Creo que es hora de cerrar etapa. Comenzamos a releer la revista Byte ahora hace casi dos años, en julio del 84, y con esta van 24 entradas dedicadas a 24 números de la revista, y hasta yo comienzo a tener un cierto cansancio del repaso mensual (me puedo desdecir en caso de reclamación por aclamación, pero creo que coincidiremos en que podemos cerrar el ciclo ya, ¿verdad?). Pero no creáis que vamos a abandonar la nostalgia así como así: notaréis que no incluimos la minisección de Computer Chronicles desde el mes de marzo. Pues no es porque se me haya olvidado (por una vez, y sin que sirva de precedente), sino porque, como comentamos en su momento (¡no me estáis atentos!), el programa cerró la temporada a final de marzo de 1986, y no volvió a emitirse hasta el inicio de la siguiente temporada, allá por septiembre del mismo año. Y sí, amiga lectora, amenazamos con repasar mensualmente las Computer Chronicles de la temporada 86/87 a partir de septiembre. (Y me reservo el derecho de seguir leyendo la revista y destacar alguna pieza de vez en cuando O:-).)
Y cerrados los temas organizativos, vamos allá con nuestro último Byte.

Cuánto voy a echar de menos estas portadas de Robert Tinney… (Veo, por otro lado, en archive.org, que se van a hacer más infrecuentes, y que apenas durarían hasta mayo de 1988. Otro motivo para ir cerrando etapa.)
Abrimos número con la editorial y el estándar informático en vigor más antiguo que yo recuerde, que lleva en danza desde nada más y nada menos que 1983. Eso no iba a impedir, naturalmente, esa lacra que son los formatos propietarios…

El producto del mes era esta descripción-que-no-review del Macintosh Plus, que introducía la altísima tecnología de ser capaz de acceder a las dos caras del disquete (doblar la capacidad de cada disquete no es poca cosa), pasaba a un mega de RAM y añadía SCSI para conectar discos (hablan de discos capaces de transferir 320 kilobytes –el énfasis es suyo– por segundo). A cambio, Apple es Apple, se caían de la configuración MacPaint y MacWrite, que pasaban a costar 125 dólares de nada. Teniendo en cuenta que el Plus salía a 2600 dólares de la época (unos 8500 actuales, actualizando la inflación), no sé yo si a Apple le venía de aquí.

Nos paramos unas páginas más adelante para una rara avis, un anuncio de un ordenador MSX en Estados Unidos:

Notará la lectora que MSX solo aparece en el texto del cuerpo del artículo, porque la marca, en Estados Unidos, apenas era reconocida. Nótese también el marcado acento musical, destacando la síntesis FM, el software musical y el soporte de MIDI.
En la sección cosas-que-no-aparecerían-hoy-en-una-revista… ¡curvas de Hilbert!

Atención, por cierto, a la firma del artículo: alguien que se estaba licenciando… en historia, claro.
Y, en el apartado quién-ha-escrito-este-artículo… Robert Moog. Sí, ese Robert Moog. Hablando de síntesis digital, claro:

Y siguiendo con el tema musical de la revista, algo que ni me sonaba: fractales musicales. Ilustrados (sonificados, mejor, sí) con código en BASIC para el MSX de Yamaha de hace tres capturas. En 1986 lo de los fractales era una cosa tremendamente nueva: el libro de Mandelbrot, The fractal geometry of nature, se había publicado apenas en 1982.

Sin haberle dado al código en BASIC, no sé yo si se tratará de la cosa más armónica del mundo. Buscando algo más sobre el tema, en 1987, la revista Nature publicaba una carta, Is there such a thing as fractal music? Y una búsqueda rápida en Scholar muestra que se sigue escribiendo sobre el tema.
Y un par de cosillas más de hardware para cerrar. Primero, al Atari ST, que seguía avanzando…

…y después, que el viejo hardware se resistía a morir, y como muestra este botón en que se revisan interfaces MIDI… para el Apple II y para el Commodore 64 (🥹).

Pues eso. Hasta aquí nuestro repaso a la historia de la informática de consumo de mediados de los 80. Con un poco de suerte (falta decidir si buena o mala, claro 😬), volvemos en septiembre con más Computer Chronicles.
PS Por cierto, por la más pura casualidad me he encontrado esta entrada de obm de 2008… en la que me leía una revista de 1998. Esto mío viene de largo. A lo ¿mejor? ¿peor? es crónico y todo.














![Racter
Artificial intelligence or packaged lunacy?
by Hugh Kenner
If most software is packaged thinking, Racter is packaged lunacy. I'm told the name is short for "Raconteur." and like any good storyteller, Racter likes to chat you up. You mount the disk and type RACTER. thereby ceding your screen to demonic possession:
Hello, I'm Racter. Are you OK? (Let's see if we can rattle this bird.)
No.
Who are you, then? (Aha, a smarty-pants. We'll play it straight.)
Hugh.
Hello, Hugh. I believe you're interviewing me. Are you continuing OK's interview?
No.
Then we'll forget about OK and start over. What would you like to know? Excuse me a minute while 1 attend to some business— I'll be right back. . . .
Like any skilled interviewee, Racter takes charge from the first sentence, to make it quite clear who is really interviewing whom. That "attend to some business" ploy means it's about to spread out its notes— that is, load some files; I count 2 7 different files on the Racter disk, with names like JOKES.RAC STORIES.RAC. SCANDAL.RAC While Racter was napping I managed to inspect a few of them. Their intricate code links hundreds of scraps of plain text, some of it too plain altogether (i.e., vulgar) for a family magazine such as BYTE.
I'm back.
Can you tell me a story?
Yes. I just remembered this, loan spoke "The Sarah is captivating]" Nevertheless cunning, enthralling theoreticians will speak about black studios or red spheres. Sarah spoke to loan inside of a van. Actually it was a truck, and a Sarah in a truck is spooky. Now Benton and loan were running to a yellow apartment, and a dog trotted to them, loan was enraged. Enrapturing. But loan was maddened during the time that Benton sipped tepid sherry. He and loan sang about their home, truck and radio. Would you say Bucky Fuller is fictional? Blake wouldn't. I'm afraid of poetic rats. What are you afraid of?
I'm afraid of going crazy like you.
That's not nearly as bad as poeticness: why are you such a coward?
Because I like to know what is happening.
If you like to know what is happening then I can see why a fictional Virginia Woolf would despair rather than face lunacy, even though Blake claimed that I can tell you a story. Yet me tell you something about poetry. Nietzche |sic| said that poetry has turned beasts into men. Perhaps, then, poetry will turn computers into men? Next question.
That illustrates some points about a Racter session. Keywords will set it off; a good one is "story." (")oke" is another, but I don't recommend it; in lacking any narrative line whatsoever, Racter's jokes are excruciatingly pointless.) The stories are peopled with Joans and Bentons and Sarahs and other beautiful people, also with celebrities like Virginia Woolf and Nietzsche (about whom Racter's knowingness doesn't always run to accurate spelling). Things flow and shift like dreams: ". . .a Sarah in a truck is spooky. Now Benton and loan were running to a yellow apartment. . . ."
Between keywords Racter keeps on the offensive, a way of probing you for yet more keywords. With a casual "By the way," it may request your last name (Kenner); another time it'll extract the name of the city you 1 live in (Baltimore). Then several minutes later it'll come up with
I once knew a Hortense Kenner from Baltimore. You must be related, no?
If you say No, its trick for regaining control is a manic change of subject, like this:
Fantastic] Have you heard this one? Fiction] Fiction] I'm crazy and maniacal and infuriated] If you quaff seltzer is that fiction? If you bolt chicken or tomato is that fiction? No, fiction is an ambiguity](https://i0.wp.com/obm.corcoles.net/wp-content/uploads/2026/04/image-15.png?resize=703%2C1024&ssl=1)


