estarfaitin (Del inglés ‘starfighting’, y este de ‘star’, estrella, y ‘fight’, luchar).
1 m. Dícese del proceso en el que se intentan recuperar las lecturas aplazadas a lo largo de los días anteriores.
Etimología: Originado por la tendencia de determinados servicios de la web de marcar con estrellas los ítemes a leer con posterioridad por parte del usuario.
¿Soy yo, o las noticias en la web llevan una semana o dos de franca aceleración?
La semana que viene Barcelona va a estar en ebullición. Por un lado, tenemos el festival de documental musical In-Edit (comienza hoy, de hecho), que en una semana ‘normal’ centraría toda mi atención. Pero es que también vamos a tener cultura y educación en abierto por un tubo. Tenemos el festival Drumbeat de «aprendizaje, libertad y la web», montado por la fundación Mozilla con la inestimable colaboración de unos cuantos ‘terroristas culturales’ de por aquí :-). Comienza el miércoles por la noche con Joi Ito (ahí-es-ná) y que estará a pleno rendimiento jueves y viernes, con actividades el sábado por la mañana, de regalo. Andaré por allí el miércoles por la noche y el viernes entero.
En paralelo, de martes a jueves, tenemos la conferencia académica (en este caso, lo de ‘académica’ no es peyorativo, puedo asegurarlo) Open Ed 2010, que se traslada a Europa por vez primera y tendrá a luminarias como David Wiley, Erik Duval o el incomparable Brian Lamb, ‘de profesión edupunk’ :-).
Y me dejo a Brian para el final porque lo hemos secuestrado el jueves por la tarde para una jornada con la que tengo el gustazo de colaborar, sobre recursos educativos abiertos (más información (PDF, en catalán)), dirigida a profesorado de secundaria, pero que creo que será interesante para todos los interesados en el tema. Además de Brian, tendremos a otro invitado de renombre en el campo, Anibal de la Torre, que entre otras cosas (no dejéis de pasar por su blog) coordina la elaboración de material curricular para el bachillerato en línea en Andalucía.
La jornada tendrá lugar en en ‘Centre de Suport’ de la UOC en Rambla de Barcelona, 6. Comenzará a las 17:30 con charlas sobre el tema y se cerrará con una mesa redonda abierta al público. Os podéis apuntar aquí.
Muchas propuestas para una semana cargadita. La que más recomiendo yo, esta última ;-)
Nota: Esto es una traducción de la entrada The real cost of free, escrita ayer por Cory Doctorow (en Google, y si queréis más, la entrevista que tuve el gusto de hacerle para Mosaic hace ya bastante tiempo) en el blog the tecnología del diario británico The Guardian. A pesar de que el artículo está protegido con un fantástico copyright, algo me dice que no me demandarán por esto… No suscribo todo lo que dice, pero su lectura merece sobradamente el esfuerzo de la traducción. Traducción, por otro lado, bienintencionada pero, seguro, imperfecta: se recomienda saltar al original y se acepta todo tipo de correcciones.
La semana pasada mi co-columnista del Guardian Helienne Lindvall pubicó una pieza titulada The cost of free, en la que calificaba de «irónico» que «defensores del contenido en línea gratuito» (incluyéndome a mí) «cobren elevados precios por hablar en eventos».
Lindvall dice que habló con alguien que había contactado con una agencia con la que yo había trabajado y le dieron precios de entre diez y veinte mil dólares por hablar en una universidad y de veinticinco mil dólares por hablar en una conferencia. Lindvall procede a hablar de lo que cobran otros oradores, entre ellos el editor de Wired Chris Anderson, autor de un libro llamado «Free» (del que hice una crítica aquí en 2009), el cofundador de Pirate Bay Peter Sunde y el experto en marketing Seth Godin. En la opinión de Lindvall, todos somos parte de una única ideología que exhorta a los artistas a regalar nuestro trabajo, pero no practicamos lo que predicamos porque cobramos tanto por nuestro tiempo.
En estos tiempos de ‘nubes’ uno aspira a poder disponer de sus contenidos de audio y vídeo allí donde vaya: si se dispone del suficiente ancho de banda de subida (algo que no sucede con frecuencia, dada la extrema asimetría de las líneas ADSL, por otra parte), la potencia del ordenador medio debería ser más que suficiente para coger un vídeo y enviarlo en streaming allá donde sea. Y de hecho, habíamos llegado a comentar por aquí (allá por 2008) la existencia de Orb, que solucionaba (y sigue solventando) el problema, pero cuya interfaz está un tanto caduca y no parece haberse movido mucho en estos dos últimos años.
Y ahora se le suma, finalmente, un adversario: ZumoCast (de los responsables de ZumoDrive, una ‘unidad de disco en la nube’ de funcionamiento correcto pero que, mucho me temo, poco puede hacer contra el omnipotente y omnipresente Dropbox). Poco más que decir de la aplicación que, al menos en una primera prueba muy preliminar hace lo que anuncia, correctamente: tras la instalación, basta navegar hacia las carpetas que contengan los archivos que deseemos compartir, hacer clic con el botón derecho y usar el esperable menú contextual para conectarlo a nuestra cuenta y que los contenidos de turno estén disponibles inmediatamente.
Cuenta con la inevitable aplicación para dispositivos iOS. De momento, no dicen que tengan nada en mente para Android y, para sorpresa de nadie, la versión web no es apta para el navegador de mi Nokia N97.
Se me escapa por qué esta historia no está dando más vueltas por la web. A veces hasta me pongo ‘conspiranoico’… Y es que Veetle.com es uno de esos sitios que debería estar haciendo mucho ruido…
Spotify ha demostrado que el P2P es una tecnología viable para distribuir audio sobre internet en tiempo casi real. Pasar al vídeo debería ser una cuestión de echarle más ancho de banda al asunto, pero poca cosa más… Y sin embargo, no me suena ninguna iniciativa al respecto.
Mientras tanto, distribuir vídeo a través de internet es tan caro que todo parece indicar que sólo la tremenda inversión en infraestructura de Google permite a YouTube no morir en el intento (e, incluso, quién sabe, obtener beneficios en algún momento).
Y aún así, a pesar de que los números del vídeo en línea llevan tiempo subiendo a ritmos exponenciales, les falta mucho para llegar a los números de la televisión: dicen por ahí que el internauta medio consume unos quince minutos diarios de YouTube. A una cierta distancia de la penetración de la tele, a un mundo todavía de las tres horitas de tele, poco más o menos, que se come el consumidor medio.
Mientras los medios en línea siguen intentando encontrar un modelo de negocio viable, está más que demostrado que la gente está dispuesta a pagar por disponer de tropecientos canales de televisión (y que los anunciantes, a su vez, están dispuestos a pagar por los ‘eyeballs’ de esos televidentes, a granel, mucho más de lo que pagan por la publicidad en línea).
¿Qué ofrece, mientras tanto, Veetle? La [al menos aparente] solución al problema: un plugin, disponible para una buena masa de sistemas operativos y navegadores, que permite, por un lado, la posibilidad de consumir tele ‘como toda la vida’: acceder a un canal y ver lo que están emitiendo (a lo que estaba emitiendo hace unos segundos, de hecho, pero ya nos entendemos…). Nada de ‘on demand’: o te interesa, o ‘cambias de canal’, o ‘apagas’. Y no hay más. Por otro lado, el mismo plugin te ofrece la posibilidad de abrir tu propio canal, capturando de una sintonizadora de televisión, programando unos cuantos vídeos que tengamos por el ordenador o, finalmente, capturando cualquier fuente de vídeo que tengamos conectada al ordenador… ¿Necesidades para emitir? Un ordenador medianamente potente (pero para nada un ‘cañón’) y una conexión con un ancho de banda de subida ‘casi-razonable’ (esto es, 600, 800 kilobits, un megabit… nada extraordinario… a no ser que tengas contratada una ADSL española, en cuyo caso ya te puedes dar con un canto en los dientes si llegas a los 512 kilobits).
¿Qué hay hoy en Veetle? Como podría esperarse, contenidos de legalidad cuando menos dudosa: un puñado de canales dedicados a la emisión de películas y series de televisión (con ‘canales’ dedicados en exclusiva a los Simpson o American Dad, por ejemplo) o a la reemisión de acontecimientos deportivos o canales de televisión (y eso es lo que hay a la vista: cuando uno se pone a emitir contenido cuenta con la opción de no publicar su ‘canal’).
¿Cuál es el futuro a corto plazo de Veetle? Primero, conseguir crecer y sobrevivir en un campo de minas importante, con lobbys muy interesados en mantener la escasez [artificial y relativa] de canales de emisión usando, entre otros medios, la legislación presuntamente escrita para proteger la propiedad intelectual. Después, legitimar su oferta ofreciendo contenidos ‘legales’ (las comillas van por la dificultad de definir legal, ilegal y alegal, no por ninguna otra cosa). De momento, estos días están promocionando en portada la emisión de un torneo veraniego de fútbol, que es un paso modesto pero en la dirección correcta.
¿Y después? Si sobreviven a una infancia de alto riesgo, el futuro no tiene límites. Las posibilidades de rentabilizar un canal a base de micropagos, si los costes de infraestructura son mínimos: canales temáticos como los que ya se ofrecen ‘bajo mano’, emisión de acontecimientos deportivos de mediana audiencia, actos públicos de interés para comunidades limitadas… y la posibilidad de poner en manos de cualquiera, finalmente, la posibilidad de su propio canal de televisión.