¿Nos cargaremos la neutralidad de la red en Europa?

He visto poco comentario por ahí de esta declaración (PDF) que firma ACT (la Asociación de Proveedores de Video Bajo Demanda en Europa, que agrupa a empresas como Paramount, Disney, Warner o, en España, Mediaset y Atresmedia, y de la que no forma parte Netflix) y que también cuenta con el soporte de Euroconsumers Group (en España, la OCU es miembro), la European Games Developer Federation (el socio español es Desarrollo Español de Videojuegos, que cuenta con miembros como Gameloft, Socialpoint o Ubisoft Barcelona) o la European Magazine Media Association (son miembros Conde Nast UK, Axel Springer o el grupo de The Economist) o la Internet Society.

La declaración muestra la preocupación de que la Comisión Europea, con la excusa de la nueva Digital Networks Act, cuyo primer borrador se presentó en enero, se coma buena parte de la neutralidad de red, «el principio por el cual los proveedores de servicios de Internet y los gobiernos que la regulan deben tratar a todo tráfico de datos que transita por la red de igual forma indiscriminadamente, sin cobrar a los usuarios una tarifa dependiendo del contenido, página web, plataforma o aplicación a la que accedan» (wikipedia dixit).

Para ACT1, naturalmente, esto implica que sus empresas queden expuestas a pagar para tener mejor salida a la red (por una conexión por la que las telecos, por el otro lado, ya nos cobran a los consumidores). Lo mismo pasa con los de los videojuegos o las asociaciones de prensa. No es que yo quiera ponerme ni del lado de Mediaset ni del de Disney, precisamente, pero la OCU me resulta un poco más cercana, y la Internet Society aún más… La IS, precisamente, ya se quejaba del tema en enero, y sus argumentos, en mi opinión, quedan fuera de toda duda: no hay un problema que resolver, corremos el riesgo de estropear el funcionamiento de internet y vulneraríamos la neutralidad de la red (y todo por echarles una mano a nuestras amigas las telecos, añado yo).

En fin. Que a ver si estamos atentos, controlamos a nuestros legisladores y conseguimos que el lobby de turno no nos la cuele.

  1. Netflix decidió hace un tiempo ya que es lo suficientemente grande como para no tener que preocuparse por estas nimiedades: si alguna teleco pretende degradar su servicio a cambio de un rescate cobrarles por algo así, ya se encargará su ejército de clientes de quejarse directamente. ↩︎

Lo de las redes sociales y los menores de 16 (y los tecnobrós)

…o César se mete en un charco al que no le habían llamado.

Si algo tuvo más eco el día en que Pedro Sánchez anunció que se apuntaba a lo de prohibir las redes sociales a los menores de dieciséis, fue la respuesta de Pavel Durov y la contrarréplica de Sánchez. Es por eso que, lo primero es dejar claro que nada más lejos de mi intención que defender a Durov —véase Arrest and indictment of Pavel Durov en la Wikipedia (y, en particular, la sección Background) sobre lo de agosto del 24, por ejemplo, para entender que no es una figura que valga la pena defender— ni a ningún otro tecnobró con red social y patrimonio de 8 cifras en adelante. (Y de las opiniones de meloncete mejor ni hablar, claro.)

Y también debo decir que tampoco estoy en contra de regular el acceso a determinados servicios y contenidos en función de la edad y, en particular, el acceso a redes sociales (y en especial a las grandes redes sociales) para las personas menores de dieciséis. He leído en algún sitio que igual lo que habría que prohibir es el acceso a esas redes a hombres blancos mayores de una cierta edad (incluyéndome a mí), y el argumento tiene bastantes atractivos, pero sigue siendo una restricción por edad.

(Podría ponerme puñetero y buscar casos en que esa regulación tiene efectos negativos, pero no es el objetivo del ejercicio. Lo único que tengo claro de todo esto es que por nada del mundo querría tener nada que ver con la decisión de regular algo así. Ni a punta de pistola.)

Queda, desde luego, definir qué es una red social. Está claro que la medida se dirige a Instagram y TikTok, especialmente. Pero… si un videojuego tiene algún tipo de mecanismo de comunicación entre jugadores (y cuál no lo tiene)… ¿es una red social? Porque me da a mí que (i) lo son, en la práctica, y (ii) si Instagram y TikTok son nocivos para mucha de la gente que los usa, los canales de comunicación de muchos de esos videojuegos lo son al menos igual. ¿Es el correo electrónico una red social? ¿Los SMS del teléfono smart-o-no de niños y niñas a partir de los doce?

Si este blog tiene comentarios (que funcionan como funcionan, lo sé 🙏) y en alguna ocasión (con muy muy poca frecuencia, pero alguna vez ha pasado) se establece comunicación entre quienes dejan comentarios… Entre el primer paréntesis y el segundo, tenéis razón: no pasaría nada por quitar los comentarios de obm, cierto. Pero… ¿vamos a tener que establecer limitaciones de edad en los comentarios de todos los blogs del mundo? Vaya, que, si opero un blog (fuera de WordPress.com y similares) ¿voy a tener que comprobar la edad de cualquiera que publique un comentario? (En obm, me repito, no es problema: se cierran los comentarios y aquí paz y después gloria, pero…) ¿Y las secciones de comentarios de los diarios en línea? (De estas, ciertamente, se puede afirmar que sería una victoria para la sociedad que desaparecieran, tenéis razón.)

También tiene que decirse que, sin haber visto la propuesta de norma y, sobre todo, cómo se pretende hacer la implementación en la práctica, pero después de haber visto algunos ejemplos de cómo se están implantando las normas de restricción de acceso por edad (sobre todo a contenidos para adultos, o, lo que es básicamente lo mismo, pornografía) que van apareciendo por todo el planeta, esas implementaciones me provocan, cuando menos, dudas. La capacidad del estado español de hacer leyes muy bonitas en la teoría, pero cuya aplicación práctica deja bastante que desear, diría yo, ha sido ampliamente demostrada. Y eso que en España tenemos un DNI obligatorio, y eso, al menos en principio, debería facilitar las cosas.

Así que, más allá de definiciones, la principal duda (o mi principal duda, al menos), es sobre esos mecanismos que voy a tener que utilizar para demostrar mi mayoría de edad en aplicaciones como WhatsApp, Telegram y Signal, o en redes sociales como Instagram (sí, querida lectora, me temo que debo confesar que tengo cuenta en Instagram (y Bluesky, y en Mastodon y, si me apuras, en last.fm, que también es una red social)), y cómo me van a garantizar la privacidad de esos datos. En Europa se supone que eso va a hacerse a través de eIDAS 2… pero aún no lo tenemos implementado, no se tendrá hasta finales de este año (y, por todos los dioses, que no corran con el desarrollo, que nos va la privacidad de todas en ello)… y yo, antes de probar un arma de potencial destrucción masiva de la privacidad, preferiría que hicieran unos cuantos meses de pruebas con fuego real antes de verme obligado a usarla.

Adiós a los servidores de Mastodon operados por particulares… Lo que podemos asegurar es que comprobar la edad de las personas que usan un servicio va a ser otro servicio… y va a requerir unos recursos. Seguro que habrá empresas (grandes consultoras, por ejemplo) que se están frotando las manos por ofrecernos esos servicios… a un módico precio. Si hay que pagar por proteger a un colectivo amenazado, se paga, desde luego. Pero me da a mí que esas comunidades virtuales que se sostienen gracias a la buena voluntad de sus operadores y operadoras… van a ver cómo se tensiona aún más esa buena voluntad. Y los que se lo puedan permitir, lo harán pasando por la caja de empresas que no nos caen nada bien.

¿No debería regularse el acceso a redes sociales, pues? Me repito: no estoy en contra de regular el acceso a determinados servicios y contenidos en función de la edad y, en particular, el acceso a redes sociales para las personas menores de dieciséis. Pero, si vamos a hacerlo, o incluso si vamos a aplaudir la medida, como mínimo podríamos intentar informarnos antes de cómo se va a hacer, inventariar los potenciales efectos secundarios que va a tener hacerlo (como los tienen todas las normativas, y la ausencia de normativas) e incluirlo todo en la discusión. Si hay que comprar, se compra. Pero sabiendo el precio.

Otra de podcasts

Yo recordaba haber escrito una entrada recomendando podcasts en obm. Y he buscado… y efectivamente, la escribí. ¿Alguien quiere apostar cuánto hace de aquello? Fue nada más y nada menos que en… diciembre… de 2011 (aquí la entrada correspondiente). Por aquello de no dejar de pasar más de catorce años entre recomendación y recomendación, aquí va la lista de 2025.

(Hay que decir, antes de entrar en materia, dos cosas.

  • La primera, que mi consumo podcastil se ha disparado en estos catorce años. En 2011 recomendaba diez podcasts. Ahora son, si no me he descontado… treinta y siete. El pronóstico del tiempo anuncia entrada tamaño sábana. Proceded con precaución.
  • Y la segunda, que servidor pasa bastante tiempo casi cada día en el transporte público y caminando, y que suele hacerlo con auriculares y el reproductor de podcasts1 a toda marcha. Y con «a toda marcha» quiero decir con los podcasts no musicales acelerados un 20% (30% para los [pocos] que están en castellano) y con la funcionalidad de saltarse las micropausas, con lo que un podcast de una hora suele durarme unos 45 minutos.

Y hay que decirlo, sobre todo, para que no os escandalicéis [mucho] cuando leáis las horas que he escuchado de cada podcast. Escandalizaos un 25% menos.

Fin del paréntesis.)

Los de deportes

Cosas que la gente no suele pensar de mí: soy fan del fútbol americano y otros deportes yanquis (la NBA, sobre todo). Y eso hace que mi podcast más escuchado sea The Bill Simmons Podcast, con un total de 123 horas en las últimas 52 semanas. Sí, más de cinco días enteros. Pero «solo» os podéis escandalizar por los cuatro que le he dedicado en la práctica 😬. En mi defensa, Simmons también entrevista a figuras de la cultura popular de vez en cuando 😇.

Le siguen los programas de KNBR, la radio de deportes de San Francisco, dedicados a mis «niners» y a los Golden State Warriors, con apenas 107 horas. Después viene 49ers Talk (de título autoexplicativo), con 71, The Athletic Football Show, con 62, o The Tom Tolbert Show, con 58 —Tolbert es un exjugador de la NBA (recaló también en la ACB una temporada), locutor de KNBR hasta que le echaron en un recorte presupuestario. Y cierran la lista los diferentes programas de la emisora The Game (también de San Francisco, quién lo habría imaginado), con 52, The Mina Kimes Show, con 47 (Kimes es de las pocas voces femeninas de esta lista, me temo, y la única de este apartado), y The Bill Barnwell Show, con 23.

En mi defensa solo diré que estoy intentando reducir mi consumo…

Los de música

Aquí solo hay un par de programas de radio… Turbo 3, de Radio 3 (una vez lo vi descrito como «Los 40 para mayores de 30», y algo de cierto hay en ello), y El Celobert, de Catalunya Ràdio, con 51 y 47 horas, respectivamente. Producen unas diez y cinco horas de contenido a la semana, pero yo solo me bajo los que «prometen» (en el caso del Celobert, los que repasan discografías y los dedicados a algún año o década, principalmente).

Los divulgativos

Comienza aquí la parte de la entrada que interesará más al lector (¡espero!). Se viene batiburrillo.

Ologies (47 horas) es el programa de Alie Ward dedicado a las «ologías»: de la astrobromatología a la neuropatoinmunología, pasando por la toxicología histórica. Los tres son programas de los últimos seis meses, lo juro. A veces me gustaría que fuera más al grano, pero es el podcast que lidera esta categoría por algo (ayudado, todo sea dicho, porque, junto con el siguiente de la lista, son los únicos que publican una hora de contenido a la semana). Calificación obm: 8 sobre 10.

Short Wave (44 horas) es el podcast diario de divulgación científica de la NPR, la radio pública estadounidense. La administración Trump le ha cortado el grifo de la financiación a la NPR (comprometídisima con el buen periodismo, y eso no está bien visto :-S), o sea que su vida pende de un hilo. Programas de diez a doce minutos, que últimamente se van a cerca de quince, engordados por las peticiones desesperadas de soporte económico por parte del público. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

Because Language (31 horas), podcast de frecuencia irregular sobre lingüística, con episodios tirando a largos, que yo me (re)parto en capítulos. Muy fan, sobre todo, de Hedvig Skirgård. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

Clear+Vivid (20 horas). ¿Os acordáis de Alan Alda? Yo, desde que en mi casa se consumía religiosamente la serie MASH, allá por los ochenta. Pues bien, resulta ser que, no contento con su carrera de actor, Alda se dedica desde hace un porrón de años a la divulgación científica, que es de lo que va mayormente este podcast, aunque de vez en cuando también pasan por él figuras de la farándula. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

More or Less (17 horas), el programa de la Radio 4 de la BBC dedicado a reventar la estadística mal hecha o mal interpretada en los medios. Alterna programas de media hora semanales cuando está «en temporada» (con el economista Tim Harford a la cabeza) con cápsulas mucho más breves a lo largo de todo el año. Maravilloso. Mi reino por un equivalente «de aquí». Calificación obm: 9,5 sobre 10.

The Infinite Monkey Cage (13 horas). Más Radio 4 de la BBC. Esta vez con el físico Brian Cox y el cómico Robin Ince. En cada programa invitan a investigadores de renombre y a algún cómico para hablar de temas científicos diversos y hacerse unas risas. Vamos, un poco como lo que hace por aquí Naukas, pero con tono británico. En las últimas temporadas no me han hecho reir tanto como antes, pero sigue valiendo mucho la pena. El «episodio de las fresas» justifica, él solito, la existencia de no sé cuántas temporadas que han hecho. Es de 2013 y todavía lo recuerdo, vaya. Lamentablemente, Robin Ince acaba de dimitir porque en la BBC no le gustaban sus opiniones personales, excesivamente woke para ellos :-(. Calificación obm: 9 (9,5 en las primeras temporadas, que están ahí para escucharlas sin ningún problema).

Curious Cases (12 horas). Tercer y último podcast de la Radio 4 de la BBC. La matemática Hanna Fry y el cómico Dara ó Briain (¿estáis teniendo un déjà écouté?), que sustituyó hace un tiempo al genetista Adam Rutheford, eligen una duda científica de la audiencia, se buscan unas cuantas expertas en la materia e intentan darle respuesta de manera divertida. Calificación obm: 8 sobre 10.

Merriam-Webster’s Word of the Day (11 horas), Micropodcast (no llega a los tres minutos) diario de los de los diccionarios. Cada día, una palabra, su significado y su etimología (que para los latinos es la parte menos complicada, puesto que dos de cada tres palabras que hacen, más o menos, vienen del latín pasando por el francés, como buena parte de las palabras del inglés). Calificación obm: 8,5 sobre 10.

The Joy of Why (8 horas), podcast de divulgación científicomatemática de Quanta Magazine. Comenzó con el matemático Steven Strogatz (y centrándose en las matemáticas), pero desde hace una temporada lo lleva a cuatro manos con la astrofísica Janna Levin y se ha abierto a bastantes más temas. Calificación obm: 8 sobre 10.

Instant Classics (8 horas). De los últimos «fichajes» que he hecho. Tanto es así que todavía me falta como un mes de episodios por escuchar. La historiadora Mary Beard y Charlotte Higgins, de la sección de cultura del Guardian, repasan la historia clásica. Yo solo he escuchado epidodios «de romanos», pero veo que también hay alguno griego ya publicado. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

Los «de tecnología»

The Vergecast (117 horas, disputándose el liderato con el podcast de Bill Simmons), el podcast de The Verge dedicado a la actualidad del mundo de la tecnología digital. Muy muy cerca de la calificación de imprescindible si se quiere estar al tanto de lo que sucede en el mundillo. Ha perdido un poco estos dos últimos años, porque se les han caído colaboradoras importantes y se ha convertido en «el podcast de Nilay y David». Nilay (Patel) muy bien (véase el párrafo siguiente), pero David (Pierce), por algún motivo, no me acaba de entrar. Tampoco ayuda su (muy comprensible, por otro lado) obsesión por la influencia de la administración Trump en el mundo yanqui. Mucha de esa influencia nos la vamos a comer en el resto del mundo, sí, pero al final me resulta cargante, qué le vamos a hacer. Aun así, muy bien. Especialmente cuando tienen a Joanna Stern de invitada (o a Victoria Song, o Allison Johnson). Calificación obm: 8,5 (9,5 hasta hace año y medio, y volverá al excelente si se lo curran un poco más).

Decoder (65 horas). El podcast en que Nilay Patel (véase el párrafo anterior) entrevista a figuras de interés del mundo de la tecnología (es casi un quién es quién de los CEOs de las tecnológicas). Normalmente muy informativo e interesante, con algún momento «oh dios mío cómo ha podido el mandamás este presentarse a la entrevista sin hacer mínimamente los deberes». Calificación obm: 9,5 sobre 10.

Syntax (55 horas). Solo de interés para interesadas en el mundo del desarrollo web. Pero si el tema te llama, a por él de cabeza. Los presentadores (y divulgadores del tema), Wes y Scott, muy majos e informativos. Calificación obm: 9,5 sobre 10.

Hard Fork (32 horas) es «el Vergecast del New York Times». Cuando comencé a escucharlo, bastante bien, pero ha llegado un momento en que se ha convertido en «el Vergecast radiofórmula» y me carga un poco, con lo que solo escucho los episodios con temas especialmente atractivos. Calificación obm: 7 sobre 10.

Hanselminutes (23 horas). De Scott Hanselmann hablamos por aquí hace menos de dos meses, y sigue siendo igual de majo que entonces. En su podcast entrevista semanalmente a un personaje del mundo de la tecnología (del desarrollo de software las más de las veces), relajado pero preguntando con criterio. Si el personaje no te llama, te saltas el episodio pero, al menos en mi caso, sucede con muy poca frecuencia. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

Igalia Chats (20 horas) es el podcast gallego de esta lista… pero está en inglés. Y es que Igalia es una cooperativa gallega, pero distribuida por todo el mundo, que es la empresa más importante del mundillo web de la que no has oído hablar nunca (a no ser que seas lector habitual de este blog (véase, véase y véase) o escucharas el episodio de Despacho 42 que les dedicamos hace ya tres años (y que sigue siendo exactamente igual de interesante que entonces). Se dedican al mundo del código abierto, y al desarrollo de navegadores web en particular. Usas su código cada día (si eres lector de 0bm, con total seguridad; si no lo eres… casi que también, incluso cuando no estás delante del ordenador ni del móvil (escuchad el episodio, escuchad)) y la vida de quienes se dedican al diseño y desarrollo web es mucho mejor gracias a ellos. Con su podcast podrás entender por qué los estándares y los navegadores web son como son. Casi imprescindible para quienes os dedicáis al mundillo, pero con muchos episodios muy interesantes solo con que tengas el más mínimo interés en cómo funciona la web (y la web es como interactúas con el mundo un montón de horas a la semana, o sea que…). Calificación obm: 9,5 sobre 10.

Scott and Mark Learn To… (9 horas). Y cuando hablamos de Scott Hanselmann también hablamos de Scott Rusinovich y el podcast sobre desarrollo de software que tienen juntos desde hace poco (comenzaron este verano), un tanto quirky, pero lo suficientemente interesante como para que diera pie a una entrada de este podcast. Calificación obm: 8 sobre 10.

Despacho 42 (5 horas). ¿Por qué habré dicho que no hay podcasts imprescindibles? El podcast de tecnologías digitales y personas. El señor que más oiréis es un tanto particular, pero hablan con gente súper interesante de temas apasionantes. Calificación obm: el jurado se recusa 😅.

Los ¿culturales?

Tetragrammaton (71 horas) es el podcast de Rick Rubin, productor de discos de los Beastie Boys, Run DMC, The Cult, Danzig, Slayer, Red Hot Chili Peppers, AC/DC, Johnny Cash, Tom Petty, Rage Against the Machine, Nusrat Fateh Ali Khan, Audioslave, Weezer o Shakira (sí, Shakira). Y juro que me dejo nombres importantes, y no pocos. Comprobad el enlace. Me juego un café a que hay un disco que te gusta en que Rubin ha tenido un papel importante. Y se sienta casi cada semana con personajes del mundo de la música (y más) para hablar largo y tendido sobre sus procesos creativos. Yo me enganché con el episodio del productor Jimmy Iovine, pero también tenéis a Trent Reznor, Rosalía (en 2023), la diseñadora Paula Scher, Nick Cave, Terry Gilliam, Edward Norton, el arquitecto Bjarke Ingels, Francis Ford Coppola… (de nuevo: me dejo unos cuantos nombres importantes). Advertencia: de vez en cuando también entrevista a tecnobrós y personajes esotéricos. Calificación obm: 9,5 (si pasamos de tecnobrós y esoterismo).

Es la hora de las tortas (34 horas). Va de cómics. Cuatro señores se juntan semanalmente para hablar de tebeos (de los de superhéroes, pero también de lo que hemos venido a llamar novelas gráficas), con formatos (de podcast) diferentes. Yo recomendaría, sobre todo, sus repasos a los premios Eisner a lo largo de la historia. El episodio que le dedicaron a Darwyn Cooke, de lagrimita. Como uno es bastante limitado en su conocimiento comiquil, solo escucho la mitad de los episodios, más o menos. Su «club de lectura» me ha hecho descubrir alguna joya, por cierto. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

Radiolab (32 horas). Quizás el podcast que hizo que hablemos de podcasts. No inventó las narrativas para la radio, pero las llevó un paso (o dos) adelante. Más de veinte años en antena y en RSS. Divulgación científica, pero no solo eso. Cultura. Y la garantía de que el guion y la producción son excelentes siempre. Calificación obm: 9 sobre 10.

The Ringer-Verse (26 horas). Cultura nerd de la factoría de Bill Simmons en formato «amigotes que se van de birras». Pelis y series, cómics, videojuegos. Servidor les escucha cuando hablan de cosas que ha leído, visto o escuchado. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

Video Game History Hour (23 horas). El podcast de la Video Game History Foundation. Para no perdérselo si te interesa la historia de los videojuegos desde sus orígenes a la actualidad, pero también si te interesa la historia de la tecnología en general, o incluso cómo conservar y documentar la cultura de los últimos cincuenta o sesenta años. Y, en ese caso, recomendable comenzar a escucharlos desde el principio. Calificación obm: 8,5 sobre 10.

A History of Rock Music in 500 Songs (22 horas (y más de 200 en total para las 182 canciones que lleva de momento)). Exactamente lo que dice el título. Proyecto monumental de un über-nerd que se documenta hasta el infinito y más allá. Cada canción da pie a hablar del grupo que la llevó a la fama, de cómo impactó en la evolución de la música de la época y de lo que pasaba entonces en el mundo del rock. Calificación obm: 9 sobre 10.

X-Ray Vision (18 horas). Véase lo dicho sobre Ringer-Verse. Con un pa de nerds muy considerables, Jason Concepcion (ex del equipo de Bill Simmons) y Rosie Knight (periodista y guionista). Cuando hablan de cosas que he visto o leído, me gustan más que el equipo Ringer-Verse… pero eso pasa menos de lo que yo querría (y de aquí que el contador de horas esté más bajo). Advertencia: forman parte de una empresa de podcasts que mete publicidad en cantidades industriales (como la que se pone en las radios comerciales, vaya). Calificación obm: 9 sobre 10.

The Rewatchables (16 horas). Tercer (y último, que ya acabamos) podcast de la factoría Bill Simmons. Dedicado a películas «re-mirables», con predilección por los ochenta y los noventa. Como Ringer-Verse, formato charla de amigotes con unas cañas de por medio, pero a ritmo más relajado. Nivel de documentación de alto a muy alto: seguro que te encuentras con cosas que no sabías. Para ir escuchando aquellas pelis que has visto, o para animarte a ver algunas de las que tocan y no viste en su momento. Calificación: 9 sobre 10.

Marea Nocturna (14 horas). El crac Jordi Sánchez-Navarro se junta con otros otros tres individuos con conocimiento enciclopédico del cine fantástico y de terror (también hablan de ciencia ficción, pero poco para lo que yo querría). Uno no es ni de fantástico ni de terror, pero siempre tocan temas interesantes y engancha. Calificación obm: 9 sobre 10.

Tape Notes (13 horas). Otro descubrimiento reciente (de agosto). Aun estoy recuperando episodios de 2022, que llevan funcionando desde el 17. Otro podcast de documentar procesos creativos, especializado exclusivamente en la producción musical. Se sientan con una banda y su productor, y a explicar batallitas. O eres mucho más nerd del tema que yo, o lo mejor es seleccionar las bandas que te interesen. Han pasado por allí Wolf Alice, Bombay Bicycle Club, Kate Tempest, Floating Points, Tune-Yards, DJ Shadow, Caribou… (he dejado de apuntar en el episodio 42, y llevan 171: seguro que hay algún grupo que te llama). Calificación obm: 9 sobre 10.


Pues nada, ni tres mil palabras 😬. Os pediría que me recomendarais más podcasts, pero ya veis que estamos en el nivel en que un podcast más es una derrota. Una derrota maravillosa, pero una derrota. Va: si me estoy perdiendo algo, dejad vuestra recomendación en los comentarios, y ya veré cómo me lo hago.

Dentro de otros catorce años, más. O igual me animo y me vuelvo a poner dentro de siete.


  1. ¿Qué reproductor de podcasts? Servidor tira de Podcast Addict (el nombre de la app es adecuado, reconoceréis), pero creo que «lo que se lleva ahora» es Pocket Casts. Yo me quedo en Addict porque me compré la licencia «premium forever» hace un millón de años y porque las estadísticas de ese millón de años están escondidas ahí dentro. ↩︎

The Mixtape App

Foto de un par de tres cajas de cintas de caset y una cinta de caset. En la primera caja se puede leer, en la cara A, Metallica + DJ Spooky, For Whom the Bell Tolls, ORB + K. Hammett, Satan, H. Rollins + Goldie, T4 Strain, Slayer + Atari Teenage Riot, No Remorse, Morphine + Apollo 440. En la cara B, canciones del disco Like Swimming de Morphine. Potion, L Know You (Part III), Early to Bed, Like Swimming, Murder for the Money, eleven O'Clock y Empty Box. En la segunda caja solo está etiquetada la cara A, con Spybreak (Short One, Lethal Cut ndb, Take California, 360 (Oh Yeah) y On Her Majesty's Secret Service. Se ve que es una cinta Fuji CDFAN2. En la tercera caja se ve la cinta que hay dentro, de 60, CE II Chrome Extra. La cinta es de 46, Position Chrome, CDing 2, y en el adhesivo de la cinta se lee from MORPHINE · LIKE SWIMMING.
Premio para quien reconozca (sin buscar) el disco del que sale la cara A de la carátula de la cinta de arriba a la izquierda. Pista: es parte de la banda sonora de una peli de 1997. Ayudita: si vas a hacer trampa y buscar, te resultará más fácil copiar y pegar del alt de la imagen. ¿Os he comentado que ya en los noventa tenía yo un excelente gusto musical? 😎

Estaba yo escuchando el The Rewatchables de Alta Fidelidad y en algún momento han comentado que una mixtape es mejor que una playlist. Y si bien no estaré de acuerdo en que sea mejor siempre… sí creo que las cintas tienen sus «hechos diferenciales» que, para según qué cosas, tienen su aquel. Desde el punto de vista de quien la recibe, si alguien te ha hecho una mixtape, sabes que le ha dedicado un tiempo considerable. Con la playlist… a lo mejor sí, a lo mejor no. Pero, sobre todo, las cintas de casete tienen una serie de affordances que, no nos engañemos, las condenaron a la muerte comercial, pero que también tienen sus puntos «positivos», desde el punto de vista de quien crea una mixtape, ligados a la atención que requieren:

  • La linealidad: navegar por una cinta se limita a darle al fast forward, a rebobinar, o a sacar la cinta y darle la vuelta.
  • La falta de información: las playlists (al menos las que son capaces de hacer ahora aplicaciones como Tidal o Spotify) tienen toda la información del mundo (qué canción estás escuchando, de quién es, de qué disco sale…). En una cinta, quien la escucha tiene la información que tú le has puesto en la caja. Y nada más.
  • La limitación temporal: una cinta de casete tiene dos caras de la misma duración y, si querías que sonaran razonablemente bien, esa duración era de como mucho treinta minutos.

Todo limitaciones… excepto que sea eso lo que pretendas.

(Off topic. Acabo de comprobar que WordPress no tiene por defecto bloque de listas de definición. Me parece fatal.)

Y se me ha ocurrido que hacer una «Mixtape App» tendría su aquel. Y no debería ser tan complicado hacer un prototipo (vibe-programando, incluso), pero la pereza me puede. (He invertido unos dos minutos buscando por ahí, pero no he encontrado lo que propongo. Si existe y lo encuentras, aquí abajo está el campo de comentarios 😇.)

Desde el punto de la creación, una mixtape es una playlist, con la única limitación de tener dos «caras» de treinta minutos (admitimos de cintas de 46, y si es estrictamente necesario, hasta de 90, va). Esa parte no tiene misterio. Pero el reproductor… el reproductor sería una cosa absolutamente esqueuomórfica, con una interfaz que alternaría entre un reproductor de cinta al más puro estilo eighties

Un reproductor de cinta de caset, de aspecto ochentero. Dentro del reproductor hay una cinta de 46.
Foto con licencia Creative Commons de Kumar McMillan. ¡Flickr sigue ahí!

…o la caja de la cinta en concreto. El reproductor solo permitiría darle a los botones «de toda la vida», y no saltar a la siguiente/anterior canción. Si la playlist correspondiente a la cara en la que estamos de la cinta dura menos que la longitud establecida, reproduciríamos silencio (o una imitación del «silencio» de un reproductor de casete) hasta llegar al final de la cinta, en la que se dispararía el sonido de la cinta llegando al final. Si se quiere, se le puede poner auto reverse al reproductor, pero (como podréis imaginar a estas alturas 😅) servidor opina que eso es de blandos 😬. Bonus points: se podría configurar que el reproductor mostrara la posición en tiempo dentro de la cinta… pero servidor preferiría que el contador solo mostrara el número de revoluciones que se han dado (y el reproductor mostraría cómo giran las ruedas del reproductor, y cómo la cinta va pasando de la rueda izquierda a la derecha, evidentemente).

Y en la cinta… aparecería la información que desease quien la hubiese creado. Si nos queremos rebajar, hasta podríamos hacer que, en el caso de haber incluido el listado de canciones, se destacase la canción que está sonando.

Me dejaba: podríamos hacer que la playlist se convierta en mixtape instantáneamente… pero también la podríamos construir de verdad: seleccionamos la canción, y tenemos que oírla completa antes de añadir la siguiente canción. Y la app certificaría que la cinta se ha construido comme il faut.

Idealmente, la app funcionaría sobre las APIs y SDKs de Tidal, Spotify y demás: tú le pasas un enlace a la «víctima», esta se loguina1 con su app de estrímin favorita (las playlists/mixtapes serán universales, y la interfaz de creación te avisaría si alguna pista no estuviese disponible en alguna plataforma). y adelante que nos vamos…

¿Qué? ¿Guay? ¿Desquiciante? ¿La nostalgia es maravillosa, un fallo de nuestra memoria colectiva, o todas las anteriores? Y… ¿alguien lo suficientemente loco como para animarse?


  1. Justo acaba de añadir la RAE a su diccionario «loguearse«… cuando todo el mundo sabe que lo ideal es «loguinarse». Si es que… ↩︎

De Spotify a Tidal

Pues eso. Creo que era cliente de pago de Spotify desde el primer día que ofrecieron sus suscripciones de pago en España. Buceando en el correo, me di de alta cuando el acceso era por invitación, el 12 de enero de 2009, y el primer recibo que tengo del servicio de pago es de septiembre de ese mismo año, o sea que va a ser por poco que mi relación de pago con ellos no alcance los dieciséis años, pero hacía tiempo que consideraba el cambio…

Mis requisitos eran, por una vez, simples: tener un catálogo y precio equivalentes a los de Spotify, primero, y que la aplicación escroblease, que ya son más de veinte años (lo early adopter que era yo, oiga) de mi cuenta en last.fm.

Y después de estudiármelo con calma (el primer requisito es fácil de cumplir, pero el segundo no tanto, o al menos no me lo ha parecido) estos días he dado el salto, a Tidal.

La playlist Googlbye for now con que Spotify despide a los suscriptores que se dan de baja. Las canciones incluidas son If, You, Leave Us, Now, You'll, Take Away, The, Biggest, Part of Us
Debe decirse que me ha gustado la playlist de despedida de Spotify 😅

Lo que me gusta

Me gusta, primero, que no es Spotify, claro.

El precio (once euros al mes) no solo es razonable, sino un poco más barato que el de Spotify, que ahora mismo está a doce. También hay una cuenta familiar con hasta seis miembros, y parece que no exigen que vivan en el mismo domicilio, por diecisiete al mes (la de Spotify está a veintiuno), y una cuenta estudiante a cinco euros y medio (la de Spotify sale a seis y medio).

Creo que uno de los factores de venta más importantes de Tidal es la calidad de sonido, que puede llegar hasta los 24 bits a 192 kHz (en mi experiencia, la mayoría de canciones que he escuchado están en FLAC de 16 bits a 44.1 kHz). No fue factor para mí, porque uno tiene unos oídos de bastante baja resolución, pero diría que cuando me siento en el ordenador, con unos altavoces no muy allá… creo que sí se nota una cierta diferencia. Your mileage may vary, que dicen los anglosajones.

Captura de la aplicación de Tidal para Windows. Muestra la selección de calidad de audio, donde se puede seleccionar Max (esto es, hasta 24 bits a 192 kilohercios), Alta (esto es, 16 bits hasta 44.1 kilohercios) o Baja (hay un selector posterior, que aparece seleccionado a 320 kilobits)

Si uno se dedica a DJ (no es el caso, afortundamente para todos), Tidal se conecta con las aplicaciones de Serato, djay pro o Denon, entre otras (pagando nueve euros al mes, a sumar a los oncedel servicio básico)

Lo que no me gusta

Pues no son cosas lo suficientemente graves como para volver a Spotify, pero…

Hay una primera cosa que es que el catálogo no es el mismo que el de Spotify. Migrando listas de reproducción (consejo: Soundiiz (yo he tenido suficiente con la versión gratuita del servicio)1) he encontrado cosas que están en Spotify y no en Tidal. Husmeando un poco, también diría que hay cosas que estén en Tidal y no en Spotify, o sea que hay un cierto dolor inicial, pero nada especialmente grave.

Me molestan bastante más algunas cosillas de la interfaz… La primera de ellas, el cómo organizan las discografías de artista. Esta es la vista general:

Y, como puedes imaginar, puedes hacer clic en cada disco de los que te muestra, o mostrar todos los álbums o todos los «EPs & singles»… pero no puedes combinar álbums con EPs en una sola vista (y tampoco hay una vista en que veas cada álbum con sus canciones: puedes ver las canciones de un disco, pero solo uno). Y no os podéis imaginar lo que me toca las narices esto. Tanto, que estoy pensando en pelearme con su API para hacerme un gestor de playlists que sí me ofrezca esa vista.

Pero una cosa es que no me ofrezcan la interfaz que yo quiero, y otra que tengan bugs. Y en una semana me he encontrado con dos…

Por un lado:

¿En serio la versión Windows de un reproductor puede no dejarme eliminar dos pistas de una lista? ¿En serio? (De una en una tampoco me deja: cierto es que la playlist es larguilla (1200 canciones), pero…).

Y parece que lo de eliminar es algo que no llevan bien, porque en Android…

Captura de pantalla de la aplicación Android de Tidal. Hay una serie de canciones seleccionadas. Aparece un botón 'remove', pero se pisa con la interfaz de Android para ir a la página de inicio o cambiar de aplicación

¿Habéis visto cómo se pisa el botón de eliminar con la interfaz de Android? 😡

Saltar entre dispositivos no es tan sencillo como en Spotify, donce puedes hacer saltar la reproducción de un dispositivo a otro automáticamente, a media canción si te apetece. Aquí le das a reproducir la canción en el segundo dispositivo. Funcionalidad menor, sí, pero la echaré de menos. Y también me ha pasado unas cuantas veces que las listas de reproducción tardaban un buen rato en actualizarse desde el lanzamiento de la aplicación, tanto en el móvil como en el ordenador, con la consiguiente desorientación al saltar entre dispositivos.

Escroblea, sí. Pero no desde la app de Android, ni cuando usas la reproducción en Chromecast. El primer problema lo tengo solucionado gracias a Pano Scrobbler (maravillosa aplicación, de código abierto, además). El segundo, al menos de momento, no.

Pero de momento, me quedo en Tidal

No sé yo si van a correr mucho a arreglar los bugs, y menos confianza aún tengo en que añadan las funcionalidades que echo en falta, pero ninguno de esos problemas es definitivo, o sea que, al menos de momento, me quedo en Tidal.

Y si sabes de algún servicio que vaya mejor (pero que escroblee, ¿eh), o de maneras de saltarse los problemillas, aquí abajo están los comentarios, claro.

¡Hasta la próxima!

  1. PS 2025/11/13 Me comentan por Bluesky que, sobre todo pasar playlists grandes, pagar por un mes de tunemymusic.com es una opción interesante (y es probable que lo pruebe yo para transplantar algunas playlists grandes que se me quedaron atrás. Destaco, eso sí, que Soundiiz tiene una opción muy interesante: sincronizar playlists periódicamente (útil, por ejemplo, para las listas de novedades y éxitos de sitios como Pitchfork o Mondo Sonoro). ↩︎