Mobile is dead

Y lo dice nada más y nada menos que Matias Duarte, el máximo responsable del look and feel de Android… La cosa, claro, no puede limitarse al sound bite:

Creo que ‘móvil’, como concepto, de hecho está muerto. Se ha acabado ‘móvil’.

‘Móvil’ era una distinción significativa para lo que hacía la gente, primero, cuando era extremadamente limitado, cuando el ancho de banda estaba limitado, cuando la capacidad de proceso estaba limitada… Quiero decir, la pantalla era minúscula. Ahora mismo, básicamente casi cualquier tipo de experiencia que puedas imaginar, incluso juegos 3D inmersivos, películas a framerate completo, a toda resolución… Sí, distinguimos las diferencias cualitativas entre la pantalla grande y la pequeña, pero para la mayoría de gente prácticamente cualquier experiencia que puedas imaginar puede expresarse de manera significativa a cualquier tamaño de pantalla. Así que esa distinción, esa idea de que ‘móvil’ es una categoría especial por sus limitaciones…

Y lo dice en este vídeo, que aunque algo largo, merece bastante la pena si te interesa lo más mínimo el tema de user experience (la cita está hacia hacia el minuto 11):

Vía The Verge

Hasta la peor interfaz puede tener un motivo

Si os movéis por el mundillo del diseño y desarrollo web es más que probable que en algún momento hayáis visto a algún UX designer que hace un repaso de las catastróficas interfaces con que nos encontramos por ahí con más frecuencia de la que deberíamos… Los ejemplos típicos son las máquinas expendedoras de billetes, las lavadoras y, si salen webs, las de compra de billetes por internet (si la charla es en España, la web de Renfe es casi obligatoria (y con razón)). Si no habéis visto ninguna, os recomiendo la siguiente, de Aral Balkan. Os vais a reir mucho y, lo más importante, vais a aprender bastante sobre el diseño de interfaces:

Algo que me hizo gracia al verla es que Balkan elige como uno de sus ejemplos de interfaces atroces (está hacia el minuto trece del vídeo) uno con el que yo me encontré hace unas semanas, en un tren inglés. Y a fe mía que es verdaderamente atroz:

Foto de las instrucciones (en inglés) para abrir la puerta de un tren. Hay que, primero, esperar a que se active una señal de puerta desbloqueada, después bajar la ventana y, finalmente, sacar el brazo y abrir la puerta desde fuera
En serio

Que sí. Que por difícil de creer que resulte, la foto es real y el procedimiento es, efectivamente, ese: primero, esperas a que se active una señal de puerta desbloqueada, después bajas la ventana y, finalmente, sacas el brazo y abres la puerta desde fuera. Cuando vas a bajar del tren y ves cómo un pasajero sigue esos pasos, la dilatación de tus pupilas es extrema. Lo aseguro. Maravilloso ejemplo de cómo no debería hacerse algo.

Y sin embargo. Porque siempre hay algo más que añadir. Si seguís con la presentación (y deberíais, de verdad) veréis y oiréis cómo Balkan explica que eso es así por un motivo. Y es que ese procedimiento para abrir la puerta es así desde hace mucho tiempo, cuando las puertas de los trenes no se bloqueaban y desbloqueaban solas. Y, en un caso así, diseñar para la dificultad es, de hecho, una buena idea.

Balkan no se para, sin embargo, a explicar por qué el diseño no ha cambiado desde entonces. Y sí, es relativamente fácil pensar motivos…

  • Por un lado, hacer el cambio es caro: implica hacer el diseño (un coste perfectamente asumible), homologarlo, encargar puertas para todos los vagones de todos los trenes (eso va a ser considerablemente más caro) y encargarse de cambiar todas esas puertas en el menor tiempo posible (algo que, seguramente, implique una logística bastante más complicada de lo que uno pueda imaginar).
  • Y, por el otro… ¿cuál es el coste real de la pésima interfaz para sus usuarios habituales? A pesar de lo que uno podría pensar, esos usuarios habituales no se han alzado en armas contra sus responsables. Y es que, a pesar de lo retorcido, es una interfaz fácil de aprender (la primera vez que ves cómo funciona se te queda grabada a fuego en la memoria, puedo asegurarlo), sólo incrementa unos segundos un viaje que en el mejor de los casos ha durado cinco minutos (y muy probablemente bastante más) y, además, sólo “te toca” si eres el primero de la fila.
  • ¿Y cuándo resulta verdaderamente catastrófica? Sólo cuando el primero de la fila es un usuario novel… y no hay un segundo usuario detrás. Algo que le pasó a Balkan, pero no a mí. Algo que, con toda probabilidad, pasa con poca frecuencia. Y, en ese caso catastrófico, el drama se resume en la necesidad de leer y seguir unas instrucciones. Han pasado cosas peores.

¿El resultado? En algún lugar hay un ingeniero que insiste cada vez que tiene ocasión en que eso debería cambiarse… pero las prioridades son otras. Y lo son, muy probablemente, desde hace décadas. Y la cosa se alarga y alarga… ¿Se trata de una interfaz atroz? . Y debería mejorarse. Pero pensando un poco podemos ver cómo la experiencia más negativa no es la típica. Es, de hecho, extremadamente atípica. Y el vicio de generalizar a lo bestia a partir de la anécdota y sin pararse a pensar en los motivos de que, primero, algo no funcione como debería y, segundo, que no se arregle, es algo que, no puedo evitarlo, me pone malo.

Un poco más adelante (minuto 35, poco más o menos) Balkan cita como ejemplo de buena interfaz la no-interfaz de las máquinas expendedoras de billetes del transporte del aeropuerto de Oslo…

Máquina para comprar billetes. Sólo da la opción de pasar la tarjeta de crédito
Tan simple como sea posible. Pero no más. O sí.

Las máquinas están, desde luego, a años luz de las puertas de los trenes de antes: dado que el tren del aeropuerto sólo se usa para ir al aeropuerto o desde el aeropuerto a donde sea, basta con pasar la tarjeta de crédito a la entrada, pasarla de nuevo a la salida, y el sistema se encarga de calcular la tarifa y cobrar. Maravilloso, ¿no? Sí. Pero. ¿Qué pasa si vas con tu pareja y los niños y quieres pagarlo todo con una sola tarjeta? ¿Pasas la tarjeta cuatro veces? Algo me hace pensar que no… ¿Y si, por mis manías, quiero pagar en efectivo? Esto es Noruega y no tengo ninguna duda de que muy cerca hay una persona atenta a esos casos que te informa de cómo proceder. Pero, de nuevo, no puede generalizarse a partir de la anécdota: que la interfaz sea fantástica para mí no significa automáticamente que lo sea para todos.

Las charlas sobre los desastres de los interfaces cumplen una función muy importante: la de sensibilizar sobre un tema que necesita mucha atención. Y entrar en detalles cuando se quieren tocar muchos aspectos sin dormir a la audiencia es, desde luego, muy difícil. Pero a veces correr demasiado y saltarse los detalles (de los que estoy convencidísimo de que Balkan es consciente) implica riesgos que en ocasiones no compensan…

¿Opina Adobe que las revistas digitales se maquetarán en InDesign?

No me gustaría a mí ser el encargado de tomar las decisiones en Adobe por lo que respecta a plataformas de edición y publicación de revistas digitales. Estoy convencido de que, como mínimo, los ‘product managers‘ de Acrobat, InDesign, Dreamweaver y Fireworks reclaman el espacio como propio, y no hay suficiente balón como para repartir juego entre cuatro galácticos de semejante magnitud. Y si sólo con eso el problema ya sería mayúsculo, por poco seso que tenga, quien sea tendrá, además, que preocuparse por si hay en realidad suficiente mercado o se trata todo de un enorme ‘hype‘ y acabaremos publicando PDFs ‘de los de toda la vida’, sin interactividad ni inventos extraños de paginación/navegación (llámenme carca, pero yo sigo pensando que, con todas sus limitaciones, ese es el modelo más viable, como mínimo a corto y medio plazo).

En cualquier caso, la cuenta de resultados actual no se nutre de reflexión y algo hay que vender a Condé Nast y el resto de grandes editores. Y, como mínimo a ese mercado, Adobe hace tiempo que le está vendiendo la moto de que el ‘product manager’ que manda es el de InDesign (algo me dice que ayuda el hecho de que en las grandes revistas esa es la herramienta que quieren ver, porque esa es la herramienta que están usando y no hay fuerza más poderosa que la inercia). Las versiones iPad de las revistas de Condé Nast se han desarrollado, hasta ahora, en colaboración directa con el fabricante de software, intentando obtener una solución que Adobe pueda vender y que permita al grupo editorial mantener su posición y ser el primero en plantar una pica en este Flandes digital que se adivina tan potencialmente lucrativo.

En esa línea, el canal RSS de los ‘laboratorios’ de Adobe comunicaba ayer a última hora que la fase de ‘preview pública’ de la Adobe Digital Publishing Suite se cerraba… y dicha ‘suite’ pasa a ser un producto oficial y de pleno derecho del catálogo. Con página oficial y todo, naturalmente, en la que encontraréis la [poca] información adicional que dan. No es la ADPS un producto para el consumidor. Ni, presumiblemente, para el ‘prosumer’: el producto se ofrece en versiones ‘Professional’ y ‘Enterprise’ y para obtener un precio hay que hablar con un representante de la casa. Dudo mucho que se lo pueda permitir alguien que no esté ganando ya dinero en el sector editorial.

Volviendo al título de la entrada, lo único que podemos sacar en claro de todo esto es que, de momento, en Adobe gana el señor InDesign, puesto que la parte software de ADPS es una especie de plug-in (Folio Producer) que funciona sobre dicha herramienta. La parte potente de ADPS, en cualquier caso, es la de los servicios que ofrece Adobe a los editores: en primer lugar un ‘producer’ que tomará esos ‘folios’ creados con InDesign más el plugin y los preparará para los múltiples formatos de salida previsibles/previstos, después un servicio de distribución hacia las diferentes plataformas, a continuación servicios de comercio electrónico y analítica para poder monetizar y, finalmente, para los editores más potentes, un ‘viewer builder service’ para (o al menos eso es lo que leo yo) acabar de personalizar la experiencia de usuario del lector a la medida de lo que desee la publicación.

Mi [modesta y poco informada] opinión al respecto es que la vía InDesign no es el futuro en un universo de múltiples resoluciones y tasas de aspecto: quien produce está acostumbrado a un mundo de absolutos (el del papel) y hay un gran valor en ser continuista con las herramientas, pero la cosa que quieren producir se parece, más que a ninguna otra, a una web muy sofisticada y no puedo evitar pensar que ese campo lo acabarán ocupando los diseñadores web que, haberlos haylos, ya han aprendido a lidiar con un mundo en que todo es relativo, a aceptar las limitaciones del medio y a aprovechar las potencialidades de la interactividad. Y que en Adobe la ‘facción Dreamweaver’ sigue trabajando con ello en mente (véase, en los mismos Labs de Adobe, el prototipo de CSS Regions presentado también recientemente). Pero eso sólo es mi opinión… y sólo el tiempo decidirá quién acierta y con qué herramientas acabaremos jugando.