Réquiem por Reader

Enterarme, de hecho, me enteré de buena mañana por un correo de Isma (que me devolvía un ‘favor’ del 31 de diciembre). Pero aún tenía el cerebro en proceso de arranque y no lo procesé del todo. Sin embargo, al abrir Twitter, el cierre de Reader seguía allí…

Algunas de las reacciones de mi timeline twitter a la noticia del cierre de Google Reader
Consternación

Y al abrir Reader (en la web: la app móvil, olvidada desde hace eones, no se ha tomado la molestia de comunicar el cierre)…

La alerta que lanza Google Reader la primera vez que accedes a él después del anuncio del cierre, avisando de este
El apocalipsis Reader es el 1 de julio

Naturalmente, la muerte de Reader es la noticia del día en Reader:

Captura de pantalla de mis 'favoritos' en Google Reader, monopolizados por el cierre de Reader
La muerte de Reader, en Reader

Que te ‘maten’ un servicio en la web que llevas una eternidad usando es, qué le vamos a hacer, una de las tristes realidades de la red (el primer trauma de este tipo que recuerdo fue la adquisición y posterior castración de Launchcast por parte de Yahoo!, un proceso que debió culminarse hacia 2005, si la memoria no me engaña). Aunque la cosa se veía venir desde hace tiempo, sorprende todavía un poco por ser Google cerrando un servicio creado en su seno, no en una compañía adquirida por ellos. En cualquier caso, son más de seis años con Reader (después de la hégira Bloglines, que recordarán los más viejos del lugar) y más información filtrada por su tamiz de la que soy capaz de recordar:

Captura de la pantalla de estadísticas de Google Reader.  Más de doscientas suscripciones, más de doscientas mil noticias leídas
Cuánta información ha entrado por esa puerta…

Se va a hacer muy extraño abrir un navegador un día y no ver el ‘favicon’ de Reader.

¿Y ahora qué?

Lo primero, desde luego, es buscar, antes del fatídico uno de julio, una alternativa viable como consumidores de contenidos. De momento parece que, a río revuelto, ganancia de Feedly, pero quedan tres meses y medio para el apocalipsis y —toquemos madera— va a haber movimiento por ocupar el vacío dejado por Reader, que podrá parecer pequeño desde la escala Google, pero que sin duda puede resultar muy atractivo a otros jugadores que, además, ahora deberían tener más fácil la opción de cobrar por sus servicios a un público sofisticado y al que los de Mountain View han concienciado de manera contundente (algo más dice sobre el tema Antonio Ortiz). No son los Google Currents, Pulses y Flipboards del mundo los que deberían ocupar ese espacio, dado que ahora parece que les va razonablemente bien en un nicho que tiene que ver con la agregación de pocos contenidos, filtrados bien por curadores de contenidos, bien algorítmicamente. Para los consumidores verdaderamente voraces que Reader deja huérfanos, Feedly, insisto, parece el mejor posicionado, pero en Xataka consideran algunas de las alternativas web, sobreviven por ahí unas cuantas aplicaciones de escritorio y para móviles y tabletas, y quedan tres meses de lucha por la posición dominante. No descartéis que para julio estéis usando un agregador que hoy no existe. Quién sabe, igual la crisis provoca innovaciones y debemos agradecerla…

(Lo único bueno que se me ocurre decir de Google en todo este asunto es que como mínimo existe Google Takeout, algo que deberíamos exigir a cualquier proveedor de servicios en la web antes de ni siquiera acercarnos a él y que nos va a ahorrar unas cuantas horas de trabajo a todos los que pasaremos por el proceso de exiliarnos.)

En segundo lugar (al menos desde mi punto de vista), queda ver qué hacen (hacemos) con la papeleta los publicadores de contenidos… La web debería haber significado desintermediación, y lo ha hecho hasta cierto punto… pero publicaciones como la citada Xataka tienen más de cincuenta mil suscriptores Reader y un gigante como Engadget se va a los seis millones de suscriptores, que se dice pronto, según el propio Reader… Esos suscriptores (o mis entre cuatrocientos y seiscientos, según tiene el día Feedburner —otro servicio que arderá en la hoguera y que deberemos sustituir—, desde luego, que sois poquitos pero dignos de todo cuidado) van a migrar a algún sitio (o desaparecer), y va a haber que estar atentos a dónde van y cómo afecta eso a nuestros contenidos. Saber que el cliente canónico era Reader nos facilitaba el trabajo… pero a qué precio. Los cuidadosos con sus contenidos no pagarán un precio muy alto, pero los que hayan desarrollado vicios van a tener que revisar sus maneras de publicar. (Ah: ofrecer páginas Facebook no es intermediar. De nada.)

(Por lo que respecta a obm, algunos ya seguís su cuenta de Twitter, @obm (a ver cuánta gente puede presumir de un ‘handle’ de tres caracteres ;-)) y el RSS debería ser lo suficientemente limpio como para no dar ningún problema en ningún lector. Me falta ver cómo lo hago para conservar a los que os habéis suscrito por correo a través de Feedburner. Seguiremos informando.)

Y en último lugar, pero quizás con más importancia que los anteriores, queda reflexionar. Si se me permite, me cito a mí mismo:

Los monopolios, mientras no dan problemas, son cómodos para casi todos pero, como todas las dictaduras, aunque sean benevolentes, acaban reventando y provocando víctimas. Los monopolios son malos en telefonía, en los medios de comunicación, en sistemas operativos de escritorio o ‘de bolsillo’, en las redes sociales, en los buscadores, en el motor que nos muestra las páginas web que visitamos… Seguro que después de esta [pequeña] crisis vendrán otras. Intentemos que lo que podamos aprender de esta nos ahorre dolores futuros.

El Financial Times, intentando saltarse el ‘peaje iTunes’

Interesante movimiento del Financial Times (aunque poco sorprendente: tenía que llegar el momento en que alguien lo intentase). Cuentan en TechCrunch que acaban de lanzar “aplicación” con modelo de suscripción de contenidos, pero que la app, efectivamente, va entre comillas.

Ya hace meses que Apple anunció su modelo para ofrecer aplicaciones con contenidos de pago en iTunes: una comisión del 30% (que no es tan exagerada: los quiosqueros también se quedan con su pedazo de la tarta, no lo olvidemos, a cambio de ser el servicio de distribución y relación con el cliente) y el control absoluto de la relación con el cliente (el productor de contenidos no tiene acceso a ninguna información sobre el suscriptor).

Mientras tanto, los navegadores de iOS, Android y el resto de sistemas operativos para dispositivos móviles se han ido volviendo cada vez más potentes en el soporte de las características que uno querría usar en una ‘app’ móvil: un paseo por caniuse.com basta para comprobar que los WebKits de Android y iOS soportan, por ejemplo, Web Storage, bases de datos Sqlite (aunque todavía no IndexedDB), datasets y hasta @font-face (parcialmente en Android, pero todo llegará). Podemos suponer, además, que los contenidos de las aplicaciones nativas estarán en algo muy parecido a HTML y CSS, si quien sea tiene alguna esperanza de servirlo a múltiples plataformas…

Si sumamos las características que no gustan en los medios del modelo iTunes con las que sí les gustan de HTML5 en el navegador móvil, la conclusión era sencilla: desde ya el Financial Times ofrece un app.ft.com. Al visitar esa página desde el navegador nativo de iOS la ‘landing page‘ guía al usuario para añadir la ‘app’ a la pantalla inicial del dispositivo e intenta hacerse un lugar de pleno derecho en ese espacio, utilizando la web para ofrecer contenidos de pago y gratuitos al lector, sin [tanta] intermediación de los de la manzana.

Nadie puede prever si la cosa tendrá éxito: ahorrarse el 30% de la comisión no es despreciable, pero también es muy cierto que, a cambio, en el FT desprecian la ‘labor del quiosquero’ y por tanto dejan de contar con la ayuda del que probablemente sea, a día de hoy, el mejor escaparate del mundo. A lo mejor dentro de un año navegamos por un mar de subdomios app.loquesea.com, a lo mejor el FT lanza una app nativa para iOS dentro de tres meses.

En cualquier caso, habrá que estar atentos…