No puedo cerrar los #breBytes de septiembre de 1986 sin pararme aunque sea un minuto en la editorial de la revista…
Ya habíamos hablado brevemente de educación en línea en 1986 en el último post dedicado a las Computer Chronicles, de este mismo mes, pero es maravilloso leer cómo, desde la revista, se animaba a las universidades al mundo del online, hablando de ruralidad, formación continua y lifelong learning, entre otros aspectos :-)
Llevábamos tiempo sin tocar las narices con las Computer Chronicles de Stewart Cheifet y llega el momento de viajar cuarenta años hacia atrás en el tiempo para repasar la historia no tan lejana de la informática…
Comenzamos con los dos primeros episodios de septiembre de 1986, que se centran en el uso de la informática en educación. Arrancamos en un cole (curiosamente, de Cupertino) al que Apple había dotado de unos cuantos Apple II para que cada estudiante tuviese uno (sin entrar en muchos detalles), para luego tener una demo del estado del arte de la época del software educativo de la época. Curioso que ya por entonces, cuando el periodista pregunta si se ha hecho algún tipo de diseño experimental para medir la efectividad del uso de la informática en las escuelas, no hay mucha respuesta, precisamente… Afortunadamente, en la siguiente entrevista hay algo más de reflexión antes del uso ciego de la tecnología. Como solemos decir por aquí, hace cuarenta años estábamos mucho más cerca de cómo estamos hoy de lo que creemos… (En los breves del final del programa, y en esa misma línea, Apple estaba intentando detectar por dónde se les filtraban los nuevos desarrollos a la prensa 😬.)
En el segundo episodio temático, nos pasamos del uso educativo del ordenador en las escuelas a su uso en casa, entre otras cosas para matricularse en educación universitaria en línea 🙀, o el uso de un Amiga (claro) para consultar recursos multimedia almacenados en LaserDisc. Y en los breves del final, noticias sobre interfaces cerebro-ordenador (sí, hace cuarenta años), y el uso de la red francesa de Minitel para usos ilícitos no anticipados, entre otras…
Y en el tercer y último episodio del mes nos encontramos con el que tiene que ser el estándar más longevo de la informática: MIDI, que básicamente sigue siendo el mismo hoy que ya era en 1986 (y una de las pocas cosas en las que el Atari ST era superior al Amiga). Y de regalo podréis ver cómo eran las DAWs de la época, para el ST, el Amiga… e incluso el Apple IIGS1, y unas cuantas más de las aplicaciones musicales de la época. En los breves, el primer piloto para hacer la declaración de la renta digitalmente en los Estados Unidos.
Y eso es todo por septiembre. Amenazamos con volver el mes que viene. Si queréis avanzaros con los deberes, podéis acudir tanto a la lista de episodios de la Wikipedia como a la playlist a la que pertenecen los vídeos de YouTube que tenéis aquí arriba.
Hace un par de meses nos quejábamos por aquí de lo perdida que iba Commodore cuando lanzó su 128 en vez de dedicar todos sus recursos al Amiga. El IIGS sería el equivalente de Apple… pero no tuvo los mismos efectos devastadores en Cupertino. ↩︎
Seguimos a un ritmo bien relajado de lectura (el anterior Lecturas fue justo después de Sant Jordi), pero menos es nada…
Comienzo por el libro que no me he acabado. Annie Duke es una exjugadora de póker de éxito considerable que ahora escribe sobre la toma de decisiones en situaciones de incertidumbre. El libro está bien, pero no es lo que yo buscaba: ideas sobre cómo lidiar con la incertidumbre en la vida real. El póker, efectivamente, es un juego de habilidad y azar marcado por la incertidumbre, pero no se traslada a la vida real: en el póker se juegan centenares de partidas siguiendo las mismas normas y cada decisión tiene un alcance limitado, mientras que en la vida real cada decisión es diferente y su alcance, potencialmente vital. Me quedé algo más allá del primer tercio del libro sin demasiadas expectativas (ni indicaciones en el índice) de que fuese a dar algún salto de un entorno a otro. Una vez sabido esto, puede ser una lectura interesante.
Segundo chapuzón en Borges, y segunda vez que salgo encantado (en todos los sentidos), con la sensación de haberme perdido la mitad pero con ganas de más. Tremendo.
Más divulgación sobre lingüística desde un punto de vista descriptivista y tolerante con el cambio. Muy bien escrito (no podía ser de otra forma) e interesante. Me ha gustado especialmente la atención al género: al menos en inglés, deja claro que si quieres saber cómo se hablará dentro de unos años, deberías prestar especial atención a cómo hablan las niñas (al menos en inglés, que es de lo que habla el libro, pero me imagino que en el resto de idiomas también será válido) y otras comunidades poco privilegiadas.
Novelita (apenas 136 páginas) de ciencia ficción que viene a ser «El Marciano pero al revés». La autora tiene un premio Hugo, y es fácil ver por qué. Extremadamente recomendable (ya he pasado por caja a comprarme otro de sus libros), aunque no desvelaré nada más del argumento.
Y cierro con un libro importante. No creo en las lecturas obligatorias… pero nadie debería salir de una carrera de informática sin haberse leído este libro. Además de ser la historia de Fran Bilas, Jean Jennings, Kay McNulty, Marlyn Wescoff, Betty Snyder y Ruth Lichterman (pongo los «nombres de soltera», que a mí las manías anglosajonas del cambio de nombre en el matrimonio se me hacen muy raras), las seis primeras programadoras, y el ninguneo que sufrieron duarnte décadas (y que aún dura), es un pedazo imprescindible de la historia de la informática y del siglo XX en general.
En lo negativo, dice el «blurb» de la portada que la prosa de Kleiman es detallada… porque, como narración de la historia oral que es, no es la más apasionante… excepto cuando habla de su propia historia descubriendo la historia de «las seis del ENIAC». Aun así, el libro está pidiendo a gritos ser convertido en miniserie de prestigio. Si obtiene los derechos un equipo como el de los creadores de Halt and Catch Fire, podría salir algo maravilloso.
Y lo dejamos aquí. A ver si me da tiempo a leer algo más antes de que acabe el año…
La vida de la familia 68000 de Motorola fue breve (dejó de fabricarse en 1996), pero intensa, siendo el procesador de nuestro adorado Amiga y del Atari ST, pero sobre todo la primera arquitectura sobre la que se construyeron los Macs (y el Lisa antes de eso). Apple se pasó a los PowerPC en 1994, y eso acabó con los 68k. Pero hace 40 años, en septiembre de 1986, la familia 68000 prometía muchísimo: lo suficiente como para ser portada de Byte.
La revista le dedica un buen espacio a las diferentes máquinas 68000 (incluyendo un apartado dedicado a Unix), pero nosotros ya sabemos cuál era la mejor. Y es que, ¿qué otra máquina podía producir gráficos así?
Y claro, lo que más nos interesa de la sección es esta comparación entre el Amiga y el Mac, aunque está hecha desde el punto de vista del programador:
Nótese, por cierto, que el artículo está escrito por un graduado del Dartmouth College, el lugar de nacimiento de BASIC. La comparación, por cierto, es favorable al Amiga en cuanto a la programación de la interfaz, gestión de dispositivos, multitarea (no es una sorpresa enorme, teniendo en cuenta que el Mac no era multitarea en 1986) y gestión de memoria, y al Mac en lo que se refiere a primitivas gráficas. Pero esto no le salvaría la vida al Amiga, lamentablemente.
Un poco más adelante, en su Chaos ManorJerry Pournelle seguía enamorado del Amiga y nos hablaba de ese clásico que fue Deluxe Paint (con el que se hizo el Tutankamón de aquí arriba, si no me equivoco, y que ocuparía el lugar en el imaginario que le dedicamos a Photoshop si viviésemos en la línea temporal correcta), pero ya veía los primeros pasos de la muerte de Commodore…
Y no me voy sin rescatar este anuncio, con el que se lanzaba lo que sería el estándar oro de los monitores durante muchísimos años: los NEC Multisync, capaces de trabajar con básicamente cualquier ordenador de la época, y que en esta, su primera encarnación, era capaz de alcanzar los 800 por 560 de resolución en sus 13 pulgadas :-).
Aprovechando la canícula, seguimos con nuestra versión light del repaso a la revista Byte de hace cuarenta años. Y suerte que nos hemos pasado al modelo light, porque el número de agosto del 86 no venía especialmente fuerte. Pero no puedo saltarme la sección de crítica de libros, porque ahí tenemos uno de los clásicos de la informática, la presentación de C++ por parte del creador del lenguaje, Bjarne Stroustrup. (Si no he buscado mal, la cuarta y última (de momento) edición se publicó en 2011.)
Y me tenéis que reconocer que es divertido leer la crítica de un libro en la que el revisor te dice cosas como que C++ suma considerablemente a la complejidad de un léxico ya obtuso (no seré yo el que le lleve la contraria, pero pegarle así a C…), para a continuación explicarte que evaluar el libro es complicado en ausencia de implementaciones de C++ (vamos, sin haber probado el lenguaje), y después explicar qué es eso de los objetos en programación (la orientación a objetos, como paradigma, data de finales de los cincuenta (del siglo pasado), pero no se había prodigado mucho hasta la llegada de C++ y sus diferentes «primos» (por mucho que Smalltalk ya llevase unos cuantos años corriendo por el mundo)). No está mal, por cierto, permitirse darse el lujo de darle una collejita a nada más y nada menos que Stroustrup (en aquel momento no era la leyenda que es hoy, claro) por permitirse el lujo de usar palabras como «clase» antes de definirlas. Ni dudar (razonablemente, dada la juventud y novedad de la cosa) del éxito de un lenguaje que, cuarenta años más tarde, se disputa la segunda posición del ranking de lenguajes de TIOBE con «papá C».
Se publica la crítica, por cierto, dentro de un número dedicado a la programación orientada a objetos (ya os decía que el tema comenzaba a popularizarse en aquella época) en el que escribe, entre otros, el creador de Objective C, el lenguaje de desarrollo para Apple hasta nada más y nada menos que 2014.
Si queréis seguir hojeando el número, en la misma sección de libros se critica también el Mind Over Machine del filósofo Hubert Dreyfus y su hermano Stuart, algo menos famoso pero aún así profesor emérito en Berkeley, que se dice pronto. El libro argumenta (siempre según la crítica) que nunca tendremos una verdadera inteligencia artificial porque los ordenadores carecen de intuición. La historia no se repite, pero rima, dicen. El crítico también se fija en un capítulo dedicado a los temores sobre la implantación de la IA en la educación. 1986.
Y también se puede recomendar, creo, pero para valientes, el discurso del recientemente fallecido Tony Hoare (ya premio Turing por aquel entonces), Mathematics of programming. Por aquello de incidir en que lo que se publicaba en los ochenta en revistas generalistas de informática tenía en muchas ocasiones un nivel estratosférico, entre otras cosas.
En fin. Algún otro día, más, pero como muy pronto, en septiembre.