Dentro de un rato este blog va a dejar de estar en línea por actualización de software. Espero que sea cosa de media hora. Mantengan los dedos cruzados…
PS Falsa alarma. Mejor lo dejamos para mañana.
ideas al azar
Dentro de un rato este blog va a dejar de estar en línea por actualización de software. Espero que sea cosa de media hora. Mantengan los dedos cruzados…
PS Falsa alarma. Mejor lo dejamos para mañana.
¿Y eso qué significa? Según el anuncio, que Joseph Smarr (de Plaxo), Brad Fitzpatrick (Google) y Benjamin Ling (Facebook) (todos ellos elementos importantes y representativos en sus respectivas empresas) se han apuntado al grupo de trabajo de DataPortability. Con un poco de suerte, también significa que en un futuro más o menos cercano tres de los jugadores más importantes en esto de las redes sociales estarán interconectados, y que los contactos y aplicaciones que tengamos en una de las redes serán accesibles desde las otras. No está todo hecho, pero de llevarse a cabo es un importantísimo paso adelante para la comodidad de los usuarios (y le habría ahorrado un disgusto a Robert Scoble que, curiosamente, también es miembro del grupo de trabajo, así como Ben Metcalfe o Chris Messina).
Uno de los axiomas del What is Web 2.0 de Tim O’Reilly es que «data is the new Intel Inside». Mis datos son míos son míos son míos. ¿Sí? La cuestión de la propiedad de los datos, que tanto se ha puesto de moda con el embrollo de Robert Scoble y Facebook, es una de las que debería preocuparnos a todos.
Last.fm y yo compartimos el historial de cuatro años de música escuchada. eMusic sabe qué música le he comprado. Amazon sabe qué compras he hecho en los últimos años. Facebook o LinkedIn tienen un montón de información mía. Meebo tiene un historial de múltiples conversaciones privadas que he mantenido en los últimos meses. Fuera de la red hay muchos más ejemplos. Mis operadores de telefonía saben con quién he hablado, cuándo y cuánto tiempo. Visa y MasterCard saben tanto de mi vida… Ahora que me he comprado un abono trimestral de Transports de Barcelona, no sería nada complicado seguirme con una precisión que a veces provoca vértigo…
Lo que estaba haciendo Scoble vulneraba, claramente, los términos del servicio de Facebook. Pero a veces los términos del servicio no son demasiado comprensibles. Ni justificables. Ni aceptables. Cuando me apunté a Facebook, el servicio entró en GMail (con mi permiso y sin vulnerar los términos de servicio de GMail, ciertamente), tomó nota automáticamente de todas las direcciones de correo de mis contactos (unos cuantos centenares, no habría sido nada cómodo hacerlo a mano), me dijo cuáles estaban dados de alta en Facebook (ninguno de mis contactos dio su permiso explícito para hacerlo, aunque muy probablemente sí lo ponga en el acuerdo ese que nadie se lee al darse de alta en cualquier web) y se ofreció muy amablemente a ‘espamear’ al resto para invitarles a unirse al servicio. ¿No debería Facebook devolverme el favor si lo deseo?
El caso Scoble pone de manifiesto la necesidad, cuando menos, de un código ético para todos aquellos que actúan como depositarios de nuestra información personal. Como suele pasar, alguien no ha necesitado de la evidencia para comenzar a actuar: el Project VRM (de Vendor Relationship Management, por oposición a CRM) del Berkman Center for Internet & Society de la Harvard University, bajo el liderazgo de Doc Searls (que escribe sobre «Scoble vs Facebook» en Linux Journal). El reto al que se enfrentan no es sencillo bajo ningún punto de vista: técnicamente es una pequeña pesadilla, el abanico de posibles posiciones morales es enorme y muy difícil de armonizar y, finalmente, van a topar con la opsición de múltiples empresas que, como Facebook, opinan que buena parte de su patrimonio perdería mucho valor si se viesen obligadas a compartir sus datos con sus usuarios (y, no lo olvidemos, propietarios legítimos de esa información). Pero esperemos que el embrollo Scoble-Facebook sirva como mínimo para sacar a la luz un debate que debería ser candente.
Vía.
Metainformación sobre el blog: de ahora en adelante PowerPhlogger ya no se encarga de pasar lista a los visitantes del blog. Hace unos minutos he eliminado el ‘script’ correspondiente. Claro está que ayer activé el correpondiente de Google Analytics. Y desde el pie de la página continuará vigilando la mosca de Extreme Tracking, que seguirá siendo responsable de que los curiosos podáis ver unas estadísticas públicas (no he buscado mucho, pero me parece que Analytics no lo permite) de la popularidad (o no) del blog.
(Por si alguien tiene curiosidad, cambio de herramienta por varios motivos: (i) Phlogger lleva como cuatro años sin actualizarse, (ii) las gráficas de Analytics «molan» más :-P, (iii) aunque el nivel de detalle no es el mismo que con Phlogger, es más que suficiente, (iv) un poco de carga menos para el servidor y (v) con los datos en manos de Google, la legislación española sobre privacidad me afecta algo menos.)

Por si alguien no sabía por qué mi ritmo de ‘blogging’ ha decaído últimamente… Gráfica generada aquí.