Cory Doctorow on Copyright

Muy interesante la pataleta (plenamente justificada) de Cory Doctorow hoy en The Guardian por los mecanismos que parece que pretenden imponer varios gobiernos, que pretenden que los proveedores de acceso a internet espíen a sus usuarios y les corten el acceso a la red si se les ocurre usar sistemas P2P… Me permito traducir libremente un trozo, referente a la poca inteligencia con que actúan las discográficas frente a un problema que debería sonarles:

[…] Es históricamente inevitable: siempre que la tecnología hace imposible controlar un tipo de uso de propiedad intelectual [copyright en el original] hemos resuelto el problema creando licencias sábana.

La propia industria discográfica fue la primera en beneficiarse de este sistema: cuando los editores de partituras de Estados Unidos demandaron a las discográficas por vender grabaciones de sus composiciones, se les dio una solución simple: se permite a todo el mundo grabar esa música, siempre que se pague una tarifa preestablecida. Nadie tiene que pagar 500 dólares la hora a un abogado para negociar si la pista de este álbum te costará 5 o 10 céntimos por disco. Y cuando las discográficas se opusieron a que las emisoras de radio emitiesen sus discos sin compensación ni permiso, la respuesta fue una licencia sábana para los discos emitidos. Es la respuesta comprobada y cierta al problema de las tecnologías que desbaratan el sistema del copyright:

  • reconocer que va a a pasar,
  • encontrar un punto en que cobrar peaje,
  • aplicar una tarifa lo suficientemente baja como para que pague la mayoría,
  • ignorar a los que se saltan el peaje a pequeña escala y
  • demandar a los que se saltan el peaje a gran escala hasta acabar con ellos.

Esa es la respuesta que maximiza el valor de los accionistas y que verdaderamente lleva dinero a los artistas y a las discográficas. Convierte a una mayoría de usuarios del P2P en participantes activos de una transacción en vez de convertir a todo el mundo en «fueras de la ley» con nada que perder y sin ninguna razón para acudir a la negociación más que el medio de represalias legales (un miedo notoriamente inefectivo para moderar el comportamiento infantil).

Amén. Y no dejen de leer el resto del artículo, por favor.

(Permito recalcar lo de una tarifa lo suficientemente baja del tercer punto del plan: lo que se está exigiendo a las radios que emiten por la red es un impuesto revolucionario que, lejos de alimentar las arcas de músicos e industria, puede acabar matando una gallina de los huevos de oro antes incluso de que alcance la madurez.)

Michael Wesch on YouTube

Poca gente tiene tanta autoridad al hablar de YouTube como el antropólogo Michael Wesch. Y sus presentaciones son siempre interesantes. O sea que vale la pena invertir casi una hora sobre quién y qué está en YouTube. O sus hipótesis sobre lo que pasa cada día en YouTube.

Origen.

Viacom vs YouTube, un poco de cordura

Menos mal. Parece que se impone un poco de cordura. Los que estén al tanto de estas cosas recordarán que hace un par de semanas Viacom convenció a un juez para que obligase a YouTube a entregarles, entre otras bagatelas, todos sus registros de servidores. Sí, sí, oiga, unos pocos terabytes de información con, entre otras cosillas, las IPs de todo aquel que hubiese accedido en algún momento a un vídeo albergado en YouTube. Y si tiene usted un usuario registrado, pues una lista con cada vídeo que haya visto usted. Sí, en serio. Viva la privacidad.

El objetivo declarado de Viacom era analizar esos registros (y el resto de datos) para ver si, como ellos opinan, el éxito inicial de YouTube se basó en el contenido «ilícito». ¿Que para qué necesitan las IPs de los usuarios o lo que ha visto cada usuario registrado para tal fin? Pues yo también me lo pregunto. Afortunadamente, se ha impuesto un poco de cordura y Google y Viacom han acordado que los datos que cambiarán de manos serán previamente «anonimizados».

Que nos alegremos de algo que debería ser natural, ciertamente, no es buena señal. Vía.

Una pregunta

Imaginemos (es un suponer, ¿eh?) que nos encontrásemos con un dispositivo que permitiese la difusión de la cultura a un coste casi nulo. Imaginemos, también, que una determinada industria se considerase amenazada por ese dispositivo. Imaginemos, finalmente, que hubiese dos entes llamados Ministerios de Cultura e Industria. Ejercicio: ¿qué ministerio debería estar a favor y cuál en contra?

Es que tiene guasa la cosa, oiga…

Más sobre Last.fm

Decíamos ayer que Last.fm iniciaba un proyecto para pagar directamente a los artistas royalties por la reproducción de sus obras. Desafortunadamente, en un mundo tan complejo como el de la propiedad intelectual en el mundo de la música, la cosa no podía ser tan simple:

  • Si el artista ya ha cedido sus derechos (a una discográfica o a una entidad colectiva de gestión de derechos), pues… va a ser que no puede volver a cederlos a Last (ni a nadie más) por su cuenta. O sea que seguirá cobrando por las vías habituales.
  • El trato solo cubre a los intérpretes. Los autores seguirán cobrando a través la entidad colectiva de turno.
  • Merlin, la macrodiscográfica surgida de la asociación de unas 12,000 discográficas independientes y que ya es tan grande como las cuatro ‘grandes’ no está nada contenta: Last firmó con las cuatro grandes, pero no con Merlin. Last y Merlin están negociando, pero parece ser que Merlin reclama pagos por el uso pasado de su material y Last dice que nones. Merlin, mientras tanto, está recomendando a sus miembros que no se apunten al programa de Last sin solicitar consejo legal antes.

Todo esto sale de Last.fm wants to pay artists, won’t address past ‘illegal use’, en Ars Technica, que además enlaza a Why Ad-Supported Music Won’t Work: Blame The Labels, en Silicon Alley Insider, que dice que las grandes discográficas están pidiendo a los sitios de streaming un céntimo de dólar por canción reproducida. Esto vendría a traducirse en que, para vivir de una radio por internet a base de publicidad el CPM de dicha publicidad debería estar por encima de los diez dólares (este blog anda por los dos dólares de CPM y en el artículo apuntan a un dólar como rendimiento efectivo razonable una radio vía la red, lo que vendría a significar que lo razonable sería pagar por debajo de un céntimo por cada diez reproducciones). Las discográficas están sacando unos 70 céntimos por canción vendida en iTunes y similares, pero es fácil pensar que las radios podrían dar mucho más dinero aún rebajando el royalty por debajo de esos 0.1 céntimos por canción. La alternativa, desde luego, es que no haya radios por internet basadas en publicidad, que los consumidores nos /@#&$)($, que las radios no ganen dinero y que las discográficas no vean ni un duro por este concepto…

En cualquier caso, que sigue oliendo a podrido en el reino de las discográficas…