Dijimos hace nada que dejaríamos de hacer nuestras lecturas mensuales de la revista Byte de hace cuarenta años, pero que amenazábamos con buscar alternativas. Isma señalaba en los comentarios lo que básicamente tenéis aquí abajo, y que a mí también se me había pasado por la cabeza: ya que el ejercicio de lectura en sí lo voy a seguir haciendo, no obligarme a hacer la entrada mensual y exhaustiva, pero, si aparece alguna noticia que me apetezca destacar, pues recogerla por el procedimiento habitual.
Y siempre hemos tenido la norma de que si aparece Commodore, lo recogemos…
¿Iba perdida Commodore en el 86? Pues el Amiga y sus 16/32 bits ya llevaban una buena temporada en el mercado, pero el 64 seguía vendiendo de manera mas que considerable, y alguien tuvo la idea de crear un «monstruo» con doble CPU, heredero del 64 pero con unos masivos 128 Ks de RAM y el doble también de velocidad de procesador, hacerlo compatible con el 64 hasta ser un 64 si se le pedía con un mínimo de amabilidad (G0 64, eran las palabras mágicas) y, por si dos ordenadores en uno no fuesen suficiente, un modo CP/M, cuando el CP/M seguía siendo un sistema operativo más que interesante.
Sobre el papel, una idea muy interesante: una máquina capaz de ejecutar la infinidad de soft que se había desarrollado para el 64 y para las máquinas CP/M, y de ir más allá con el 128. En la práctica, Commodore no vendió ni una máquina más que si hubiese seguido con el 64, nadie del mundillo CP/M le prestó la más mínima atención, y el software desarrollado para el 128 fue, redondeando un poco… absolutamente ninguno. Y todo ello costó un dinero en desarrollo y le quitó parte del poco marketing que se podían permitir las eximias cuentas de Commodore al Amiga, que ya no iba muy fino en su batalla con Macs y PCs. Commodore no moriría hasta mediados de la década de los 90, pero la cosa ya no pintaba bien :-(.
Tenía yo cosas pendientes de leer desde hace una temporada (buena parte de los motivos, en la entrada anterior). Entre ellas, Who’s Left to Build WordPress? Si el tema WordPress os interesa y no os la habéis leído, por favor, haceos el favor de dedicarle el ratito que merece. Destaco aquí algunas notas…
El conflicto WordPress.com/.org v WPEngine ha hecho daño1. Más del que debería. Sobre todo, ha demostrado que el proyecto WordPress no tiene una gobernanza como tal, y eso es nefasto en el mundo del código abierto (y fuera de él también, sí).
WordPress tiene una edad (con ese nombre, un poco menos de los 23 años y poco que tiene este blog 😅, pero en la práctica alguno más) y envejecer es una consecuencia inevitable de ese largo recorrido. Hay que saber envejecer, eso sí (por difícil que sea). No se trata de ser el cincuentón que se apunta a todas las modas para conservarse joven, pero tampoco de ser el meme del abuelo de los Simpsons, o cualquier otro meme de señoro blanco de una cierta edad gritándole al sol porque el universo no ha evolucionado como debería haberlo hecho.
Con esa edad también han llegado una base de código cada vez más difícil de mantener (ni me imagino yo la magnitud del dolor de cabeza que eso debe significar), por un lado, y por el otro, un ingobernable ecosistema de plug-ins. Ese ecosistema le da a WordPress buena parte de la potencia que tiene, pero también más del 90% de los problemas de seguridad que acaban dándose, y es culpable de que muchísimos sitios web (comenzando por este) basados en WordPress tengan un rendimiento glacial, además. ¿Cómo se ataca el problema «sin tirar al bebé con el agua del baño»? No tengo ni la más remota idea. Tengo mis dudas de que sea un problema resoluble, de hecho.
Lo que me parece más peligroso de la entrada de Galea (y que solo en una pequeña parte es una crítica a WordPress) es esa constatación de que quien llega a la web hoy se inclina cada vez más por no poseer la pila tecnológica en la que se apoya, y le resulta más interesante acudir a Shopify, Squarespace, Wix, Substack, Linktree o lo que sea, que contratar un hosting, instalarse un WordPress (o cualquier otra solución bajo su control) y aprender a usarlo. Que me parece innegable que todas esas plataformas tienen todo el sentido de existir, pero esa renuncia a la soberanía tecnológica en aras de la eficiencia implica toda una serie de riesgos que, me temo, le van a explotar en las manos a mucha gente que ha tomado esa vía en los últimos años y a todos los que lo van a seguir haciendo en el futuro, especialmente si esas plataformas comerciales llegan (cuando lleguen) a una posición dominante que les permita ignorar las alternativas autoalojadas y de código abierto. Se me señalará que WordPress.com está en un lugar dudoso (y WPEngine en uno directamente «plataformil») y estaré muy de acuerdo con ello. También se señalará que WordPress, el proyecto de código abierto, seguramente podría hacer más por competir en eficiencia y facilidad, y también estaré de acuerdo, pero desde la convicción de que ese esfuerzo es más complicado de lo que uno podría anticipar (y me negaré a entrar en cualquier debate que contenga la palabra Gutenberg). De la dependencia de las mal llamadas «redes sociales» para tener presencia mejor no hablamos, que me enciendo.
Y la IA, claro, porque todo se ve afectado por la IA, y la potencia de la IA, y los descomunales problemas éticos y morales que implica la IA para un proyecto de código abierto, y las enormes oportunidades y retos que plantea, claro, tanto para los proyectos de código abierto como para quien quiere montarse una presencia en la web pasando de plataformas, abiertas o cerradas. Disculpe, lectora, que no me meta en ese charco. Reconozco, sobre todo, que no sé ni qué pensar.
Que sí, que esto ha sido básicamente un ejercicio de digestión (¿canibalización?) de lo que dice Barea en su excelente entrada. Siempre he sido yo de pensar en voz alta, qué le vamos a hacer. Igual consigo que una o dos personas acudan al original y se lo lean con el cariño que la cosa merece.
Para el que no lo sepa, WPEngine ha demostrado a lo largo del tiempo un comportamiento ciertamente abusivo del modelo de código abierto del proyecto, violando su espíritu claramente, pero menos la letra. El problema es que la reacción que hubo dejó bien claro que WordPress es el proyecto de muchísima gente, pero que quien «tiene la sartén por el mango» es su dictador benevolente, Matt Mullenweg, con todo lo que eso tiene de bueno y de malo. Y, a la larga, nunca es bueno que el proyecto de muchísima gente dependa de una persona, por mucho que la comunidad le daba todo el reconocimiento del mundo. ↩︎
Pues parece que, de ahora en adelante, ya podremos decir que servidor es doctor en e-learning, con la tesis Design and development of a learning analytics tool for the analysis of video learning resources in small-scale learning scenarios. Por si alguien tiene mucho insomnio, aquí la tenéis:
Toca dar las gracias a toda la gente que ha puesto su granito de arena (la contribución de algunos, y algunas, se mide en hormigoneras) para llegar hasta aquí, comenzando por mis directores Anna y Germán, y mi primera directora, María Antonia (uno ha tardado tanto con esto que se ha jubilado, y por eso no figura en la portada). En la página de agradecimientos hay unos cuantos nombres más, y la lista es tan larga como para no caber ahí ni en broma.
Si alguien quiere saber más, la idea es que cada vez utilizamos más recursos de aprendizaje en vídeo, que en algunos casos están sustituyendo a las clases «de toda la vida». Y con ese paso ganamos muchas cosas, pero también perdemos: la profe deja de tener delante a los alumnos, y se pierde indicadores visuales sobre cómo están entendiendo (o no) estos últimos las explicaciones. Esos indicadores no los vamos a recuperar, pero tenemos otros que quizás convendría explotar: esos estudiantes pausan los vídeos y saltan adelante y atrás por ellos, mucho más de lo que creeríais (y más cosas: aceleran y ralentizan su reproducción, por ejemplo). ¿Y si eso nos pudiese servir para entender mejor, y mejorar, los procesos de enseñanza y aprendizaje? Para seguir con el tema, me temo que os vais a tener que leer la introducción del PDF que tenéis incrustado aquí arriba.
Se trata de una tesis modesta, pero, quién sabe, igual pone su granito de arena (repito metáfora, lo sé) para que en algún momento el aprendizaje a través de recursos en formato vídeo mejore un poco 🤞.
Creo que es hora de cerrar etapa. Comenzamos a releer la revista Byte ahora hace casi dos años, en julio del 84, y con esta van 24 entradas dedicadas a 24 números de la revista, y hasta yo comienzo a tener un cierto cansancio del repaso mensual (me puedo desdecir en caso de reclamación por aclamación, pero creo que coincidiremos en que podemos cerrar el ciclo ya, ¿verdad?). Pero no creáis que vamos a abandonar la nostalgia así como así: notaréis que no incluimos la minisección de Computer Chronicles desde el mes de marzo. Pues no es porque se me haya olvidado (por una vez, y sin que sirva de precedente), sino porque, como comentamos en su momento (¡no me estáis atentos!), el programa cerró la temporada a final de marzo de 1986, y no volvió a emitirse hasta el inicio de la siguiente temporada, allá por septiembre del mismo año. Y sí, amiga lectora, amenazamos con repasar mensualmente las Computer Chronicles de la temporada 86/87 a partir de septiembre. (Y me reservo el derecho de seguir leyendo la revista y destacar alguna pieza de vez en cuando O:-).)
Y cerrados los temas organizativos, vamos allá con nuestro último Byte.
Cuánto voy a echar de menos estas portadas de Robert Tinney… (Veo, por otro lado, en archive.org, que se van a hacer más infrecuentes, y que apenas durarían hasta mayo de 1988. Otro motivo para ir cerrando etapa.)
Abrimos número con la editorial y el estándar informático en vigor más antiguo que yo recuerde, que lleva en danza desde nada más y nada menos que 1983. Eso no iba a impedir, naturalmente, esa lacra que son los formatos propietarios…
El producto del mes era esta descripción-que-no-review del Macintosh Plus, que introducía la altísima tecnología de ser capaz de acceder a las dos caras del disquete (doblar la capacidad de cada disquete no es poca cosa), pasaba a un mega de RAM y añadía SCSI para conectar discos (hablan de discos capaces de transferir 320 kilobytes –el énfasis es suyo– por segundo). A cambio, Apple es Apple, se caían de la configuración MacPaint y MacWrite, que pasaban a costar 125 dólares de nada. Teniendo en cuenta que el Plus salía a 2600 dólares de la época (unos 8500 actuales, actualizando la inflación), no sé yo si a Apple le venía de aquí.
Nos paramos unas páginas más adelante para una rara avis, un anuncio de un ordenador MSX en Estados Unidos:
Notará la lectora que MSX solo aparece en el texto del cuerpo del artículo, porque la marca, en Estados Unidos, apenas era reconocida. Nótese también el marcado acento musical, destacando la síntesis FM, el software musical y el soporte de MIDI.
En la sección cosas-que-no-aparecerían-hoy-en-una-revista… ¡curvas de Hilbert!
Atención, por cierto, a la firma del artículo: alguien que se estaba licenciando… en historia, claro.
Y, en el apartado quién-ha-escrito-este-artículo… Robert Moog. Sí, ese Robert Moog. Hablando de síntesis digital, claro:
Y siguiendo con el tema musical de la revista, algo que ni me sonaba: fractales musicales. Ilustrados (sonificados, mejor, sí) con código en BASIC para el MSX de Yamaha de hace tres capturas. En 1986 lo de los fractales era una cosa tremendamente nueva: el libro de Mandelbrot, The fractal geometry of nature, se había publicado apenas en 1982.
Sin haberle dado al código en BASIC, no sé yo si se tratará de la cosa más armónica del mundo. Buscando algo más sobre el tema, en 1987, la revista Nature publicaba una carta, Is there such a thing as fractal music? Y una búsqueda rápida en Scholar muestra que se sigue escribiendo sobre el tema.
Y un par de cosillas más de hardware para cerrar. Primero, al Atari ST, que seguía avanzando…
…y después, que el viejo hardware se resistía a morir, y como muestra este botón en que se revisan interfaces MIDI… para el Apple II y para el Commodore 64 (🥹).
Pues eso. Hasta aquí nuestro repaso a la historia de la informática de consumo de mediados de los 80. Con un poco de suerte (falta decidir si buena o mala, claro 😬), volvemos en septiembre con más Computer Chronicles.
PS Por cierto, por la más pura casualidad me he encontrado esta entrada de obm de 2008… en la que me leía una revista de 1998. Esto mío viene de largo. A lo ¿mejor? ¿peor? es crónico y todo.
He visto poco comentario por ahí de esta declaración (PDF) que firma ACT (la Asociación de Proveedores de Video Bajo Demanda en Europa, que agrupa a empresas como Paramount, Disney, Warner o, en España, Mediaset y Atresmedia, y de la que no forma parte Netflix) y que también cuenta con el soporte de Euroconsumers Group (en España, la OCU es miembro), la European Games Developer Federation (el socio español es Desarrollo Español de Videojuegos, que cuenta con miembros como Gameloft, Socialpoint o Ubisoft Barcelona) o la European Magazine Media Association (son miembros Conde Nast UK, Axel Springer o el grupo de The Economist) o la Internet Society.
La declaración muestra la preocupación de que la Comisión Europea, con la excusa de la nueva Digital Networks Act, cuyo primer borrador se presentó en enero, se coma buena parte de la neutralidad de red, «el principio por el cual los proveedores de servicios de Internet y los gobiernos que la regulan deben tratar a todo tráfico de datos que transita por la red de igual forma indiscriminadamente, sin cobrar a los usuarios una tarifa dependiendo del contenido, página web, plataforma o aplicación a la que accedan» (wikipedia dixit).
Para ACT1, naturalmente, esto implica que sus empresas queden expuestas a pagar para tener mejor salida a la red (por una conexión por la que las telecos, por el otro lado, ya nos cobran a los consumidores). Lo mismo pasa con los de los videojuegos o las asociaciones de prensa. No es que yo quiera ponerme ni del lado de Mediaset ni del de Disney, precisamente, pero la OCU me resulta un poco más cercana, y la Internet Society aún más… La IS, precisamente, ya se quejaba del tema en enero, y sus argumentos, en mi opinión, quedan fuera de toda duda: no hay un problema que resolver, corremos el riesgo de estropear el funcionamiento de internet y vulneraríamos la neutralidad de la red (y todo por echarles una mano a nuestras amigas las telecos, añado yo).
En fin. Que a ver si estamos atentos, controlamos a nuestros legisladores y conseguimos que el lobby de turno no nos la cuele.
Netflix decidió hace un tiempo ya que es lo suficientemente grande como para no tener que preocuparse por estas nimiedades: si alguna teleco pretende degradar su servicio a cambio de un rescate cobrarles por algo así, ya se encargará su ejército de clientes de quejarse directamente. ↩︎