Good Night, and Good Luck

Sucede con una cierta frecuencia. Alguien decide estrenar una película en Estados Unidos en octubre de 2005 y en España en febrero de 2006. Como es natural, a medio camino copias de la cinta aparecen por todas las redes P2P, y los que nos morimos por ver la película, y tenemos la suerte de que el idioma no es obstáculo, tras el obligatorio derramamiento de ancho de banda, vemos la película en casa. Sin la comodidad de una butaca de cine y sin la comodidad de una pantalla de cine. Y, si además hay mala suerte, como en esta ocasión, en vez de ver una película, vemos una presentación de diapositivas a tres o cuatro cuadros por segundo… pero la vemos antes de morir de un ataque de impaciencia grave.

En este caso se trata de Good Night, and Good Luck (en Rotten Tomatoes), dirigida por George Clooney. Como corresponde a las buenas películas, en febrero pasaremos por taquilla, haremos una parada para dejarnos una pasta más en palomitas y cocacola, y la veremos como es debido. Y es que la película se lo merece. Para el que no lo sepa, Good Night, and Good Luck narra (en riguroso y maravilloso blanco y negro, por cierto) la lucha del periodista de la CBS Edward R. Murrow por denunciar los métodos de la caza de brujas que llevó a cabo el senador Joseph McCarthy a principios de los años cincuenta. La película es una demostración del talento que ya apuntaba George Clooney en la muy extraña Confesiones de una Mente Peligrosa, su ‘primera vez’ tras la cámara. Clooney es hijo de un periodista ‘de los de toda la vida’, y se moja con una cierta frecuencia en política, situándose normalmente bastante a la izquierda del espectro político americano (lo que le colocaría ligeramente a la derecha del nuestro). Y esta vez, cuando el panorama en Washington recuerda a veces el de la caza de brujas (y no pasa sólo en Washington, desafortunadamente), se mete en el follón de recuperar una historia en la que un periodista le echa mucha ética y valor a raudales al asunto, para impedir que un político sin un concepto demasiado claro de la ética se lleve por delante los principios legales más básicos, en nombre de una lucha contra el comunismo que tiene más de autopromoción y megalomanía que de cualquier otra cosa (ya decía antes que esto no sólo pasa ni pasaba en Washington).

La película está muy bien contada, sin excesos, y emociona en más de una ocasión. Está, además, muy bien actuada, sobre todo por el protagonista, David Strathairn, que clava la apariencia de Murrow, bien secundado por el propio George Clooney o Robert Downey Jr. La fotografía, de Robert Elswit no hace más que ayudar a una ambientación digna de premio (cuenta la IMdB que la película se rodó en color en escenarios ‘en escala de grises’, y que luego se corrigió en postproducción), a la que ayuda un buen uso de mucho metraje original de la época. También merece mención aparte la vocalista de jazz Dianne Reeves, pieza clave de una banda sonora de las de comprar y escuchar con frecuencia. La banda, por cierto, es la de Rosemary Clooney (más), tía del director y responsable, además de los arreglos musicales.

De la solidez de la película hablan los premios y nominaciones que ya se ha llevado. La cinematografía de Robert Elswit ha sido premiada por su sindicato, y Geoge Clooney ha sido nominado para los premios del de directores. La película lleva, además, cuatro nominaciones para los Globos de Oro (director, película dramática, protagonista y guión), que le apuntan un buen futuro para los ?scars, y en septiembre ya arrasó en Venecia.

En resumen, de visionado obligatorio para los lectores habituales de esta página, y ojalá se haga un hueco en las clases de ética de las facultades de periodismo del mundo, que buena falta haría (tampoco estaría mal que la viera la clase política, a ver si alguno se sentía identificado).

PS En los créditos figura como productor el inefable Mark Cuban, ya que su productora, 2929 Entertainment está detrás de la película. Lo que es digno de aplauso, por un lado, pero es una lástima que la productora, que abandera el estreno simultáneo en salas comerciales, pay per view y DVD, se olvide de estrenar también simultáneamente fuera de las fronteras de Estados Unidos…

PS 20060131 Por si la figura de Edward Murrow no quedara suficientemente ensalzada, este artículo de The New Yorker explica su papel de pionero del radioperiodismo en la Europa de la Segunda Guerra Mundial, y el resto de la historia. Para quitarse el sombrero, aun con todas las imperfecciones del personaje.

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