Castigando al que pasa por caja…

Foto de una copia del disco 21 de Adele, en vinilo, en un tocadiscos

Ese disco de ahí arriba es mío, resultado de pasar, hace unos meses, por caja en una tienda de discos (desgraciadamente desaparecida hace unos días). Como podéis ver, es el celebérrimo 21 de Adele, un disco que ha adquirido relevancia estos días por dos motivos: el primero, la media docena de Grammys que le ha valido a la cantante londinense; el segundo, más discutible, que nos hemos enterado de las negociaciones que han mantenido el disco fuera de muchos, que no todos, servicios musicales en línea (y en particular Spotify).

Resulta ser que 21 podría haber estado en Spotify, si los suecos hubiesen cedido a la petición de la discográfica de ofrecer el disco en exclusiva para los clientes de pago, y no para los que usan la opción gratuita del servicio. Está bastante claro que los propietarios de los derechos del disco están en su derecho (valga la redundancia) de imponer las condiciones que les parezcan más efectivas para maximizar su beneficio (se trata de eso, no nos engañemos) por mucho que a nosotros nos pueda parecer que no se trata de la mejor decisión posible. Y tampoco hay duda de que un distribuidor de contenidos como Spotify también puede elegir aceptar o no esas condiciones, con el mismo objetivo. Nos guste a los demás o no. Es su negocio.

Ahora bien. Yo (como dos o tres millones de usuarios más) pago religiosamente cada mes a Spotify. Y también pasé en su momento por caja con el disco (no recuerdo cuánto me gasté, pero ahora mismo cuesta unos bastante razonables 12 euros en Amazon). Y resulta ser que si lo quiero escuchar en el móvil, o bien digitalizo el vinilo (un palo, y probablemente no sonaría con toda la calidad posible), o bien me vuelvo pasar por caja, me lo compro en CD (algo más de 9 euros, de nuevo en Amazon) y lo ‘ripeo’ o bien me lo compro directamente en digital (10 euros en 7digital, por ejemplo (sí, el disco es más caro en MP3 que en CD, cosas de la industria))… o busco el torrent y me lo bajo. ¿Vosotros qué haríais?

En cualquier caso, la industria discográfica sigue haciendo imposible la vida especialmente al que paga. Se podrán quejar de la ‘piratería’. Y nosotros nos podremos seguir quejando de su política…

Spotify y el p2p…

Captura de pantalla que muestra que Spotify consume ancho de banda, tanto de subida como de bajada, de múltiples direcciones de internet que parecen privadas
¿De dónde salen todas esas direcciones extrañas?

Igual soy el último en enterarme. Desde luego, mucha gente ya lo sabía desde hace bastante tiempo. Y Spotify no lo esconde (véase esta presentación, en PDF, en una conferencia, el pasado mes de julio), pero tampoco hace mucho por anunciarlo

La cuestión es que, hace un rato, he mirado por casualidad el monitor de recursos de Windows y me he encontrado con que Spotify, como podéis ver en la imagen, descargaba de múltiples direcciones. Lo primero que he pensado es “menuda CDN“. Pero después me he dado cuenta que había direcciones dinámicas entre esos ordenadores a que me estaba conectando (véase el “dynamic.orange.es” de la captura de pantalla) y que, además, también estaba subiendo datos… Vamos, que esto tiene toda la pinta de ser una aplicación P2P. Y, naturalmente, una googlebúsqueda lo ha confirmado (véanse los dos enlaces anteriores, como muestra).

Y, la verdad, no me parece bien la política de la empresa al respecto. Si uno busca “P2P” en las FAQs en español, solo encontramos dos comentarios al respecto:

¿La versión móvil de Spotify usa conexiones P2P?

No. Spotify Mobile no usa P2P.

¡Sólo faltaría! Y

¿Por qué utiliza Spotify tantas conexiones a Internet?

Spotify utiliza una red P2P junto con servidores de streaming para transmitir música. Por esta razón puedes ver múltiples conexiones a otros usuarios de Spotify.

Pues vaya. ¿Entenderá el usuario medio de Spotify qué significa eso?

Y en las preferencias de la aplicación tampoco veo nada para desactivarlo (no tengo la menor duda de que estará en el contrato al que hice clic al instalar la aplicación). Pregúntenle a esos tres usuarios británicos de la captura de pantalla que me están pasando datos a 400 kilobits si (i) son conscientes de ello y (ii) si les hace gracia teniendo en cuenta que o bien están pagando por usar el servicio o bien están escuchando anuncios mientras me sirven esos 400 kilobits… Sin comentar, además, que naturalmente tengo mis dudas sobre que el hecho de servir contenidos con copyright a otros usuarios de internet sea de una legalidad clarísima.

Nada

En fin. Que el rebote que tengo ahora mismo es bastante considerable. ¿Qué opináis? ¿Me paso o me quedo corto?

PS 20091024 18:50 En respuesta a los comentarios (¡gracias!), no se trata de que usen el P2P (que no necesariamente me parece mal) sino de que:

  1. no lo digan explícita y claramente a todos los usuarios. No todos los usuarios de Spotify tienen el nivel de los que frecuentamos esta web. De hecho, me juego algo a que hay muchísimos que no lo tienen nada claro. Y antes de consumir recursos del usuario, hay que avisar. Además, yo no me consideraba el usuario más tonto ni malinformado del mundo y me llevé una sorpresa. No esconder no es lo mismo que no avisar. Y, en este caso, no esconderse no me parece suficiente.
  2. …el uso del ancho de banda, no es inteligente (no funciona exclusivamente cuando no se está usando la conexión), no redunda en ningún beneficio para el usuario (ni menos anuncios para los usuarios del servicio gratuito ni créditos para los usuarios de pago) y tampoco es configurable (desactivable o limitable por el usuario).

Y esos dos puntos me parecen de juzgado de guardia.

Música en Internet: fastidiar al usuario, por cualquier camino

Captura de pantalla de Spotify. Unas cuantas canciones de la lista no están disponibles
¿Cómo que no están disponibles?

La próxima vez que oiga a un ejecutivo de discográfica afirmar, con todo el descaro, que lo que hacen es preocuparse por el consumidor, no respondo de mis acciones. Es el pan nuestro de cada día con cada gran actualización del catálogo de Spotify: toca pasarse por las ‘playlists’ a ver si ha habido suerte y siguen enteras o bien si alguien ha decidido que tal disco ya no puede licenciarse a tal territorio… El colmo del despropósito, desde luego, es cuando alguien decide que una determinada edición de un determinado disco va a desaparecer… Eso es lo que ha pasado con la playlist de la imagen: todas esas canciones, de esos mismos discos, siguen disponibles en Spotify: sólo que ahora tienen un absolutamente carente de significado “2009 Re-Mastered Digital Version” al final. Y la playlist, ahora mismo, vuelve a tener a todas sus pistas en su sitio… solo después de buscarlas de nuevo, una a una, por el catálogo, para volverlas a colocar en la lista.

Lo han hecho, seguro, para darme un mejor servicio

PS Que conste que el cabreo va con el impresentable de la discográfica que ha cambiado un disco por otro: programar un algoritmo que vaya buscando por las playlists de los usuarios a la caza de pistas ya no disponibles, adivinando si ha aparecido una versión diferente pero disponible y sustituyéndolas es una tarea complicada y absolutamente innecesaria que no voy a exigirle a Spotify…

¿Es Spotify la ‘killer app’ de Android?

Si buscas ‘killer app’ en este blog san Google te devuelve la entrada MobileScrobbler, “killer app” para el iPhone, sobre la impresionante aplicación ‘pirata’ de last.fm para el iPhone. Tristemente, entre los términos de servicio de Apple y el cierre de la radio gratuita de last.fm, a poco ha llegado aquella presunta ‘killer app’. Cambiamos esta vez de plataforma móvil (hacia Android) y de servicio online musical (a Spotify) y la cosa sigue oliendo a ‘killer app’, aún estando tan solo en fase de prototipo. Más aún que MobileScrobbler, si cabe, porque, además, han tenido en cuenta un par de aspectos extra:

  1. Han resuelto el problema de la conectividad discontinua: la aplicación permite ‘sincronizar’ listas de reproducción al dispositivo móvil: parece que limitados solo por la capacidad de almacenamiento (y con la inevitable criptografía ‘antipiratería’ de por medio), podemos guardar en el móvil las playlists que deseemos para escucharlas cuándo y dónde deseemos, independientemente de las tarifas y anchos de banda 3G o de la imposibilidad de conectarse: la música móvil ha llegado a trenes, metros y aviones.
  2. Tienen un modelo de negocio claro. Spotify cobra diez euros al mes por su ‘música sin interrupciones’. Un precio difícil de justificar frente, por ejemplo, a los 4 euros de yes.fm… Pero añádanle el servicio móvil (del que yes también dispone, pero capado por las condiciones de Apple y sin la sincronización de listas, si no me equivoco) y la cosa se justifica sola (4 euros menos de yes.fm, 7 euros menos de Pixbox… si me apuran, puedo estirarme hasta los quince, por la comodidad añadida).

No está claro que la cosa llegue a buen puerto (se trata solo de un prototipo, y no está nada claro que esto le vaya gustar a la patronal del disco, por mucho que sea maná del cielo) pero si lo hace, va a haber que tachar tanto el N97 como el Pre de la lista de los reyes y comenzar a rezar para que a Android le salga hardware decente ya (que iría tocando, oiga).

Spotify, yes.fm y la transparencia

Lista de recomendaciones personalizadas de entre los últimos discos ...
Mmmm... Rory Gallagher...

Creo que ya he hablado en alguna ocasión tanto de Spotify como de yes.fm, dos fantásticos servicios “freemium” de escucha de música en la web. En mi opinión de usuario de ambos (servicio gratuito en Spotify, de pago en Yes, aunque ahora mismo, aprovechando un sorteo, no me toca pagar hasta dentro de cuatro o cinco meses), e insistiendo en que me gustan mucho ambos, me quedo así: free en Spotify y usuario de pago en Yes: Spotify gana en bastantes aspectos, pero como no soy un usuario muy activo, los cuatro euros al mes de Yes me parecen mucho más razonables que los diez de Spotify…

Pero Spotify, me repito, se lleva el gato al agua en dos aspectos muy importantes para mí: por un lado, la conexión con last.fm (lo que reproducimos con la aplicación, si lo deseamos, se registra a nuestro usuario last) y, por otro, una mayor transparencia. Si bien el blog de Yes.fm es casi imprescindible, el de Spotify es mucho más informativo sobre el servicio, publicando regularmente listas de los discos que se añaden continuamente a su catálogo (añadidos que también se hacen en Yes, pero de manera opaca). ¿Resultado? Que surgen servicios, a coste absolutamente cero para Spotify más allá de esa transparencia, como el fantásticamente útil Last.fm + Spotify + Find new albums que, en base a tus artistas favoritos y recomendados en last, rebusca entre las novedades del catálogo y te selecciona los discos que, a priori, podrían interesarte más. ¿Segundo resultado? A pesar de pagar en Yes y no hacerlo en Spotify, me paso bastante más tiempo en el segundo servicio que en el primero, con el riesgo que ello implica de que se cambien las tornas en algún momento…

Reblog this post [with Zemanta]