Radiohead y los precios a la carta

Que internet ha cambiado las maneras de hacer en el mundo de la música es una obviedad más que notable. Pero lo del lanzamiento del último disco de Radiohead (Boing Boing, NME, blog anuncio, tienda) tiene su miga…

Primero tenemos el hecho que se anuncia apenas diez días antes de su puesta a la venta a través de la red, y un mes antes de que llegue a los canales de distribución habituales. Y es que el problema de la piratería prelanzamiento es, efectivamente, un problema: para cuando salieron los últimos discos de los Rolling Stones o los Red Hot Chili Peppers, por ejemplo, hasta el último fan de las dos bandas con conexión a internet hacía quince días que los tenía. Y eso, qué se le va a hacer, algún impacto negativo sobre las ventas tuvo que tener… O sea que, contra la piratería, lanzamiento sorpresa.

Pero lo más impactante no es eso, sino la ausencia de precio para la versión digital: una vez añadido el disco al carrito de la compra, el sistema nos pregunta el precio. Aparece un interrogante la mar de mono que nos cuenta, previo click, que «nosotros mismos».

Me encantaría saber la distribución estadística de los precios pagados por los fanáticos de la banda… (También me gustaría saber, desde luego, el formato de la descarga, que no aparece por ningún lado.)

PS Y por su lado, los Charlatans anuncian que, directamente, el próximo disco lo piensan regalar. Mal momento para trabajar en una discográfica…

PPS Una encuesta informal del NME parece indicar que el precio medio pagado estaría alrededor de las 5 libras (algo más de 7 euros)…

La industria musical y la privacidad

I met with all of the major labels (Universal, EMI, Sony, and Warner Music) and they seemed open minded to new ideas. One had a cautious ‘wait and see’ type of attitude. Another wanted millions of dollars up front. One insanely asked me if I would embed the purchaser’s credit card number in the song files they bought. (I pointed out as politely as I could that no one would shop at Barnes and Noble if they printed your credit card number on every page of every book you bought. And, um, oh yeah, I’d be breaking a variety of federal and state laws!)

O lo que es lo mismo (en traducción libre y aproximada, con el énfasis de cosecha propia),

Me reuní con las cuatro grandes (Universal, EMI, Sony y Warner Music) y todas parecían abiertas a nuevas ideas. Una tenía una actitud cuidadosa, ‘esperemos y veamos’. Otra quería millones de dólares por adelantado. Otra me preguntó, extrañamente, si incrustaría el número de la tarjeta de crédito del comprador en los archivos que comprase. (Le señalé tan amablemente como pude que nadie compraría en Barnes and Noble si imprimiesen el número de la tarjeta de crédito en cada página de cada libro que comprases. Y… ah, sí, ¡eso incumpliría una serie de leyes estatales y federales!)

Lo cuenta Michael Robertson, hablando del cierre de una de sus últimas iniciativas empresariales, para vender música en CDs a través de la red, físicamente pero con el añadido de archivos digitales que uno puede descargarse inmediatamente…

La pregunta, desde luego, es el tipo de drogas que debe consumir alguien para hacer una pregunta así de peregrina. No estamos hablando de Pepito Pérez, recordemos, sino de un ejecutivo de una gran discográfica que habla, para bien o para mal, con un innovador que se ha forrado con esto de los negocios en la red y al que, por tanto, se le supone un cierto conocimiento de cómo funcionan los negocios tanto discográfico como en la red, por no hablar de las legislaciones aplicables. Supongo que este señor viste habitualmente ropa con el número de su tarjeta de crédito estampado en la espalda. Porque si no, sencillamente, no lo entiendo…

¡amazonmp3!

El banner de amazonmp3

En beta y, lo que es peor, de momento sólo para Estados Unidos, pero ya está en funcionamiento amazonmp3, la tienda musical sin DRM de Amazon (blog-anuncio).

A destacar:

  • Los datos estadísticos previsibles: más de dos millones de pistas de 180,000 artistas de hasta 20,000 sellos discográficos (algo me dice, eso sí, que la mayoría de la música proviene de cuatro de esos sellos…).
  • Las canciones, a 90 céntimos de dólar y los discos a 9 dólares para los éxitos, y entre 6 y 9 dólares para ‘la mayoría de discos’. Demostrando que la competencia es buena para el consumidor (y que de alguna forma hay que robarle ‘market share’ a iTunes) y, además, que el modelo del precio fijo ni es irrompible ni (más importante) hace falta que se rompa hacia arriba.
  • Los rankings y el motor de sugerencias de Amazon. No por obvio deja de ser una gran idea.
  • A destacar que destaquen (valga la redundancia) lo de «music downloads for any media player» y que pongan los reproductores de Apple, Microsoft y Sansa en la foto.

A ver para cuándo sale en Europa…

PS El formato, MP3 a 256 kilobits.

PPS En Ars Technica se han pasado la mañana de pruebas (afortunados ellos, que viven en Estados Unidos y pueden). Más cosillas que cuentan:

  • Para comprar pistas no hace falta soft, pero sí para comprar el disco «a precio de disco». El programilla está disponible, de momento, sólo para MacOS X y Windows, con lo que hará falta algo como Wine para comprar directamente discos enteros desde Linux, a la espera de que saquen el cliente, que ya está anunciado.
  • La interfaz web sí la he podido probar y está en la línea «de calidad garantizada» de Amazon, con un poco de Flash para preescuchar fragmentos de cualquier tema.
  • No se ofrece (como sí hace eMusic, por ejemplo) la redescarga gratuita de canciones, o sea que mejor andarse con ojo y hacer copias de seguridad.
  • Lo que se adquiere no es un archivo MP3 sino una licencia no transferible, que no permite ni la reventa ni el préstamo a que tendríamos derecho con un CD.
  • Faltan los catálogos de Sony BMG y Warner.

Cómo promocionar una película sin quemar millones de dólares

Hollywood tiene un problema. Buenovale: Hollywood tiene muchos problemas. Pero uno de los más acuciantes es que para lanzar una película en el mercado estadounidense (y en menor medida en Europa) la receta es gastarse unos cuantos millones de dólares en comprar publicidad, hacer mil quinientas copias de la película… y cruzar los dedos para que recaude en las taquillas lo justo para casi cubrir gastos (parece ser que ni los más viejos del lugar recuerdan la última vez que una superproducción dio beneficios sin la ayuda de televisiones, DVDs y demás mecanismos adicionales de recaudación).

(Más sobre el tema de costes. Sí, El Mariachi costó siete mil dólares en el 92. Pero resulta ser que Columbia se gastó cerca de doscientos mil más en postproducción y replicado… Dos años más tarde el remake de la película costó siete millones. En 2000 el coste (sin replicar copias) de una producción media en Hollywood había pasado de cincuenta millones. El replicado le añadía unos tres millones más a la factura. ¿El presupuesto de marketing? Redoble de tambor, por favor… Más de 20 millones. En serio. Bueno no, en el caso de las películas ‘casi independiente’ la publicidad podía salir en (siempre hablando de 2000) por menos de una docena. Los curiosos, por favor, que sigan el enlace anterior y quedará satisfecha su dosis diaria de cifras mareantes. Según esta otra fuente, para 2006 los costes se habían ido a 60 millones por producción más 35 de marketing, poco más o menos…)

Y no todo el mundo dispone de un bolsillo lo suficientemente potente como para bombardear masivamente al público con publicidad. Ni siquiera en Hollywood.

La última tendencia para escapar al problema la ejemplifica Wes Anderson, que para la promo de su próximo estreno, The Darjeeling Limited, se ha ido más allá del trailer «de toda la vida» y se ha montado un corto completo relacionado con la película (fuente), que distribuirá (y por ello lo comentamos aquí) de manera poco convencional: mañana por la noche se estrenará en cuatro tiendas Apple. A lo grande: en Nueva York contará con la presencia de Natalie Portman, por ejemplo, que aparece en el corto aunque en la película sólo hace un breve cameo. A partir del miércoles, será descarga gratuita en iTunes. El viernes verá el estreno (bastante limitado) de la película en el país yanqui.

Cuadra esto un poco con lo que comentábamos hace cosa de una semana sobre el negocio musical: hoy en día parece imposible montar y distribuir una película sin el apoyo financiero (y consiguiente control creativo (y riesgo de trompazo notable)) de una enorme productora. Y, paradójicamente, es precisamente ahora cuando los costes de producción y distribución deberían ser cada vez más reducidos: por un lado los precios de la electrónica bajan a medida que la capacidad de los cacharritos sube, mientras que la distribución a través de la red (vía iTunes, YouTubes y similares, AtomFilms o vaya usted a saber la idea que se les ocurrirá después) tampoco es demasiado problemática, como ya se ha comprobado en más de una ocasión. Cuenta Anderson, de hecho, que el corto se rodó en dos días y medio, se editó en una semana con un ordenador personal (no sabemos con certeza si usó un Mac, un PC Windows o un sistema Linux) y el presupuesto salió del bolsillo del director. En Hollywood ya hace tiempo que las productoras de televisión experimentan con «la cosa digital» y parece que ahora este corto promocional (que se llama Chevalier, a todo esto) le da un espaldarazo al tema en el mundo del celuloide (nombre que está a punto de caducar en una industria cada vez más digital). Habrá que estar atentos…

PS El panorama español es, ciertamente, diferente (aún sin entrar en el muy espinoso tema de las subvenciones), pero tampoco tanto como para no extraer algún paralelismo.

El músico de clase media

Lectura interesante para los interesados en lo que le va a pasar a la música en los próximos años (o meses, o días, que las cosas se mueven muy deprisa). En CNet hablan con Tim Westergren. Esto es, con uno de los fundadores de Pandora, la fantástica emisora de radio a medida que, tristemente, ya hace tiempo que sólo está disponible en Estados Unidos.

Especialmente interesante es el concepto de «músico de clase media». Comenta Westergren cómo con el modelo actual los músicos o se forran (unos pocos, muy muy pocos) o no pueden vivir de las ventas y las actuaciones. Y es que o das la campanada o difícilmente vas a tener acceso a las emisoras de FM o las televisiones que siguen siendo la manera de llegar a la gallina de los huevos de oro. Comenta Westergren que son los medios «poco intermediadores» que permite la red los que deberían facilitar al músico sin acceso a los grandes canales, pero con suficiente talento, la búsqueda de su propio nicho en el mercado, ampliar su radio de acción de manera global y eficiente y obtener, finalmente, la justa recompensa a su esfuerzo y capacidad, pasando del boca-oreja como único medio de promoción a las sugerencias algorítmicas de Pandora y similares, con el consiguiente incremento de diversos órdenes de magnitud en cuanto a eficacia y eficiencia. Nada nuevo, de hecho: acercarse un poco más al modelo «long tail» que ha popularizado Chris Anderson.

¿El problema? Como hemos comentado más de una vez por aquí, la escasez. En este caso ni de música ni de hipotéticos clientes, sino de espectro radiofónico y canales de distribución (los canales prefieren autodenominarse discográficas, pero es un eufemismo cada vez más evidente e innecesario). Internet, como de costumbre, debería ser la encargada de matar al intermediario y racionalizar el proceso. El único problema es que el intermediario (i) no quiere morir y (ii) tiene una enorme reserva económica a su alcance y conoce muy bien las triquiñuelas que permite el sistema, con lo que ofrece una resistencia feroz al cambio. Y el que crea que el debate de los royalties en Estados Unidos y la complicadísima telaraña de legislaciones nacionales y transnacionales de la «protección de los derechos del autor» (otro eufemismo escandaloso) no son lo que son con el propósito de proteger a los guardianes de la puerta (o de los canales, en este caso), debería repasar el tema con atención.