevitablemente, «módulos de inteligencia artificial»… y las mismas preocupaciones y las mismas salidas por la tangente que nos suenan tanto hoy.
(Y en los breves, noticias de la crisis de Commodore, que le debía doscientos millones de dólares a los bancos. La compañía no acabaría muriendo hasta el 94, pero ya comenzaba a oler a chamusquina la cosa.)
El tercer programa del mes se dedicaba al software para astronomía, tanto profesional como amateur (en este último caso, bastante reconocible para cualquiera que haya usado una app de astronomía únicamente… pero cuatro órdenes de magnitud menos potente e interfaces jurásicas). La discusión sobre astronomía «profesional»… lo de siempre: gente alucinando con lo que había avanzado la tecnología en el campo… que ahora nos parece casi de juguete.
(Y en los breves, la muerte de la mítica Osborne… cincuenta y tres millones de dólares de pérdidas de Commodore, por si los doscientos millones de deuda fuesen poca cosa… y la compra de Pixar por Steve Jobs por «varios millones de dólares».)
El 3×22, dedicado al color, lamentablemente, parece que está desaparecido. Como de costumbre, podéis chafardear lo que se viene en marzo tanto en la lista de episodios de la Wikipedia como en la playlist a la que pertenecen los vídeos de YouTube que tenéis aquí arriba.
Y con esto cerramos el mes. Dentro de unas semanas, más.