No puedo cerrar los #breBytes de septiembre de 1986 sin pararme aunque sea un minuto en la editorial de la revista…
Ya habíamos hablado brevemente de educación en línea en 1986 en el último post dedicado a las Computer Chronicles, de este mismo mes, pero es maravilloso leer cómo, desde la revista, se animaba a las universidades al mundo del online, hablando de ruralidad, formación continua y lifelong learning, entre otros aspectos :-)
La vida de la familia 68000 de Motorola fue breve (dejó de fabricarse en 1996), pero intensa, siendo el procesador de nuestro adorado Amiga y del Atari ST, pero sobre todo la primera arquitectura sobre la que se construyeron los Macs (y el Lisa antes de eso). Apple se pasó a los PowerPC en 1994, y eso acabó con los 68k. Pero hace 40 años, en septiembre de 1986, la familia 68000 prometía muchísimo: lo suficiente como para ser portada de Byte.
La revista le dedica un buen espacio a las diferentes máquinas 68000 (incluyendo un apartado dedicado a Unix), pero nosotros ya sabemos cuál era la mejor. Y es que, ¿qué otra máquina podía producir gráficos así?
Y claro, lo que más nos interesa de la sección es esta comparación entre el Amiga y el Mac, aunque está hecha desde el punto de vista del programador:
Nótese, por cierto, que el artículo está escrito por un graduado del Dartmouth College, el lugar de nacimiento de BASIC. La comparación, por cierto, es favorable al Amiga en cuanto a la programación de la interfaz, gestión de dispositivos, multitarea (no es una sorpresa enorme, teniendo en cuenta que el Mac no era multitarea en 1986) y gestión de memoria, y al Mac en lo que se refiere a primitivas gráficas. Pero esto no le salvaría la vida al Amiga, lamentablemente.
Un poco más adelante, en su Chaos ManorJerry Pournelle seguía enamorado del Amiga y nos hablaba de ese clásico que fue Deluxe Paint (con el que se hizo el Tutankamón de aquí arriba, si no me equivoco, y que ocuparía el lugar en el imaginario que le dedicamos a Photoshop si viviésemos en la línea temporal correcta), pero ya veía los primeros pasos de la muerte de Commodore…
Y no me voy sin rescatar este anuncio, con el que se lanzaba lo que sería el estándar oro de los monitores durante muchísimos años: los NEC Multisync, capaces de trabajar con básicamente cualquier ordenador de la época, y que en esta, su primera encarnación, era capaz de alcanzar los 800 por 560 de resolución en sus 13 pulgadas :-).
Aprovechando la canícula, seguimos con nuestra versión light del repaso a la revista Byte de hace cuarenta años. Y suerte que nos hemos pasado al modelo light, porque el número de agosto del 86 no venía especialmente fuerte. Pero no puedo saltarme la sección de crítica de libros, porque ahí tenemos uno de los clásicos de la informática, la presentación de C++ por parte del creador del lenguaje, Bjarne Stroustrup. (Si no he buscado mal, la cuarta y última (de momento) edición se publicó en 2011.)
Y me tenéis que reconocer que es divertido leer la crítica de un libro en la que el revisor te dice cosas como que C++ suma considerablemente a la complejidad de un léxico ya obtuso (no seré yo el que le lleve la contraria, pero pegarle así a C…), para a continuación explicarte que evaluar el libro es complicado en ausencia de implementaciones de C++ (vamos, sin haber probado el lenguaje), y después explicar qué es eso de los objetos en programación (la orientación a objetos, como paradigma, data de finales de los cincuenta (del siglo pasado), pero no se había prodigado mucho hasta la llegada de C++ y sus diferentes «primos» (por mucho que Smalltalk ya llevase unos cuantos años corriendo por el mundo)). No está mal, por cierto, permitirse darse el lujo de darle una collejita a nada más y nada menos que Stroustrup (en aquel momento no era la leyenda que es hoy, claro) por permitirse el lujo de usar palabras como «clase» antes de definirlas. Ni dudar (razonablemente, dada la juventud y novedad de la cosa) del éxito de un lenguaje que, cuarenta años más tarde, se disputa la segunda posición del ranking de lenguajes de TIOBE con «papá C».
Se publica la crítica, por cierto, dentro de un número dedicado a la programación orientada a objetos (ya os decía que el tema comenzaba a popularizarse en aquella época) en el que escribe, entre otros, el creador de Objective C, el lenguaje de desarrollo para Apple hasta nada más y nada menos que 2014.
Si queréis seguir hojeando el número, en la misma sección de libros se critica también el Mind Over Machine del filósofo Hubert Dreyfus y su hermano Stuart, algo menos famoso pero aún así profesor emérito en Berkeley, que se dice pronto. El libro argumenta (siempre según la crítica) que nunca tendremos una verdadera inteligencia artificial porque los ordenadores carecen de intuición. La historia no se repite, pero rima, dicen. El crítico también se fija en un capítulo dedicado a los temores sobre la implantación de la IA en la educación. 1986.
Y también se puede recomendar, creo, pero para valientes, el discurso del recientemente fallecido Tony Hoare (ya premio Turing por aquel entonces), Mathematics of programming. Por aquello de incidir en que lo que se publicaba en los ochenta en revistas generalistas de informática tenía en muchas ocasiones un nivel estratosférico, entre otras cosas.
En fin. Algún otro día, más, pero como muy pronto, en septiembre.
Dijimos hace nada que dejaríamos de hacer nuestras lecturas mensuales de la revista Byte de hace cuarenta años, pero que amenazábamos con buscar alternativas. Isma señalaba en los comentarios lo que básicamente tenéis aquí abajo, y que a mí también se me había pasado por la cabeza: ya que el ejercicio de lectura en sí lo voy a seguir haciendo, no obligarme a hacer la entrada mensual y exhaustiva, pero, si aparece alguna noticia que me apetezca destacar, pues recogerla por el procedimiento habitual.
Y siempre hemos tenido la norma de que si aparece Commodore, lo recogemos…
¿Iba perdida Commodore en el 86? Pues el Amiga y sus 16/32 bits ya llevaban una buena temporada en el mercado, pero el 64 seguía vendiendo de manera mas que considerable, y alguien tuvo la idea de crear un «monstruo» con doble CPU, heredero del 64 pero con unos masivos 128 Ks de RAM y el doble también de velocidad de procesador, hacerlo compatible con el 64 hasta ser un 64 si se le pedía con un mínimo de amabilidad (G0 64, eran las palabras mágicas) y, por si dos ordenadores en uno no fuesen suficiente, un modo CP/M, cuando el CP/M seguía siendo un sistema operativo más que interesante.
Sobre el papel, una idea muy interesante: una máquina capaz de ejecutar la infinidad de soft que se había desarrollado para el 64 y para las máquinas CP/M, y de ir más allá con el 128. En la práctica, Commodore no vendió ni una máquina más que si hubiese seguido con el 64, nadie del mundillo CP/M le prestó la más mínima atención, y el software desarrollado para el 128 fue, redondeando un poco… absolutamente ninguno. Y todo ello costó un dinero en desarrollo y le quitó parte del poco marketing que se podían permitir las eximias cuentas de Commodore al Amiga, que ya no iba muy fino en su batalla con Macs y PCs. Commodore no moriría hasta mediados de la década de los 90, pero la cosa ya no pintaba bien :-(.