Pues parece que, de ahora en adelante, ya podremos decir que servidor es doctor en e-learning, con la tesis Design and development of a learning analytics tool for the analysis of video learning resources in small-scale learning scenarios. Por si alguien tiene mucho insomnio, aquí la tenéis:
Toca dar las gracias a toda la gente que ha puesto su granito de arena (la contribución de algunos, y algunas, se mide en hormigoneras) para llegar hasta aquí, comenzando por mis directores Anna y Germán, y mi primera directora, María Antonia (uno ha tardado tanto con esto que se ha jubilado, y por eso no figura en la portada). En la página de agradecimientos hay unos cuantos nombres más, y la lista es tan larga como para no caber ahí ni en broma.
Si alguien quiere saber más, la idea es que cada vez utilizamos más recursos de aprendizaje en vídeo, que en algunos casos están sustituyendo a las clases «de toda la vida». Y con ese paso ganamos muchas cosas, pero también perdemos: la profe deja de tener delante a los alumnos, y se pierde indicadores visuales sobre cómo están entendiendo (o no) estos últimos las explicaciones. Esos indicadores no los vamos a recuperar, pero tenemos otros que quizás convendría explotar: esos estudiantes pausan los vídeos y saltan adelante y atrás por ellos, mucho más de lo que creeríais (y más cosas: aceleran y ralentizan su reproducción, por ejemplo). ¿Y si eso nos pudiese servir para entender mejor, y mejorar, los procesos de enseñanza y aprendizaje? Para seguir con el tema, me temo que os vais a tener que leer la introducción del PDF que tenéis incrustado aquí arriba.
Se trata de una tesis modesta, pero, quién sabe, igual pone su granito de arena (repito metáfora, lo sé) para que en algún momento el aprendizaje a través de recursos en formato vídeo mejore un poco 🤞.
Creo que es hora de cerrar etapa. Comenzamos a releer la revista Byte ahora hace casi dos años, en julio del 84, y con esta van 24 entradas dedicadas a 24 números de la revista, y hasta yo comienzo a tener un cierto cansancio del repaso mensual (me puedo desdecir en caso de reclamación por aclamación, pero creo que coincidiremos en que podemos cerrar el ciclo ya, ¿verdad?). Pero no creáis que vamos a abandonar la nostalgia así como así: notaréis que no incluimos la minisección de Computer Chronicles desde el mes de marzo. Pues no es porque se me haya olvidado (por una vez, y sin que sirva de precedente), sino porque, como comentamos en su momento (¡no me estáis atentos!), el programa cerró la temporada a final de marzo de 1986, y no volvió a emitirse hasta el inicio de la siguiente temporada, allá por septiembre del mismo año. Y sí, amiga lectora, amenazamos con repasar mensualmente las Computer Chronicles de la temporada 86/87 a partir de septiembre. (Y me reservo el derecho de seguir leyendo la revista y destacar alguna pieza de vez en cuando O:-).)
Y cerrados los temas organizativos, vamos allá con nuestro último Byte.
Cuánto voy a echar de menos estas portadas de Robert Tinney… (Veo, por otro lado, en archive.org, que se van a hacer más infrecuentes, y que apenas durarían hasta mayo de 1988. Otro motivo para ir cerrando etapa.)
Abrimos número con la editorial y el estándar informático en vigor más antiguo que yo recuerde, que lleva en danza desde nada más y nada menos que 1983. Eso no iba a impedir, naturalmente, esa lacra que son los formatos propietarios…
El producto del mes era esta descripción-que-no-review del Macintosh Plus, que introducía la altísima tecnología de ser capaz de acceder a las dos caras del disquete (doblar la capacidad de cada disquete no es poca cosa), pasaba a un mega de RAM y añadía SCSI para conectar discos (hablan de discos capaces de transferir 320 kilobytes –el énfasis es suyo– por segundo). A cambio, Apple es Apple, se caían de la configuración MacPaint y MacWrite, que pasaban a costar 125 dólares de nada. Teniendo en cuenta que el Plus salía a 2600 dólares de la época (unos 8500 actuales, actualizando la inflación), no sé yo si a Apple le venía de aquí.
Nos paramos unas páginas más adelante para una rara avis, un anuncio de un ordenador MSX en Estados Unidos:
Notará la lectora que MSX solo aparece en el texto del cuerpo del artículo, porque la marca, en Estados Unidos, apenas era reconocida. Nótese también el marcado acento musical, destacando la síntesis FM, el software musical y el soporte de MIDI.
En la sección cosas-que-no-aparecerían-hoy-en-una-revista… ¡curvas de Hilbert!
Atención, por cierto, a la firma del artículo: alguien que se estaba licenciando… en historia, claro.
Y, en el apartado quién-ha-escrito-este-artículo… Robert Moog. Sí, ese Robert Moog. Hablando de síntesis digital, claro:
Y siguiendo con el tema musical de la revista, algo que ni me sonaba: fractales musicales. Ilustrados (sonificados, mejor, sí) con código en BASIC para el MSX de Yamaha de hace tres capturas. En 1986 lo de los fractales era una cosa tremendamente nueva: el libro de Mandelbrot, The fractal geometry of nature, se había publicado apenas en 1982.
Sin haberle dado al código en BASIC, no sé yo si se tratará de la cosa más armónica del mundo. Buscando algo más sobre el tema, en 1987, la revista Nature publicaba una carta, Is there such a thing as fractal music? Y una búsqueda rápida en Scholar muestra que se sigue escribiendo sobre el tema.
Y un par de cosillas más de hardware para cerrar. Primero, al Atari ST, que seguía avanzando…
…y después, que el viejo hardware se resistía a morir, y como muestra este botón en que se revisan interfaces MIDI… para el Apple II y para el Commodore 64 (🥹).
Pues eso. Hasta aquí nuestro repaso a la historia de la informática de consumo de mediados de los 80. Con un poco de suerte (falta decidir si buena o mala, claro 😬), volvemos en septiembre con más Computer Chronicles.
PS Por cierto, por la más pura casualidad me he encontrado esta entrada de obm de 2008… en la que me leía una revista de 1998. Esto mío viene de largo. A lo ¿mejor? ¿peor? es crónico y todo.
He visto poco comentario por ahí de esta declaración (PDF) que firma ACT (la Asociación de Proveedores de Video Bajo Demanda en Europa, que agrupa a empresas como Paramount, Disney, Warner o, en España, Mediaset y Atresmedia, y de la que no forma parte Netflix) y que también cuenta con el soporte de Euroconsumers Group (en España, la OCU es miembro), la European Games Developer Federation (el socio español es Desarrollo Español de Videojuegos, que cuenta con miembros como Gameloft, Socialpoint o Ubisoft Barcelona) o la European Magazine Media Association (son miembros Conde Nast UK, Axel Springer o el grupo de The Economist) o la Internet Society.
La declaración muestra la preocupación de que la Comisión Europea, con la excusa de la nueva Digital Networks Act, cuyo primer borrador se presentó en enero, se coma buena parte de la neutralidad de red, «el principio por el cual los proveedores de servicios de Internet y los gobiernos que la regulan deben tratar a todo tráfico de datos que transita por la red de igual forma indiscriminadamente, sin cobrar a los usuarios una tarifa dependiendo del contenido, página web, plataforma o aplicación a la que accedan» (wikipedia dixit).
Para ACT1, naturalmente, esto implica que sus empresas queden expuestas a pagar para tener mejor salida a la red (por una conexión por la que las telecos, por el otro lado, ya nos cobran a los consumidores). Lo mismo pasa con los de los videojuegos o las asociaciones de prensa. No es que yo quiera ponerme ni del lado de Mediaset ni del de Disney, precisamente, pero la OCU me resulta un poco más cercana, y la Internet Society aún más… La IS, precisamente, ya se quejaba del tema en enero, y sus argumentos, en mi opinión, quedan fuera de toda duda: no hay un problema que resolver, corremos el riesgo de estropear el funcionamiento de internet y vulneraríamos la neutralidad de la red (y todo por echarles una mano a nuestras amigas las telecos, añado yo).
En fin. Que a ver si estamos atentos, controlamos a nuestros legisladores y conseguimos que el lobby de turno no nos la cuele.
Netflix decidió hace un tiempo ya que es lo suficientemente grande como para no tener que preocuparse por estas nimiedades: si alguna teleco pretende degradar su servicio a cambio de un rescate cobrarles por algo así, ya se encargará su ejército de clientes de quejarse directamente. ↩︎
Hace apenas unos días hablábamos de OpenVibe, el cliente de Bluesky y Mastodon para Android, y hoy volvemos al ataque con un cliente web: alpaca.blue, cliente gratuito que hace exactamente lo que dice hacer: usar una cuenta de Bluesky y otra de Mastodon desde un solo cliente (responsive, además, claro: funciona perfectamente bien desde navegador de móvil).
¿Inconvenientes? De momento, uno grave y uno leve, ambos visibles en la captura de pantalla. El grave: no tiene soporte para bookmarks 😢. El leve: no tiene modo oscuro.
¿La esperanza? alpaca.blue es de código abierto (aquí el correspondiente repo de GitHub), con lo que ambas cosas deberían ser solventables…
(Añado un inconveniente para los alérgicos a la IAg: podemos ver en el repo de GitHub cómo el creador de alpaca.blue, Laurie Voss (cofundador de npm Inc, nada menos), usa Claude para el desarrollo.)
Este episodio de Vergecast (maravillosamente titulado, por cierto) con John Gruber, el creador de Markdown (entre otras cosas), y el siempre interesante Anil Dash me lleva a hacer una entrada de esas de «señor mayor gritándole al sol», y es que debo ser el único ser humano al que Markdown no le parece una buena idea [en muchos de los casos en los que se usa actualmente].
(Markdown es un sistema para marcar texto ideado por Gruber para poder poner **negritas**, __cursivas__ y hacer otros cambios tipográficos sin morir en el intento en los inicios de la blogocosa, con el beneficio adicional de que, si se te muestra sin procesar, no se pierde gran cosa.)
La cuestión, claro, es que ahora el sistema se ha hecho más ubicuo que el agua (bueno, casi :-P). Markdown **era** necesario, y sigue siendo útil en algunos muchos casos (por ejemplo, para los que detestamos profundamente que en el correo haya cualquier cosa que no sea texto plano). Pero me alegra que hasta el propio Gruber esté de acuerdo conmigo en que en la actualidad se usa demasiado Markdown (somos dos, al menos, pero no sé yo si seremos muchísimos más de dos, y el mercado, claramente, mete Markdown hasta en la sopa sin que haya grandes protestas).
Gruber comenta cómo, hace mucho, muchísimo tiempo (en una galaxia muy muy lejana) para poner unas negritas había que recurrir a poner una etiqueta HTML escrita a mano, cosa que era cualquier cosa menos amigable (i) en ausencia de editores ni mínimamente adecuados y (ii) siendo el HTML un lenguaje maravilloso pero que no ganará ningún premio por lo compacto y que requiere millones de caracteres (o casi) para cualquier marcado. Y también comenta cómo el tema de los editores se ha resuelto bastante desde entonces y que ahora mismo escribir **esto** cuesta el mismo esfuerzo que pulsar una combinación de teclas para poner negritas (y quitarlas después). Y coincido con él. Pero.
Es la semántica, amigos.
En un texto moderno, estamos bastante acostumbrados a que dentro de un párrafo se destaquen textos con negritas y con cursiva. Nada nos impide cambiar el color del texto, o de su fondo, usar otra tipografía, o subrayarlo (bueno, esto último sí nos lo limita bastante la voluntad de que el texto continúe siendo legible, y por eso cuesta verlo más que en el caso de los enlaces), pero lo habitual son negritas y cursivas.
Pero la cantidad de significados que tienen esas negritas y cursivas es más que considerable: uno puede usar las cursivas para dar énfasis, pero también para referirnos a títulos de obras o poner extranjerismos, por ejemplo. Y las negritas se usan para dar un énfasis más fuerte que el de las cursivas, pero también lo he visto yo usado para marcas comerciales, por ejemplo. Nuestro cerebro, que es muy apañado, procesa y decide. Pero en este mundo nuestro, no debería ser demasiado complicado hacer explícita esa semántica. Y, es más, HTML lo permite bastante: tenemos elementos para dar énfasis (em y strong), pero también tenemos el elemento cite, el atributo lang o los pobres b e i, que ya no saben ni ellos para qué deberían usarse (y code, claro, como habéis podido comprobar, os hayáis dado cuenta o no, igual que os ha pasado con s hace un par de párrafos ;-)). Que em, cite e i se muestren por defecto en cursiva, que a strong y b les toque la negrita, que al pobre lang no suela hacerle caso nadie (qué poco habría costado que cualquier cosa marcada con un idioma diferente al del documento raíz se mostrase en cursiva por defecto, oiga) y que a code le toque una tipografía monoespaciada está bien (o no), pero nada nos impide elegir cualquier otra forma de formatear cada elemento. ¿Queréis los anglicismos resaltados en inglés? Feel free (pero yo no voy a hacerlo). Os dejo también que le cambiéis el aspecto a s, a del y hasta a ins, pero andad con cuidado, que es fácil hacerse daño. Con la tontería, sí que hay semántica en el marcado de texto de HTML, ¿eh?
¿Que quién se va a tomar la molestia? Pues somos pocos los que nos hemos tomado la molestia de instalar un plug in en WordPress para marcar el idioma de un fragmento sin tener que poner a mano un span lang="en"… pero haberlos haylos. Y si estas cosas viniesen por defecto, pues igual más gente lo haría, quién sabe.
¿Veis esos «Add HREFLANG Attribute» y «Add LANG Attribute«? Si los queréis en vuestro editor de WordPress, Juiz Lang Attribute.
¿Que qué ganamos? Tampoco tanto, cierto es… pero qué poco costaría y, en un mundo en que cada vez las máquinas nos hablan más, que el lector de pantalla no nos ponga énfasis en lo que es el título de una obra, o que sepa cambiar al idioma correcta para leernos una cita sin traducir de Shakespeare o de Molière, estaría bien, ¿no? Y, en cualquier caso, a un editor le cuesta lo mismo trabajar en Markdown que en HTML, y este último da más juego1.
Pues eso, que no es que andemos cortos de elementos semánticos. Y no debería costar mucho poder asignar teclas rápidas para las cosas que usemos más. Pero, en la práctica, la batalla está perdida con los editores de texto.
Un editor «wysiwyg». Y no uno cualquiera: el de WordPress.
Y es que me da igual que hagáis ctrl+b o cmd+i para poner negritas y cursivas (¿De verdad me había olvidado de kbd? Imperdonable, lo sé.), que vuestros editores HTML os van a clavar un strong o un em, respectivamente, y se van a quedar tan anchos, a pesar del crimen de lesa semántica, y si se les confunde con un limitado editor de Markdown, pues qué se le va a hacer.
Más de mil palabras para básicamente quejarme de algo que ni es tan importante ni se va a solucionar. Profundamente señor, profundamente cincuentón, sí. Disculpen las molestias.
(Y todo esto, lo sé, sin hablar de LaTeX, que es muy presentacional para muchas cosas y del que no me quejo… pero porque no me han dado la ocasión. En mi mundo, las fórmulas matemáticas se escribirían en MathML semántico :-P.)
Sí, es cierto: Markdown puede extenderse… pero si lo extiendes, vas a perder buena parte del espíritu original. ↩︎