Hace unos días se filtraron las smart glasses de Samsung, que serán las enésimas en salir al mercado. Si tenéis memoria de elefante, recordaréis que ya hemos hablado de smart glasses por aquí, porque nos gusta la tecnología más que el dulce y porque nos interesa su potencial como herramienta para mejorar la accesibilidad.
Las gafas de Samsung son, visualmente, un clon más del diseño único que parecen tener estas cosas: el aspecto de unas Rayban Wayfarer muy grandes con su cámara medianamente disimulada. Si queréis ver una comparativa de unas cuantas de las que han salido ya al mercado, este artículo de Victoria Song en The Verge tiene pinta de ser vuestro mejor recurso (y las fotos son impagables).
Y es el aspecto que precisamente no deberían tener: porque ese disimulo las hace extremadamente atractivas para el tipo de personajes que quiere usarlas para grabar situaciones poco adecuadas sin que se note. Y eso hace que, si me las pongo yo (que el concepto me llama un montón)… corra el riesgo de que alguien me tome por uno de esos individuos.
¿Cuál es el aspecto adecuado para unas smart glasses? Pues no hace falta que tengan la pinta del frontal que abre esta entrada, ni de las gafas de superguerrero de Dragonball Z de aquí abajo, pero necesitan ser obvias, y no presentar ninguna duda posible a quien pueda estar delante de su objetivo. Samsung, ya sabes. (Y tener un módulo de cámara bien obvio también os permitiría tener una mejor calidad de imagen, just saying.)
Proseguimos con nuestro proyecto de leer la revista Byte, cuarenta años más tarde. El resto de entradas de la serie, como siempre, las encontrarás en la etiqueta Byte de obm.
Comenzamos con un anuncio del mítico Clipper, un lenguaje de programación pensado para reemplazar el del no menos legendario dBASE. A los programadores de una cierta edad (la última versión salió en 1997) igual se les cae una lagrimita.
No os perdáis, por cierto, la sección «Ask Byte» que comienza justo antes del anuncio. Y recordad que se trata del número de abril.
Y un anuncio más. De Xerox y el PARC, su centro de investigación en el que se inventó la mitad de la informática (es probable que me quede corto), hablamos por aquí hace nada más y nada menos que catorce años. En el 86 vendían sus impresoras láser (las inventaron ellos, al fin y al cabo) y su Documenter System (haced zoom en la pantalla del ordenador de la izquierda y descubriréis un sistema que parece de una década más tarde, el Xerox 6085, heredero mítico del Xerox Star).
Siguiendo con el tema de la autoedición, un poco más adelante nos encontramos el primer anuncio (que yo recuerde) de una implementación de TeX, que ya venía con LaTeX el sistema de autoedición que se había lanzado en el 84 y sigue adorando el mundo científico cuarenta años más tarde (yo lo descubrí a mediados de los 90, en su versión para Amiga, y no sigo porque si no, se me acabará cayendo la lagrimita).
Unas páginas más adelante, la revista le dedicaba unas páginas a una revisión tanto a PC TeX como a su competidor MicroTeX.
No hablaremos del tema de portada, porque podría provocar mareos y vómitos entre el público, pero sí mencionaremos que habla de aproximar funciones, de invertir matrices o de resolver ecuaciones diferenciales con el método de Runge-Kutta 🤯 (a mí su variante RKF-4, citada en el artículo, me la explicaron en Cálculo Numérico de, creo recordar, segundo de mates) o con series de Taylor.
Sí hablaremos, eso sí, de cuando Pournelle (estoy por comenzar a llamarle Jerry, que ya es casi de la familia) se para de nuevo en el Amiga (y el ST) y sigue viendo que cualquiera de los dos sistemas podría haberse comido el pastel del Mac (esnif).
Lo de que el ST iba a ser Windows sobre Motorola 68000 es el WTF más importante que haya leído yo en lo que llevamos de repaso de la revista. ¿Os imagináis?
Y sigo con «Jerry» viéndose venir la revolución que iba a suponer el CD-ROM. Desde 1986. Puntos para él, que la cosa no era tan obvia.
Ante un pequeño alud de software para el ST y el Amiga, Bruce Webster dejaba la segunda parte de su comparativa de ordenadores basados en el 68000 de Motorola para el mes siguiente…
Nótese la admiración por Deluxe Paint, absolutamente merecida.
Y nos vamos (este mes os lo he hecho breve) con un anuncio para no dejar desierta la categoría de «cosas que creemos que se han inventado ahora, pero no»:
Sí: hace 40 años la IA ya se iba a comer el mundo de los negocios. (Micro Data Base Systems, la empresa del anuncio, había lanzado un gestor de bases de datos un par de años antes, que vendían como un dbASE más potente y ¡con SQL! (SQL es del 73, pero no se estandarizaría hasta el 86) y lo complementaban ahora con un «entorno de soporte a decisiones», KnowledgeMan, y Guru, un «sistema experto»revolucionario sistema de IA».)
Comenzamos con una lectura ligera… pero no tanto, porque el surrealismo es considerable en esta historia de Raquel Gu y Javier Pérez Andújar, que en ocasiones se preocupa más de su humor absurdo que de tener muy claro dónde tiene los pies y dónde la cabeza. Aun así, divertido, fácil y recomendable para desconectarse un rato del mundo.
Uno se ha leído en su vida unos cuantos libros de Bill Bryson. No todo lo que ha escrito, porque eso es casi un trabajo a tiempo completo, pero en cualquier caso, unos cuantos de los libros. El tipo tiene una cultura inconmensurable y un estilo en general divertidísimo de contar las cosas. No sé por qué, en esta ocasión el libro no me ha divertido tanto como otros que me había leído con anterioridad. Por algún motivo, el tono de viejo gruñón que se ríe de sí mismo más que de lo que se queja no me ha funcionado demasiado, y con una cierta frecuencia se me ha quedado en viejo gruñón a secas. (¿Podría ser que el viejo gruñón fuese yo y no Bryson? No podemos descartarlo.)
Mención aparte para las notas al pie de la edición Kindle: la traductora (Mireia Rué) se lo curra hasta el infinito para trufar el libro de notas para hacer comprensibles todas las referencias extremadamente british a los que no lo somos… (¡gracias!) pero, al menos en la app de Kindle para Android en mi Boox Nova Air, las notas son básicamente ilegibles :-S.
Ya nos hemos declarado fans en alguna otra ocasión de Octavia Butler. En esta ocasión tocaba una novela corta (cortísima: 35 páginas) que se hizo con el Hugo, el Locus y el Nebula. Se hace, efectivamente, corta, pero es sobrecogedora en grado extremo. Puede echar un poco para atrás por lo escabroso, pero me ha parecido genial.
Otro autor que nos entusiasma, y otra historia breve, en esta ocasión un pelo más de 150 páginas. Si Millás escribiese la previsión del tiempo, lo más probable es que por aquí la leyéramos con devoción. Deja, eso sí, la duda que debe generar un señor escribiendo un personaje femenino, especialmente si es como el de la novela: ¿perspectiva de género razonable, o exceso de mirada masculina?
Y cerramos con otra autora que ya habíamos visitado. Esta vez Mary Beard, en un ejercicio bastante meta, se fija en los clásicos doce césares, pero con el objetivo de ver cómo sus representaciones a lo largo del tiempo (llegando prácticamente hasta el presente) retratan cómo hemos visto y vemos el poder. Imagino que habrá otros libros mejores para repasar las historias de esos doce césares, pero si te interesa más lo que dice la historia como disciplina que la historia que cuenta (es mi caso), te lo vas a pasar pipa.
(Por cierto: millones de notas al pie que, a diferencia del libro de Bill Bryson, se pueden leer perfectamente.)
A ver cuándo (o si) llega la tercera edición de 2026 del lecturas…
Diría que hacía un buen tiempo que no hablábamos de cacharritos por aquí fuera de los repasos a la revista Byte [consulta sus notas: no tanto, pero no somos lo que fuimos… la anterior entrada en enero, y antes de eso, en agosto del año pasado].
Uno es, mal que le pese [nota del editor: no le pesa], un adicto a los cacharritos que suponen maneras diferentes de interactuar con la tecnología. Y últimamente han caído en el escritorio de obm un par de ellos…
Comencemos por la Tourbox Lite, que llegó antes (y no fui yo, señoría: ¡soy inocente!). La excusa (como si nos hiciese falta) es que muchos programitas de edición audiovisual ganan si les aparecen rueditas y otros botones para que podamos usar la «memoria muscular» y trabajar algo más deprisa. (En mi caso, el software es Adobe Audition, que para algo tengo un podcast.)
Y, sin alargarnos mucho, la cosa funciona. Tener unos pocos botones a los que les puedes asignar las funcionalidades más habituales, y poder usar las rueditas para cosas como zooms o los «sliders» del programa de turno, hace las cosas un poco más eficientes. Supongo que solo se justifica el gasto si haces un uso intenso de ese tipo de software, pero como a mí me salió gratis… 😅
En la foto podéis ver que el cacharro está conectado por cable, pero hay versión Bluetooth para los alérgicos a los cables. Y si echáis en falta más botones, tenéis la Turbox Elite, e incluso la Elite Plus (a mí me vienen grandes, claramente).
Y por el otro lado, el touchpad. Uno ha sido siempre de ratón, pero tenía una cierta envidia del touchpad que vende Apple para sus ordenadores… pero no la suficiente como para dejarse los 139 eurazos que cuesta. En algún momento busqué alternativas, pero lo que había en el mercado era bastante cutre (o me lo parecía a mí, como mínimo). Para mi sorpresa, hace unas semanas vi que Amazon tenía uno en su línea Basics y los menos de treinta euros del precio acabaron con mi ya de por sí no muy rígida resistencia. Y, oiga, pues será de la línea Basics, pero a mí me parece que el producto es más que decente. Como podéis ver en la foto, es enorme (6,4″ de diagonal). No podéis ver que el clic es físico, y no háptico, que es lo que se lleva ahora, pero a mí me sirve perfectamente. El soporte para los gestos «multidedo» es bueno y, a ese precio, no sé encontrarle problemas, la verdad. Podría usarlo más, ciertamente, pero, insisto, por apenas 30 euros…
Apa, eso es todo.
Bueno, no, falta una cosa: si seguís los enlaces a Amazon, sabed que son de su programa de «referrals»y que, en caso de compra, me llevaría una pequeña comisión.
Proseguimos con nuestro proyecto de leer la revista Byte, cuarenta años más tarde. El resto de entradas de la serie, como siempre, las encontrarás en la etiqueta Byte de obm. En enero habíamos hablado del Atari 520ST y este mes toca el hermano mayor, el 1040ST.
Destaco, en primer lugar, un megaanuncio de Microsoft publicitando sus lenguajes de programación.
Solo pongo la portada, porque se alarga hasta siete páginas más, que el catálogo de Redmond era extenso y su presupuesto para publicidad profundo. Sirve el anuncio, además, para ver cuáles eran los lenguajes que Microsoft consideraba importantes en la época. Arrancan con C («First with the pros«), Macro Assembler («The Quickest. Bar none«), FORTRAN («The overwhelming favorite«), COBOL («The interactive edge«), Pascal («When you’ve outgrown the others«) compartiendo página con QuickBASIC («BASIC just got faster«), que ilustraban, si no me equivoco, con una HP12, y cerraban con LISP («The language of artificial intelligence«), muMATH («Mainframe math on your PC«) y Sort («Versatility without compromise«), compartiendo página también.
¿Quién esperaba ver a FORTRAN y COBOL ahí arriba en 1986? Yo, no. Ni siquiera recordaba que Microsoft hubiese tenido un sistema de álgebra simbólica…
Y de la publicidad de lenguajes saltamos al programa que, en una realidad paralela a la nuestra, ocupa el lugar de Photoshop: el mítico Deluxe Paint (aquí, una carta de amor al Deluxe Paint III), que en aquella época no le sacaba los colores (see what I did there?) a los de Adobe… porque Photoshop 1.0 no llegaría al mercado hasta el muy lejano año de 1990.
Me paro un momento en la sección de libros para recordar al muy mítico (en aquella época) Peter Norton. Si tuviste un PC con MS-DOS, muy probablemente recuerdes sus míticas Norton Utilities (que ¡siguen existiendo!), pero a lo mejor no sabías que era un autor de «best sellers» sobre la programación del PC.
(Si tuviese más tiempo y dinero de los que tengo, seguramente haría por obtener una copia del Computer Law Annual 1985, porque por la crítica parece digno de leer con curiosidad histórica, con artículos sobre los problemas de propiedad intelectual de la ingeniería inversa, o la normativa antitrust, aunque también dicen que está escrito para juristas.)
No me alargaré mucho con el ordenador protagonista del número: a estas horas ya deberíais tener claro que el ST era mejor que el Mac (y del Windows de la época ya ni hablemos)… pero que estaba por debajo del Amiga (con la excepción de las aplicaciones musicales: ¿sabíais que Fatboy Slim sigue usando un ST?).
Los de mirada afilada habréis notado que en la portada, además del ST, había un segundo tema, el «homebound computing». ¿Que qué es eso? Nos lo cuenta el primer artículo del tema, que comienza recordándonos que el teletrabajo no lo inventó el COVID, y que ya se hablaba de ello hace cuarenta años, pero que anuncia que el tema se va a centrar en la informática como ayuda para las personas que, por el motivo que sea (una discapacidad, por ejemplo), no pueden desplazarse.
Me salto el artículo sobre síntesis de habla a partir de imágenes para pasar directamente al e-learning, que me toca la fibra especialmente.
Y es que en 1986, el año en que los módems de 2400 baudios nos parecían lo más, la educación a distancia ya no era necesariamente por correspondencia, gracias a la Electronic University Network de Telelearning. Hay más sobre el tema en Tedium.co y en eLearning Inside, pero el artículo nos explica que la cosa no era ni siquiera «lo último de lo último», porque se había fundado en el lejano 1983 y tenía programas de grado oficiales desde 1985, con 17 000 estudiantes matriculados hasta entonces. Eso sí, los materiales de aprendizaje no eran en línea: te enviaban el libro a casa. Tecnología necesaria: un IBM PC o PCjr, un Apple II o un (cómo no) Commodore 64 (el 35% de los matriculados no tenía ordenador al apuntarse). ¡Y había hasta mensajería instantánea!
Pasar a otro tema del que también, oh sorpresa, seguimos hablando hoy: envejecimiento y tecnología.
Que sí, que hace cuarenta años ya nos interesaba si las tecnologías digitales podrían ser una ayuda para una sociedad que envejecía cada vez más. Y a continuación viene el tema en que nos paramos cada vez en obm: ordenadores y discapacidad visual.
El primer párrafo se podría haber escrito hoy… Cuarenta años más tarde, las tecnologías son 10 000 veces mejores, pero los problemas, o son los mismos o hemos introducido barreras nuevas para compensar las que (afortunadamente) hemos tirado abajo.
Y una vez cerrada la sección, nos pasamos a la guerra que se mantenía entre los ordenadores con CPUs Motorola 68000: el Mac, el ST y el Amiga (en orden rigurosamente creciente). Bruce Webster, uno de los autores estrella de la revista, hacía una comparativa que se alargó tanto que en este número solo cabía la primera parte, cuya conclusión es que el Mac está más maduro (llevaba mucho más en el mercado9, el 520ST es una ganga y el Amiga se veía lastrado por los problemas de Commodore, pero era el que apuntaba más maneras…
En nuestra sección habitual, temas que ni por casualidad encontraríamos hoy en una revista de informática… ¡las ecuaciones diofánticas!
Me paro en la sección de BIX (ya recordaréis: el extracto en papel que hacía Byte de las conversaciones en su servicio en línea) para contemplar el nacimiento de IFF, el metaformato de archivos presentado por Electronic Arts que debería ser la base de cómo trabajamos hoy, y que permitía encapsular múltiples tipos de información (texto, gráficos y audio, para empezar) en un único archivo.
Y cierro con una curiosidad. A estas alturas deberíais estar tan enamorados y enamoradas de las ilustraciones de Byte como yo… y esto es tan claro que ya en aquella época la revista vendía ediciones limitadas de sus portadas:
Pero, como venimos haciendo últimamente, no nos iremos sin darle un repaso a los episodios del mes de Computer Chronicles…
El primero no es especialmente apasionante, y se dedicaba a las carreras profesionales en informática, incluyendo la emprendeduría… Una cosa a destacar es que no era totalmente necesario tener un grado en informática para encontrar trabajo en el campo: bastaba con unas cuantas asignaturas desde otros grados. Por cierto, que ya hablaban de la importancia de las competencias comunicativas… y ya se comentaba que las mujeres se iban a computer science y no a computer engineering. Tremendo, eso sí, en los breves del final del episodio, cómo AT&T presentaba un sistema de correo electrónico «de bajo coste»: ¡40 céntimos por enviar una página de texto! (Un sello costaba 22). Y con servicio de entrega en mano para personas sin correo electrónico por… ¡siete dólares y medio! ¡De la época! Todo ello mientras IBM presentaba un procesador experimental con 93 000 transistores (el procesador del iPhone 16 tiene… quince mil millones)
En el segundo episodio se hablaba de la computación en paralelo. Solo por ver un superordenador Cray de la época ya vale la pena darle al play. El H. T. Kung al que se entrevista a medio programa, por cierto, está a un grado de separación de Deep Blue, de unos de los primeros «gusanos» de internet, de la fundación de Y Combinator (una de las empresas de capital de riesgo más importantes del Silicon Valley)… y de las TPUs de Google. Se dice pronto. Y el Craig Mundie que sale justo después lideró la investigación y estrategia de Microsoft de 2006 a 2012.
Y para cerrar, dos episodios dedicados a los ordenadores y sus usos militares, otro tema del que seguimos hablando hoy. En esta primera parte se repasa la larga historia de esos usos militares, ya desde el ENIAC, y el enorme papel de DARPA en la investigación en el campo. No os perdáis las demostraciones de simuladores de vuelo de altísima tecnología que palidecen al compararlas con lo que podemos correr hoy en básicamente cualquier PC. Y la investigación en armas autónomas ya había comenzado, con el eventual premio Turing Raj Reddy.
Y en la segunda parte, sistemas informatizados en los barcos de la Armada de los Estados Unidos, capaces de disparar autónomamente (y el rechazo que provocaba la idea entre al menos parte de los militares de la época), o las «star wars» de Reagan… y menciones a coches autónomos.
Os diría que avanzaseis los deberes para anticipar el mes que viene… pero marzo fue el último mes de la temporada 85-86 del programa, y la siguiente temporada no llegaría hasta septiembre.
Y eso es todo por marzo… de 1986. El mes que viene, más.