No sin mis datos

Uno de los axiomas del What is Web 2.0 de Tim O’Reilly es que “data is the new Intel Inside”. Mis datos son míos son míos son míos. ¿Sí? La cuestión de la propiedad de los datos, que tanto se ha puesto de moda con el embrollo de Robert Scoble y Facebook, es una de las que debería preocuparnos a todos.

Last.fm y yo compartimos el historial de cuatro años de música escuchada. eMusic sabe qué música le he comprado. Amazon sabe qué compras he hecho en los últimos años. Facebook o LinkedIn tienen un montón de información mía. Meebo tiene un historial de múltiples conversaciones privadas que he mantenido en los últimos meses. Fuera de la red hay muchos más ejemplos. Mis operadores de telefonía saben con quién he hablado, cuándo y cuánto tiempo. Visa y MasterCard saben tanto de mi vida… Ahora que me he comprado un abono trimestral de Transports de Barcelona, no sería nada complicado seguirme con una precisión que a veces provoca vértigo…

  • Compartir los datos es bueno: que Last.fm conozca mis gustos personales les permite ponerme música a mi medida. Es comodísimo y extremadamente conveniente saber que en cualquier ordenador con el que pueda navegar puedo acceder a todas esas conversaciones de Meebo.
  • Compartir los datos no es ninguna novedad: el quiosquero sabe qué prensa compro, el camarero del bar qué suelo tomar y me encantaría tener un librero que conociese mis gustos. En la red son los papeles que han ido adquiriendo mi lector de RSS, Amazon y tantos otros servicios.
  • Compartir los datos es bastante inevitable: quien quiera vivir en un mundo sin tarjetas de crédito puede hacerlo (con dificultad, cierto es), pero yo no quiero. Por nada del mundo. Mis datos están en manos de Visa, Google, Yoigo… Mientras me fíe de ellos, es algo con lo que puedo vivir. Más si tenemos en cuenta las cosas que me perdería si no les cediese parte del control.
  • Pero, obviamente, compartir los datos tiene sus riesgos (y por ello hay una legislación sobre protección de datos y otra para proteger la intimidad de las personas). Por un lado, y aún sin hacer nada ilícito en la red, mis datos son míos, y nadie tiene por qué divulgarlos. Por el otro, y aunque Amazon, por ejemplo, sea depositaria de mi historial de compras, este es mío y por tanto, debería ser capaz tanto de exigírselo como de solicitarles que lo eliminen. Aunque use Google Browser Sync (fantástica herramienta, por cierto), debería poder acceder a mi historial (puedo, desde luego) y poder borrarlo (también se puede hacer, aunque no es la cosa más cómoda del mundo borrar el historial de un día entero).

Lo que estaba haciendo Scoble vulneraba, claramente, los términos del servicio de Facebook. Pero a veces los términos del servicio no son demasiado comprensibles. Ni justificables. Ni aceptables. Cuando me apunté a Facebook, el servicio entró en GMail (con mi permiso y sin vulnerar los términos de servicio de GMail, ciertamente), tomó nota automáticamente de todas las direcciones de correo de mis contactos (unos cuantos centenares, no habría sido nada cómodo hacerlo a mano), me dijo cuáles estaban dados de alta en Facebook (ninguno de mis contactos dio su permiso explícito para hacerlo, aunque muy probablemente sí lo ponga en el acuerdo ese que nadie se lee al darse de alta en cualquier web) y se ofreció muy amablemente a ‘espamear’ al resto para invitarles a unirse al servicio. ¿No debería Facebook devolverme el favor si lo deseo?

El caso Scoble pone de manifiesto la necesidad, cuando menos, de un código ético para todos aquellos que actúan como depositarios de nuestra información personal. Como suele pasar, alguien no ha necesitado de la evidencia para comenzar a actuar: el Project VRM (de Vendor Relationship Management, por oposición a CRM) del Berkman Center for Internet & Society de la Harvard University, bajo el liderazgo de Doc Searls (que escribe sobre “Scoble vs Facebook” en Linux Journal). El reto al que se enfrentan no es sencillo bajo ningún punto de vista: técnicamente es una pequeña pesadilla, el abanico de posibles posiciones morales es enorme y muy difícil de armonizar y, finalmente, van a topar con la opsición de múltiples empresas que, como Facebook, opinan que buena parte de su patrimonio perdería mucho valor si se viesen obligadas a compartir sus datos con sus usuarios (y, no lo olvidemos, propietarios legítimos de esa información). Pero esperemos que el embrollo Scoble-Facebook sirva como mínimo para sacar a la luz un debate que debería ser candente.

Vía.

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4 comentario a “No sin mis datos”

  1. Antonio says:

    Pues… no estoy de acuerdo. Como contacto de Scoble me alegro de que Facebook no le de mis datos, que son míos y no suyos. Yo añadí mi correo al sistema, yo rellené mi perfil y yo debería decidir sobre si esos datos son insertados en otro servicio. Claro que Scoble u otro puede añadirlos manualmente, pero toda dificultad que ponga facebook a que mis contactos puedan hacer esto de forma automática, para mi es una funcionalidad interesante.

  2. csr says:

    Buff… ¿Sí? ¿Si lo hace un tipo de la India y le cobra diez dólares deja de ser malo? Que sea un script o un humano no me parece demasiado relevante… Si el script se “frena” y se vuelve, por tanto, indetectable (por lo único por lo que les pillaron fue por el brutal ritmo de las consultas) ¿deja de ser malo? No creo que el debate deba centrarse en la automatización o no. Aunque sólo sea porque la automatización, bien hecha, sea indetectable.

    La pregunta interesante, para mí, es si tus datos son tuyos, de la compañía a la que has hecho depositaria de ellos, de la gente a la que has dado tu autorización explícita para acceder a ellos, o de todo un poco (no sé si se nota, pero yo voto por esta última opción). Y, más allá, cuáles son las obligaciones éticas (y legales, si llega a darse el caso) de cada uno de los agentes del proceso. Y ahí es donde no vamos a poder dar una solución, mucho me temo, porque va a haber una inmensa disparidad de opiniones.

  3. Antonio says:

    Bueno César, añadir un contacto también es confiar en él, que no va a meterlo en un saco de spam como Pulse. Claro que uno se puede equivocar, pero de ahí a que Facebook tenga que dar facilidades para que automaticen “la traición” del contacto admitiendo scripts… no sé, no lo acabo de ver. Para mí, si me protegen lo máximo posible de estas movidas, mejor que mejor.

  4. csr says:

    Desde luego. Yo no quiero que nadie facilite la obtención de cualquier tipo de información que pudiese considerarse confidencial. Pero…

    Primero. Si la considero confidencial, o no la doy a Facebook o vigilo muy mucho cuál es mi lista de amigos: no entra en esa lista nadie de quien no esté seguro de que va a tratar mis datos con el “cariño” necesario.

    Entramos aquí en temas como, por un lado, la granularidad que podrían tener las relaciones en una red social, que bien podrían diferenciar entre diversos grados de ‘intimidad’, o, por el otro, el del desconocimiento por parte de muchos usuarios de lo públicos que son los datos que introducen en las diferentes aplicaciones web que usan (véase, por ejemplo, la reacción pública de los usuarios de Google Reader cuando la aplicación público a sus contactos los ítems que habían marcado como ‘shared’ y que, por tanto, ya eran absolutamente públicos). ¿Tiene la obligación el usuario de saber esas cosas? La tenga o no, ya hemos visto que NO las sabe. ¿Deben los responsables de las aplicaciones actuar de forma paternalista? No, no es el caso de Facebook vs Scoble, pero la digresión me parecía interesante, mis excusas y, al fin y al cabo, cuantas más restricciones imponga el servicio, aunque sea para proteger al usuario medio de sí mismo

    Segundo. Pongamos por caso que me canso de Facebook por el motivo que sea. Mis contactos (supongamos que tuviera doscientos y pico, como es el caso de Antonio, o los cinco mil de Scoble) me han confiado información como, por ejemplo, su dirección postal, su número de teléfono, su emisora de radio personalizada en last.fm (la de Antonio está bastante bien, por cierto). Yo me siento con derecho a conservar esos datos y, por ejemplo, meterlos en Outlook. Pues resulta ser que sin un script para automatizar el trabajo, me voy a pasar unas cuantas horas. Y no me parece bien. Queremos defender el P2P porque tiene usos lícitos (como mínimo yo quiero hacerlo). Los scripts tienen usos lícitos…

    Recordemos que Facebook no echó a Scoble por subir los datos de sus contactos a otro sitio: le echó por correr un script.

    Eso, por tanto, creo yo, lleva el debate a otro terreno: ¿es ético que Scoble lleve todos esos datos a otra aplicación web? Si esos datos los puede ver otra gente sin mi autorización, desde luego me parecería una falta de ética brutal. Pero sería falta de ética publicar mis datos, no consultarlos mediante un script… Y si Plaxo llega a hacer eso, no habrían durado ni treinta segundos en hacer bancarrota por una demanda de tamaño XXXL… Dudo mucho que fuera su intención.

    Y tercero y último. No puedo evitar pensar que la actitud de Facebook es de una doble moral que me pone malo. ‘On one hand’ porque no protegen la intimidad de sus usuarios, sino su territorio, intentando vallar su cachito de la web. Y ‘on the other’ porque en el proceso de alta no tienen ningún reparo en incitar al personal a bombardear los buzones de correo de sus contactos usando recursos ajenos, una práctica que me parece que hay gente que llama ‘spamming’ y que no tiene demasiada buena prensa. Que nadie me diga que es el usuario el que lo hace, que
    ·Fue Scoble, y no Plaxo, quien corrió el script, y
    ·Conozco a alguno que lo ha hecho sin querer por esa manía tan universal de hacer click en ‘siguiente’ sin leer…

Adelante

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