Un truquillo para blogs ‘de poca frecuencia’

Un servidor, hace tiempo, escribía a diario. Y Google Reader le cogió tanto cariño que se pasaba por aquí cada hora. Y entonces dejó de escribir tanto. Y después pasó a escribir aún menos. Y así sucesivamente: en lo que va de año, un mes con más de cinco entradas es una anomalía absoluta… y Google Reader se cansó y ahora sólo me visita una vez al día (que sería comprensible… si no tuviese el canal RSS publicado en Feedburner, que es un servicio propiedad de Google). Y esto quiere decir que desde el momento en que se escribe a la entrada hasta el momento en que les llega a los usuarios de Google Reader (dice Feedburner que tengo unos 350 usuarios que usan el robot de Google para leer mis posts: es una exageración, seguro, pero habrá que tenerles en cuenta, digo yo) pasan muuuchas horas. Y en estas épocas de tiempo real, eso es una eternidad.

Aún así, existe un mecanismo infalible para actualizar las entradas en Reader casi inmediatamente: una vez publicada la entrada, te vas a Reader, vas a tu propio blog y le das al botón de actualizar: voilà, ya tienes al robot visitándote y actualizando, en un pestañeo.

Es posible que ya lo supiérais todos, pero yo me enteré hace nada, y por casualidad…

El RSS ha muerto. Larga vida al RSS

Dos noticias se han sucedido muy rápidamente en las últimas horas. Por un lado, Ask.com aunciaba la muerte definitiva de Bloglines (dos notas: (i) no por anunciada deja de ser triste, a pesar de que ya hace cinco años que se veía venir y (ii) no fue el mayordomo, fue Google Reader (con la ayuda de la propia Ask.com, que no ha movido un dedo para mantener el servicio más allá de lo estrictamente imprescindible)). Por otro lado, WordPress.com presenta sus ‘Subscriptions’, que no dejan de entenderse como un ‘RSS for dummies’ con gotas de red social.

¿Significa esto la muerte del RSS? Ni en broma. Representa lo que ya era asumidísimo entre los ‘early adopters’: el RSS jamás se impondrá como tecnología de consumo ni será una de las palabras que acaben formando parte del imaginario popular de la web. Pero eso no impide que, al menos de momento, sea una de las tecnologías sobre las que se basa la infraestructura de la red. A ver cuantas «apps» para dispositivos de webs grandes encontráis que no sean un canal RSS «vestido» con cuatro accesorios… Y cuando la gente con blog (haberlos haylos) publica su blog a Facebook, que nadie se engañe, publican su canal RSS.

Mientras tanto, el RSS para usuarios finales queda restringido a los lectores de RSS (¿En plural? ¿Quedan lectores RSS populares que no se llamen Google Reader?) que, ya no cabe duda, son un producto de nicho para consumidores de información en grandes cantidades, para los que es un engorro ir haciendo clic en el tuit de turno (o el enlace en Facebook, o lo que sea) para acceder a la web que contiene todo el texto. Sólo hace falta tocar madera para que en Google no se les ocurra hacerle a Reader lo que Ask le ha hecho a Bloglines.

PS En paidContent aportan más datos: hay estimaciones que sitúan la caída de tráfico de Bloglines en el último año en un 71%… y las de Google Reader en un 27%. No es una buena noticia…

Lleva tu mediateca a todas partes con Zumocast

Captura de pantalla del cliente web de Zumocast
Todos mis vídeos, allá donde vaya

En estos tiempos de ‘nubes’ uno aspira a poder disponer de sus contenidos de audio y vídeo allí donde vaya: si se dispone del suficiente ancho de banda de subida (algo que no sucede con frecuencia, dada la extrema asimetría de las líneas ADSL, por otra parte), la potencia del ordenador medio debería ser más que suficiente para coger un vídeo y enviarlo en streaming allá donde sea. Y de hecho, habíamos llegado a comentar por aquí (allá por 2008) la existencia de Orb, que solucionaba (y sigue solventando) el problema, pero cuya interfaz está un tanto caduca y no parece haberse movido mucho en estos dos últimos años.

Y ahora se le suma, finalmente, un adversario: ZumoCast (de los responsables de ZumoDrive, una ‘unidad de disco en la nube’ de funcionamiento correcto pero que, mucho me temo, poco puede hacer contra el omnipotente y omnipresente Dropbox). Poco más que decir de la aplicación que, al menos en una primera prueba muy preliminar hace lo que anuncia, correctamente: tras la instalación, basta navegar hacia las carpetas que contengan los archivos que deseemos compartir, hacer clic con el botón derecho y usar el esperable menú contextual para conectarlo a nuestra cuenta y que los contenidos de turno estén disponibles inmediatamente.

Cuenta con la inevitable aplicación para dispositivos iOS. De momento, no dicen que tengan nada en mente para Android y, para sorpresa de nadie, la versión web no es apta para el navegador de mi Nokia N97.

Control

[youtube]http://www.youtube.com/watch?v=HFURM8O-oYI[/youtube]

Para aquellos para los que el inglés no sea su fuerte, transcribo (más o menos) y después traduzco (también más o menos):

…we built blue boxes. Now, these are obsolete now but, they were devices that you could build… You know when you make a long distance phone call, in the background, tweet tweet tweet, those are the telephone computers actually signalling each other, sending information to each other to set up your call. And the signalling they use is a lot like touch tone phones, only it is different frequencies. Well, you can make a box that emits those frequencies, that can make those tones, and there’s a way, there used to be a way, to fool the entire telephone system into thinking you were a telephone computer and to open up itself and let you call anywhere in the world for free. And, matter of fact, you could call from a pay phone, go to White Planes, New York, take a satellite to Europe, take a cable to Turkey, come back to Los Angeles, and you could go around the world three or four times and call the pay phone next door, shout in the phone, it’d be back 30 seconds and come back the other end, the other phone.

So, we actually, and these were illegal, I have to tell. But, in spite of that, we were so fascinated by them that Woz and I actually figured how to build one. We got the best in the world, it was the first digital blue box in the world. And we would give them to our friends and used them ourselves. You know, you rapidly run out of people you want to call. But it was the magic, the fact that two teenagers could build this box for a hundred dollars worth of parts, and control hundreds of billions of dollars of infrastructure, in the entire telephone network in the whole world, from Los Altos and Cupertino in California. That was magical. And experiences like that taught us the power of ideas, the power of understanding that if you could build this box you could control hundreds of millions of dollars worth of telephone infrastructure round the world. And that’s a powerful thing. And…

Ahora la traducción:

…construíamos «blue boxes». Que ahora están obsoletas pero, eran dispositivos que se podían construir… Sabes cuando haces una llamada de larga distancia, de fondo, tu tu tuit tuit, eso son los ordenadores del teléfono que se envían señales, se envían información para preparar la llamada. y las señales que usan se parecen mucho a las de los teléfonos, sólo que son frecuencias diferentes. Pues bien, se puede hacer una caja que emita esas frecuencias, que puede hacer esos tonos, y hay una forma, había una forma, de engañar al sistema telefónico entero para que pensase que tú eras otro ordenador telefónico y que se abriese y te dejase llamar gratis a cualquier lugar gratis. Y, de hecho, se podía llamar desde una cabina, ir a White Planes, en New York, coger un satélite a Europa, coger un cable hasta Turquía, volver a Los Angeles, y podías dar la vuelta al mundo tres o cuatro veces y llamar a la cabina de al lado, gritar en el teléfono, pasaban 30 segundos y la voz salía por el otro extremo, por el otro teléfono.

Así que, de hecho, y eran ilegales, debo decirlo… Pero, a pesar de ello, nos fascinaban tanto que Woz y yo de hecho averiguamos cómo construir una. Y fabricamos una. La mejor del mundo, la primera ‘blue box’ digital del mundo. Y se las dábamos a nuestros amigos y las usábamos nosotros mismos. Sabes, la gente a la que quieres llamar se acaba pronto. Pero era la magia, el hecho de que dos adolescentes pudiese fabricar esa caja por cien dólares de componentes, y controlar cientos de miles de millones de dólares de infraestructura, de toda la red telefónica de todo el mundo, desde Los Altos y Cupertino en California. Eso era magia. Y experiencias así nos enseñaron el poder de las ideas, el poder de comprender que si podías fabricar esa caja podías controlar cientos de millones de dólares de infraestructura telefónica por todo el mundo. Y eso es algo muy potente. Y…

Sí, el señor del vídeo es Steve Jobs (diría que hacía 1998): el mismo señor que en su adolescencia controlaba «cientos de millones de dólares de infraestructura telefónica» (una infraestructura que no le pertenecía, cabría añadir) y que ahora hace todo lo posible para que no le hagas un «jailbreak» al iPhone que sí te pertenece…

Si algo hay que reconocerle a Jobs es un supremo ejercicio de coherencia. Ya desde la adolescencia estaba fascinado (yo habría dicho obsesionado, pero él dice claramente fascinado) por controlar la infraestructura telefónica del mundo. Y a fe mía que lo ha conseguido más que ningún otro ser humano. Lo que ha cambiado es sólo la dirección desde la que ejerce ese control: antes era de abajo hacia arriba, desde fuera hacia adentro, individuo contra el sistema, y ahora es desde lo más profundo del sistema, como antes contra el propio sistema, pero también hacia abajo, al más puro estilo 1984 (qué ironía, la de el anuncio).

(También hay que reconocer, desde luego, que ya desde la adolescencia estaba obsesionado por construir los mejores dispositivos del mundo y, no se le puede dejar de felicitar por ello, sigue con su obsesión y, también en este aspecto, lo ha conseguido más que ningún otro individuo.)

Fuente del vídeo: Woz and Jobs: phone phreaks. No os perdáis el otro vídeo, en que entrevistan a Woz, que tampoco tiene desperdicio :-)

A la velocidad de la industria informática (II)

Decíamos ayer que la industria informática corre mucho. Algunos ejemplos más robados de aquí

Anuncio de una tarjeta de expansión de memoria de 16 kilobytes
¡16 Kilobytes! Por apenas 500 dólares. Y compatible con el estándard S100, permitiendo llegar hasta 512 kilobytes...

Más info: el bus S-100, de 16 bits, se usaba en el histórico Altair 8800, además de en los ordenadores de Cromemco, allá por los 70.

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