Un 2023 de música

Decíamos ayer…

Y, efectivamente, ya tenemos el «playback» de last.fm, que igual no es tan chulo como el de Spotify (aunque es muy chulo, la verdad). El mío, en particular, está aquí: https://www.last.fm/user/chechar/listening-report/year/playback.

Y dice last.fm que han sido 25 049 reproducciones de 14 930 pistas de 3693 artistas (después de veinte años, vamos por 336 366 reproducciones de 143 755 pistas de 21 479 artistas), durante algo más de 68 días (algo más del 18% del año oyendo música (bueno, con directos y otras historias, algo más, que no todo queda registrado)).

Dice last que, de entre todos sus usuarios, he sido la segunda persona que más ha escuchado uno de mis descubrimientos del año pasado, la canción Prime Numbers, de Cheri Knight. Adecuado, ¿no? Más si, a pesar de haber sido relanzada en 2022 se trata, de hecho, de una canción de los 90.

Me reconoceréis, eso sí, que la visualización que han elegido para mostrar a qué horas del día escucho más música (a eso del mediodía) es insuperable:

Imitan la visualización que se hizo famosa por ser la portada del Unknown Pleasures de Joy Division en 1979. Una línea por semana que sube y baja según las reproducciones hechas en cada hora

Aquí, mis 25 álbumes más reproducidos (si alguno no lo reconocéis, investigad lo que es el «alt» de una imagen):

1. Un Amore Debole (2022), de Ada Oda. 2.  Signal (2019), de Automatic. 3. American Rituals (2022), de Cheri Knight. 4. Sent From My Telephone (2022), de Voice Actor. 5.  Trust In The Lifeforce Of The Deep Mystery (2019), de The Comet Is Coming. 6. Patiently Waving (2022), de Selina Gin. 7. I'm Not Sorry, I Was Just Being Me (2022), de King Hannah. 8. iLevitable (2016), de ILE. 9. You Have Got To Be Kidding Me (2022), de fanclubwallet. 10. On Giacometti (2023), de Hania Rani. 11. Santigold (2008), de Santigold. 12. A Trenc D'Albam (2020), de Marala. 13. Heart Under (2022), de Just Mustard. 14. Waterslide, Diving Board, Ladder To The Sky (2022), de Porridge Radio. 15. Paste (2022), de Moin. 16. The Answer Is Always Yes (2023), de Alex Lahey. 17. Render Me Numb, Trivial Violence (2018), de Belako. 18. Anticlines (2018), de Lucrecia Dalt. 19. Jota de morir (2022), de Marala. 20. Chris Black Changed My Life (2023), de Portugal. The Man. 21. Pretty Monster (2022), de The Blue Stones. 22. No Summer (2020), de Cinder Well. 23. Icons (2022), de Two Shell. 24. Hayday (2021), de feeble little horse. 25. Diabolique (2019), de L'Epée
El 7 debería ser I’m Not Sorry, I Was Just Being Me, de King Hannah, pero por algún motivo no ha descargado bien y me da pereza repetir…

¡Doce discos de 2022 y tres de 2023! Todos son buenísimos, pero si tuviese que destacar algo, me quedaría con las catalanas (en sentido amplio) Marala y su ¿folk del siglo XXI?, el postpunk de Just Mustard y Moin y no dejaría de ir a ver a la pianista y compositora Hania Rani cuando venga por Barcelona en abril (aunque no es concierto para ver de pie, y me temo que va a ser de pie). Y no me explico cómo Two Shell no lo han petado completamente. Dice last que son grime y dubstep. Yo no acabo de saber qué es eso, pero lo molan todo.

Ah. También me alegra mucho informar sobre la distribución temporal de la música que he escuchado este año. Que ya decía antes que mis discos más escuchados son muy recientes, pero me he quedado de piedra al ver esto:

Gana, por goleada, la decada de los 2020, triplicando sobradamente a la de los 2010, que triplica a su vez a los 90, que superan ligeramente a los 2000. Luego vienen los 70, los 60, los 80 y la música anterior a 1960, en ese orden.

Y también me encanta la opinión de last.fm sobre lo mainstream (o no) que es lo que escucho:

Tanto este año como el anterior me da una puntuación del 53%

¿Se puede ser más equilibrado? 😬

En fin. El año que viene, más.

Sobre el fin de la publicidad basada en comportamiento…

La noticia (en La Vanguardia, por ejemplo) de que la Junta Europea de Protección de Datos está en el proceso de prohibir a Meta la publicidad basada en el comportamiento va a ser recogida por todos con gran regocijo. Pero la cosa no está exenta de sus efectos secundarios negativos. Se lo he leído en alguna ocasión a Ben Evans, pero ahora lo explica también @antonello en su última newsletter:

Algo poco ponderado en este debate es que hay todo un ecosistema para el que es clave la publicidad de bajo precio de Meta. Y me refiero a barata por eficiente: para que una campaña sea rentable lo que tiene que conseguir es que te genere más de lo que gastas. Hay millones de sitios de comercio electrónico, servicios online y contenidos que han crecido a la sombra de un coste de adquisición de cliente pequeño. Hay todo un sector industrial europeo al que esta medida afecta, perjudica de manera importante y puede empujar hacia la subida de precios (por aumentos de costes) hasta la desaparición (dejas de ser competitivo) pasando por acabar integrado en una plataforma, casi siempre estadounidense (ya no es rentable vender directo al consumidor, me voy a Amazon).

https://www.error500.net/p/en-el-beef-entre-cientificos-de-inteligencia

No exime esto de culpa a Meta. Es cierto que la publicidad basada en comportamiento ha abierto avenidas para que el pequeño emprendedor encuentre un mercado global que sería inalcanzable con otros tipos de campañas. Pero la absoluta falta de ética y control de Meta —y de muchos otros anunciantes, pero los grandes son Meta y Google (tampoco vamos a defender aquí a Google) y para estos menesteres me da a mí que anunciarse en Instagram y Facebook es mejor camino— lleva ahora a una más que comprensible respuesta de máximos que va a «tirar el bebé con el agua del baño», y para tratar de evitar los innegables e incontables malos usos, va a cerrar un montón de puertas a negocios que van a dejar de ser viables. Uno podría pensar en medidas más finas por parte de las entidades reguladoras, pero no dejan de ser las empresas publicitarias (sobre todo Meta, en este caso) las que podrían haber resuelto el problema cuando apareció, pero les ganó el cortoplacismo :-S.

#fueBonitoMientrasDuró

Smart glasses y… accesibilidad

Vengo yo de dar un paseo escuchando el penúltimo episodio de The Vergecast, en el que se habla de la review que han hecho de las Ray-Ban Meta (vídeo arriba, review completa aquí) que, si me diera la nómina, serían las que me convertirían en un glasshole (muy de acuerdo con los comentarios en el vídeo de que la cámara necesita una manera de taparla físicamente, que plantean toda una serie de dudas sobre privacidad y, sobre todo, lo que se dice en el podcast de que limitar las gafas al ecosistema de Meta es excesivo y una decisión que espero que acabe demostrándose inútil).

(Por cierto, en el podcast también se habla de la nueva ley californiana del derecho a reparar, y vale muchísimo la pena la conversación.)

En cualquier caso, también he echado en falta (en las reviews que he leído, pero también en la presentación de Meta) es cualquier referencia a las personas con discapacidad visual. ¿Quién no querría poder usar las esperadas capacidades de IA de las gafas para que te describiesen lo que tienes delante, te leyeran una etiqueta, un menú o un libro (la IA o las múltiples aplicaciones móviles que ya ayudan con estas cosas en el móvil, un formato que se me antoja) o, en caso de que aplicaciones e IA se queden cortas, conectarte con alguien para que pueda ver lo que la cámara tiene delante y echarte una mano con lo que sea que estás haciendo? (Y si la vida de la batería del cacharro es corta, que inevitablemente lo es, también creo que ningún ciego tendría ningún problema en que de la patilla pudiese colgar un cable USB delgadito a una batería USB externa…)

En fin, Zuckerberg, que el cacharrito mola, pero que estás perdiendo una oportunidad de oro de hacer algo realmente bueno, por una vez.

¡Reloj nuevo! Amazfit GTR 4

A la izquierda, un Garmin Vívomove 3 Style, un reloj de forma circular y aparentemente convencional. A la derecha, un Amazfit GTR 4, un reloj circular con apariencia de smart watch (es todo pantalla)
Garmin Vívomove 3 Style vs Amazfit GTR4

Después de tres años y pico con el Garmin Vívomove 3 Style, tocaba cambiar de reloj. Antes de entrar en materia, tres cosas que debe cumplir todo reloj:

  • Dar la hora continuamente. Si no da la hora siempre, no es un reloj. O tiene agujas, o la pantalla permanece encendida dando la hora continuamente.
  • Poder llevárselo de fin de semana sin pensar en un cargador. Si la batería no aguanta tres días con tranquilidad (dando la hora continuamente), es un dolor de cabeza.
  • Casi corolario del anterior, no debe necesitar más tiempo de recarga diaria que el que dura una ducha. Si me apuras, le podemos dar un cuarto de hora, pero no más. (Después de un fin de semana fuera, podemos darle una horita.)

Y para pasar de reloj a mis (muy modestas) necesidades para un smart watch necesita, además…

  • Enseñarme las notificaciones del móvil. Puntos extra si permite interactuar con ellas de alguna manera.
  • Controlar la reproducción de música / podcasts del móvil.
  • Contar pasos y controlarme el sueño. Puntos extra si controla pisos subidos y bajados y si dispone de GPS (o alternativa) para controlar mis paseos.

Mi «viejo» Garmin (tiene un poco más de tres años) cumple con todos los requisitos, con algunos apuntes…

  • La batería duraba cuatro días. Tres años más tarde, ha bajado a tres.
  • Antes pasaba de sobras con diez minutos diarios de carga, ahora con una cierta frecuencia necesita quince…
  • Las notificaciones en la (muy elegante, todo hay que decirlo) pantalla oculta, al sol, no eran lo más legible del mundo. (Pero, por otro lado, puntos extra por las caras de sorpresa del personal cuando de golpe un reloj «de los de toda la vida» aparta sus agujas para que puedas leer cómodamente lo que aparece en una pantalla que no estaba ahí 😬. Las voy a echar mucho de menos.)
  • No sé si serán mis dedazos, pero en ocasiones la pantalla táctil no es tan táctil como uno habría querido.

(Si alguien está interesado en uno de segunda mano, que me diga. Diría que Garmin no lo ha distribuido en España, pero sigue disponible en Amazon Francia, que sirve sin gastos extra a España. A pesar de mis comentarios, estoy muy contento de la compra. A mí me costó 285 euros, y en el momento de escribir esto, está a algo más de 275.)

En cualquier caso. Tres años son muchos años. En el mundillo de la electrónica de consumo en general y en Can OBM más (o al menos tanto como la nómina y la hipoteca permiten)… Y, aunque no estaba yo buscando activamente sustituto, el otro día llegué, por accidente, a esta review en The Verge… y uno es débil. Más cuando vienes de un reloj de 285 euros y el que te «hace tilín» cuesta «solo» 200 (enlace de compra en amazon.es). Qué le vamos a hacer.

¿Cumple el GTR 4 con todos los requisitos de un reloj y un smart watch? Sobradamente. Con la pantalla siempre conectada, la vida de la batería apunta a cinco días cómodamente, y eso con la detección automática de ejercicio que lanza el GPS integrado mucho antes de lo que uno podría esperar dado el presupuesto. No permite una gran interacción con las notificaciones de Android, pero la permite: respuestas «enlatadas» a mensajería (si alguien recibe un «un minuto» mío, lo más probable es que haya sido desde el reloj) e incluso una pantallita para responder con emojis. El controlador de música y podcasts es más que razonable (tarda una décima de segundo en preguntarle al móvil los metadatos de lo que estamos reproduciendo, pero de nuevo me parece más que razonable). No puedo asegurar la precisión de la medida del latido cardíaco, pero parece creíble. El barómetro, por su lado, también da unas medidas (de presión atmosférica y altura sobre el nivel del mar) perfectamente creíbles. Se integra bien con el calendario del móvil (Google Calendar, en mi caso)… Tiene Alexa integrada (con el móvil haciendo de ventrílocuo, no autónomamente), la pantalla (¡OLED!) es visible incluso con luz del sol intensa…

Si tuviese que criticarle algo… La usabilidad de la app de acompañamiento en el móvil es limitada (aunque suficiente), dudo que nunca tenga un gran ecosistema de aplicaciones y las posibilidades de configurar el aspecto del reloj son bastante limitadas (más aún si no quieres pagar los dos o tres euros que cuestan algunas de las opciones para ello). ¿Razonable por 200 euros? Desde luego.

Y si tenéis alguna duda… para eso tenéis los comentarios de la entrada :-).

Los enlaces de la semana (3)

Vamos allá…

Algún día quedará claro que los videojuegos son cultura…

…y serán reseñados en las secciones de cultura de los grandes medios, no en las de tecnología. Pero mientras tanto celebraremos pequeños o no tan pequeños pasitos, como que un videojuego gane el Premi Ciutat de Barcelona d’audiovisuals i cultura digital.

Algo habrá que decir sobre las inteligencias artificiales generativas, ¿no?

Ya había algo sobre inteligencia artificial en el anterior enlaces, pero no sobre el tema de si todas estas aplicaciones son o no creativas o si producen arte o no (mi posición, tremendamente poco informada, es que el arte es un proceso humano, primero, y que mientras el debate esté tan cargado de hormonas, me atrae tanto como un accidente de tráfico). Aun así, me ha parecido interesante este vídeo:

Aaron Hertzmann es principal scientist en Adobe Research, ¿filial? de Adobe, esa compañía que «amamos odiar» pero que lleva ya muchos años entre el software y la creatividad. Si eso es bueno o malo u ortogonal al tema es algo que deberá decidir quien se lo mire. Debe decirse, además, que no es exactamente reciente: me lo he encontrado en este artículo de Communications of the ACM de mayo de 2020 (cuando las hormonas no estaban tan disparadas), de título alineado con mi postura (curiosamente) y escondido tras el muro de pago que parapeta a tantas publicaciones académicas, lamentablemente.

(Como me ha preocupado un poco el parafraseo que hace de Baudelaire, he intentado buscar la fuente. Si no me equivoco, aquí tenéis tanto el texto en francés del que se saca la cita como una traducción al inglés (de aspecto terrible en navegadores de escritorio, podéis paliar el problema haciendo más estrecha la ventana del navegador, por ejemplo)).

Si alguien quiere leer a Hertzmann explayándose más sobre el tema, también está este When Machines Change Art suyo (mucho más reciente, eso sí).

El disco

Dice last.fm que son shoegaze noise rock post-punk lo-fi… Yo solo sé que me encantan, y que desde luego no son para todos los públicos. El disco es de mediados del año pasado. Aquí el dinosaurio hace lo que puede por mantener una dieta musical más o menos actualizada…

…y el «easter egg» de cierre

Captura de FlightRadar con la trayectoria del vuelo 5Y747, de Everett (Washington, Estados Unidos) a Cincinnati. A media ruta hicieron una complicada serie de giros para dibujar las cifras siete cuatro siete sobre el mapa

Es un «easter egg» bien poco sostenible, pero confieso que me ha hecho gracia el homenaje que le ha dedicado Boeing al último 747 salido de su línea de montaje. La fuente de la imagen supongo que caducará pronto, pero está en en FlightRadar.