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¡Habemus Kindle!

Mi Kindle
Mi Kindle

Pues sí, ya llevo algo más de 24 horas con el Kindle. Y, de momento, la experiencia, muy positiva, aunque no exenta de sus cosas. Vayamos por partes…

La primera impresión, excelente. Aunque uno venía de probar un iRex Iliad, un dispositivo, en cuanto al hardware, mucho más potente, el Kindle tiene un diseño extremadamente atractivo a la vista. Y la pantalla está en la línea de la del Iliad: quien la ve por primera vez no se acaba de creer que está encendida hasta que pasas de página (no es, eso sí, que la cosa sea absolutamente perfecta: aún falta mucho por avanzar, pero si sabes lo difícil que es esto, impresiona).

Puestos a buscarle problemas al diseño, a mí la botonera de la derecha del cacharro me habría gustado un poco más arriba, creo que daría para una postura más natural para leer y pasar páginas. No criticaré el tamaño, ni del cacharro ni de la pantalla: es un dispositivo de menos de 250 euros y eso es un factor que hay que tener en cuenta a la hora de criticar. La competencia, por lo que he visto, hasta los 300 euros, no me parece mejor (aunque esta es, desde luego, una opinión poco informada (pero informada)).

Welcome to the future. Igual es que ya tengo una cierta edad, pero subirse al metro, conectarse a la tienda de Amazon y descargarse un libro es algo que me hace sentir ciudadano del siglo XXI.

Cerrado, pero no tanto. No, no le puedes colocar un PDF directamente, porque no lo leerá. Pero… ¿Quién tiene muchos PDFs formateados para verse en una pantalla de 6″? Yo no… Y pasar documentos no es tan complicado. Cada kindle viene con dos buzones de correo. El primero permite enviar documentos al libro a través de la radio 3G (pagando, y no es especialmente barato), mientras que el segundo nos hace llegar el documento que le enviemos en formato Amazon al cabo de unos minutos. El Kindle aparece, al conectarlo vía USB, como disco, por lo que basta descargar el documento a la carpeta correspondiente y listos. Yo he probado, de momento, con docs y la conversión es más que satisfactoria. El servicio también soporta la conversión de PDFs, aunque avisan que hacen lo que pueden con ellos. Y es que no es fácil reformatear un documento de maquetado sofisticado para unas pàginas de tamaño aproximadamente A6… En defensa de Amazon hay que decir que el hermano grande del Kindle, el Kindle DX, con una pantalla en la que sí es razonable leer PDFs, sí los admite como formato de ficheros. Igual me paso de generoso, pero opino que se trata de una decisión de diseño razonable, no una restricción estúpida.

¿Y el catálogo? Ya sabía, antes de comprármelo que, por un lado, no iba a estar todo lo que buscase y, por otro, que los precios serían algo más caros que en Estados Unidos. Pero me ha dolido encontrarme las novedades a $13.79 (al cambio son 9 euros y poco, razonables, pero quedamos expuestos a las veleidades del mercado de divisas). Eso sí, la cosa no está libre de incongruencias:

Ejemplo de un libro que es más caro en su edición kindle que en papel
Tiene narices...

Hitchhiker’s Guide To The Galaxy. Una de las limitaciones dolorosas del «Kindle International» (por oposición a la edición para Estados Unidos) es que la radio móvil (y gratuita) del cacharro no puede usarse para navegar por la web… excepto por la Wikipedia (únicamente en lengua inglesa). Sí tenemos, por tanto, allí donde haya cobertura, acceso a la mayor enciclopedia del mundo. Douglas Adams habría llorado de emoción (y a mí me duele en lo más hondo no haber pensado en grabarle un 42 en la «contraportada»).

Y para cerrar, un enlace con los 25 mejores hacks para el Kindle (aunque más de uno no funciona fuera de Estados Unidos).

PS Y el hecho de que lo hayan rebajado 20 dólares (y nos hayan devuelto la pasta a los que ya habíamos pasado por caja) muy de agradecer, aunque todos sepamos que se trata, simplemente, de responder a la presión del nuevo lector de Barnes & Noble…

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Música en Internet: fastidiar al usuario, por cualquier camino

Captura de pantalla de Spotify. Unas cuantas canciones de la lista no están disponibles
¿Cómo que no están disponibles?

La próxima vez que oiga a un ejecutivo de discográfica afirmar, con todo el descaro, que lo que hacen es preocuparse por el consumidor, no respondo de mis acciones. Es el pan nuestro de cada día con cada gran actualización del catálogo de Spotify: toca pasarse por las ‘playlists’ a ver si ha habido suerte y siguen enteras o bien si alguien ha decidido que tal disco ya no puede licenciarse a tal territorio… El colmo del despropósito, desde luego, es cuando alguien decide que una determinada edición de un determinado disco va a desaparecer… Eso es lo que ha pasado con la playlist de la imagen: todas esas canciones, de esos mismos discos, siguen disponibles en Spotify: sólo que ahora tienen un absolutamente carente de significado «2009 Re-Mastered Digital Version» al final. Y la playlist, ahora mismo, vuelve a tener a todas sus pistas en su sitio… solo después de buscarlas de nuevo, una a una, por el catálogo, para volverlas a colocar en la lista.

Lo han hecho, seguro, para darme un mejor servicio

PS Que conste que el cabreo va con el impresentable de la discográfica que ha cambiado un disco por otro: programar un algoritmo que vaya buscando por las playlists de los usuarios a la caza de pistas ya no disponibles, adivinando si ha aparecido una versión diferente pero disponible y sustituyéndolas es una tarea complicada y absolutamente innecesaria que no voy a exigirle a Spotify…

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Leído por ahí... Media doscero

Publicidad online vs publicidad papel

Extraído y traducido de un artículo de Robert Cringely

Las agencias publicitarias de hace 15 años no querían saber si sus anuncios se leían o no, nos dijeron. Esto era, simplemente, porque si un anunciante desscubría que pocos, si es que alguno, lectores leían su anuncio de la página 113, la compañía podría retirar el anuncio y ahorrarse el dinero, restando ingresos a la agencia en el proceso. Toda la capacidad de vender una ratio publicidad-contenido del 75% (necesaria para conseguir distribución impresa por correo en Estados Unidos — otro azote anómalo en la era digital) se basaba en esta ignorancia deliberada. Tanto las agencias como las publicaciones sabían que muchos —incluso la mayoría— dólares de publicidad se malgastaban, pero no les interesaba admitirlo, o sea que no lo hacían.

Contrástese esto con el pay-per-click, brutalmente honesto, donde cada anuncio con éxito es eficaz y los anunciantes tienen una muy buena idea del rendimiento de su dinero. Esto es precisamente por lo que las revistas, diarios y televisiones basadas en publicidad están perdiendo ingresos. Es una tendencia que probablemente continúe, y solo puede resultar en una degradación de los estándares de producción en el lado papel para ajustarse al reducido potencial de ingresos del negocio online, donde el engaño da paso a resultados medibles, aunque empobrecidos.

Vamos, que es la información (sobre el rendimiento de la publicidad, pero información al fin y al cabo) la que está matando a los diarios. Una hipótesis interesante, y muy fácil de creer.

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Day of the eBook

Díganme que no:

  1. Me dejan un iRex Iliad
  2. Sale a la venta fuera de los Estados Unidos el Kindle. Y claro, en un ataque compulsivo, encargo uno
  3. La biblioteca de mi universidad anuncia un programa de préstamo de tales cacharritos

Por partes…

¡Un Iliad!

Foto del lector de libros electrónicos iRex Iliad, demostrando la capacidad de anotaciones manuscritas
Welcome to the future... (aunque lleva un par de años en el mercado)

Pues sí, me han dejado un iRex iLiad (no sé qué me pedirán para devolver el favor, pero a fe mía que es un gran favor)…

Aprovechando que últimamente estoy revisando la traducción de un material muy interesante (los que que tengáis buena vista tenéis un «sneak preview» no autorizado ahí mismo…) he invertido unas cuantas horas en jugar con el cacharrito (que sale por unos escalofriantes 550 euros pero que, con su pantalla de 8″ y su capacidad de anotaciones manuscritas, es una herramienta muy pero que muy interesante). Ya había tenido alguno en las manos y la impresión había sido muy buena. Pero después de esta primera experiencia estoy dispuesto a afirmar que la cosa, más que futuro, tiene casi-presente: bajen el precio hasta los 300 euros y comiencen la campaña de marketing, y verán como venden…

Como en el caso de la música, la digitalización no va a matar a los soportes físicos: solo a los ‘cutres’. Si ya hemos comprobado que es tan cierto que «MP3 killed the CD star» como que el vinilo, lejos de sufrir, vuelve por sus fueros, mi predicción de pitoniso es que lo que van a sufrir son los libros de bolsillo de mala factura y los grandes volúmenes de impresiones de las lásers de muchas oficinas. El libro electrónico, al menos hoy, no puede competir con un libro con una edición realmente cuidada ni con una buena revista. Pero ¿con el libro de bolsillo cutre o con el artículo de 20 páginas impreso en DIN A4? No hay color, créanme. Ninguno. Al tiempo.

Ahora mismo el gran problema del libro electrónico es obtener contenidos (volveremos sobre el tema un poco más adelante). Pero cuando uno tiene un .doc a mano, basta decirle a Word que quiere usar una página de 15×10 sin apenas márgenes, más una tipografía de 8 o 9 puntos (me falta experimentar un poco con el tema, pero esa receta funciona) y generar un PDF. Y ya hemos (i) salvado una rama de un árbol del Amazonas1 y (ii) evitado cargar con un tocho de 300 páginas DIN A4. Genial.

(Para los no familiarizados con el tema: los libros electrónicos se caracterizan por el uso de pantallas de «tinta electrónica». Si no has visto una, resulta difícil de captar lo agradables que son a la vista. Además, a cambio de ser extremadamente lentas (girar una página puede tardar un segundo, una verdadera eternidad) tienen un consumo de energía mínimo, por lo que podemos tener el cacharro encendido durante días. Si a esto le sumamos la capacidad de almacenar más texto del que seremos capaces de leer nunca, la cosa se vuelve muy atractiva.)

Finalmente, Kindle

Foto del Amazon Kindle, el lector de libros electrónicos
¡Compro!

Ha sido la noticia con la que me he despertado. Finalmente Amazon lanza el Kindle 2 fuera de Estados Unidos (página oficial). Antes de que cunda la emoción:

  1. No se trata del ‘hermano grande’ Kindle DX, con su enorme pantalla de 9.7″, sino del pequeñín Kindle 2, con pantalla de 6″ 800×600 (y que, además, abulta tanto como el Iliad, con su pantalla de 8″).
  2. Aún hay que pedirlo a Estados Unidos. Con lo que a los 280 dólares del precio hay que sumar 20 más de gastos de envío y 50 más por lo que muy probablemente nos claven cuando pase por la aduana, con lo que nos ponemos en 350 (250 euros, al cambio de hoy, poco más o menos).
  3. Si quiere usted contenidos que no sean en inglés en Amazon, «siga probando, hay miles de premios».
  4. Las capacidades inalámbricas disponibles en Estados Unidos se ven bastante diluidas. El cacharro viene con acceso a la red móvil de telefonía que permite, en su país de nacimiento, acceder a la tienda de Amazon, husmear por el catálogo y leer las primeras páginas de cualquier libro de su catálogo electrónico por la patilla (si quiere usted seguir leyendo, pase por caja). Hasta aquí, siempre que lo permita la cobertura (en España parece que será 3G en buena parte del territorio y EDGE/GPRS en casi todas partes), la misma experiencia (y gratis) estará disponible en España2. Pero en Estados Unidos el cacharro también podía usarse como «lento-navegador-web-con-lector-RSS» gratis, y por aquí… no.
  5. El soporte de formatos no es el ideal: nativamente soporta el formato Kindle (AZW), más TXT, Audible, MP3 y MOBIs y PRCs no protegidos; para usar PDFs, HTMLs y DOCs hay que pasar por un conversor.

(Seguramente me habré dejado algo más…) Y aún así, no eran las siete y media de la mañana cuando les he hecho el pedido (ah, sí, lo olvidaba: el lanzamiento efectivo no es hasta el día 19, o sea que me va a tocar esperar). ¿Por qué?

  1. Porque, a pesar de que yo quería el DX (que anuncian para «algún momento del año que viene») uno es así de compulsivo, qué se le va a hacer… :-P
  2. Un catálogo de 350,000 libros ‘a un click’ es muy goloso (alguien que conozco decía que habría que inventar las «librerías de guardia» y Amazon ha satisfecho sus deseos). Si los ‘grandes éxitos’ están a 10 dólares… Y una suscripción al New York Times «de papel» por 14 dólares al mes, o al New Yorker por 3 tampoco están mal (clasicón que es uno, sí).
  3. Lo del inglés, afortunadamente, no es problema (nunca les agradeceré lo suficiente a mis padres la pasta que se dejaron en las clases del idioma de los Williams (Shakespeare y Gibson)).
  4. Para navegar por la web en movilidad, ya tengo mis soluciones.
  5. Lo de los formatos… como ya comentaba antes hablando del Iliad, los contenidos a consumir en una pantalla tan pequeña, si no queremos dejarnos la vista en ello, hay que formatearlos e «imprimirlos» especialmente. O sea que no me viene de aquí pasar por un filtro más…

Y, quizá con más peso, porque de vez en cuando hay que votar con la cartera: esto es el futuro y, si para confirmarlo hay que pasar por caja, estoy dispuesto a hacerlo (aunque, ciertamente, cuando pongan a la venta el DX por aquí me van a llegar los dientes al suelo y, de hecho, a mí lo que me gustaría es el hijo ilegítimo de un Kindle con un IREX Digital Reader).

Y, finalmente…

En mi biblioteca, también

Que con mucha frecuencia nos olvidamos de felicitar los no-tan-pequeños pasos que dan los que tenemos cerca. Y es que la biblioteca de la UOC anuncia hoy la prueba piloto de un servicio de consulta y de préstamo de dispositivos de lectura de libros electrónicos. ¡Felicidades! (También por acertar el día del anuncio, desde luego.)

Y ahora ya sí para acabar (me dejo para otro día los temas de propiedad intelectual, que ya me he enrollado más que suficiente) un enlace: la tienda de e-readers de Leer-e, por si alguien quiere ver cómo está la competencia de Amazon e iRex.


1 Naturalmente, dado que construir un cacharro de estos tiene un «coste en carbón» notable, va a haber que imprimir mucho papel antes de llegar a compensar. Pero a la larga, deberían salir los números. Volver

2 He leído por ahí que había quien se quejaba de que se cobraría por el acceso móvil. Sí-pero-no: solo si queremos sincronizar ‘over-the-air’ nuestro catálogo (cosa que podemos hacer sin cargo alguno vía USB), en cuyo caso nos cobrarán un dólar por mega (que es, ciertamente, carísimo). Por favor, leed las condiciones «españolas» con atención. Volver

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Napster 10

El logo de Napster
Pues sí, ya hace diez años que el bicho ese da vueltas por el mundo...

Disculpen ustedes, pero se nos había pasado el décimo aniversario del año. Sí. Diez años. Sí, Napster. Que se puso en funcionamiento el uno de junio de 1999. El milenio pasado. Y parece que fue ayer, oiga. Lo felices que vivían las discográficas. Hacía poco más de un año que se había puesto a la venta el primer reproductor de MP3. La industria, eso sí, ya tenía la mosca detrás de la oreja con eso de que la música pudiera circular en bits y sin la correspondiente capa de policarbonato debajo: en octubre de 1998 había intentado impedir, sin éxito, la comercialización del Diamond Rio, el primer reproductor MP3 realmente popular del mercado. Pero probablemente el ‘tipping point’ de la historia lo podamos situar en el día de enero de 1999 en un que un tal Shawn Fanning —poco merecedor del título de héroe, no nos engañemos— decidió dejar la universidad. Para pasar el tiempo invertiría los siguientes meses de su vida en crear el primer servicio P2P popular con la estructura de servidor/indexador centralizado pero sin almacenar ni un solo byte de los archivos intercambiados por sus usuarios. El resto es historia. La demanda de la RIAA llegaría en diciembre del mismo año (y contribuiría, atrayendo los focos mediáticos, al brutal crecimiento de popularidad del servicio, que llegaría a los 26 millones de usuarios en febrero de 2001). Para julio de 2001 ya había sentencia y los servidores cerraron poco tiempo después. Claro que para entonces ya habían llegado Gnutella, Freenet, eDonkey2000 y tantos otros, dando lugar a una carrera de gato contra ratones que las discográficas aún intentan ganar…

En fin. Guarden un minuto de silencio por las discográficas, el CD y los ‘hits’ de diez millones de discos en ventas. Pero después descorchen la botella que más les apetezca para celebrar que a la música, de hecho, nunca le había ido tan bien.

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