20 años de Toy Story. 20 años de ley de Moore

Efectivamente, ese vídeo no tiene mucho que ver con Toy Story, si exceptuamos que está hecho por ordenador. Pero si para estrenar los 77 minutos de Toy Story hace 20 años hicieron falta 800,000 horas de máquina (según este artículo de Wired de 1995) el vídeo de aquí arriba está hecho en tiempo real, en un ordenador (aquí explican cómo, con todo lujo de detalles). Si eso no ilustra la ley de Moore, ya no se me ocurre qué lo hará…

Google, su índice y los sitios “mobile friendly”

Nota breve, hoy. Tenemos a “media” internet (la parte que hace webs y se preocupa por su posicionamiento en Google) revolucionada por el anuncio de que va a comenzar a tener en cuenta si una web se ve bien en dispositivos en sus resultados. El anuncio es de 26 de febrero y avisan que la cosa se pondrá en marcha el 21 de abril. A medida que se acerca la fecha, los webmasters sin versión responsive se ponen nerviosos e incluso los que la tienen echan humo por la presión que mete Google…

Algunas puntualizaciones:

  • La noticia no es que Google añada un factor a su algoritmo. Esto, al fin y al cabo, lo hacen con una cierta frecuencia. El algoritmo de Google tiene más ingredientes que la receta de CocaCola y, además, cambia bastantes veces al año. De hecho, os podéis jugar lo que queráis a que ese factor ya es parte del algoritmo. El 21 de abril, como mucho, le darán más relevancia.
  • La noticia es que Google avise con tanta claridad y antelación, algo que, con esta intensidad, diría que no ha hecho nunca.
  • ¿Por qué? Google cambia su algoritmo para seguir siendo el mejor o, como mínimo, parecerlo. Y eso, al fin y al cabo, es lo mejor para sus usuarios y para los usuarios, en general (si estoy buscando desde el móvil, yo también prefiero que la web a la que me vayan a llevar se vea bien en el móvil). Google anuncia cambios en el algoritmo para ejercer presión sobre los webmasters. A Google, que obtiene más del 90% de sus ingresos de vender publicidad en sitios web, le interesa que, desde cualquier dispositivo, el usuario navegue, cuanto más mejor. Cuando el usuario “consulta una web” desde una app Google pierde la oportunidad de vender un anuncio. Cada app de medio de comunicación es un montón de dinero que Google deja de ingresar. Y eso duele en la cuenta de explotación. Y van a hacer todo lo posible por que, al menos para los sitios “de contenido”, la web móvil plante batalla a las apps (que, para la categoría “de contenido”, apenas le suponen ingresos a Google a través de su tienda de aplicaciones para Android).
  • Webmasters del mundo hartos del yugo de Google, la única solución que os queda es hacer todo lo posible por “repartir juego” y que el indexador de Google pierda al menos parte de su relevancia en favor de los Bings y DuckDuckGos del mundo. Eso sí… si pensáis que Bing y DuckDuckGo no cambian su algoritmo con frecuencia, preparaos para llevaros una profunda decepción. La única manera de luchar contra la ley de Campbell es cambiar la receta con frecuencia. Al menos mientras haya SEOs. Y podemos estar de acuerdo todos en que mientras haya buscadores y la gente los use habrá SEOs…
  • (Y si la solución iba a ser el social media, recordad que los Facebooks del mundo también tienen sus algoritmos de ordenación.)
  • Conspiranoicos del mundo: hay, desde luego un motivo excelente para sospechar de Google: que uno de los factores para ordenar la relevancia de una página sea “contiene publicidad AdSense”. Nadie ha demostrado que eso sea así. Si fuese así, Google estaría jugando con fuego, se merecería arder y, dicho sea de paso, yo me apuntaría encantado a rociar gasolina.

Ale. Suficiente por hoy. Y suerte que he dicho que iba a ser una “nota breve”…

Realidad virtual. Sí, pero [todavía] no

La cosa más divertida que se puede hacer con el Gear VR, con la excepción de unos pocos juegos y vídeos, es hacer demostraciones del Gear VR. Hace unos días dejé uno en en nuestro trailer del CES y pude ver como unas cuantas personas lo experimentaban por primera vez. Mis padres vieron una peli corta sobre pinturas rupestres estas navidades. Cada vez experimenté la emoción de ver saltar a alguien a otro mundo por primera vez. Pero no es sólo compartir un hobby. Es una forma de recapturar a través de otros la alegría de ver algo que yo ya había agotado. Dar una vuelta por el laboratorio de Tony Stark fue divertido. No tengo ganas de volverlo a hacer.

Ese es el problema con buena parte de la realidad virtual. Después de años de experimentación, hemos encontrado algo que funciona innegablemente: breves espectáculos visuales como una visita a Islandia o una canción de un concierto de Paul McCartney. Y, desafortunadamente, eso es, por un lado, difícil de monetizar y, por otro, casi enteramente pasivo.

Copiado y traducido de Slow down the virtual reality hype. We’re still waiting for the good stuff, en The Verge. Yo no podría haberlo dicho mejor, comenzando porque mi experiencia es diversos órdenes de magnitud más cutre, con un Cardboard, y no con un Oculus… De hecho, y aún a pesar de lo [intencionadamente] cutre de Cardboard, creo que esto es lo mejor que le podía pasar a la realidad virtual: “hardware” a coste de “todo a cien” que permite jugar sin despertar expectativas imposibles de satisfacer… y da a los potenciales desarrolladores un poco de campo para jugar y ver si a alguien se le enciende la bombillita y sale la imprescindible killer app.

Por otro lado, coincido también con las dos cosas que apuntan en el artículo: primero, que el siguiente paso tiene que venir del lado de las interfaces, sin las que no vamos a poder pasar de la pasividad imperante y, por otro, que al menos de momento se trata de un producto claramente “de nicho” que, al menos a corto plazo, se va a usar básicamente para “experiencias” patrocinadas por departamentos de marketing y (más interesante, personalmente), museos.

Ya puestos, unos cuantos enlaces relacionados que han ido saliendo estos días…

Experiencias más allá de los videojuegos:

Hardware…

Producción y distribución de contenidos (especialmente los más “estilo vídeo”):

Interfaces:

Ah, y finalmente, el tema de las smart glasses, que a pesar de la aparente muerte de Google Glass, siguen rondando…

¿A dónde ha ido mi tuit?

Visualización de la cadena de retuits de un tuit
El camino del tuit es inescrutable…

De interés, básicamente, para tuiteros populares y estudiosos del social media, Where Does My Tweet Go? responde, con precisión, a esa pregunta: ¿por qué un tuit se ha vuelto viral de golpe? Para los que tengáis decenas de miles de seguidores, conseguir que un tuit se retuitee docenas y docenas de veces, y que los enlaces que ponéis sean visitados hasta alcanzar magnitudes de efecto Barrapunto quizá no tenga más misterio, pero para el otro 99% las cosas no suelen suceder así y ver qué ha pasado puede resultar un ejercicio, cuando menos, curioso :-)

Réquiem por Reader

Enterarme, de hecho, me enteré de buena mañana por un correo de Isma (que me devolvía un ‘favor’ del 31 de diciembre). Pero aún tenía el cerebro en proceso de arranque y no lo procesé del todo. Sin embargo, al abrir Twitter, el cierre de Reader seguía allí…

Algunas de las reacciones de mi timeline twitter a la noticia del cierre de Google Reader
Consternación

Y al abrir Reader (en la web: la app móvil, olvidada desde hace eones, no se ha tomado la molestia de comunicar el cierre)…

La alerta que lanza Google Reader la primera vez que accedes a él después del anuncio del cierre, avisando de este
El apocalipsis Reader es el 1 de julio

Naturalmente, la muerte de Reader es la noticia del día en Reader:

Captura de pantalla de mis 'favoritos' en Google Reader, monopolizados por el cierre de Reader
La muerte de Reader, en Reader

Que te ‘maten’ un servicio en la web que llevas una eternidad usando es, qué le vamos a hacer, una de las tristes realidades de la red (el primer trauma de este tipo que recuerdo fue la adquisición y posterior castración de Launchcast por parte de Yahoo!, un proceso que debió culminarse hacia 2005, si la memoria no me engaña). Aunque la cosa se veía venir desde hace tiempo, sorprende todavía un poco por ser Google cerrando un servicio creado en su seno, no en una compañía adquirida por ellos. En cualquier caso, son más de seis años con Reader (después de la hégira Bloglines, que recordarán los más viejos del lugar) y más información filtrada por su tamiz de la que soy capaz de recordar:

Captura de la pantalla de estadísticas de Google Reader.  Más de doscientas suscripciones, más de doscientas mil noticias leídas
Cuánta información ha entrado por esa puerta…

Se va a hacer muy extraño abrir un navegador un día y no ver el ‘favicon’ de Reader.

¿Y ahora qué?

Lo primero, desde luego, es buscar, antes del fatídico uno de julio, una alternativa viable como consumidores de contenidos. De momento parece que, a río revuelto, ganancia de Feedly, pero quedan tres meses y medio para el apocalipsis y —toquemos madera— va a haber movimiento por ocupar el vacío dejado por Reader, que podrá parecer pequeño desde la escala Google, pero que sin duda puede resultar muy atractivo a otros jugadores que, además, ahora deberían tener más fácil la opción de cobrar por sus servicios a un público sofisticado y al que los de Mountain View han concienciado de manera contundente (algo más dice sobre el tema Antonio Ortiz). No son los Google Currents, Pulses y Flipboards del mundo los que deberían ocupar ese espacio, dado que ahora parece que les va razonablemente bien en un nicho que tiene que ver con la agregación de pocos contenidos, filtrados bien por curadores de contenidos, bien algorítmicamente. Para los consumidores verdaderamente voraces que Reader deja huérfanos, Feedly, insisto, parece el mejor posicionado, pero en Xataka consideran algunas de las alternativas web, sobreviven por ahí unas cuantas aplicaciones de escritorio y para móviles y tabletas, y quedan tres meses de lucha por la posición dominante. No descartéis que para julio estéis usando un agregador que hoy no existe. Quién sabe, igual la crisis provoca innovaciones y debemos agradecerla…

(Lo único bueno que se me ocurre decir de Google en todo este asunto es que como mínimo existe Google Takeout, algo que deberíamos exigir a cualquier proveedor de servicios en la web antes de ni siquiera acercarnos a él y que nos va a ahorrar unas cuantas horas de trabajo a todos los que pasaremos por el proceso de exiliarnos.)

En segundo lugar (al menos desde mi punto de vista), queda ver qué hacen (hacemos) con la papeleta los publicadores de contenidos… La web debería haber significado desintermediación, y lo ha hecho hasta cierto punto… pero publicaciones como la citada Xataka tienen más de cincuenta mil suscriptores Reader y un gigante como Engadget se va a los seis millones de suscriptores, que se dice pronto, según el propio Reader… Esos suscriptores (o mis entre cuatrocientos y seiscientos, según tiene el día Feedburner —otro servicio que arderá en la hoguera y que deberemos sustituir—, desde luego, que sois poquitos pero dignos de todo cuidado) van a migrar a algún sitio (o desaparecer), y va a haber que estar atentos a dónde van y cómo afecta eso a nuestros contenidos. Saber que el cliente canónico era Reader nos facilitaba el trabajo… pero a qué precio. Los cuidadosos con sus contenidos no pagarán un precio muy alto, pero los que hayan desarrollado vicios van a tener que revisar sus maneras de publicar. (Ah: ofrecer páginas Facebook no es intermediar. De nada.)

(Por lo que respecta a obm, algunos ya seguís su cuenta de Twitter, @obm (a ver cuánta gente puede presumir de un ‘handle’ de tres caracteres ;-)) y el RSS debería ser lo suficientemente limpio como para no dar ningún problema en ningún lector. Me falta ver cómo lo hago para conservar a los que os habéis suscrito por correo a través de Feedburner. Seguiremos informando.)

Y en último lugar, pero quizás con más importancia que los anteriores, queda reflexionar. Si se me permite, me cito a mí mismo:

Los monopolios, mientras no dan problemas, son cómodos para casi todos pero, como todas las dictaduras, aunque sean benevolentes, acaban reventando y provocando víctimas. Los monopolios son malos en telefonía, en los medios de comunicación, en sistemas operativos de escritorio o ‘de bolsillo’, en las redes sociales, en los buscadores, en el motor que nos muestra las páginas web que visitamos… Seguro que después de esta [pequeña] crisis vendrán otras. Intentemos que lo que podamos aprender de esta nos ahorre dolores futuros.