El RSS ha muerto. Larga vida al RSS (II)

Un comentario adicional al hilo de lo que decíamos anteayer, que el RSS no ha muerto, sólo se ha vuelto transparente…

Es probable que los lectores del blog recuerden la última entrada, una traducción de un artículo de Cory Doctorow que había dado bastantes vueltas por la red y que me decidí a traducir (i) porque lo consideraba interesante y esclarecedor y (ii) con la intención, admitamoslo, de atraer un poco de tráfico al blog.

Pues bien, a la vista de los números de Analytics, el fracaso en ese segundo objetivo parece innegable:

La gráfica de tráfico al blog para los últimos 30 días no muestra ningún pico remarcable en ese periodo
Hits? What hits?

Pero, sin embargo, las estadisticas de Feedburner cuentan una historia bien diferente:

La gráfica de uso del RSS sí muestra un enorme pico para la entrada que se comenta en el texto
These hits

Es sólo una anécdota, pero deja bien claro que el RSS sigue siendo una necesidad, por un lado, y por el otro que no sólo de monitorizar el tráfico web se alimenta el ego…

Un truquillo para blogs ‘de poca frecuencia’

Un servidor, hace tiempo, escribía a diario. Y Google Reader le cogió tanto cariño que se pasaba por aquí cada hora. Y entonces dejó de escribir tanto. Y después pasó a escribir aún menos. Y así sucesivamente: en lo que va de año, un mes con más de cinco entradas es una anomalía absoluta… y Google Reader se cansó y ahora sólo me visita una vez al día (que sería comprensible… si no tuviese el canal RSS publicado en Feedburner, que es un servicio propiedad de Google). Y esto quiere decir que desde el momento en que se escribe a la entrada hasta el momento en que les llega a los usuarios de Google Reader (dice Feedburner que tengo unos 350 usuarios que usan el robot de Google para leer mis posts: es una exageración, seguro, pero habrá que tenerles en cuenta, digo yo) pasan muuuchas horas. Y en estas épocas de tiempo real, eso es una eternidad.

Aún así, existe un mecanismo infalible para actualizar las entradas en Reader casi inmediatamente: una vez publicada la entrada, te vas a Reader, vas a tu propio blog y le das al botón de actualizar: voilà, ya tienes al robot visitándote y actualizando, en un pestañeo.

Es posible que ya lo supiérais todos, pero yo me enteré hace nada, y por casualidad…

El RSS ha muerto. Larga vida al RSS

Dos noticias se han sucedido muy rápidamente en las últimas horas. Por un lado, Ask.com aunciaba la muerte definitiva de Bloglines (dos notas: (i) no por anunciada deja de ser triste, a pesar de que ya hace cinco años que se veía venir y (ii) no fue el mayordomo, fue Google Reader (con la ayuda de la propia Ask.com, que no ha movido un dedo para mantener el servicio más allá de lo estrictamente imprescindible)). Por otro lado, WordPress.com presenta sus ‘Subscriptions’, que no dejan de entenderse como un ‘RSS for dummies’ con gotas de red social.

¿Significa esto la muerte del RSS? Ni en broma. Representa lo que ya era asumidísimo entre los ‘early adopters’: el RSS jamás se impondrá como tecnología de consumo ni será una de las palabras que acaben formando parte del imaginario popular de la web. Pero eso no impide que, al menos de momento, sea una de las tecnologías sobre las que se basa la infraestructura de la red. A ver cuantas “apps” para dispositivos de webs grandes encontráis que no sean un canal RSS “vestido” con cuatro accesorios… Y cuando la gente con blog (haberlos haylos) publica su blog a Facebook, que nadie se engañe, publican su canal RSS.

Mientras tanto, el RSS para usuarios finales queda restringido a los lectores de RSS (¿En plural? ¿Quedan lectores RSS populares que no se llamen Google Reader?) que, ya no cabe duda, son un producto de nicho para consumidores de información en grandes cantidades, para los que es un engorro ir haciendo clic en el tuit de turno (o el enlace en Facebook, o lo que sea) para acceder a la web que contiene todo el texto. Sólo hace falta tocar madera para que en Google no se les ocurra hacerle a Reader lo que Ask le ha hecho a Bloglines.

PS En paidContent aportan más datos: hay estimaciones que sitúan la caída de tráfico de Bloglines en el último año en un 71%… y las de Google Reader en un 27%. No es una buena noticia…

Siete

El número 7
Imagen (cc) Kevin Collins. Clic en la imagen para acceder al original en Flickr

Pues nada, que, como cada San Juan, este blog cumple años. Y ya van siete. El último año no ha sido especialmente productivo, con menos de cien entradas, pero el tráfico se mantiene en unos niveles decentes (un pelo más de trescientas mil visitas, dice Google Analytics). Quién sabe, igual este año pisamos un poco el acelerador para poder celebrar el 8 con más ganas :-).

¡Feliz resaca de San Juan a todos!

Mis amigos tienen demasiados amigos…

Extraído-copiado-traducido-de-aquella-manera de un artículo de Robert Cringely:

Esto es lo que pasó el otro día. Tenía noticias sobre el Startup Tour, o sea que las compertí en Facebook y me puse a esperar la reacción de mis 809 amigos.

No pasó nada.

Bueno, no nada. Pero no gran cosa. No pude ver mi entrada inmediatamente, por ejemplo, porque en el tiempo que pasó entre escribirla y leerla había desaparecido de la pantalla, empujada por gente más bien inane diciendo cosas más bien inanes sobre otras cosas más bien inanes que no me importan. Es lo malo de tener 809 amigos.

Esto no pasaba cuando tenía 350 amigos Facebook. Entonces, cuando escribía algo importante para mí (yo sólo escribo cosas importantes en Facebook, y vosotros deberíais hacer lo mismo) contestaban docenas de personas. Pero ahora ya no, porque mi pantalla se actualiza tan deprisa y sus pantallas se actualizan tan deprisa que la posibilidad de una relación real (no seáis mal pensados) es nula. Ha desaparecido.

Facebook no me sirve de nada. Estamos demasiado conectados como para conectar realmente.

Muy de acuerdo. Y no sólo con Facebook (que yo no uso para demasiadas cosas importantes, a pesar de los consejos de Cringely, confieso), sino con Twitter, donde se supone que tengo unas conexiones de mayor sofisticación (en lo tecnológico, al menos), de las que espero una interacción de una cierta calidad…

La realidad, sin embargo, es más bien triste. Hace un par de meses, cuando tenía un puñado de seguidores menos (ahora voy por los 375, hace un mes tenía unos quince menos, y diría que ese es el ritmo de crecimiento que se mantiene desde hace una temporada), si ponía un enlace, bit.ly me daba unos veinte clics de mis contactos, unos cuantos más si la cosa resultaba interesante… Hoy, con unos cuantos contactos más, me considero afortunado cuando llego a diez clics. ¿Mi hipótesis? Mis contactos ‘reales’ siguen hoy a bastantes más usuarios, con lo que la probabilidad de que esos contactos lean mi tuit baja notablemente, ya que este es arrastrado por el ‘river of news’ que popularizó Winer y del que se hace eco Cringely, como lágrimas en la lluvia, que diría Roy Batty. Imagino que no les pasa lo mismo a los tuiters de primera línea, pero yo no lo soy y mis seguidores, muy comprensiblemente, no se esfuerzan en localizar mis tuits como si se tratase de pepitas de oro en un arroyo (aunque lo son, que no le quepa duda a nadie (y no, no voy a considerar la posibilidad de que se hayan aburrido de mí :-P)).

Me da a mí que si queremos seguir ahondando en esto de la economía de la atención necesitamos ir más allá del número de Dunbar y explorar nuestro grafo social, contando los amigos de mis amigos para determinar cuántos de ellos tienen realmente el tiempo de leer lo que escribo (y son, por tanto amigos de primera).