obm, 1990

En la versión de 1990 obm es en blanco y negro y no tiene imágenes. ¡Pero funciona!

Me encanta. En el CERN han decidido conmemorar 30 años de web de la mejor manera posible: recuperando el primer navegador de la historia . Y no necesitas un NeXT para ejecutarlo: basta con tener cualquier navegador moderno y seguir en enlace.

Copio-traduzco-y pego de la web del CERN:

En diciembre de 1990 se desarrolló una aplicación llamada WorldWideWeb en una máquina NeXT en la Organización Europea para la Investigación Nuclear (conocida como CERN) en las afueras de Ginebra. Este programa – WorldWideWeb — es el antecedente de la mayor parte de lo que consideramos o conocemos como «la web» hoy.

En febrero de 2019, en celebración del trigésimo aniversario del desarrollo de WorldWideWeb, un grupo de desarrolladores y diseñadores ha convergido en el CERN para reconstruir el navegador original dentro de un navegador contemporánea, permitiendo a usuarios de todo el mundo experimentar los bastante humildes orígenes de esta transformadora tecnología.

¿Lo mejor de todo? Que una web actual medianamente bien hecha es todavía perfectamente visible con un navegador de hace treinta años: sin imágenes, sin colores, sin interpretar determinados caracteres, pero perfectamente legible y navegable. Nada mal para el proyecto de Sir Tim Berners-Lee :-).

(Y siguiendo el enlace podréis consultar un montón de información sobre el proyecto: desde fragmentos del código original a cómo se ha conservado la tipografía de los NeXT para el proyecto.)

Cómo hemos cambiado (III)

Ladies and gentlemen, el Elliott 903. A partir de 12.750 libras de las de 1967 (esto es, algo más de 210.000 libras de las de hoy, o 300.000 euros), por una configuración de 8 kilobytes de almacenamiento (cuando este ordenador se fabricó, esto de la memoria RAM no se llevaba…). Pero, para estar a punto de cumplir cincuenta años, me vais a tener que reconocer que se mantiene bastante joven :-).

¿Alguien me lleva al Centre for Computing History? O:-)

Navega como si fuera 1998

Un día vas y te encuentras (gracias señor Peña) un pequeño yacimiento arqueológico digital…

Una carpeta de Windows que contiene, entre otros, otra carpeta llamada Communicator45, con fecha 10 de marzo de 2005

Y decides probar a entrar en esa carpeta y hacer doble clic en el archivo que hay dentro, aunque eso lleva casi diez años ahí (cuando Windows XP era un sistema operativo normal, que aún no había cumplido cuatro años) y…

Pantalla de instalación de Netscape Communicator 4.5

Última pantalla de instalación, en la que se sugiere definir Communicator como navegador por defecto, convertir Netscape Netcenter en la página de inicio por defecto y usar Netscape Netcenter como buscador por defecto. Las tres opciones se han desactivado

No, creo que no voy a convertir Netscape 4.5 en mi navegador por defecto en 2015. ¿Y de verdad existió un buscador llamado Netscape Netcenter? ¿De verdad? En fin. Procedamos…

Antes de comenzar a instalar nos recuerdan que entre los componentes a instalar está 'Addr. Book Palm Sync'

Palm. Sync. Creo que voy a tener un ataque grave de melancolía…

El icono en el escritorio de Netscape Communicator
El icono. Cuántos recuerdos…

¿Arrancará si hacemos doble clic?

netscape7

No, Netscape. No creo que vayas a encontrar nunca más home.es.netscape.com. ¿Cómo te lo explico? :_(

La pantalla 'about' de Netscape Communicator 4.5. Con copyright 1994-1998

No, ya no estamos en 1998. Llevas más de dieciséis años dormido. We’re not in Kansas anymore…

Y, si se me permite el ejercicio de ombliguismo,

Este blog, abierto con Netscape Communicator 4.5. Ha desaparecido la barra lateral, el desplegable de archivo mensual se ha convertido en una lista interminable. Lo mismo ha pasado con las categorías. Todo el texto está en la tipografía por defecto. Pero se lee perfectamente todo el contenido.

Un par de reflexiones

  1. Se puede instalar y ejecutar un programa de 1998 sobre Windows 7, un sistema operativo lanzado en 2009. Windows tiene muchas cosas criticables. Algunas son porque Microsoft hace todo lo posible para conservar la compatibilidad con software jurásico.
  2. Accedes a obm con un navegador que tiene los dieciséis años cumplidos y pierdes… el widget de Twitter y un vídeo incrustado de YouTube. YouTube se lanzó en 2005, cuando el navegador ya tenía seis años. Twitter, en 2006 (sí, Twitter y YouTube sólo se llevan un curso. Sé que es difícil de creer). Bravo por los estándares web.

Adiós, doctor Engelbart

…que la efectividad intelectual ejercida hoy por un humano dado tiene poca versemblanza de estar limitada por su inteligencia —que hay docenas de disciplinas de la ingeniería, las matemáticas y las ciencias físicas, de la vida y sociales que pueden contribuir mejoras al sistema de medios para aumentar el intelecto; que de cualquiera de esas mejoras puede esperarse que dispare una cadena de mejoras coordinadas; que hasta que cada una de esas disciplinas se detenga y hayamos agotado todas las posibilidades de mejora que podamos extraer de ella, podemos esperar seguir desarrollando mejoras en este sistema del intelecto humano; que no hay una razón particular para no esperar mejoras en la efectividad intelectual personal de una aproximación orientada al sistema comparable a las conseguidas en la movilidad personal geográfica desde los días de montar a caballo y navegar a vela.

Ya deberíais saber que el martes, 2 de julio, falleció Douglas Engelbart, uno de los pioneros de la informática. En algún momento puede que le hayáis visto reducido a ser «el inventor del ratón» en alguno de los artículos que la prensa le está dedicando. No es que inventar el ratón sea poco, desde luego, pero la figura de Douglas Engelbart va muchísimo más allá, como podéis deducir de las líneas que abren esta entrada, que salen de su AUGMENTING HUMAN INTELLECT: A Conceptual Framework, de 1962 (hay un escaneado en PDF del documento original que es una pequeña joya en sí misma). Apenas he comenzado a leerlo, pero ya puedo asegurar que vale la pena dedicarle el tiempo necesario.

Si os da pereza (no debería), leed, al menos, estas palabras de Bret Victor (que son las que me han llevado a mí hasta el documento) o el obituario en el New York Times —honra al diario poder enlazar al articulito sobre los orígenes del ratón que hicieron hace apenas unas semanas, pero también a artículos de 1988, o este que le dedicaron a Engelbart y a Ted Nelson (otro enorme pionero) en 1991.

(Me encanta comprobar de primera mano que la perspectiva de Engelbart cuadra bastante con algo que comentamos por aquí el año pasado: Por qué Google no nos está volviendo estúpidos… ni inteligentes. Y también me alegra pensar que de la alucinante «madre de todas las demos» ya habíamos hablado por aquí, hace casi cinco años, en la ocasión de su 40 aniversario.)

Un libro a leer: «Dealers of Lightning: Xerox PARC and the Dawn of the Computer Age»

No suelo recomendar libros por aquí. Sobre todo, porque últimamente apenas leo libros :( (con lo que yo había sido…) y porque lo poco que leo no está demasiado alineado con los contenidos de este blog. No es el caso, para nada, de Dealers of Lightning: Xerox PARC and the Dawn of the Computer Age; hemos hablado por aquí del PARC en alguna ocasión, y la historia de la informática nos vuelve locos…

De historia de la informática el libro está lleno a rebosar: en el PARC se inventaron la impresora láser y Ethernet, la programación orientada a objetos nació con Smalltalk en Palo Alto y buena parte de los conceptos de las interfaces informáticas que se usan hoy nacieron en la madre de todas las demos de Douglas Engelbart, en 1968, antes de la creación del PARC, pero antes de materializarse en el Apple Lisa, allá por 1983, maduraron mucho, muchísimo, en Palo Alto, a manos de Alan Kay y compañía (nadie usurpará el merecido lugar de Apple en los libros de historia, pero si Jef Raskin no hubiese convencido a Steve Jobs para ir al PARC y empaparse de lo que allí se estaba inventando, la historia habría sido muy, pero que muy diferente).

Si hay que hablar de historia, sería un crimen saltarse el Alto, al que es difícil robarle el título de primer ordenador personal. El Star, por su lado, quizá no sea tan mítico, pero es «solamente» el primer ordenador comercial en incluir una pantalla «bitmap» (esto es, capaz de presentar gráficos) en la que se mostraban ventanas e iconos que se señalaban con un ratón. Casi nada. Y no olvidemos que también es el lugar de nacimiento de Bravo, el primer programa WYSIWYG, padre directo de una herramienta llamada Microsoft Word, por ejemplo.

Se trata, además, de una historia repleta de personajes dignos de película. Que Zuckerberg tenga peli y no la tengan Kay, Adele Goldberg (cocreadora de Smalltalk con Kay y el resto del System Concepts Laboratory), Butler Lampson (en su curriculum están el Alto, el Star y Bravo), Robert Metcalfe (coinventó Ethernet y después fundó una pequeña compañía llamada 3Com), Charles Simonyi (después de colaborar de manera decisiva en el nacimiento de Bravo se fue con la música a Microsoft en 1981, donde supervisó la creación de Word y Excel), Alvy Ray Smith (sin él los gráficos por ordenador no serían lo que son, y cofundó Pixar), Bob Taylor (fundador de la cosa), Chuck Thacker (líder del proyecto Alto) o John Warnock (harto de que no le hiciesen caso con un invento, fundó Adobe y «parió» PostScript primero y después el formato PDF)… No es sólo que estén en el árbol genealógico de casi cualquier cosa digital: es que la historia da para mucho, con batallas constantes y drama a raudales.

Porque es imposible olvidar el hecho de que, al fin y al cabo, Xerox, la compañía que albergó a todos esos genios y en cuyo seno nacieron todos esos inventos no es nadie hoy en día en el mundo de la informática y, de hecho, no lo fue nunca. Es la historia absolutamente cruel de inventarlo casi todo y no ser capaz de comercializar casi nada («casi» entre comillas: Ethernet y las láser le dieron mucho, muchísimo dinero a Xerox, aunque no creo que eso consuele gran cosa hoy a quienes pudieron poseer el planeta PC y no lo hicieron). Los constantes choques de trenes entre las fortísimas personalidades de los personajes de la historia fueron un motivo, pero el libro es, sobre todo, la historia de cómo Xerox, una compañía enorme y casi todopoderosa, fue incapaz de reconocer y aprovechar tanta innovación. Por problemas políticos y malas decisiones, sí, pero, no lo olvidemos, también porque cambiar el rumbo de un transatlántico es una tarea que no está al alcance de cualquiera, y menos si el rumbo actual es una auténtica gallina de los huevos de oro, como era el mercado de las fotocopiadoras para Xerox (aún hoy, en Estados Unidos, muchos usan el verbo ‘xerox’ como traducción de ‘fotocopiar’).

Leído como libro de historia, me parece un texto imprescindible para todos los interesados tanto en la historia de la informática como en todo lo que tenga que ver con innovación. Y aún si no son esos temas que te interesen, la historia y la intriga dan para bastante. Insisto: imprescindible.


(Me queda agradecer a mi compañero de trabajo José Ramón Rodríguez que una de sus excelentes entradas de iNFoRMáTiCa++, el muy recomendable blog de los Estudios de Informática de la UOC, me descubriese el libro. Era, por cierto, la dedicada a la muerte de Jacob Goldman y los muchos otros históricos de la informática que 2011 se llevó por delante.)