Qik.com, streaming desde el móvil

De vez en cuando a alguien se le ocurre una combinación de cosas que te deja la boca abierta durante un buen rato. No porque ningún eslabón de la cadena sea especialmente revolucionario, sino porque, una vez juntos, el todo es muchísimo más que la suma de las partes. Muchísimo. Tómense los siguientes elementos:

  • Youtube existe desde hace tanto tiempo que lo tenemos absolutamente interiorizado.
  • Mi móvil tiene cámara.
  • Mi móvil tiene 3G. Y hasta WiFi.
  • Mi móvil tiene un sistema operativo que permite conectar la cámara con el 3G (o el WiFi).

Todo sumado significa que mi [teléfono] móvil es una unidad móvil de YouTube-televisión, ¿no? Sin ordenadores ni mandangas, ¿no? Pues sí. Eso es, precisamente, lo que propone (y ejecuta divinamente) Qik.com. Lo suficiente como para dejarme boquiabierto. Cosa que, prometo, no pasa muy a menudo.

Siento no poder ilustrar el ejemplo con un vídeo pero es que, hasta el momento, ni ha habido un acto digno de retransmisión ni mis habilidades como cámara justifican que les ponga ninguno. Pero les prometo que la cosa funciona sorprendentemente bien.

(Y muchas gracias a Bhaskar Roy, de Qik, por echarme una mano con un problema de login que me había impedido probar el sistema antes.)

Los consejos de David Byrne

En estos momentos de canon más de uno haría bien en leerse los consejos que da David Byrne en la Wired de este mes, con David Byrne’s Survival Strategies for Emerging Artists ? and Megastars (también charla con Thom Yorke en David Byrne and Thom Yorke on the Real Value of Music).

Byrne comienza por recordar algo que en la SGAE hacen todo lo posible por olvidar: que a lo largo de la historia casi siempre la música ha sido una experiencia, algo que no se empaquetaba, sino que se disfrutaba en directo. El momento histórico en el que ha tenido sentido comprar música enlatada ha sido precisamente eso: un momento, que comenzó cuando la tecnología decidió (esto es, cuando fue posible grabar en discos de cera una actuación musical) y acabó, de nuevo, por motivos tecnológicos (en el momento en el que la digitalización rebajó el coste de replicado y distribución a épsilon, con épsilon tendiendo a cero, haciendo inútil gran parte del trabajo de la discográfica). Un siglo, poco más o menos. Un siglo que, a todos los efectos, ya se ha acabado.

Byrne, eso sí, es un músico que pretende seguir ganándose la vida con lo suyo (faltaría más). Y lee lo que está pasando y propone alternativas. ¿Qué observa? Que caen los costes de producir un disco y después duplicarlo y distribuirlo. Que irse de gira ya no solo sirve para promocionar un disco, sino que se ha vuelto un jugosísimo negocio. Que las discográficas tradicionales, con su enorme masa y su postura a la defensiva, son dinosaurios intentando alargar su propia agonía, pero que hay otras discográficas con estructuras más ligeras que parecen los mamíferos que ocuparán el espacio abandonado por los dinosaurios. Y que queda mucho espacio para una industria musical que tiene realmente al músico en el centro del proceso.

Finalmente, Byrne describe media docena de modelos posibles, desde los modelos más tradicionales e implantados a los más innovadores Teniendo en cuenta, además, que el modelo Radiohead no está al alcance de todo hijo de vecino, sino que solo se ajusta a grandes bandas con un público fiel.

Pues eso. Lectura más que recomendable, especialmente para dinosaurios con ganas de sobrevivir.

PS 20071221 Que no se diga, eso sí, que las grandes discográficas no hacen sus experimentos, aunque sean bastante tímidos. Véase, por ejemplo, este de Sony BMG.

Seth Godin y media 2.0

Después de la megaentrada de ayer criticando las ideas de dos personas muy válidas, nanoentrada hoy para alabar las de otra, Seth Godin, en Monopolies, seven years later. Monopolios y oligopolios (o no) en las industrias culturales («industria cultural», por cierto, es un contrasentido casi tan grande como «inteligencia militar«), economía de la atención y la abundancia, nuevos medios… Esencial.

Nokia ‘comes with music’…

La cosa salió ayer (Engadget, Reuters, New York Times, Ars Technica…). Nokia ha firmado con Universal y, a partir de mediados del año que viene determinados de sus ‘musicphones’ vendrán con una suscripción «gratis» (de hecho, incluida en el precio del móvil, quieras o no) mediante la cual podrás descargar, a voluntad y durante doce meses, lo que uno quiera del catálogo digital de la discográfica. Con la gracia que la música descargada, al cabo del año, aunque se decida no pagar, la música descargada sigue funcionando. Se rumorean contratos con las otras «majors». La cosa, de salida, tiene buen aspecto. Pero claro…

  • Esto es, no nos engañemos, un canon encubierto. Universal se va a llevar una pasta (¿cincuenta o sesenta dólares?) por cada móvil «Comes with music». Dudo mucho, además, que si quieres un móvil de la gama, pero «without music», vayas a recuperar ese dinero que se lleva la discográfica…
  • Seguimos teniendo un «lock in» importante. Aquí todo el mundo se pega por retener al cliente. Los palos, eso sí, siempre van a parar, al menos en parte, a ese cliente. El que, se supone, siempre tiene la razón. Operadoras por un lado, grandes fabricantes por otro (de momento, Nokia y, no lo olvidemos, Apple). Si comienzas a comprar en iTunes, te quedarás con Apple. Si optas por esta opción, olvídate de llevar la música en nada que no lleve la etiquetita Nokia… Dichoso DRM. Si comparamos con la opción MP3, el paso atrás es gigantesco. De momento, me quedo con eMusic (e iniciativas «DRM Free» como las de Amazon…).

Un millón doscientos mil álbumes, a ocho dólares el album…

Algo así como nueve millones seiscientos mil dólares de ingresos. Según dicen en Mashable, esos podrían ser los números de In Rainbows el disco con que Radiohead abrió hace unos días la veda de la discográfica en el coto de caza de las grandes bandas (la cosa no es nada científica: el millón doscientos discos proviene de «una fuente cercana a la banda», los ocho dólares de una encuesta). No es, desde luego, el modelo que pueda aplicar una banda pequeña, pero si a las discográficas se les caen las vacas sagradas (y no se me ocurre ninguna razón por la que ninguna banda deba firmar con una discográfica de ahora en adelante) la cosa pinta muy mal para ellas (curiosamente, bastante mejor para la música y los músicos).

Por cierto. En cuanto a los costes, estamos hablando de algo así como cien terabytes (probablemente menos, confieso que no me he bajado el disco y que, por tanto, no sé cuánto pesa) en ancho de banda. Dudo mucho que se hayan dejado más de cien mil dólares en hosting…

PS 20071106 Porcentaje de gente que no pagó por bajar el disco: 62% (según esto).