Pues vamos allá con el número de septiembre del 85 de Byte, el del décimo aniversario de la revista… En portada, un ordenador, pero uno construido por uno de los autores estrella de la revista, Steve Ciarcia, que se sacaba de la manga un ordenador de 8 bits para la era de los 16, con todo lujo de esquemas para que te lo montaras tú mismo:
Y por si esto no fuera suficiente para la sección «cosas que no veríamos en una revista generalista de informática hoy»…
Efectivamente: una discusión lo suficientemente sesuda como para una asignatura de Algoritmos de primero de carrera sobre los diferentes algoritmos de ordenación (temazo de lectura siempre muy recomendable), con sus grafiquitas sobre complejidades de tipo lineal, cuadrática y «n log n», algoritmos no tan básicos…
Pero la gracia de este número era la celebración del primer decenio de vida de la revista, y el consiguiente echar la vista atrás, entrevistas incluidas con el ya citado Ciarcia o Jerry Pournelle (de quin hablamos en el número de julio).
Vale la pena ir siguiendo los enlaces a la revista que dejo en cada imagen, aunque solo sea para disfrutar de las maravillas del diseño industrial de la segunda mitad de la década de los setenta y la primera mitad de la de los ochenta…
Recuperando temas que a veces no recordamos que vienen de muy lejos, los teclados:
Que el Keyport 717 tiene bien poco que envidiarle al más loco de los teclados actuales.
En la Kernel del mes nos encontramos con el lanzamiento de Excel en una conferencia conjunta de Microsoft y Apple porque, como igual no sabías, Excel era originalmente una aplicación para el Mac.
Y no podíamos saltarnos, claro está, sobre el textito que le dedica Pournelle al Amiga, por el que vota como sucesor del Apple II a finales de los ochenta. Ojalá, Jerry. Ojalá.
(Dejo la imagen enlazada a la versión grande de la imagen, y no a la fuente en el Archive (aunque siempre tenéis la opción de leer el texto alternativo de la imagen).)
Y cierro con dos piezas más. La primera, lo normal en las revistas actuales (no): el típico artículo de dedicado a los números π y e…
…y el segundo dedicado al Versabraille II, un ordenador diseñado para funcionar usando braille, porque la preocupación por la accesibilidad tampoco es nueva:
He encontrado poca información sobre el Versabraille II, pero si alguien quiere investigar sobre su antecesor, el Versabraille original, aquí un documento por el que comenzar.
Apa. Volvemos el mes que viene con el número de octubre. Por cierto, que si alguien quiere hacer los deberes por su cuenta, además del archivo de la revista en el Archive, también tenéis esta chulada de navegador que me pasó hermanito hace unas semanas.
Una propuesta de legislación europea que pone en riesgo la privacidad de todos en nombre de una presunta protección de los derechos de la infancia (algo que nos preocupa a todos, naturalmente) que va a resultar, en el mejor de los casos, muy poco efectiva. La cosa es especialmente importante ahora mismo, porque este viernes (doce de septiembre) se «pasa de fase» en el proceso, para llegar a un voto que tendrá lugar el catorce de octubre (y, al menos de momento, España se muestra a favor de aprobar Chat Control).
Chat Control haría que todos los proveedores de mensajería (WhatsApp, Telegram y compañía), correo electrónico, redes sociales, hostings y un largo etcétera monitorizasen todas nuestras comunicaciones y ficheros a la caza de material en que se abusa de la infancia. Si se pone en marcha Chat Control, acabaremos con la protección de nuestras comunicaciones y daremos un paso adelante en la vigilancia masiva por parte de los estados, poniendo en riesgo las garantías de la democracia y pasando de regulaciones como la famosa RGPD.
Por qué no funcionaría Chat Control para proteger los derechos de la infancia
Como siempre, mejor ir a las fuentes que leer mi resumen: aquí tenéis el Joint statement on the future of the CSA Regulation de EDRI, una organización para la protección de los derechos humanos, con un montón de otras organizaciones dedicadas a los derechos digitales, los derechos humanos y, sobre todo, organizaciones dedicadas a la protección y los derechos de la infancia, que defienden que hay muchas otras iniciativas que serían mucho más efectivas, como invertir en trabajo social, dar más y mejor ayuda a las víctimas, dar líneas de contacto y soporte, trabajar en prevención y educación, dar más recursos a las fuerzas del orden y trabajar en la seguridad de las TIC. También se señala que hay informes que dicen que la tasa de error de las herramientas de monitorizado que se pondrían en marcha es mucho más alta de lo que uno pensaría, y que vamos a bloquear los servicios existentes con toneladas de falsos positivos, entre otros problemas, y a generar enormes bases de datos de información extremadamente sensible que van a ser una diana jugosísima para muchísimo cibercriminal a la caza de personas a las que extorsionar (sin hablar de los malos usos que puedan hacer de esas bases de datos personas que están dentro de las organizaciones que administren esas bases de datos, claro).
(Insisto de nuevo: mucho mejor leer las fuentes que mi resumen.)
Qué puedo hacer
Ruido, básicamente. Afortunadamente, no será la primera vez que el ruido para propuestas. Como decía antes, esta herramienta ayuda a redactar un mensaje que enviar a tus representantes políticos en la UE. Y dar difusión al tema también ayuda. Seguramente poco, pero ayuda. Después, tener estas cosas en cuenta a la hora de votar, pues igual también es una idea…
Se me acaba el verano (astronómico, que el meteorológico ya se fue), que quiere decir que se va a frenar (aún más, sí) mi ritmo de lectura, o sea que dejo aquí lo que hemos avanzado desde la última vez.
Te pones a leer el segundo (y último, lamentablemente) de la serie de Dirk Gently de Douglas Adams, al cabo de pocas páginas te das cuenta de que ya te lo habías leído, pero Adams escribe tan bien que te lo vuelves a leer, porque a veces es necesario reírse un poco. Extremadamente recomendable. Como la primera temporada de la serie homónima de Netflix, si no la habéis visto (pero negaos en redondo a ver la segunda).
El año pasado me leí (véase) The Maniac, el segundo libro de Banejamín Labatut, me encantó, y ahora me he puesto con el primero, Un verdor terrible… y me plantea dudas. Es tan fácil y atractivo de leer como el otro, y sigue básicamente el mismo esquema: ilustrar con dramatizaciones de hechos reales la fascinación del autor por el genio científico del carácter más dramático y patológico. Si The Maniac se basaba en el genio perverso de John Von Neuman, aquí el núcleo principal es la historia de Erwin Schrödinger (enlazo a la versión inglesa de su artículo en Wikipedia porque la versión en español se salta partes notables, y horribles, de su historia). Y la cosa es que no sé yo si los libros de Labatut acaban romantizando esa figura del genio loco y justificando sus perversiones más allá de lo que sería recomendable :-S. En cualquier caso, que Labatut escribe como los ángeles (a veces caídos), queda más allá de cualquier duda.
Juan José Millás es un crack, eso es un hecho. Este librito (apenas 112 páginas, suficientes para ganar el Nadal de 1990) comienza quizás «poco Millás», pero al poco de empezar la narración del proceso de alienación de la protagonista, las cosas alcanzan la altura y velocidad de crucero y uno no puede soltar el libro hasta el final. Cinco estrellas, o las que haga falta.
Seguimos con la sana costumbre de leer libros de divulgación sobre lingüística, este centrado en los efectos «del interné» sobre el lenguaje (quizás el principal de ellos, dar muchísimo juego a los lingüistas). La autora es, por cierto, una de las cocreadoras del podcast Lingthusiasm. Debo confesar que, estando el libro muy bien escrito y encontrándolo bastante recomendable, no me ha interesado muchísimo en general, probablemente porque está hablando «de mí» y la música me sonaba demasiado. Y aun así, ahora tengo muchísima curiosidad por leer la traducción adaptación al español del libro, Arroba lengua, porque ha tenido que ser un esfuerzo descomunal adaptar un libro así.
Y nos vamos con una novela gráfica un tebeo en formato largo. A Zerocalcare, confieso, lo descubrí cuando tenía Netflix porque me llamó la atención el amarillo Simpsons de sus personajes en la serie Cortar por la línea de puntos (veo que en 2023 sacaron otra serie, Este mundo no me hará mala persona). Maravilloso accidente, porque es un narrador extraordinario, y poca gente explica cómo el paso de la niñez a la adolescencia a la presunta adultez (en masculino, que lo suyo es la primera persona, pero creo que su visión es bastante razonable desde el punto de vista del género, aun sin huir de ese punto de vista masculino). Muy recomendable.
En fin. Al ritmo que vamos, no sé yo si me dará para hacer otro «lecturas» antes de que se acabe el año. Se intentará.
— A ver… si no has hablado nunca del primer intento. — Porque fue fallido. Hace un tiempo me apunté al Indiegogo de los Ozlo Sleepbuds, pero no me acabaron de convencer… — [Googlea.] ¿Más de doscientos euros? — 😤 — ¿Y estos algo mejor?
Sí, estos Sleep A30 me están convenciendo bastante más, aunque no están completamente libres de problemas. Si queréis investigar un poco por vuestra cuenta, aquí el Kickstarter (los 160 euros de la campaña, comparando, fueron muy poco dolorosos), y en Amazon ahora mismo están a 180, y una review en Mashable.
El objetivo
Uno se acostumbró, hace muchos años, a dormirse escuchando la radio. Y a veces no quieres hacer ruido. En otras ocasiones, lo que no quieres es que te afecten los ruidos que tienes a tu alrededor. Los auriculares son la opción obvia en ambos casos, pero para los que dormimos de lado o boca abajo, son cualquier cosa menos cómodos. Unos ingenieros de Bose decidieron hace unos años que unos auriculares «true wireless» lo suficientemente pequeños como para no sobresalir de la oreja (y por lo tanto, no clavársete en ella) serían la solución. De ahí nacieron los Bose Sleepbuds. Al cabo de un tiempo, Bose decidió cancelar el producto porque la cosa no tenía el recorrido económico que exigen a sus productos… y una parte del equipo decidió comprar las patentes y seguir adelante con Ozlo. En paralelo, Soundcore, la marca de auriculares y altavoces Bluetooth de Anker, se animó a sacar su alternativa, en la forma de los Sleep A10, a los que siguieron los A20 y, ahora, estos A30.
No sé con las primeras versiones, pero con las actuales, la idea es que los auriculares pueden usarse conectados al móvil reproduciendo el audio que se quiera, pero que también tienen algo de espacio para almacenar algún archivo de sonido que los auriculares pueden reproducir sin tirar de bluetooth y, por lo tanto, con menor consumo energético. En general, se trata de bucles de sonido ambiente como los que podéis encontrar en multitud de webs (aquí, un ejemplo).
Lo bueno
Si el precio no os marea, la verdad es que, en mi experiencia, casi todo bien, y más aún si los comparamos con los Sleepbuds..
El primer punto positivo es que los A30 (como sus antecesores A10 y A20) son algo más pequeños que las diferentes generaciones de los sleepbuds, cosa que los hace bastante más cómodos, al menos para las orejas del que suscribe, que nunca se acabó de acostumbrar a los auriculares de Ozlo.
El segundo punto es la cancelación activa de ruido, presente en los A30 (no en los A10 ni en los A20), y que eché mucho en falta en los sleepbuds. No se puede esperar que la cancelación de unos auriculares de botón sea fantástica, y menos aún en estos minúsculos A30. Y no lo es, pero algo ayuda, y se agradece bastante que esté ahí.
Y el tercer punto a destacar es el del software. Para comenzar, en ningún momento me han dado ningún problema para conectarse con mi móvil por Bluetooth, cosa que no puedo decir de los sleepbuds (espero que hayan solucionado el problema desde entonces). Además, en mi experiencia, los auriculares son capaces de detectar en qué momento te quedas dormido para, en ese momento, pasar del audio del teléfono al sonido ambiente que le hayas programado o al silencio, con la ayuda de la cancelación activa de ruido si se desea. Como decíamos antes, esto tiene el efecto, además, de ahorrar bastante batería.
Y, por si fuera poco, con la ayuda de algunos sensores, los auriculares se apuntan a la moda de los wearables capaces de monitorizar tu sueño:
Para mi sorpresa, la app dice que no he roncado esta noche. En cuanto a movimiento durante el sueño… creo que tengo vocación de pollo al ast 😶.
No puedo asegurar la precisión de los datos, pero verosímiles lo son… Y la aplicación también monitoriza el ruido a tu alrededor (ronquidos ajenos incluidos) y sugiere sonidos de su catálogo especialmente adecuados para enmascararlo.
PS 20250904 Comenta David aquí abajo, y tiene toda la razon, que (i) los Sleepbuds son bastante optimistas interpretando los datos de sueño y (ii) que no registran la fase REM. Ambos aspectos son importantes, si te importa la funcionalidad de monitorizado.
¿Y el problema?
El problema, me temo, es inherente a unos auriculares «true wireless» especialmente pequeños y que usas en tiradas de seis horas o más, con lo que cada noche que los uses los vas a dejar prácticamente «sin pilas». Y, así, al ritmo de un uso un ciclo de carga de las baterías… la vida de esas baterías, inevitablemente, va a ser más corta de lo que uno querría. Espero que Anker se haya preocupado de que la caja, que es la responsable de cargar los auriculares (tiene batería para cargar los auriculares para tres noches), lo haga con mimo (confío en ello, de hecho). Y no es que el problema vaya a ser peor que con cualesquiera otros auriculares de este tipo. Pero con estas cosas no hay milagros. (A veces pienso que estaría bien que estas empresas sacaran diademas, que serán mucho más cutres, pero que necesitan una radio, y no dos, y en las que cabe una batería más grande y que necesite menos ciclos de carga….)
El veredicto
Los A30 son un juguete caro (digo yo que dentro de unos meses comenzarán a bajar de precio), pero hacen lo que dicen hacer con bastante efectividad, y la limitación que les encuentro, insisto, es inherente a su categoría de producto. Personalmente, opino que son muy recomendables. Si os apetece comprar en Amazon, aquí un enlace de afiliado.
PS 20250922 Actualizo con enlace a la review de The Verge, que coincide con David en afirmar que las estadísticas de sueño son muy optimistas, pero además incluye pruebas prácticas del enmascaramiento de ronquidos con resultados bastante positivos, entre otras cosas.
Hablábamos «ayer» de RSS, y hasta le dedicábamos un rato a los lectores disponibles en el mercado y, ni un mes más tarde, me entero de la existencia de uno nuevo (para mí y para los autores de los artículos sobre lectores RSS que citaba yo entonces, aunque, por lo que veo, ya llevaba un tiempo funcionando…). Lo he explorado poco, y hay cosas que no tengo muy claras, pero creo que vale la pena recoger aquí lo que he visto.
Folo
Comencemos por el principio: el lector se llama, como habréis podido imaginar, Folo (dice la wikipedia que Folo era un sabio centauro y amigo de Heracles que murió al ser alcanzado por una flecha perdida disparada por Heracles mientras este cazaba al jabalí de Erimanto, uno de sus doce trabajos).
Folo es de código libre (con licencia GPL, aquí el GitHub) y tiene tanto aplicación web como para Windows, macOS, Linux, iOS y Android (yo, al menos de momento, solo he probado la aplicación web).
Al acceder por primera vez, te da la opción de importar un archivo OPML generado por otro lector de RSS (y apunta a la URL para generarlo desde Inoreader y Feedly, dos de los lectores más populares), con lo que traerse el contenido de otro sitio es tirando a fácil (y de ahí que tengáis una captura bien alimentada de contenido). Y si uno no tiene un OPML a mano, añadir contenido tampoco parece especialmente complicado:
Más adelante volvemos sobre la mayoría de opciones, pero parece que las funcionalidades de búsqueda y de añadir la URL de un canal RSS funcionan de manera satisfactoria.
La interfaz, como podéis ver, es bastante apañada, con soporte para tema claro u oscuro, y permite personalizar la tipografía (tiene hasta la posibilidad de personalizar el CSS que se aplica al contenido). No permite la densidad de contenido a la que se puede llegar con Feedly, pero sí ofrece una vista más compacta que la que tenéis en la captura de arriba:
Más allá de RSS, con RSSHub
A pesar de que el RSS haya vuelto no se haya ido nunca, hoy en día hay muchas otras fuentes de contenidos a las que es interesante suscribirse a través de una aplicación así. Y Folo nos ofrece la posibilidad de suscribirnos a cosas como cuentas de Twitter (no, no voy a dejar de llamarle Twitter: soy un señor mayor), Instagram, el fediverso, y un montón de fuentes más. Y esto lo hacen a través de RSSHub, que es una aplicación (de nuevo de código abierto, esta vez con licencia MIT, aquí su GitHub) que convierte casi cualquier fuente de información en un canal RSS «utilizando una combinación de Git, HTML, JavaScript, jQuery y Node.js». Afortunadamente, ya hay muchísimas conversiones hechas, con lo que no hay que tener conocimiento de esas tecnologías :-).
Además de los ya citados Twitter, Instagram y compañía (y, sí, convertir canales de Twitter, Instagram, u otras empresas privadas, seguramente vulnere sus términos y condiciones, pero de momento parece que funciona y, si deja de hacerlo, tampoco parece el fin del mundo), parece que hay la posibilidad de suscribirse a canales de Telegram, YouTube, Behance, Twitch, todo tipo de actividad de GitHub, o cosas más arcanas, como monitorizado de palabras clave en Google Scholar o toneladas de contenido en chino (parece, o me lo parece a mí al menos, que hay una importante comunidad de usuarios chinos). Por lo que parece, es relativamente fácil montarte tu propia instancia de RSSHub, y Folo tiene la suya… y la posibilidad de usar cualquier otra (la que te despliegues tú, por ejemplo, si te llaman estas cosas).
Y si todo esto fuera poco, si agudizáis un poco la vista con la captura «Discover» de más arriba, también se puede uno suscribir a fuentes por correo electrónico (¡y webhooks!), a otros usuarios de Folo (que pueden publicar sus propias listas de contenido, cosa que tengo que explorar aún) y, finalmente, la pestaña ‘Transform’ también parece bastante potente…
…y ya la exploraré cuando tenga tiempo.
Y más funcionalidades
Volviendo a aguzar la vista, pero esta vez en la primera captura de esta entrada, veréis que la aplicación ofrece un «resumen IA» del contenido (mis disculpas para los alérgicos 🙏), y la cosa no se queda ahí, con unas ‘top news’ generadas automáticamente a partir de los canales a los que te hayas suscrito:
No sé yo si es lo que habría destacado yo de mis canales…
No se vayan todavía, aún hay más…
Voy a necesitar yo más tiempo para explorar estas acciones, pero uno se siente como si tuviera un IFTTT básico (o un clon todavía más básico del añorado Yahoo! Pipes) a punto. Seguiremos informando (o no).
Y todo esto… ¿cómo se paga?
Excelente pregunta (traducido: la pregunta que yo me hago). Todas estas funcionalidades, y especialmente las que implican IA, aunque no sean especialmente caras, tienen un coste… pero no aparece por ningún sitio (o yo no he sabido ver) ninguna opción de suscripción de pago.
Folo habla de un «token», $POWER, que, explican, permite (o debería permitir) cosas como recompensar a los creadores e «implicarse en la gobernanza del proyecto». Por lo que veo, parece que permiten comprar tokens con Ethereum, algo que no me atrae especialmente :-S.
Y también tenemos una pantalla de ‘achievements‘…
…en la que parece que podemos acumular créditos de diferentes maneras… y ese ‘mint NFTs’ que de momento no está activado pero que no pinta bien, precisamente.
En fin, habrá que investigar, por un lado, todas esas funcionalidades que apuntan muchísimas y muy interesantes maneras, pero también el modelo de llámale-negocio-llámale-sostenibilidad-del proyecto.
Seguiremos informando (o no). Y si alguien tiene más info, aquí abajo está la caja de comentarios O:-).